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APRENDAMOS LA LECCIÓN. PODRÍA SER EL FUTURO DE MUCHAS NACIONES EUROPEAS

En El Mundo de Daorino no es costumbre poner documentales y cosas por el estilo. Pero este documental, del que tengo constancia gracias al periódico virtual Minuto Digital, me parece de una importancia tal que no he podido resistirme en publicarlo aquí. Lo que le ocurre a Serbia, en concreto a los serbios de Kosovo es lo que nos podría ocurrir a nosotros los españoles y a otras naciones europeas en pocas décadas. De hecho en cierto modo ya ocurre, está ocurriendo. Lo que más temo no es al enemigo, sino que no nos defendamos. ¡Viva el pueblo serbio!







La colonización de Europa por parte de los musulmanes

por León Riente,

El discurso dominante y políticamente correcto está plagado de mensajes sobre lo beneficioso que es el multiculturalismo. Son los musulmanes una de las recientes comunidades llamadas a formar parte de la maravillosa sociedad multicultural que se nos impone en Europa y, como tal, sujeto de exaltación y parabienes por parte del poder y de sus altavoces. Sabemos mucho, no todo, de los proyectos para los musulmanes en Europa por parte de la oligarquía que ahora ocupa el poder. Pero, ¿qué sabemos de los proyectos para Europa de los musulmanes? Esto nos interesa porque la defensa de Europa no se hace con fábulas y mentiras acerca de la bondad de la “religión de la paz”, como la califican repetidamente los adalides del multiculturalismo.

No es el objetivo aquí entrometerse en creencias y prácticas religiosas ajenas y muy respetables en principio. Por lo tanto, no hay aquí lugar para un análisis de la religión musulmana en tanto religión. Pero el Islam no es meramente un conjunto de creencias, dogmas y prácticas religiosas, es también, y muy destacadamente, una comunidad de civilización (umma o comunidad de los creyentes), ahora tendencialmente expansiva, tanto demográfica como social y políticamente. El Islam tiene instrumentos suficientes en su tradición y en su historia para organizar una sociedad según sus parámetros particulares, y lo hace allí donde deviene mayoritario. Es por esto y en este sentido en el que nos interesa el Islam. La separación entre lo religioso y lo social y político es ajena absolutamente al Islam y la preponderancia del Islam y de los musulmanes en las sociedades que dominan es total. Lo no islámico en estas sociedades es, en el mejor de los casos, tolerado. Así, históricamente y en la actualidad, tanto ideas y organizaciones políticas, como entidades sociales y creencias y prácticas religiosas están controladas y reguladas por las normas islámicas allí donde los musulmanes gobiernan. El Islam también se entromete en el modo de vida de la gente. Los no-musulmanes, aún cuando sean nativos del país, son relegados de la vida política y social del país. No pueden ejercer cargos públicos que comporten autoridad o jurisdicción sobre los musulmanes. Las otras dos religiones monoteístas, cristianismo y judaísmo, son solamente admitidas con restricciones allí donde el Islam ha establecido su modelo social, y esto a condición de que renuncien a hacer proselitismo. Está prohibida la edificación de nuevas iglesias o sinagogas. Situación que, por otro lado, contrasta con la activa acción propagandística del Islam en nuestras sociedades, subvencionada incluso por el estado. ¿Cómo olvidar las machaconas demandas de una asociación musulmana para ocupar una parte de la catedral de Córdoba, antes mezquita, pero antes, interesadamente obviado, templo cristiano visigodo? El paganismo, el agnosticismo y el ateísmo son, con mayor o menor intensidad, perseguidos en las naciones musulmanas, aún a día de hoy. El Corán prohíbe al creyente amigarse con cristianos, judíos y paganos, por considerarlos impuros. Esa es la realidad que el discurso políticamente correcto niega u oculta. Todo esto no nos debería interesar mucho como europeos si no fuera por el hecho de que el Islam se extiende por Europa como una mancha de aceite.

En contra de la opinión interesadamente difundida por las élites políticas, sociales y económicas, los musulmanes como grupo étnico en Europa no son un sujeto pasivo que entra de buena gana a conformar una sociedad multicultural presidida por un pretendido pluralismo. Antes bien, poseen un plan, una estrategia dictada por el Islam sobre qué hacer en un caso como el actual. De este modo, la tradición musulmana señala tres tipos de situaciones, que se diferencian por el distinto poder que el Islam ha alcanzado en cada una, y establece cuál es la que el buen musulmán debe perseguir y cómo debe hacerlo, elemento este último que se adapta a las circunstancias.

