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NUESTRA VIDA

Por Kurt Ellersieck

Publicado en la «La casa de la tropa ϟϟ» nº4 – 1939. Extraído de La Orden ϟϟ, Edwige Thibaut

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La Peña Sacra de Ranchiles (Ensenada de Bolonia - Tarifa) - ¿Altar CELTA?

Nota: yo he extraído el texto del libro de Alejandro Arocha, “El sol negro”, una lectura muy recomendable.

Apunte: El mensaje contiene cierto tono cristiano, y todos sabéis lo que pienso sobre el cristianismo, por lo que no voy a añadir nada al respecto. Son evidentes las connotaciones cristianas en el lenguaje... pero es que a veces utiliza un lenguaje tan poco cristiano... Es este el claro ejemplo de lo que en el programa el NSDAP se denominó CRISTIANISMO POSITIVO, o así creo. Ver si no el punto 24 de los “25 puntos”:

24. Exigimos la libertad de todas las confesiones religiosas dentro del Estado en cuanto no representen un peligro para la existencia del mismo o estén reñidas con el sentimiento, la moral y las costumbres de la raza germana.
El Partido como tal defiende el punto de vista de un cristianismo positivo, sin atarse confesionalmente a una doctrina determinada. Combate el espíritu judeo materialista dentro y fuera de nosotros y está convencido de que un restablecimiento definitivo de nuestro pueblo sólo puede operarse desde adentro sobre la base del principio:

Provecho común antes que provecho particular.

Pero el texto no lo quiero criticar negativamente, al contrario, quiero que este texto melle en todos lo más profundo posible. Es un texto vitalista, combativo y noble. Que el sello de lo que sigue quede impreso eternamente en vuestra voluntad.

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BAELO CLAUDIA (BOLONIA, EN TARIFA)
Vivir significa luchar. Nos enfrentamos a este principio de manera inexorable y dura: como una orden militar, breve y concisa a la cual nadie puede sustraerse. O se acepta esa orden, cumpliéndola del mejor modo posible, o se deserta –y se muere– de una manera lamentable e infamante. No hay otra alternativa.

Vivir significa luchar. Esta orden que la Providencia nos ha dado distingue al señor del esclavo, al héroe del cobarde, al hombre de acción del charlatán, al carácter de la debilidad, define lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto y nos permite valorar nuestro trabajo cotidiano.

ACUEDUCTO DE SEGOVIA
Siempre ha habido en la historia épocas en que se ha creído poder eludir este mandato; en que creíamos que la lucha es una abominación y que la vida es un perpetuo estado pacífico; en que tratábamos de transferir la lucha de este mundo a otro; en que se medía el bien en el grado de la bajeza, de cobardía, de servilismo, y el mal en el grado del acto heroico; en que la traición y la mentira fueron preconizados como medios de presión contra la lucha.

TEATRO ROMANO DE MÉRIDA
Y otra vez, hubo épocas en que el espíritu heroico celebraba su mayor triunfo; en que la fuerza creadora señalaba nuevos caminos, nuevos objetivos a los hombres: en que la lucha tenía la resonancia más extrema a causa de la fuerza original de la voluntad de vivir, y en que el hombre, con su fuerza divina, devolvió su sentido propio a la vida. 

Nos centramos en esta época de energías acumuladas, de espíritu combativo y creador, de la inaudita voluntad de vivir.

Cueva de las Palomas (Tarifa)
Aprobamos la vida porque amamos la lucha, aprobamos la lucha porque amamos la vida. La vida no es para nosotros un valle de lágrimas por encima del cual hay unos dioses desconocidos que gozan al vernos arrastrarnos de rodillas llenos de humildad. Para nosotros, la vida es un campo de batalla que la Providencia nos ha dado, que nosotros queremos conquistar luchando. Nuestra oración es la lucha, nuestra lucha es la oración. La Providencia nos ha dado la vida en la lucha y nosotros queremos dominar la vida luchando.

Nosotros luchamos y somos un eslabón sólido en la cadena constituida por nuestros antepasados y nuestros descendientes. A través nuestro, la vida de los tiempos más remotos debe ser transmitida en la lucha, al futuro.

Tercios españoles
Así es como lo quiere la Providencia; así es como lo queremos nosotros. La Voluntad de la Providencia y la nuestra formarán la época de hoy, de mañana y de pasado mañana, tal y como crearon la época de ayer y de anteayer.

Vivir significa luchar. Durante siglos de luchas, nuestros antepasados nos formaron, permitieron a nuestro pueblo y a nuestros clanes triunfar de la cobardía y la bajeza, del servilismo y de la negación del mundo hasta nuestros días. Es un monumento de la lucha heroica y de inquebrantable voluntad de vivir.

No quedaría nada de nosotros, del pueblo y de los clanes, de las tribus y de la sangre si nuestros ancestros no hubieran amado la lucha como la amamos nosotros.

Nada existiría de la cultura, de los monumentos imperecederos de la literatura, de la música, de la pintura, de la arquitectura si ellos no hubieran aprobado la vida, es decir, la lucha.

Guzmán "El bueno"
(…) Sólo el que lucha puede triunfar y comprender la felicidad de la victoria o del final heroico. Pero el que rehúye la lucha y por lo tanto, la victoria, desconoce su espíritu. No comprenderá nunca el feliz sometimiento que la Providencia dispensa al combatiente que domina la vida; la capitulación es una cobardía y Dios sólo ayuda al valiente.

(…) En cada lugar se libra una batalla decisiva que determina la posición del hombre con relación a Dios. El hombre creador concibe su relación con su dios en la lucha, en la batalla. No considera su combate como una vergüenza, como una condena, un pecado, sino que se ve como un señor, cumpliendo de una manera positiva la orden dada por la Providencia.

¡Vivir significa luchar! Para él el sudor no es el salario de la acción pecadora sino la recompensa de su fuerza configuradora y de su magistral alegría creadora.

(…) no queremos pasar nuestra vida, que la Providencia nos ha dado, en contemplarla como un cenagal de vicio del que nadie escapa; pues nuestra vida no es un pecado ya que nos viene de Dios, y nuestra lucha no es una condenación puesto que es una plegaria heroica.

NIETZSCHE
Dejamos a los cobardes y a los miserables reptar de rodillas, a los pusilánimes gemir de desesperación, pues Dios está con nosotros, porque Dios está con los creyentes.

