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SOBRE EL ENTRENAMIENTO Y LAS PERSONAS VACUAS


Todo el mundo vive obsesionado con el cuerpo y se olvida de lo más importante, aquello que lo anima. Todo el mundo por debajo de su peso mira raro a los que están por encima de él. No obstante, los que están en su peso miran a los que andan por encima y por debajo con desdén. Esto es mucho dramatizar, lo sé, pues hay quienes no ven a la persona por su forma física, o por su apariencia física. Yo no soy un hombre perfecto, no tengo el peso ideal -y paso de esas cosas, la verdad, el peso es sólo un número-, pero si supierais de mi entrenamiento... vomitaríais. Desde pequeño he sido un hombre grueso y durante un tiempo he sido una mole obesa que ha sufrido sus burlas. Más de uno ha tenido que ser puesto en su sitio, no os quepa duda. En fin, cosas que pasan. Pues bien, qué importa la apariencia. En el club de senderismo del que formo parte he visto a hombres y mujeres que no son precisamente como el del vídeo de más arriba físicamente, hombres que han andado y trepado lo indecible. Esto no es exagerar. Se relaciona el ejercicio físico con la belleza física, y es cierto que el ejercicio ayuda, pero no es así del todo. Se puede estar en forma y sin embargo no tener un cuerpo diez, el cuerpo diez hoy establecido. A mí no me dice nada un cuerpo bien definido, fibroso, etc., a mí me dice algo un cuerpo que es capaz de llevar a cabo muchas proezas, siendo un medio entrenado por un hombre para su propia gloria. Eso si me dice algo, porque el entrenamiento no es para estar guapo, es para sentirse bien con uno mismo, es para ser mejor, es algo casi espiritual, una forma de vida... y todo eso igual te hace sentir guapo, pero a la par puede que engreído, así que cuidado con los egos; y bien, más de un ego ha sido puesto en su sitio por el gordito, jajaja. 



Eso sí, nada se consigue en el sofá, ni viendo vídeos por internet, hay que dejar a un lado la pereza para superarse, empezar a ser el señor de uno mismo -el cuerpo es nuestro esclavo- y poner todo a la práctica, ser un hombre de acción; pero primeramente tenemos que saber lo que uno quiere, tener motivación y olvidarse de los demás: de lo que verán o dirán, o... No le des importancia a tener kilos de más, a si eres feo o guapo; es que no debes hacerlo porque seas gordo y te lo llamen sin parar, feo o guapo o un canijo, sino porque te amas, porque puedes. Porque si entrenas para solucionar esas tonterías no eres de los míos, serías de esos seres superficiales que engrosarán la lista de futuros chulos, personas que cuando enseñen un poco de tabletilla ya miran por encima del hombro cuando... ¡no tienen ni dos tortas! Hay más de un bloguero por ahí que entra en esas calificaciones. Entrena, pártete el pecho cada día y ya vendrá todo lo demás solo, tu valor como persona dictará si eres un buen portador de los beneficios de un entrenamiento brutal: seguridad, fuerza, estabilidad... y la belleza ya se mostrará más allá de la forma estéticamente sensible.


De todas formas, no penséis que no tengo un ideal estético. Un cuerpo bello dice mucho de la persona, pero claro, no lo dice todo, ni hace bella a toda la persona. La estética es algo ajeno a la persona, la belleza sensible no es la persona. La belleza sensible, entendida en conceptos de simetría y perfección, pone orden, es orden, pero ese orden de nada sirve sin nada detrás. Todo lo demás es superficial, es grosero, carece de virtud. ■

¿DÓNDE ESTÁN LOS NACIONAL REVOLUCIONARIOS?

Este texto no va dirigido a esos otros
que van de revolucionarios y de rebeldes.


Bien, a vosotros que vais de revolucionaros, respondedme a ¿qué es ser un revolucionario?: ¿Un fetiche? ¿Una moda? ¿Una promesa de futuro que os embarga mientras tanto de esperanza en que llegará algún día una revolución? ¿Vuestro rol? ¿Una tribu urbana? ¿Un estado de ánimo que os hace sentir guays? ¿Hacerle la pelota al sistema? ¿Ser, aunque parezca contradictorio, el sistema, una expresión más del sistema? ¿Ser groseros, desagradables, malhablados? ¿Tener mil tatuajes y ser sólo un tatuado? ¿Presumir y ser un mero adorador de Hitler y de Mussolini cual adolescente que se toca viendo el poster de la última ramera que sale en una revista porno? ¿Ser un nostálgico de los años veinte, treinta y cuarenta del siglo pasado? ¿Ser un tío de izquierdas con la bandera española alzada? ¡Decidme qué es ser tal cosa sin que me haga reír!

La nueva revolución, si ha de venir, la harán hombres y mujeres dispuestos a perderlo todo por nada... o por todo. Y es muy probable que a ella se unan hombres y mujeres que no tengan nada que perder. La harán hombres dispuestos a tomar decisiones valientes y a veces dolorosas, hombres decididos a conseguir aquello por lo que luchan sin piedad, con constancia y tesón. La nueva revolución, si ha de venir, la harán hombres nobles, hombres leales, hombres obedientes a su voluntad, hombres radicales que no dejen lugar a la duda y a sus posibilidades, hombres transparentes, pero sobre todo hombres honrados, hombres incorruptibles, hombres que sean una superación de sí mismos en cada momento, hombres que sepan ser compañeros, hombres que sepan de la unidad y conozcan al enemigo, y una vez conocido éste sepan tratarlo como se merece.

Y entre los nacionalistas, dispuestos a tales sacrificios... ¿dónde? Por lo que afirmo que los revolucionarios no existen y que el futuro se muestra en el mismo plano de existencia revolucionaria, al menos para nosotros (yo y mis iguales), que poco podemos hacer... que vivimos como si no existiéramos. Pocos en número, es escasa la fuerza; escasa la fuerza, es imposible cualquier pretensión. En el futuro atomizado, en el futuro desnacionalizado, ¡nuestro presente!, hemos los individuos vivir lo más consecuentemente con nosotros mismos. La revolución consistirá en resistir a cada golpe que recibamos del sistema, permanecer puros en lo único que nos puede pertenecer: ser nosotros mismos. Quizá gota a gota pueda llenarse un vaso... y ese quizá deja a la vista que también soy un hombre con esperanza, muy a mi pesar, muy a mi pesar...

Y es muy posible que muchos esperen a que se les quite todo para ser revolucionarios de verdad, es decir, de acción. Muchos se harán revolucionarios una vez no tengan nada. Si son necesarios tiempos de escasez, si son necesarios más tiempos malos hasta la maldad para que la gente despierte, que así sea. Y bien, ya peco de esperanza de nuevo, pues pensar en un despertar revolucionario es mucho esperar de algo que no tiene su origen en nuestra propia voluntad, un hombre solo.

Ser nacional revolucionario no es ninguna etiqueta, no es una marca que deba vivir con uno siempre, es algo circunstancial. El final de esa circunstancia será consecuencia del triunfo de la revolución.

Enlaces de interés y de obligada lectura (formación):
- ¿Qué significa Nacional Revolucionario?
- Ernst Niekisch
- Revolución Conservadora