El territorio de Dar al-Islam (casa del Islam) está constituido por el conjunto de naciones para las que el Islam es la religión de estado. Corresponde a la descripción hecha arriba de una sociedad donde el Islam se hace mayoritario.

Para el Islam, toda alteridad religiosa se traduce en enemistad política y militar. La paz para el Islam es posible sólo mediante la conversión del infiel al Islam. No existe espacio en el estricto monoteísmo del Islam para la pluralidad religiosa en condiciones de igualdad. Por tanto, el territorio bajo control de los no-musulmanes es Dar al-Harb (casa de la guerra). Únicamente relaciones de guerra pueden existir lícitamente entre los territorios musulmanes y los no musulmanes.

Sólo puede haber una excepción a la situación de guerra entre musulmanes y no-musulmanes según el Corán. Hacemos referencia al Dar al-Sulh (casa de la tregua). Esta situación se justifica en la coyuntura política y militar y en la posibilidad de continuar la yihad por otros medios. Es la situación de la Europa actual. Dada el carácter minoritario, aunque creciente, de los musulmanes, y dada la inferioridad militar de Dar al-Islam, esta tregua permite continuar la yihad mediante el arma de la propaganda y la edificación de más y más mezquitas en nuestro suelo. La evolución demográfica, favorable para los musulmanes, hará el resto. Requiere de una actitud de cierto disimulo por parte de los musulmanes y ahí es donde encajan estas declaraciones que se oyen frecuentemente, tanto por parte de líderes musulmanes como de colaboracionistas europeos, acerca de la posibilidad de una Islam laico, europeizado. Esta actitud de simulación tiene base en la tradición musulmana y se denomina taquiya. Una situación inédita en la historia resulta de la constatación de que la yijad está siendo financiada por las propias víctimas incluso antes de ser sometidas. Es de sobra conocida la financiación pública que recibe la propaganda islámica bajo la coartada de los Derechos Humanos, la libertad religiosa y la satisfacción de los supuestos derechos de las minorías. No es ajena a esta rendición ideológica y política la difusión, por parte de determinadas fuerzas de carácter internacional, de cierta mala conciencia entre los europeos, camino infalible para el etnomasoquismo y la xenofilia que nos azotan.

Los líderes musulmanes, sabedores del manifiesto colaboracionismo de las élites europeas, y del estado de decadencia profunda del pueblo, no dudan en explotar esta situación. El victimismo musulmán no conoce límites, mientras, en términos generales, allí donde dominan los musulmanes no guardan el más mínimo respeto por la condición política, social y religiosa de los no-musulmanes.

EL PROBLEMA DE LA LIBERTAD: el origen de la decadencia de Occidente.


La libertad como idea es, como diría Clément Rosset, totalitaria: "O hay libertad total o no hay libertad". Hoy, de forma casi imparable, como si de un meteorito se tratara, se avanza hacia esa totalidad, hacia esa inconsciencia que exalta que la libertad es lo más importante, y no sólo eso, sino lo único realmente importante, como si nada pudiera ser sin la libertad, como si ésta fuera el aire que respiramos. Yo añadiría que la libertad es diversa, manifestándose de formas a veces contradictorias. ¿Y qué hace la libertad? Saber lo que hace es entender en qué consiste. Ésta elimina todos los lazos del hombre con el mundo y con los demás hombres: el matrimonio, el patriotismo, la maternidad y la paternidad, el amor filial entre padres e hijos; todo eso no es libertad, pero esto que sigue sí: el aborto, el odio a los padres, el ateísmo, el aborrecimiento a la vida, a la maternidad… Los liberticidas ven en todo lo malvado (siendo lo malvado lo realmente bueno -utilizo terminología nietzscheana-) cadenas. Todo el significado noble de la libertad se ha desvanecido, ya no hay una libertad real: ¿cómo puede haber una libertad sin sacrificios, cómo es posible que una libertad que se regala, ya sea en forma de derechos o porque sí, pueda llamársele libertad? En un planeta donde el deber y el tener obligaciones escasea, la libertad (desbocada) se ha convertido en un serio problema, devaluándose de tal forma que ha perdido todo su valor. LA LIBERTAD DE LOS FUERTES Y MALVADOS HA PERECIDO ANTE LA LIBERTAD DE LOS BUENOS Y DÉBILES. Europa se desvanecerá entre cáscaras de huevo podridos y las heces secas de los esclavos, de los esclavizados por la libertad.