Saludamos a los espíritus heroicos del lejano pasado como a los compañeros de armas de nuestra vida porque sabemos que una verdad eterna sale de la boca de Nietzsche cuando dice:

«LA GUERRA Y EL CORAJE HAN CONSEGUIDO MÁS GRANDES COSAS QUE EL AMOR AL PRÓJIMO. NO ES VUESTRA PIEDAD SINO VUESTRA BRAVURA LA QUE, HASTA HOY, HA SALVADO A LOS DESGRACIADOS».■

CICLO AYN RAND (III): UNA MARXISTA CULTURAL

THOR NO HA MUERTO: VIVE PORQUE YO QUIERO, PORQUE DE LA VOLUNTAD NACEN LOS DIOSES

En artículos y comentarios anteriores he afirmado que Ayn Rand es una marxista cultural. No lo es en actitud para consigo misma (o quizá sí, presa del feminismo), pero sí lo es cuando se trata de proyectar toda esa ideología dañina al resto de los mortales. Algo muy judío por otro lado: mestizaje para vosotros, pero no para nosotros, respeto a nuestra cultura, pero no a la vuestra, que carece de pureza… Y si no aceptamos las normas impuestas por los individuos seguidores de la religión más racista de la tierra y de la historia, sino no obedecemos al pueblo más excluyente, represor y victimista que ha habido en toda la historia de la humanidad… si no aceptas lo que proviene del amo, eres un nazi antisemita, un genocida y un delincuente.

En Metapedia hay un excelente artículo sobre el marxismo cultural, su lectura es obligatoria: MARXISMO CULTURAL; pero no es únicamente obligatoria, es necesaria para poder entender este artículo y la propia realidad vigente, una realidad que, como he dicho en otros post, se circunscribe en un contexto histórico bajo la configuración de unidad (simbiosis o reparto de rolles sociales) del marxismo y del liberalismo, es decir, en la convergencia de ambos capitalismos, creando la más sádica de las ideologías totalitarias de la historia: EL MUNDIALISMO (conocido también como globalización).

El marxismo cultural es lo que se ha venido a denominar “lo políticamente correcto”. En realidad es mucho más. El marxismo cultural supone un llamamiento al combate, un combate cultural. Si bien los marxistas no han ganado en el terreno económico a su rival capitalista, el liberalismo, bien pueden darse golpes de pecho atribuyéndose la victoria cultural. El éxito de los marxistas culturales, con su origen en La Escuela de Frankfurt, ha sido por varios motivos, pero sobre todo por una casi nula resistencia y absoluta sumisión. Es por ello que Europa y el resto de los pueblos blancos viven en una situación lamentable.

El marxista cultural tiene como misión amputar al hombre el orgullo por su historia y sus valores, quiere destruir la cultura particular de cada pueblo. Para ello una manada de teóricos o ingenieros sociales se pusieron en marcha para invertir los valores europeos y del resto de los pueblos blancos. Surge el mal de conciencia por ser blanco, se inocula la culpa en el devenir histórico. El hombre de occidente (no lo uso bajo mi semántica –el imperio judeonorteamericano-, sino bajo la semántica actualmente aceptada) no volverá a estar orgulloso de su pasado, más bien se sentirá culpable, se sentirá opresor: todo lo que no sea blanco es bueno, el hombre occidental es malo.

No puedo resistirme en no criticar el concepto Occidente. Es evidente que la Occidente de hoy no tiene nada que ver con el Occidente de ayer. Hoy occidente no es ni de lejos lo que fue. Hoy vivimos, si acaso, una fase más de su destrucción. O Europa y los pueblos blancos reaccionan o definitivamente los valores de familia, matrimonio, etc. en su sentido sano y natural, perecerán para posteriormente sumirnos en el caos total, donde las sociedades dejen de ser libres por no tener presencia alguna, por devenir inexistentes, imponiéndose el totalitarismo marxiano-liberal, que dominará al hombre atomizado, es decir, al hombre sin vínculos, desarraigado… al que hoy llaman libre. Esta distopía, que parece destinada a realizarse, parece surgir de las novelas de Huxley, de Orwell o de Michel Ende.


Para destruir nuestros valores estos marxistas culturales no cejarán en su empeño de introducir cada vez más inmigrantes en nuestro suelo, de darles todas las ayudas sociales, en defender culturas extranjeras y condenar las oriundas de su propia tierra; defenderán lo feo, lo deforme, lo macabro… lo bello perderá su significado profundo, convirtiéndose en mero fetiche comercial, en reclamo publicitario. Defenderán la libertad de expresión y a la vez te encadenarán por practicarla… ¡diciéndote que tú no utilizas correctamente la libertad de expresión! Hoy la libertad no es libertad, al menos no es la libertad que queremos los identitarios, es la libertad basada en la norma de los marxistas culturales. Defenderán al imán y condenarán al cura, preferirán lo innatural a lo natural y espontáneo, al “travelo” antes que a la mujer. Más que nunca vivimos en un mundo de ogros. Y no bromeo. Thor fue engañado por un gigante –al cual podríamos denominar ogro por su naturaleza subhumana– llamado Utgardhaloki. Thor era un Dios ingenuo, un Dios voluntarioso, defensor de todos los hombres de Midgard (tierra media). Estaba sujeto a las pasiones y a las mismas debilidades de los hombres. No es de extrañar que fuera tan venerado por nuestros ancestros o “primos” europeos del norte, pues en él se veían reflejados. Utgardhaloki era un rey gigante que humilló a Thor al no haber sido éste capaz de afrontar tres pruebas que le había sugerido: beberse el hidromiel que le habían servido en un cuerno (pero el hidromiel no se agotaba nunca), levantar a un gato (que no pudo levantar en su totalidad) y enfrentarse a una vieja en una pelea (cayendo el vigoroso Thor derrotado). Tras la humillación que sufrió Thor, Utgardhaloki reveló al ingenuo Dios el motivo de su fracaso: el cuerno estaba unido a los océanos; el gato era en realidad la serpiente que rodeaba el mundo, Jormungander; finalmente, la anciana era la misma Vejez, a la que nadie puede vencer.

Yo comparo a Utgardhaloki con los marxistas culturales. Los ingenuos europeos, humillados y derrotados, seguimos el juego de los ogros y de los gigantes “inclinados hacia abajo”. Siempre perderemos pues ellos hacen trampas. La trampa de los marxistas culturales es el lenguaje. Con él han convencido al hombre occidental de que lo bueno es esto y que lo malo es esto otro, que lo que fue bueno era en realidad malo y que lo que era malo era en realidad bueno. Han convencido al hombre noble e ingenuo de que él lleva en sí el mal y a un represor, incluso han convencido a generaciones enteras de blancos de que son culpables de las supuestas matanzas perpetradas por los nazis. Todo lo que detestas o no toleras es por prejuicio, “pruébalo”, te dirá el marxista cultural. La homosexualidad es natural, el matrimonio entre hombre y mujer es algo anacrónico que potencialmente “condena” a la mujer (pues en cada casa hay un maltratador y un machista en potencia), pero sin embargo el matrimonio homosexual es un derecho que se debe defender a ultranza. Si defiendes la maternidad de las mujeres blancas u occidentales (y he aquí una buena distinción, pues si todo lo que parece blanco no es blanco, todo lo occidental no es blanco) eres un anticuado, pero deberás ver con buenos ojos que la gran parte de las ayudas, como dinero, pañales y ropa de bebes, acaben en manos de las madres subsaharianas o marroquíes que llevan cinco hijos a cuestas: y doy fe de ello, he visto a mujeres de origen magrebí cargadas de niños -¡españoles del futuro!-, cuando una mujer española sólo puede permitirse el aborto, esa medida para con la libertad femenina. Gracias, marxistas culturales, sois el bien del mundo… pero yo me regodeo en el mal. ¡De nuevo, pseudo-cristianos postmodernos (marxistas culturales), se cumplen las antítesis “bueno” y “malvado”! Yo soy el malvado, Daorino “el malvado”. Otros me han llamado demonio, pero me gusta más malvado, suena más gótico. Y los que son como yo de malvados formamos parte de todo lo bueno, de todo lo bello y de todo lo heroico, y me enorgullezco de que mi estirpe provenga de latidos tan voluptuosos. Pero pasemos al meollo, creo que ya he dejado claro qué es y qué se propone el marxismo cultural, y si no lo habéis entendido siempre podréis leer la información de obligada lectura de Metapedia, cuyo enlace está casi al principio de este artículo.

Ahora toca hablar de Ayn Rand. Cuando se trata de señalar personalidades del marxismo cultural siempre se habla de Max Horkheimer, Marcuse o Erich Fromm, pero hay otras personalidades –sin duda menores– como Ayn Rand, que sin pretenderlo, o son estandartes del marxismo cultural o están envenenadas por dicha ideología. Y bien, tengo que decir que una de las “virtudes” del marxismo cultural es que una vez inoculado el veneno éste se extiende como la pólvora. Si os fijáis, España está repleta de y colmada por Estébanes Ibarras y Bibianas Aidos, incluso por Zeroleros o por pseudofachas, derechistas y progrefachas como los del PP y Minuto Digital. Todos ellos son marxistas culturales de una u otra forma, ya sea inconscientemente, queriendo o no queriendo; sólo que lo hacen sin cobrar, gratis: son los denunciadores, los perros guardianas, la defensa pretoriana del marxismo cultural. Desde aquí les digo a todos –me enfrento a un buen porcentaje de la población española y a más de siete millones de inmigrantes– que no podréis con la fuerza de la bestia rubia, una vez despierte. Un nuevo comienzo se avecina a lo lejos, los identitarios trabajamos para posibilitar ese comienzo, un comienzo que quizá no veamos: ante nosotros se abre un abismo, un abismo decadente y oscuro, pero no nos rendiremos jamás.

En wikipedia he encontrado mucha información sobre Ayn Rand, información que animo a que sea leída para que el lector saque sus propias conclusiones. En esa enciclopedia virtual la escritora es muy querida. El propio Jimmy Wales, fundador de wikipedia, se ha declarado profundo admirador de Ayn Rand, así como otras personalidades. Un buen ejemplo es Angelina Jolie, quien se dedica a adoptar niños de Camboya, Etiopía, etc., seguramente imbuida por toda esa ideología sobre la que ya nos hemos extendido bastante. Es que la chica tiene dinero. Las españolas, cuando quieren hijos se compran un perrito. Patético, ¿verdad? Riámonos al menos, que no quebrante nuestro ánimo tanta decadencia.

Si existe un elemento común entre el marxismo cultural y Ayn Rand es la LIBERTAD. Pero la libertad entendida bajo una perspectiva vaga. Para éstos la libertad supone “todo lo que hagas es válido siempre y cuando sea políticamente correcto”, y ya hemos visto qué es lo políticamente correcto: auto-odio, culpabilidad, destrucción de valores occidentales, sodomía, caos, etc.

Transcribiré de wikipedia (copiar y pegar) esos fragmentos que considero convierten a Ayn Rand en una marxista cultural:

- Ayn Rand defendía la total libertad a la hora de producir, distribuir (sólo a adultos) y consumir cualquier tipo de drogas, a pesar de condenar radicalmente su consumo como un atentado contra lo más valioso que tiene cada individuo: su mente. Como afirmó repetidamente, la libertad, si nos tomamos el concepto en serio, supone también la libertad para equivocarse, y, si alguien quiere tomar drogas, la libertad para suicidarse.

- Ayn Rand defendía el derecho absoluto a las mujeres a abortar si así lo deseasen, ya que cada individuo tiene un derecho absoluto sobre su vida y su cuerpo.

De ello se deduce que defender la promiscuidad, el consumo de drogas y la libertad de todo favorece la destrucción cultural y la desestructuración social. Esa defensa del aborto atenta contra el principio de la vida, así como el derecho de todo ser –aunque sea embrionario– a desarrollarse. El hecho de que una cultura consienta en el aborto libre demuestra su debilidad. Por último, eso de la “libertad para equivocarse” es, en el mundo de hoy, sin guías ni nadie que marque el camino, donde todo el mundo NO ES dueño de sí, arrojar a muchos miembros de una sociedad por el abismo. Además, es un absurdo, nadie se equivoca libremente, nadie quiere equivocarse. Son los pasos, las pautas sociales y las patologías que de ella derivan, las que nos empujan al error. Decir que uno se equivoca libremente es como decir que libremente atropellé a un perro.