Hace poco, en facebook, dije que a los independistas y traidores a España, como todo el PSOE, deberían ser exiliados o metidos en la cárcel. Dicha proclama no la retiro y escribo este artículo para reafirmarme en ella con más fuerza; todos los españoles que militan en el PSOE que aman su país deberían darse de baja de un partido que promueve la desestructuración y desintegración de España. Pueden llamarme represor, fascista y un largo etcétera de epítetos, me da igual, no temo a esos imbéciles moralistas que consienten en nombre de la libertad -y todo por lo que por la libertad se dice que se hace- cualquier cosa. Ese comentario venía a cuento en un debate sobre el estatuto catalán. No se me respondió, pero a continuación, evidentemente aludiéndome, se dijo “Viva la libertad de expresión”. Entiendo pues que en nombre de la libertad de expresión se puedan hacer proclamas en contra de España y no pase nada, que se quemen las banderas españolas y no pase nada, que se defienda al Islam y no pase nada; mientras tanto, si un español hace lo propio ya sabemos lo que pasa: es un fascista por defender España, un ignorante e intolerante por rechazar el Islam... En un orbe de desarraigados, defender tu patria es digno de oprobio. "¿Si vas en contra de tu patria cómo no vas a ir en contra de tu propia familia, cómo vas a tener intención de procrear, cómo vas a decirme a la cara que no eres un odiador?", pregunto al traidor.

La libertad es un problema cuando se entiende que luchar por ella bajo cualquier excusa hace de dicha excusa, cualquier causa, digna y justa. Da igual que defiendas la libertad de la ratas o la propagación del sida (es un ejemplo irónico, irreal y exagerado), di que luchas por la libertad del sida y de las ratas, ya verás como muchos verán justa y digna tu lucha. Por ello, en nombre de la libertad NADA, en nombre de la libertad no hemos de depositar todos nuestros esfuerzos en construir, yo al menos no lo haré. La libertad es para los débiles, para los que no quieren obligaciones, para los ociosos y pordioseros. A mí me gusta la libertad de los fuertes, de los que se hacen promesas y construyen cosas por sí mismos sin necesidad de que les regalen nada.

Tanta lucha y defensa de la libertad ha hecho que la verdadera libertad, la del mandar(se) y la del obedecer(se) se difumine. La libertad ha incapacitado al europeo para el compromiso. ¿No reside en la libertad el problema de la natalidad europea? Los hombres y mujeres europeos ya no quieren comprometerse con la posteridad. En nombre de la libertad se suicidan. Es lamentable que por un poco de ocio y mucha estupidez se pierda el deseo de ser padre o de ser madre. Y lamento generalizar con todo lo dicho hasta ahora, pues sé de algunas bellas excepciones.

Como todo está construido bajo el sello de la libertad nada puede tocarse. La libertad ha inundado todo. No puedes regañar a tu hijo porque éste es libre, los profesores no pueden regañar a sus alumnos, etc. El sistema económico actual, bajo la bandera de la libertad (de comercio –la globalización es la máxima expresión de esa libertad de comercio), es visto como el más bondadoso y perfecto. ¡El capital también se abandera bajo la soberanía y protección de la libertad! Y quizá este tipo de libertad esté situado en la cima dentro de una escala jerarquizada de libertades, libertades que luchan entre ellas, pues todo el mundo lucha por la libertad.

En definitiva, una sociedad decadente se caracteriza por el declive de la autoridad y de los deberes y por la elevación de la libertad y del ocio. La libertad se revela pues como única autoridad en un mundo decadente y sin normas, una libertad que pare malcriados y educa para ser pordiosero. La libertad como idea totalitaria, como idea que se rebela contra todo orden y que paradójicamente es la que más ordena, idea que es promotora del caos y que perecerá vencida por su propio peso llevándose todo por delante.

SI EL HOMBRE NO PUEDE VIVIR SIN LIBERTAD, QUE PEREZCA A CAUSA DE ELLA. EL HOMBRE DEBE SER SUPERADO, Y QUIENES LO SUPEREN PODRÁN VIVIR.■

SOBRE LA TOLERANCIA PAGANA Y LA INTOLERANCIA SEMÍTICA


Los siguientes textos me parecen de una gran profundidad. Ahondan en un tema que hoy está de candente actualidad. Hoy se habla mucho de tolerancia e intolerancia, de "tolerancia 0" incluso. "Tolerancia 0" significa intolerancia pero como no se atreven (quienes ya sabéis) a utilizar la palabra intolerancia, así de estúpida es su autocensura, recurren a juegos de palabras que convierten la expresión en políticamente correcta.

Por mi parte, afirmo que no se puede ser tolerante con todo. Algo siempre nos molesta y nos chirria, algo existe siempre que queremos que desaparezca. O intolerantes lo somos todos o no lo es nadie, pero de seguro es que no existe una tolerancia total, y tampoco una intolerancia total; de seguro es también que el más intolerante es el que presume de tolerante precisamente, pues es un reaccionario de la tolerancia y dice lo que es tolerable o no; para este ser lo que no es tolerable es un intolerante.

Y tolerancia no es sinónimo de respeto, tolerancia es otra cosa, tolerancia es consentir algo que te es ajeno, dejar que algo incluso nocivo viva. Hoy en día los identitarios no nos podemos permitir el lujo de ser tolerantes, no podemos caer una vez más en esa sana tolerancia pagana, en la ingenuidad, no podemos confundir la tolerancia que admite todo tipo de ideas para la discusión con la tolerancia que admite cualquier acto. Esta vez deberemos apretar el puño y hemos de dejarlo claro: ¡esto no lo voy a dejar pasar! Tolerancia para con nuestros iguales, tolerancia con la diversidad de ideas, pero no tolerancia para el que nos quiere imponer su cultura y forma rígida de ver el mundo, lo toleramos y aceptamos… pero de lejos.■

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«Yo creo, declara Gilbert Durand, que el mundo humano es politeísta cuando tolera al Otro, cuando no se rebaja a un sólo libro. Si se olvida esto, el saber queda bloqueado. El politeísmo induce siempre a la comparación» (Le Monde, 15 de junio de 1980). Que hay, en el interior del paganismo, un principio constitutivo de tolerancia, es algo reconocido efectivamente en general. Un sistema que admite una cantidad ilimitada de dioses admite a la vez no solamente la pluralidad de los cultos que les son rendidos sino también, y sobre todo, la pluralidad de las costumbres, de los sistemas políticos y sociales, de las concepciones del mundo de las cuales los dioses son como expresiones sublimadas. Es conocida, por los Antiguos, la mejor prueba de que todos los dioses existen o pueden existir es que los pueblos que los honran existen también. Incluso había, en Atenas, ¡un altar al dios desconocido! Esta «libertad de pensamiento debida a la ausencia de todo dogma religioso» (Louis Rougier, Le génie de l´Occident, Laffont-Bourgine, 1969, p. 60) era con toda naturalidad transpuesta en el plano político: el imperio romano respetó durante siglos las costumbres y las instituciones de cada pueblo conquistado; multiplicó las ciudades provinciales y organizó sus libertades, supo federar a los pueblos sin esclavizarlos. La tolerancia pagana -que, por ello, tuvo que hacerle en ciertos casos el juego a la propaganda cristiana- se expresa en la frase de Símmaco: «A cada cual sus costumbres, a cada cual sus ritos. El espíritu divino dio a las ciudades determinados guardianes. Así como al nacer cada mortal recibe un alma, del mismo modo cada pueblo recibe sus genios protectores.»

¿Cómo se puede ser pagano?, de Alain de Benoist. Ediciones Nueva República, S.L. Pág. 199-200. Traducción de Jordi Garriga y José Luis Campos.


(…) Es lo que ya afirmaba Renan: «La intolerancia de los pueblos semíticos es la consecuencia necesaria de su monoteísmo. Los pueblos indoeuropeos, antes de su conversión a las ideas semíticas, nunca había tomado su religión como la verdad absoluta, sino como una especie de herencia familiar o de casta, permanecían extraños a la intolerancia y al proselitismo: he aquí por qué no se encuentra más que en estos últimos pueblos la libertad de pensamiento, el espíritu de examen y de la búsqueda individual» (Histoire générale et système composé des langues sémitiques, 1855). (…)

A partir del comienzo de nuestra era, es esencialmente el cristianismo quien asumirá con renovadas energías esta tradición de intolerancia. La frase de Jesús transcrita por Lucas: «Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo» (14, 26) ha hecho correr mucha tinta. Algunos ven en la palabra «aborrecer» un hebraísmo: Querría dar a entender que Jesús quiere ser absolutamente preferido a cualquier hombre. Otros ven en esta frase el rastro de una contaminación gnóstica, ligada a la renuncia, al desprendimiento de los bienes y al rechazo de la procreación: la obligación de «aborrecer» a los familiares sería correlativa a la de no tener hijos. Estas interpretaciones siguen siendo evidentemente meras especulaciones. Lo que es seguro, es que la intolerancia cristiana se manifestó bien pronto. Se ejercerá, en el transcurso de la historia, tanto contra los «infieles» como contra los paganos, los judíos y los herejes. Primero será el asesinato de la cultura antigua, la muerte de Juliano y de Hipatia, la prohibición de los cultos paganos, la destrucción de los templos y de las estatuas, la supresión de los Juegos Olímpicos, el incendio del Serapeum de Alejandría por instigación del obispo de la ciudad, Teófilo, en 389 (que conllevará el pillaje de la inmensa biblioteca de 700.000 volúmenes reunidos por los Ptolomeo). A eso seguirá la conversión forzada -compelle intrare…-, la extinción de la ciencia positiva, la persecución, las hogueras. Amiano Marcelino ya entonces decía: «Las bestias salvajes no son tan enemigas de los hombres como los cristianos lo son entre ellos». Y Sulpicio Severo: «Ahora, todo está agitado por las discordias de los obispos. Por todos lados el odio y la búsqueda de beneficios, el temor, la envidia, la ambición, el libertinaje, la avaricia, la arrogancia, la holgazanería: es la corrupción total.»

¿Cómo se puede ser pagano?, de Alain de Benoist. Ediciones Nueva República, S.L. Pág. 206-207. Traducción de Jordi Garriga y José Luis Campos.

PAGANISMO

por Alain de Benoist

Si se admite que algo es grande, dice Heidegger, «entonces el comienzo de esa grandeza resulta ser lo más grandioso». Evidentemente, el paganismo en la actualidad supone en primer término, una cierta familiaridad con las religiones indoeuropeas antiguas, su historia, su teología, su cosmogonía, su simbolismo, sus mitos y mitemas de los que se componen. Familiaridad en el saber, pero también familiaridad espiritual, familiaridad epistemológica, y aunque también familiaridad intuitiva. En efecto, no se trata únicamente de acumular conocimientos sobre las creencias de las diferentes provincias de la Europa pre-cristiana (ni por otra parte ignorar lo que pueda distinguirlas, a veces profundamente, a las unas de las otras), sino sobre todo identificar en estas creencias la proyección, la transposición de un cierto número de valores, que como herederos de una cultura, nos pertenecen y nos conciernen directamente. (Lo que lleva por consiguiente a reinterpretar la historia de los dos últimos milenios como el relato de una lucha espiritual fundamental).

Es ya una tarea considerable. No solamente las religiones de la Europa antigua no le van a la zaga al monoteísmo en cuanto a su riqueza o su complejidad espiritual teológica, sino que incluso se puede considerar que le superan muy a menudo en este terreno. Que le superen o no, no es por otra parte lo más importante. Lo que es importante, es que nos hablan -y yo, por mi parte, obtengo más enseñanzas de la oposición simbólica de Jano y Vesta, de la moral de la Orestíada o del relato del desmembramiento de Ymir, que de las aventuras de José y de sus hermanos o de la historia de la muerte abortada por Isaac. Más allá de los propios mitos, conviene buscar una cierta concepción de la divinidad y de lo sagrado, un cierto sistema de interpretación del mundo, una cierta filosofía. B. H. Lévy se remite al monoteísmo, aunque declara que no cree en Dios. Nuestra misma época es profundamente judeocristiana, aunque las iglesias y sinagogas se vacíen; lo es por su forma de concebir la historia, por los valores esenciales a los que se refiere. Por el contrario, no hay necesidad de «creer» en Júpiter o en Wotan -a pesar de que no es más ridículo que creer en Yavé- para ser pagano. El paganismo, hoy en día, no consiste en edificar altares a Apolo o en resucitar el culto a Odín. Implica, por el contrario, buscar detrás de la religión, y siguiendo un esquema ya clásico, el «utillaje mental» del que es producto, a qué universo interior hace referencia, y qué forma de aprehensión del mundo traduce. En definitiva, implica considerar a los dioses como «centros de valores» (H. Richard Niebuhr), y las creencias de las que son objeto como sistemas de valores: los dioses y las creencias pasan, pero los valores permanecen.

Es decir, que el paganismo, lejos de caracterizarse por una negación de la espiritualidad o un rechazo de lo sagrado, consiste por el contrario en la elección (y la reapropiación) de otra espiritualidad, de otra forma de lo sagrado. Lejos de confundirse con el ateísmo o con el agnosticismo, establece entre el hombre y el universo una relación fundamental religiosa -y de una espiritualidad que se nos aparece como mucho más intensa, grave y fuerte que la reclamada por el monoteísmo judeocristiano. Lejos de desacralizar el mundo, lo sacraliza en el sentido estricto, y es precisamente por esto, ya lo veremos, por lo que es pagano. Tal como escribe Jean Markale, «el paganismo no es la ausencia de Dios, la ausencia de lo sagrado, la ausencia de lo ritual. Más bien al contrario, es, a partir de la constatación de que lo sagrado ya no está en el cristianismo, la afirmación solemne de una trascendencia. Europa es más pagana que nunca cuando busca sus raíces, que no son judeocristianas» (Aujourd´hui, l´esprit païen? , en Marc Smedt, ed., L´Europe païenne, Seghers, 1980, p. 16).

El sentido de lo sagrado, la espiritualidad, la fe, la creencia en la existencia de Dios, la religión como ideología, la religión como sistema y como institución son nociones muy diferentes y que no se entrecruzan necesariamente. Tampoco son unívocas. Hay religiones que no tienen Dios (el taoísmo, por ejemplo); creer en Dios no implica necesariamente que se trate de un Dios personal. En cambio, imaginar que se podría eliminar de manera permanente toda preocupación religiosa del hombre, es a nuestro modo de ver una pura utopía. La fe no es ni un «retroceso» ni una «ilusión», y lo mejor que puede hacer la razón es que ella sola no basta para colmar todas las aspiraciones interiores del hombre. «El hombre es el único ser que se sorprende de su propia existencia, constata Schopenhauer; el animal vive tranquilamente sin sorprenderse de nada (…) Esta sorpresa que se produce, sobre todo frente a la muerte y observando la destrucción y desaparición de todos los otros seres, es la fuente de nuestras necesidades metafísicas; es por ello que el hombre es un animal metafísico» (Le monde comme volonté et comme representation, PUF, 1966). La necesidad de lo sagrado es una necesidad fundamental del ser humano, tan importante como la alimentación o la copulación (si hay quienes prefieren prescindir, allá ellos). Mircea Eliade señala que «la experiencia de lo sagrado es una estructura de la conciencia», de la que no se podría hacer economía (entrevista en Le Monde-Dimanche, 14 de septiembre de 1980). El hombre tiene necesidad de una creencia o de una religión -nosotros distinguimos aquí la religión de la moral- en tanto que ritual, en tanto que acto uniforme apaciguador, como parte concerniente que toma los circuitos habituales por los cuales se construye. A este respecto, la reciente aparición de la descreencia verdadera forma parte de los fenómenos de decadencia que desestructuran al hombre en lo que tiene de específicamente humano. (¿El hombre que ha perdido la capacidad o el deseo de creer, es aún un hombre? Se puede al menos plantear la cuestión). «Puede haber una sociedad sin Dios, escribe Régis Debray, no puede haber una sociedad sin religión» (Le scribe, Grasset, 1980). Y añade: «Los Estados en vías de incredulidad, están en vías de abdicación» (ibid.). Se pueden igualmente citar las palabras de Georges Bataille, según el cual «la religión, cuya esencia es la búsqueda de la intimidad perdida, se reduce a un esfuerzo de la clara conciencia por devenir completamente conciencia de sí» (Théorie de la religion, Gallimard, 1973). Basta con esto para condenar al liberalismo occidental. Ciertamente, representa darle aún mucho crédito al judeocristianismo al rechazar las nociones de las que pretende arrogarse el monopolio, por el único motivo de esa pretensión. No hay lugar para rechazar la idea de Dios o la noción de lo sagrado bajo el pretexto de que el cristianismo ha dado sobre ello una idea enfermiza, sería como romper con los principios aristocráticos bajo el pretexto de que la burguesía los ha caricaturizado. ■

¿Cómo se puede ser pagano?, de Alain de Benoist. Ediciones Nueva República, S.L. Pág. 61-64. Traducción de Jordi Garriga y José Luis Campos.


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