No obstante, he de destacar que Rand condena el consumo de drogas. De ello deduzco que es una marxista cultural sin saberlo. De todas formas he de poner algo a favor de esta escritura judía (por lo que está en negrita):

-Ayn Rand defendía el derecho absoluto a distribuir, entre adultos, cualquier tipo de texto o medio audiovisual, incluida propaganda nazi, comunista o pornografía (que aborrecía, al considerarla como un atentado contra la sexualidad y el buen gusto, pero cuyo derecho a ser producida y distribuida defendía vehementemente). Sostenía que «las ideas no delinquen», y que sólo se debían castigar los actos delictivos. Afirmaba que cualquier intento de que el estado limitase la expresión de ideas «erróneas», «equivocadas» o «peligrosas» sólo podía terminar en una censura total de las ideas «impopulares».

Este fragmento también ha sido extraído de wikipedia. Como conclusión: si algo podemos destacar de Rand es que al menos ella fue consecuente con sus ideas o intentó serlo.

Ahora juzguen ustedes, ¿es Ayn Rand, aunque sea involuntariamente, de la misma forma que lo es involuntariamente la mayoría de las personas que conforman la sociedad, una marxista cultural? A mi modo de ver SÍ.

ANGELINA JOLIE, EL ORGULLO DE TODO MARXISTA CULTURAL
Sin más, ¿a qué nos quiere llevar el marxismo cultural? Sin duda el marxismo cultural quiere dominar las mentes de la misma forma que el liberalismo el cuerpo. Una el espíritu, la otra la fuerza de trabajo. Hasta este punto hemos llegado los hombres modernos, gobernados por ideologías decadentes y poco viriles. No obstante, hago una última reflexión:

“El triunfo pleno del marxismo cultural llegará cuando el hombre carezca, es decir, haya sido desposeído, de todo vínculo, que es por lo que todo hombre lucha. Entonces, el combate cultural habrá llegado a su fin. ¡Es el fin de la historia que preconizaban los primeros marxistas y los más teóricos! ¡El fin de todos los tiempos, la paz eterna, el fin de las contradicciones! ¡Triunfo del igualitarismo, del mundialismo y delirios de grandeza ante un mundo reducido a lo mismo! Llegados a este punto, sólo quedará algo parecido a un hombre: un cuerpo con forma humana. Éste, sin patria, sin madre, sin padre, “sin sangre”, sin voluntad, sin dioses… El día que lleguemos a final tan tenebroso pensaré que el mundo se ha acabado. Aunque suponer cierta posibilidad de “poder pensar” llegado momento tan estelar, es sólo producto de mi odiosa esperanza; odiosa es mi esperanza al creer que aún muchos –al día de hoy –puedan pensar y ser realmente libres, es decir, que puedan despojarse del marxismo cultural. Un hombre que se despojara de ideología tan libidinosa reobraría cierta consciencia, supondría una segunda muerte –la de su vida anterior– y el comienzo de una nueva vida. YO LO CONSEGUÍ.”■

CICLO AYN RAND (II): EL IRRACIONALISMO Y EL CANIBALISMO MORAL

La edición manejada es la siguiente:
Ayn Rand. LA VIRTUD DEL EGOÍSMO, «Un nuevo y desafiante concepto del egoísmo». Grito Sagrado Editorial, 2009. Buenos Aires (Argentina)

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«Lo irracional es lo imposible; es aquello que contradice los hechos de la realidad; los hechos no pueden ser alterados por un deseo, pero pueden destruir al que desea». (Pág. 50)

Eso es lo que nos dice Ayn Rand con mucho raciocinio y seguridad, pero con poca convicción. Al menos a mí no me convence y creo que a la mayoría de los lectores habituales de este blog tampoco les convencerá. Nos dice que lo irracional “es aquello que contradice los hechos de la realidad”. ¿Acaso no es lo irracional un hecho? ¿Es que lo irracional no sucede realmente? ¿Asume Rand que existe una irrealidad que es real? ¿Pero qué dice Rand? Yo digo: LO IRRACIONAL ES UN HECHO DE LA REALIDAD, NO SE CONTRADICE CON LA REALIDAD, PORQUE SI SE CONTRADICIERA CON LA REALIDAD SERÍA PORQUE LO IRRACIONAL NO ES REAL. Pero no seamos irónicos ni injustos, imagino que Rand se refiere al contexto desde algo o en algo cuando se refiere a la realidad y que lo irracional es ilógico respecto a los hechos objetivos. Pues bien, es que el contexto de las cosas suele ser movido por lo irracional, el propio Woody Allen, también judío, lo dice al final de su aclamada película Annie Hall:


El hombre sin emociones deja de ser un hombre y no se convierte en algo más que un ordenador.

No obstante, aclararé mi posición irracionalista, que a mi parecer es la menos irracional. El racionalismo llevado al extremo es la locura de la mente. La realidad no surge del cerebro o de la conciencia (idealismo platónico), ni al revés, sino holísticamente y de forma trascendente, ni surge ni deja de surgir, está ahí, la realidad no la creamos nosotros, nosotros sólo nos creamos un contexto en esa realidad que está ahí (esto me recuerda al ser-ahí de Heiddeguer): independientemente de las subjetividades y contextos personales, todo forma parte de un mismo contexto general, la suma total de todas las realidades forman parte de la realidad en sí. Sin embargo, la realidad no es algo al margen de nosotros, nosotros también somos esa propia realidad. La filosofía objetivista sostiene:

-Existe una realidad independiente de la mente del hombre, una realidad a la cual se accede a través de los sentidos y se procesa con la razón. La realidad existe de forma absolutamente objetiva. Los hechos son los hechos independientemente de los sentimientos, deseos y temores del hombre.

No, tanto el hombre como lo que percibe fuera de sí son la misma realidad, lo que no quiere decir que uno no pueda interactuar en su contexto de forma objetiva o que su cuerpo no interactúe con lo que está fuera de sí. El mundo es uno, el mundo es en sí una única realidad. El hombre no es una realidad distinta del mundo, lo mismo que un pensamiento no es distinto del cerebro. Este pensamiento lo considero profundo y es deudor de la filosofía nietzscheana: la intuición de la unidad de las cosas. Decir que la realidad es algo externo a la conciencia del hombre es como asumir que un vaso vacío es algo externo del agua. Lo son en términos relativos, pues obviamente cada cosa está al margen de la otra, pero el contexto es el mismo, la misma realidad, el mismo mundo.

Sin embargo, en algo tiene razón Ayn Rand: “(…) una realidad a la cual se accede a través de los sentidos y se procesa con la razón.” Pero yo añado, recapitulando:

Ayn Rand
No accedemos a la realidad como si se tratara de algo ajeno a nosotros mismos, sino que accedemos a la realidad en sí, de la que no percibimos su totalidad, sólo la realidad nuestra (el contexto particular). Así que accedemos a la Realidad, una realidad en sí de la que percibimos más o menos según nuestra consciencia; de esta forma accedemos a la misma realidad, todos sin excepción, lo mismo que respiramos "el mismo" aire de la tierra. El que muchos tengan una cosmovisión diferente, que cada cual perciba la realidad de forma  diferente, no invalida mi argumento, sólo afirma que existe una gran pluralidad de perspectivas cuando se trata de interpretar una misma realidad, una realidad de la que formamos parte, de la que somos, una realidad que además va más allá de nosotros mismos. El hombre, esclavo de la racionalidad, se esfuerza en destruir esa pluralidad. El mundo es uno y a la vez plural, pero no existe lo plural y de cada particularidad un mundo, es decir, diferentes realidades”.

Ahondando más en todo esto, afirmar que el irracionalismo reacciona contra todo aquello que da un valor excesivo a la razón y que encumbra como lo más importante todo proceso mental lógico no contradictorio, dejando como secundario toda experiencia vital, emocional, física, etc. Pero pensar que existe contradicción entre lo racional y lo irracional es una contradicción en sí misma. Negar una de ellas es negar una parte de la vida. Aceptarlas y afrontarlas es acercarse a la totalidad. En un artículo anterior, publicado en este blog bajo el título REFLEXIÓN SOBRE LA FILOSOFÍA Y LA ACTITUD EGOÍSTA, escribí lo que sigue:

«Ayn Rand, elevando la razón a las cumbres “fantasmagóricas” de la libertad, racionaliza y logiliza el mundo al extremo. Así pues, se entiende cómo esta filósofa de origen ruso, ascendencia judía y nacionalizada estadounidense, que falleció el año 1982, critica a Nietzsche y su irracionalismo, un irracionalismo que podría definirse como “el hombre arrojado y entregado al orbe, superando, digiriendo y domando sus pasiones, hollando éstas vívidamente hasta agotarlas”. Y es que en la vida no todo se atiene a razones, la razón del hombre es incapaz e insuficiente para alcanzar toda la comprensión, magnitud y trascendencia de la propia existencia: una existencia basada en la razón exclusivamente te pone a la altura de una máquina. El hombre sólo debe usar la razón para entender la propia irracionalidad del mundo, para establecerse un orden, para hacer comprensible la realidad. Pero repito, el mundo es en sí irracional, la vida carece de sentido, en la vida no prima la razón sobre los sentimientos y la experiencia humana; no todo debe ser vertido en la cloaca racional, pues si no la vida se convierte en algo insípido, yermo, inerte y rígido. Y bien, admitir la irracionalidad del mundo, no desdeñar los sentimientos y las experiencias no es ser irracional.

»En definitiva, negar el racionalismo como medio para acceder al mundo con paso firme es igual de estúpido que negar el irracionalismo inherente en la propia realidad. Negar la irracionalidad es por otro lado negar la vida o parte de ella. Es a voluntad que debemos ser racionales».■

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Canibalismo moral: éticas colectivizadas

Lo he repetido mil veces y lo repetiré hasta la saciedad en este blog. La moral divide el mundo en dos, establece los dogmas del Bien y del Mal. El amoralista es el hombre ético, como crítico que es de lo moral. Se sitúa por encima del Bien y del Mal y, como soberano, construye su propio código. Sabe que el Bien y el Mal forman en realidad una sola cosa y que es el hombre, en un esfuerzo inútil por ponerse un orden de conciencia, quien divide esa unidad en dos. Por otro lado acepta que el Bien y el Mal no son ideas fijas y que si bien su concepción del mundo es amoral, también constituye su propia visión una especie de moral más elevada, sin ser estrictamente una moral, pues lo amoral no tiene tal fin. Estar por encima del Bien y del Mal no es negar que éstas existen en un mundo racional, si lo negara… ¿sobre qué estaría? Simplemente señala que el Bien y el Mal no son lugares específicos, que no existe un lugar eterno del Bien y del Mal con un significado verdadero o falso: que nada son fuera de la conciencia humana. El Bien y el Mal es lo que uno decide. Ser amoral es, por lo tanto, situarse por encima de ese Bien y de ese Mal fijos y dogmáticos, la antesala de un hombre que crea y confía en sus propios valores, lo que fijará su destino a voluntad. Lo moral habita en la conciencia, la moral nace de la racionalidad. Lo amoral escapa del hombre, es la asunción del orden natural de las cosas (a esto lo llaman irracional porque escapa de la conciencia humana) y no la de un orden de conciencia de las cosas. Pero lo amoral no es una moral en realidad, sino otra forma de referirse a la ética pura, es decir, a una forma de encargarse de la moral sin darle a la vida un fin moral absoluto.

Pero hablemos del canibalismo moral. ¿Cuándo se da dicho canibalismo? Se da allí donde existen sociedades colectivizadas, en sociedades donde el individuo no está por encima del grupo, de la sociedad, de lo comunal (según Ayn Rand, por supuesto). Se da allí donde un Estado o un grupo de hombres tienen la fuerza o el poder de disponer de la vida de otros. Sin embargo, Rand piensa que el Estado si es algo sacrificable en pos del individuo y que incluso algunos individuos deben sacrificarse por el bien de otros individuos, por el bien de la no-sociedad, es decir, la sociedad atomizada. Para Rand el Estado sólo debe funcionar a modo de policía, protegiendo los intereses individuales, el mercado, etc. En definitiva, ningún individuo es sacrificable, sin embargo, el estado o los ejércitos, que también constituirán un grupo de personas, si deben sacrificarse por el egoísmo de otros.

Esto me suena al hecho del estado a merced absoluto del mercado y de intereses particulares. ¿No es eso lo que ocurre ya? Los capitales han desposeído a las naciones de su soberanía, la usura domina todo y nos arruina poco a poco. Todo ello por el bien del individuo, nos dicen. Quien quiere hacer un negocio se endeuda, porque va al banco para que le preste dinero a cambio de intereses usurarios. Lo mismo ocurre cuando el estado quiere llevar a cabo infraestructuras, se endeuda: en ese momento el estado pierde su soberanía y el dominio de su destino, en ese momento el estado depende de –y todos nosotros trabajamos para– los bancos.

Un estado nacionalista debe mirar por el bien común de sus ciudadanos, y estos son sólo aquellos que comparten afinidad genética y cultural. La nacionalización de la banca, la eliminación y condena de la usura –además de encarcelación y trabajo físico para los que la practiquen– acabarán con el canibalismo real que nos acecha. Un nacionalismo de verdad, que es una sociedad colectivizada, no es nunca un canibalismo si todo se hace por el bien de uno mismo y de sus iguales. ¿A quién quiere engañar usted, Rand? Usted habla de no disponer de nadie pero habla de tratos con otros individuos, ¿no es eso disponer, aunque sea del egoísmo de otros? Su filosofía es una contradicción tras otra, una montaña de arena que erosiona rápidamente con un flojo soplido. El mundo que nos plantea es lo más parecido a la muerte. ¡Muerte al liberalismo! ¡Muerte al capitalismo laissez-faire!■


Textos de interés:
CICLO "NIETZSCHE Y EL NACIMIENTO DE LA TRAGEDIA" (PARTE I/IV)
CICLO "NIETZSCHE Y EL NACIMIENTO DE LA TRAGEDIA" (PARTE II/IV)
CICLO AYN RAND (I): LA ÉTICA OBJETIVISTA

CICLO AYN RAND (I): LA ÉTICA OBJETIVISTA

La edición manejada es la siguiente:
Ayn Rand. LA VIRTUD DEL EGOÍSMO, «Un nuevo y desafiante concepto del egoísmo». Grito Sagrado Editorial, 2009. Buenos Aires (Argentina)

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Las otras tres partes:


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Ayn Rand, un acercamiento

«Los tres valores cardinales de la ética objetivista, que, en su conjunto, son el medio para realizar el valor supremo de una persona, es decir, su propia vida, y al mismo tiempo su realización, son: Razón, Propósito, Autoestima, con sus tres virtudes correspondientes: Racionalidad, Productividad, Orgullo.

»El trabajo productivo es el propósito fundamental de la vida de un hombre racional, el valor central que integra y determina la jerarquía de todos sus valores. La razón es la fuente, la precondición de su trabajo productivo. El orgullo es el resultado.» (Pág. 44)

Ayn Rand es una filósofa y escritora estadounidense de origen ruso. Creció en el seno de una familia de sangre judía siendo la mayor de tres hermanas. Fundó la filosofía o teoría ética que bautizó con el nombre de objetivismo y fue una gran defensora del capitalismo laissez-faire. He de reconocer que he sacado bastante jugo de esta pensadora. Fui a destruirla, a criticarla sin contemplaciones, y me encontré muchos aspectos aprovechables, sobre todo aquellos donde la filosofía de Stirner y Nietzsche se hacen muy patentes. Posee cierta fuerza vitalista, anima a la acción. Me gusta su idea sobre la vida, definiéndola como un fin en sí misma y como lo único que hace posible la existencia de valores (todo aquello por lo que uno actúa); es por ello que la vida es el valor supremo del que dependen todos los demás valores y, en consecuencia, todas las metas de la vida. Es entonces lógico que condene la inacción, considerándola antítesis de la vida. Sin embargo, ello no quita que una buena porción de su filosofía me parezca dañina y desechable. Ya lo iremos tratando en el transcurso de este ciclo.

SACRIFICIO HUMANO
Su filosofía es sumamente interesante. A mi parecer no la construye basándose en lo que debería ser su foco de conocimiento: el egoísmo. Su filosofía es una reacción contra el altruismo, concepto desde el cual construye toda su cosmovisión egoísta. ¿Y qué es el egoísta? Para Ayn Rand el egoísta es alguien que no se sacrifica por otros ni permite que otros se sacrifiquen por él. Simplemente mira por sí mismo, aunque puede darse el caso de que dicho sujeto pueda llegar a acuerdos con otros sujetos de forma racional y "justa": Ayn Rand reduce las relaciones humanas a la noción de mercado, donde todo se centra en intercambios, transacciones e interés por. Quien no mira por sí mismo es alguien que no se respeta, quien es altruista es alguien que piensa que otros son susceptibles de ser sacrificables y que él mismo lo es, diría Rand; quien también afirma que «la felicidad es el estado exitoso de la vida; el sufrimiento es la señal de alarma, del fracaso o la muerte». (Pág. 48) Mentira. El dolor, el sufrimiento… son sensaciones que te hacen más fuerte y que conscientemente vividos te hacen sentir más vivo; porque sentirse vivo es apreciarse vulnerable ante la vida y a pesar de todo inconmensurablemente fuerte. No son fuente de fracaso ni resultado de tal –sí de alarma-, ni significan la muerte (la cual es ausencia de sufrimiento); es, por otro lado, el estado exitoso del luchador, señal de que se está viviendo y la consecuencia de toda vida que se labra con esfuerzo y esmero. La filosofía de Rand se muestra como una especie de Hedonismo (sin serlo, pues posteriormente afirmaría que la felicidad puede ser el propósito de toda ética, pero no su pauta –ver pág. 52) cuyo fin es siempre una felicidad racional, es decir, sin contradicciones, sin sobresaltos emocionales.

Ayn Rand define la moral y la ética como «un código de valores para guiar las elecciones y acciones del ser humano, aquellas que determinarán el propósito y el curso de su vida. La ética, como ciencia, se ocupa de descubrir y definir tal código». (Pág. 22) También sostiene que «la ética no es una fantasía mística, ni una convención social, ni un lujo subjetivo e innecesario que puede utilizarse y descartarse en cualquier emergencia. La ética es una necesidad objetiva, metafísica, (…) por mandato de la realidad y la naturaleza de la vida». (Pág. 39) Pero una realidad moral como la que Rand describe sólo puede alcanzarse con el uso de la razón, el arma más potente y el medio básico del hombre para la supervivencia: «El interés personal no debe estar determinado por ciegos deseos o caprichos arbitrarios», diría Rand. Es por lo tanto su filosofía un egoísmo racional. La razón hace posible al hombre ser hombre, tener un código ético, desarrollarse plenamente como ser humano y alcanzar sus propios valores, que le llevarán a encumbrar sus metas. Es así que rechaza todo irracionalismo (profundizaremos en esto más adelante y sobre todo en la segunda parte de este ciclo), admitiendo sólo aquello que sea procesado mentalmente, es decir, racionalmente; todo lo que no sea eso carece de validez como experiencia y como “todo”, simplemente no sirve, no es útil, no es productivo.

También nos habla del amor y de la amistad: «La sola existencia de la persona a la que se ama procura una alegría profundamente personal y egoísta. Es la felicidad personal y egoísta la que uno busca, gana y obtiene del amor». Y prosigue: «Un amor “caritativo”, “desinteresado”, es una contradicción en término; significa que uno es indiferente a lo que valora». (Pág. 80) ¿Qué es entonces el egoísmo? Poner en valor algo. La persona que amas es alguien que tú pones en valor, alguien de tu interés. Si haces algo para complacerla lo haces por ti, por el gozo que te supone verla complacida, porque ella es la fuente de tu felicidad y de tu goce personal. Hacer algo por personas desconocidas sería un acto altruista, un sacrificio absurdo para beneficio de unos sujetos que no se tienen en valor, lo que sería, por otro lado, devaluar aquello que realmente nos importa. Algo así no nos puede hacer felices, categorizaría Rand, quien considera la felicidad el más elevado propósito moral de una persona, el gran propósito al que te deben conducir todas las metas, el fin al que deben conducir todos nuestros esfuerzos.

«Recuerde que los valores son aquello por lo cual uno actúa, para obtener y/o conservar la propia felicidad, felicidad que debe lograrse por el propio esfuerzo. Dado que la felicidad personal es el propósito moral de la vida del hombre, quien fracasa en alcanzarla a causa de su propia desidia, de su incapacidad de luchar por ella, es moralmente culpable». (Pág. 83)

«La felicidad es aquel estado de conciencia que surge de los logros de los propios valores». (Pág.50)

UN SÍ A LA VIDA, UN COMPROMISO
Sin embargo, Rand expone que el hecho de ser uno mismo el beneficiario de nuestras propias acciones no quiere decir que sintamos indiferencia hacia los demás o que la vida humana carezca de valor o que no existan motivos reales para ayudar a personas en una emergencia. Simplemente sostiene que la vida de una persona no debe subordinarse a la de los demás; que alguien debe ayudar a los demás por propia voluntad, en un acto libre, y porque realmente sea necesario, no como un deber o una obligación. Vemos entonces cómo Rand es teóricamente contraria a todo sistema socializante, a todo aquello que ve en lo social su deber. Rand propugna por la atomización de la sociedad en su extremo, un mundo de individuos, los cuales forman particularmente un mundo mismo. De esta forma, no se ayudaría a quien lo necesita en realidad, sino a quien o a quienes se estime oportuno a voluntad. Para Rand su egoísmo es generosidad porque realmente es un acto voluntario y consciente, mientras que el altruismo, tal como esta autora lo entiende, representa lo contrario, un acto no volitivo e inconsciente, un sacrificio humano.

Recapitulando, puede resumirse la filosofía objetivista con los siguientes puntos:

- Se trata de una filosofía individualista que rechaza todo lo colectivo.

- «El principio social básico de la ética objetivista es que, así como la vida es un fin en sí misma, todo ser humano viviente es un fin en sí mismo, y no el medio para los fines o el bienestar de los otros; en consecuencia, el hombre debe vivir para su propio provecho, sin sacrificarse por los demás y sin sacrificar a los demás para su beneficio. Vivir para su provecho significa que el propósito moral más elevado del hombre es el logro de su propia felicidad». (Pág. 48)

- El principio político básico de la ética objetivista es: ningún hombre tiene el derecho de iniciar el uso de la fuerza física contra otro sea cual sea el fin que quiera obtener.

-Existe una realidad independiente de la mente del hombre, una realidad a la cual se accede a través de los sentidos y se procesa con la razón. La realidad existe de forma absolutamente objetiva. Los hechos son los hechos independientemente de los sentimientos, deseos y temores del hombre.

-El propósito moral de la vida es la búsqueda de la propia felicidad o «interés propio racional»

-La razón de cada individuo debe elegir qué valores quiere para su vida y los medios para alcanzarlos.

-El único sistema social de acuerdo con esta moralidad es el del capitalismo puro (llamado también capitalismo laissez-faire)


Egoísmo y altruismo

Pensar que la filosofía moral de Ayn Rand es sencilla es infravalorarla. Sin tapujos propone todo un código para todas las dimensiones de la vida. Pero como se trata de una filosofía egoísta y quien la propone es, en consecuencia, una declarada egoísta, no podemos soslayar que toda su proposición de nace de la subjetividad y, por qué no, del capricho. Porque ella nos dice qué es egoísmo y qué es altruismo, se siente con la superioridad de dictarnos qué es y qué no es lo correcto, quiere que pensemos y actuemos bajo su vara de medir.

El altruista es aquel que renuncia a sí mismo en pos de los demás, digamos que es un esclavo por vocación. Mientras que el egoísta es el hombre soberano, es aquel que se rige por su propio código moral y escala de valores. También sostiene que el egoísta actúa a voluntad y que el altruista no actúa a voluntad, al menos no a la suya. Pero bien, ¿no se puede elegir a voluntad el camino del altruismo, de la abnegación, el dar sin querer recibir nada o sin esperar nada? Habrá a quien haber sido egoísta le pueda suponer cierto grado de culpabilidad y decida, para corregirse de ese achaque de conciencia, seguir un camino inverso. Y ahora bien, ¿es todo sacrificio por los demás un acto de altruismo? ¿No puede ser algo decidido a voluntad un sacrificio? Servir a la patria, a tu pueblo… ¿es eso producto del altruismo? ¡Por qué desdeñar la gloria de un auto-sacrificio, algo que engrandece el propio hacer humano! ¡Por qué renunciar a la heroicidad, al espíritu fáustico, a un verdadero esfuerzo y a una vida artística! Para mí eso es un valor, y elegido a voluntad. Y lo más importante, ¿acaso todo el mundo tiene la capacidad de ser soberano, es decir, egoísta aunque sea bajo la concepción de egoísmo de Rand? ¿Realmente existe ese altruismo del que nos habla esta autora? Todo el mundo dice que es altruista bajo el concepto de Rand, pero la realidad es otra: lo sencillo es ser egoísta, ser altruista requeriría paradójicamente una voluntad mayor para serlo, ya que lo primero es la inercia de todo ser viviente: el propio interés. ¿De qué se queja Rand entonces? ¿Nos engaña? ¿A quién sirve?

Ayn Rand no tuvo hijos. Supongo que ella era mucho más importante para sí que la posteridad. Tanto sostener que el valor supremo es la vida y ella misma faltó a ese valor al no ofrecerle nada. ¿Todo a cambio de la libertad, incluso el valor supremo de la vida? Porque una mujer que no desea tener hijos ha renunciado a la vida como valor supremo. Para Rand parece que incluso sus valores son sacrificables cuando éstos les exigen un precio.


El patrón a voluntad y a no voluntad para decidir lo que es egoísta y aquello que no lo es me parece algo un tanto simplista. Pensar que en el mundo existe el altruismo  de forma tan radical -y esto sigue el hilo de lo dicho más arriba- es cuanto menos una tomadura de pelo. Señorita Rand, el altruismo, la generosidad, es otra forma de egoísmo. Su altruismo no existe. Todo lo que tenga voluntad seguirá lo que le conviene, o quizá no (pues se puede errar en las decisiones), pero el fin último de toda persona es primero su propia integridad, inmediatamente después la de las personas que valora (por las que siente un interés) y luego el resto. Hay intereses y valores mucho mayores que traspasan toda transcendentalidad del propio yo como sujeto material e espiritual. Dar todo o algo sin esperar nada, es decir, lo que define al altruista de Rand, no es ni ser egoísta (evidentemente) ni ser altruista (generoso), simplemente es ser un imbécil, un mártir, alguien sin voluntad, un inconsciente, alguien que no valora las cosas, un hombre desenfocado


Conciencia y Consciencia

Una de las ideas más interesantes de Ayn Rand es la referida a la conciencia y a la consciencia. Nos habla de subhumano y humano, de mente desenfocada y de mente enfocada. Dicha idea me hizo recordar la desternillante película “Desmontando a Harry”, de Woody Allen, una de mis favoritas.


Si algo distingue particularmente al hombre de las demás especies «es el hecho de que su conciencia depende de su voluntad». (Pág. 33) Para la autora que tratamos, ser consciente o no es, en consecuencia, un acto de voluntad. A voluntad se pueden tomar decisiones, pero ser consciente es una mezcla de conocimientos y experiencias (tanto racionales como irracionales), una experiencia que Rand no admite como válida por considerarla (en parte) un procurador irracional (sensaciones, emociones, instintos) que no aporta conocimientos. Posteriormente sostiene: «Cuando el hombre desenfoca su mente puede decirse que está consciente en un sentido subhumano de la palabra, ya que experimenta sensaciones y percepciones. Pero en el sentido del término tal como es aplicable al ser humano, en el sentido de una conciencia que interpreta la realidad y está capacitada para manejarla, una conciencia que puede dirigir las acciones y encargarse de la supervivencia del individuo, en ese sentido, una mente desenfocada no es consciente». (Pág. 36) Es entonces que para Rand una mente enfocada es la racional, la que favorece un pensamiento lógico, mientras que la desenfocada es un “no pensar”, lo irracional. La idea de que pensar o no pensar tiene un componente volitivo es sumamente interesante, hace hincapié en la facilidad de la mente humana para relajarse y aborregarse y por otro lado convierte a cualquier hombre en responsable de su estado, de su grado de conciencia o de inconsciencia.  

EL GLORIOSO HÉRCULES
Rand sostiene que cada cual es libre o no de pensar o no pensar, de estar en la realidad o evadirse de ella. Eso sí, incidiendo en la responsabilidad de las elecciones, Rand expone que “el hombre es libre para elegir no ser consciente, pero no es libre para escapar a la sanción que merece la falta de conciencia: su destrucción”. Tácitamente, Rand introduce el concepto de responsabilidad en cualquier decisión tomada libremente, pero es que... ¿ser consciente es algo que se pueda elegir? Rand parece consciente de las consecuencias de tomar una elección u otra, parece consciente de que toda decisión tiene un coste para el futuro, pero no parece consciente de que precisamente todo eso invalida y contradice, paradójicamente, el concepto de libertad, a pesar de rozar la idea que expongo cuando hace alusión a la responsabilidad. Por otro lado, parece que Ayn Rand confunde o mezcla los conceptos conciencia y consciencia (puede ser un error de traducción). Sé que las dos acepciones figuran en el diccionario como sinónimas, pero en este blog no vamos a caer en reduccionismos tan infantiles.

La consciencia es un “darse cuenta”, un darse cuenta de la realidad, cuanto más mejor. Se es más consciente cuanta más información podamos percibir a la vez de un mismo instante, sea cual sea la situación. Si llueve en el campo podemos ser conscientes de las gotas que caen sobre nuestro abrigo, de las que salpican sobre la hierba y la roca, del rayo que cae a lo lejos, de las nubes negras, de las crías de cualquier ave en un bello alcornoque, del verde de las hojas perennes de un pino, del aullido de un perro aterido en una choza, de los pies hundidos en el barro… y todo ello a la vez; ante un hombre en un debate podemos ser conscientes en un mismo instante del tamaño de la sala, del color de las paredes, del tipo de luz que emite la bombilla que nos ilumina, del tacto de la silla, del tacto de la mesa que tocamos con los codos, del timbre de voz de tu opositor, del tono de uno mismo, del bombeo de tu corazón, de las miradas de los presentes, de la tensión de la discusión, incluso de ciertas emociones que parecen casi “tocarse” en el ambiente, sentimientos como la ira, el amor… y todo ello a la vez, y cuanto más se percibe, más consciente se es. Por otro lado, la conciencia pertenece a la esfera de la ética, ya sea moral o amoral, a las concepciones que uno tiene de lo bueno y de lo malo en su interior. Y no lo olvidemos, la consciencia abarca a la conciencia. La conciencia delimita un elemento de la realidad, la consciencia toda, o al menos la que uno sea capaz de procesar en un único instante.■

Fuentes consultadas para la realización de este artículo: