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Del «ser» y la «nada» y de la «Nada» y el «Ser»

Consideraciones posteriores a un debate de FORΦιDENTIDΛD
titulado «FÍSICA Y METAFÍSICA»

(…) Pero entonces ¿por qué nos preocupamos de esta nada? Precisamente, la ciencia rechaza la nada y prescinde de ella como de algo nulo. Ahora bien, al despreciar de este modo la nada, ¿no estamos precisamente admitiéndola? Aunque, ¿se puede hablar también de admitir cuando lo que admitimos es nada? Tal vez estos giros del discurso se muevan ya en un juego de palabras vacío. Frente a eso, la ciencia tiene que volver a afirmar ahora su seriedad y lucidez: que lo único que le importa es lo ente. ¿Qué le puede parecer a la ciencia la nada más que un espanto y una fantasmagoría? Si la ciencia está en lo cierto, entonces una cosa es segura: la ciencia no quiere saber nada de la nada. Al final, ésa es la concepción rigurosamente científica de la nada: la sabemos en la misma medida en que no queremos saber nada de ella. (…)

Martin HEIDEGGER, ¿Qué es metafísica?. Alianza Editorial, S.A., Madrid, 2003. H 4443, Págs. 17-18. Traducción de Helena Cortés y Arturo Leyte.

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El 19 de diciembre de 2009 tuve la suerte de poder asistir a uno de los debates que organiza Foro Identidad en la ciudad de Algeciras (Cádiz), tertulias de las que soy uno de los promotores, además de un orgulloso y asiduo contertulio. Hago mención a este foro y a dicha tertulia no por el mero hecho de publicitarla sino porque este texto que viene a continuación es deudor de aquel debate porque como siempre no supe decir todo aquello que me habría gustado expresar o simplemente no se me ocurrió en aquel momento.

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Para empezar, he de matizar ciertos términos (para lo cual hago énfasis de que lo que viene a continuación es producto de mi subjetividad), con la mira puesta a intentar delimitar conceptos para poder hacer el texto comprensible. La «física» se refiere a lo físico, a lo material, su realidad es asumible con los sentidos y nada más. Sin embargo, tras lo sensual se esconde lo metafísico, aquello que está «después» de lo físico y cuya percepción no es con el cuerpo propiamente dicho (los sentidos), sino mediante la lógica. Para mí, lo metafísico no es otra realidad evidente, no es nada que esté detrás de la materia, sino que es un modo de «plantearse filosóficamente la existencia», la vida, el ser…, aquello que no es materia pero que es real y que de alguna forma se manifiesta porque el Hombre es capaz de detectarlo y sobre todo de planteárselo, de crearse ese «problema». La metafísica no puede entenderse por lo tanto como otra realidad ni como aquello que está detrás de lo físico sino como aquello que convive con lo físico en un mismo plano: descarto el dualismo y me alejo por supuesto del platonismo y derivados. Materia y esencia forman y son la misma «unidad». En definitiva, la materia es «con ser» o «sin ser» pero ambas forman parte del Ser en cuanto que son y tienen existencia: el «ser» y el «no-ser» son la esencia de la materia, son aquello que determina la vida y la muerte.

Como dice Heidegger, la mejor forma de entender qué es la metafísica es haciéndose una pregunta metafísica. La metafísica se dedica al «Ser», su campo de trabajo es el Hombre y su existencia. Así que por ejemplo si queremos definir la metafísica podemos hacerlo con sus propias cuestiones: ¿Qué es el «ser»? (esto es metafísica), ¿qué es la «nada»? (esto también es metafísica)… por ello digo que la metafísica es «plantearse filosóficamente la existencia». La metafísica solamente puede entenderse en su significado pleno cuando uno se inunda en ella, definirla es demasiado aventurado, al menos para mí.

El Hombre en sí es metafísico porque de él surge un ser, un ser metacorpóreo que la ciencia no ha encontrado: ese ser es lo que hace que la materia se mueva, que tenga vida. Una roca no tiene ser, y por lo tanto es metafísicamente «nada», aunque forme parte de lo físico; cuando digo «nada» no me refiero a que algo no tenga realidad en este mundo, sino que no tiene un «ser» (carece de vida-vívida) y que por lo tanto tiene existencia pero no una «existencia experimentada», vívida y con conciencia. Esto ha generado barreras entre la ciencia, que se dedica a lo físico, y la metafísica propiamente dicha. Sin embargo, yo no creo que el campo de la metafísica comience allí donde la ciencia deja de tener validez, sino que son dos campos totalmente distintos dedicados a dos agentes conformadores de una misma realidad y que deben complementarse. Pero claro, dichas confrontaciones nacen sobretodo de la denostación por parte de la ciencia hacia la metafísica, ya que ésta última no es demostrable mediante la experimentación, ni visible o evidente.

Prosiguiendo, podemos categorizar entonces que el «ser» es aquello que da vida, aquello que hace posible la experiencia (que a la vez es existencia en su totalidad) y que la existencia sea vívida. La «nada», la materia sin «ser» y la no-materia es a la vez parte del ser, porque participa de la misma existencia y con el «ser» interactúa. El «ser» y la «nada» se necesitan como la luz y la oscuridad: el mundo es esencialmente «Nada» y de él trasciende el «Ser», lo mismo que la luz revela lo que se esconde en la oscuridad y por lo tanto lo que antes no era porque no era visto «llega a ser». En definitiva, el ser y el no ser («nada») comparten la existencia, pero solamente aquello con «ser» puede vivirla y experimentarla, solamente el «ser» tiene esa cualidad de dinamismo y tensión constantes.

La «Nada», el gran abismo con el que el Hombre intenta no tropezar pero que forma parte de su existencia, de su propio mundo. La Nada no es un lugar, no es una sustancia, la Nada es aquello que no «es», aquello que «es» en cuanto que «no es» y que hace que a la vez «todo sea». Esto me recuerda a Shakespeare, «¡Ser o no ser: he ahí el problema!»… metafísico por excelencia. La Nada no es «nada», no es como esa materia «sin ser», sin «esencia», sino aquello que en definitiva trasciende y forma parte del Ser en su totalidad.

En la actualidad la metafísica carece de importancia en cuanto que el Hombre se ha alejado del ser sumiéndose en la nada más profunda. La negación del ser es la negación de toda la existencia humana, la negación de querer responder a las preguntas trascendentales que nos incumben a todos sin excepción, pero sobre todo es la negación de uno mismo. El Hombre, arrojado a la existencia sin percibir su propio ser, convertido en un zombi, en una maquinaria de interacciones fisiológicas, en un organismo sin conciencia. Un hombre sin metafísica es necesariamente un hombre vacío, un hombre fallido y nulo que no tiene nada en valor; pero eso sí, un hombre exclusivamente metafísico es un esperpento, un espíritu grotesco que no entiende el mundo en su totalidad, sino de una forma parcial y fragmentaria. Sin metafísica no habría conceptos de gran fuerza y valor como identidad, amistad, amor, conciencia, espíritu… la metafísica intenta poner en valor todo eso. Pero claro, cuidado con la metafísica. No es lo mismo la metafísica de «universales» platónica que la angustiosa metafísica del siglo XX de Heidegger, Sartre, Camus, Ciorán… ¡No es lo mismo el idealismo que el existencialismo y sin embargo ambas tendencias filosóficas tienden a la metafísica! Y digo que la metafísica habida en el siglo XX es angustiosa porque ya fuera porque aquellas generaciones vivieron una época de estupor y náusea o por las convulsiones bélicas y otros efectos producidos por esquizofrenias diversas, lo cierto es que se fundó una metafísica de «la nada», del «vacío», de la «amargura», la cual a su vez reclamaba un nuevo heroísmo en el Hombre, un Hombre arrojado en la existencia que debería asumir todo el irracionalismo y las dudas abismales de las invencibles preguntas sin respuesta que sumen al hombre en la incertidumbre y en el temor, incluso en el miedo (sentimiento trágico de la existencia): la pendencia del Hombre contra la Nada, contra el «Desistir que es la Nada» (como diría Heidegger); ¡es esa lucha la que constituye para mí ese heroísmo del que hablo y que es denominador de ciertos hombres modernos (tales en cuantos contemporáneos y habidos en el presente-devenir)! Esto provoca la aprensión a pensar, esto hace que la metafísica y toda filosofía y pensamiento sean, a excepción de en pequeños oasis, casi impracticable. El Hombre-sin-ser arrojado a la existencia, el hombre-ahí-siendo como una piedra, eso es un manifestación de la Nada.■ 


Anotaciones sobre el esquema y anexos:

1. Si la Nada no aparece en el esquema es porque no es un lugar, ni una cosa, ni «nada», ni Ser ni no-Ser. No está en realidad, su existencia no es tal a pesar de ser asumible, intuida, etc. mediante la lógica e incluso mediante un estado de ánimo (la angustia) y la náusea. Y todo esto a pesar de ser la esencia del Ser: la Nada es en cuanto no es. Sin embargo, hablar de la Nada es algo contradictorio, una paradoja metafísica, ¿cómo puede hablarse en realidad de algo que no es? Hablar de algo es situarlo. ¿Y sin embargo si «no es» cómo puede presentarse abrumadora en nuestro propio ser y en la propia existencia del Ser…?

2. La percepción metafísica es una cualidad del «ser», y en concreto del ser del Hombre, pues sólo él es consciente del Ser en sí… ¡pero no del Ser en su totalidad! El Ser en su totalidad es tan abstracto como lo puede ser la Nada. Se la puede conocer en esencia pero no en toda su dimensión, y siempre en tanto que uno es protagonista de ese Ser: uno solamente puede conocer el Ser respecto a su ser y conciencia: concepción existencialista de la metafísica.

3. El Ser no es Dios, aunque Dios está integrado en el Ser en cuanto idea; no estoy haciendo teología. El Ser representa el conjunto de todo el ser y la nada, representa igualmente la existencia de todo lo habido. A fin de cuentas, tanto el Ser como el no-Ser son meramente conceptos, ideas, abstracciones, por eso está bien escrito "representa", ¡todo esto no son más que representaciones lógicas!… y la realidad no es lógica, por ello la metafísica no es aplicable al mundo; el mundo puede vivir sin metafísica, es en su totalidad un problema y una preocupación humana y nada más.


Ampliando la polémica revisionista. El Hitler de la historia

Adjuntamos ahora un texto aportado por Arjun. El autor del mismo es John Lukacs, historiador oficialista, crítico implacable además del conocido historiador disidente David Irving. El texto procede de la obra El Hitler de la historia: juicio a los biógrafos de Hitler. Los pasajes en negrita han sido señalados igualmente por Arjun.

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No es una biografía de Hitler, sino una historia de su historia y una historia de sus biografías. Este es un cuento sin final, puesto que nuestra perspectiva histórica es siempre suceptible de cambio. No hay razón para dudar de que en los próximos 50 años aparecerán más biografías de Hitler, y que algunas pueden ser relativamente nuevas e incluso valiosas, y no sólo necesariamente por el descubrimiento de algún nuevo fondo documental. En general esto es inevitable, pero no significa que las obras más antiguas sean menos "históricas" que las nuevas, significa simplemente que, en contra de la "ilusión" científica, en la investigación y escritura de la historia no hay resultados definitivos. 

Además el propósito de la historia a menudo no es tanto una relación definitiva de los acontecimientos de un periodo como la descripción y comprensión histórica de algunos problemas: descripción mejor que definición, y comprensión mejor que omnisciencia, ya que si bien no es posible completar de manera perfecta nuestro conocimiento del pasado, un conocimiento razonable y adecuado de éste entra dentro de nuestras capacidades.
(...) 

La historia supone un replanteamiento sin fin del pasado, revisarlo y volver a visitarlo. La historia, en sentido amplio, es revisonista. La historia implica enfrentarse múltiples veces a las acusaciones, vuelve una y ora vez a juzgar a las personas y los acontecimientos, sin una ley que lo impida. No hay nada nuevo en esta observación, ya que en esto consiste precisamente el pensamiento. El pasado es lo único que conocemos y todo el conocimiento humano surge de un conocimiento pasado; todo conocimiento humano supone reflexiones sore el trabajo que hace referencia a la profesión histórica. La idea de que el trabajo, una vez aplicado con precisión el método científico y agotados los documentos existentes, habría acabado y el resultado sería definitivo (...) es una ilusión propia del siglo XIX. 

Es probable que existan en este momento más de cien biografías de Hitler y, sin embargo no puedo asegurar que la ciento uno no vaya a aportar algo nuevo. No obstante, la cantidad acumulada de investigaciones (nuevas búsquedas) tiene menor importancia que la calidad de las revisiones. ¿Cúal es el propósito de esas revisiones? En sentido amplio, el propósito del conocimiento histórico va más allá de la precisión; busca la comprensión. En un sentido más inmediato, el propósito de un historiador revisionista puede sacar a la luz informaciones sensacionalistas, provocar escándalo, o el deseo más o menos desinteresado de destruir falsedades. Puede que anhele el éxito académico o económico, un mayor reconocimiento entre sus colegas de profesión, en una esfera más amplia, conseguir publicidad: puede que esté promoviendo una ideología política o nacional, de la que a veces depende el tratamiento del tema. En este libro se muestra que esto también ocurre -en ocasiones- con el tratamiento histórico de Hitler.

Texto de John Lukacs. Aportado y traducido por Arjun

ANÁLISIS DEL TOTALITARISMO (II)

Totalitarismo y democracia.
Modelos de democracia: análisis y crítica. 


Resumen de uno de los debates de FORΦιDENTIDΛD,
celebrado el 24 de octubre de 2009
http://www.foro-identidad.es/2009/10/analisis-del-totalitarismo-ii.html


Foro Identidad se reúne para debatir de nuevo sobre el totalitarismo, pero esta vez intentando ver si existe la posibilidad de que la democracia esté derivando al totalitarismo o si realmente la democracia es un totalitarismo, sólo que más indoloro, sin campos de concentración y deportaciones masivas, pero sí con una misma finalidad: el control total del individuo y de las cosas sin conciencia de sí (materias primas, infraestructuras, etc.).


Uno de los contertulios hace una introducción, profundizando en la idea de democracia. De esta forma, se hace referencia a la división de poderes e, igualmente, otra referencia implícita acerca de la desaparición de la gran política (la grosse Politik) y su sustitución por la pequeña política. Se plantea entonces la posibilidad de que en las democracias actuales el poder político y partitocrático no haga sino la función de marioneta en un escenario controlado por unos poderes que permanecen en un segundo plano respecto al público, al pueblo. Estas marionetas, estos políticos, que no gobiernan ni ejercen mando real o significativo, sino que sólo administran, serían además los destinatarios de la ira del pueblo, mientras el poder real, posiblemente de tipo plutocrático y cleptocrático, se mantiene cómodamente, en aquél segundo plano, al margen de las críticas.


Hace dos semanas hablamos de que lo que caracteriza a un sistema totalitario es que éste pretende adueñarse de la conciencia y del cuerpo de las personas. Así, en cuanto a la conciencia, que verdaderamente significa “reconocerse uno mismo en sus atributos esenciales y en sus modificaciones”, en un estado totalitario se pretende convertirla en “reconocerse en aquello que aplica el totalitarismo”. De esta manera, en las democracias, todo el mundo se reconoce en los valores universalistas de la Ilustración, se reconoce en la voluntad general, interés general, etc., de la misma forma que en 1936 los alemanes se reconocían en el Nazismo o los rusos en el Comunismo. Por lo tanto, se ve claramente que se pretende alienar a la persona, anular su personalidad, para subyugarla a una visión ajena del mundo, anular su propio interés, eliminar su propia voluntad para hacer y deshacer (es decir, convertir al hombre en algo que se active en lugar de en algo activo por sí mismo): las personas, ciudadanos u hombres no son dueños de su destino y de sus vidas.


Así pues, sería ingenuo no asumir la esencia totalitaria que se respira en las democracias, unas democracias que se nutren del liberalismo y del mercado. En las democracias no hay pluralidad, ni libertad, es todo irreal, solamente «ideas».


En definitiva, para alguno o algunos participantes, comunismo, nazismo y democracia se diferencian en el fin, pero no en la finalidad, que es el control total del individuo.


Volviendo a lo más cercano, los contertulios analizan la realidad social española. Se analiza la manipulación de nuestros medios para determinar opiniones, etc. De cómo no existe una pluralidad política, pues todos los partidos aceptan el sistema y simplemente se diferencian en matices para administrar la riqueza. Se denuncia que no existe una clase política de calidad y que el voto de los ciudadanos no tiene efecto: la democracia española, como la de cualquier otro país democrático, es una pantomima, en el panorama político no existe una alternativa de cambio real, pues todos sirven a los mismos intereses. También se pone de relieve que el poder económico está por encima del poder político, es decir, la alta finanza se ha adueñado del poder político. Este poder político se manifiesta a nivel mundial bajo el acrónimo NOM.


En definitiva, el pueblo no participa en la vida política, el sufragio universal es una mera pantalla. Las instituciones siguen siendo tan rígidas como en el franquismo y los sindicatos subvencionados son más verticales que el propio Sindicato Vertical de cuando el franquismo. Se remata este análisis de la siguiente manera: «La democracia española se ha construido con los escombros del franquismo».■

ANÁLISIS DEL TOTALITARISMO (I)

Esquemas explicativos de 
Alain de Benoist, Hanna Arendt y Eric Hobsbawn 

Resumen de uno de los debates de FORΦιDENTIDΛD,

La temática que debatimos giraba en torno al totalitarismo aunque, como podrá observarse en el resumen, se deshilachó en varias derivaciones argumentales.

Para comenzar hubo una tormenta de ideas con la cual intentamos delimitar el término «totalitarismo» para saber a qué nos estábamos enfrentando. Para ello había que diferenciarlo con claridad de palabras que pudieran, a priori, provocar equívocos. Así, surgió la necesidad de discernir entre «autoritarismo» y «totalitarismo». La primera de las formas de ejercer la autoridad o el mando se entiende como aquello que procura domeñar los cuerpos:, la fuerza de trabajo; pero el segundo de los términos, el totalitarismo, pretendería subyugar tanto el cuerpo como la propia conciencia y pensamiento del sujeto.

Bajo la óptica de Benoist el «totalitarismo» se enfoca como un fenómeno moderno. Aún así algunos miembros asistentes al debate exponen cómo en las democracias liberales (y economía capitalista), donde se supone que la libertad es el valor sagrado, se están dando los esfuerzos más serios de manipulación de masas mediante el control mental: ya sea utilizando como herramientas la TV, el marketing, el cine, etc. Por ello, si totalitarismo es Nazismo y Comunismo, también lo es el «Nuevo Orden Mundial» que se quiere imponer bajo sus premisas universalistas nacidas de la Ilustración. Si de alguna forma puede definirse entonces la palabra «totalitarismo» es como aquella forma de ostentar el poder que pretende el «control total» sobre todas las cosas, sean animadas o inanimadas, hacer todo calculable y previsible, conseguir que todo quede englobado bajo una autoridad de «poder absoluto»; es decir, un gobierno totalitario aspira a sustituir a Dios, pues no sólo se expresa mediante la política, sino que los totalitarismos ofrecen una nueva dimensión religiosa del mundo, ya sea esta materialista o espiritual. Como no, el Islam… todo monoteísmo, se puede enfocar como fenómeno totalitario, de hecho lo es, porque quiere controlar el cuerpo mediante el pecado y el espíritu y la conciencia mediante la fe y el avasallamiento a un Ser Supremo o Superior.

Bajo términos morales, se aplica una dicotomía entre bueno y malo aplicado al nazismo y el comunismo. Por encima de todo, aquellos que actuaron bajo un sistema u otro siempre pensaban que hacían lo correcto. Sin embargo, es sabido que el comunismo ha causado un mayor número de muertes y cometido más crímenes, más que los cometidos o achacados (a los perdedores se les imputa de todo, hasta de lo que no han hecho, algo que hay que tener en cuenta) al nacionalsocialismo. Al nacionalsocialismo se le hace responsable de 25.000.000 de víctimas, y es porque se le otorgan no solamente 6.000.000 de judíos muertos en campos de concentración, sino todo el resto de las víctimas mortales habidas en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, al comunismo se le achacan cuatro veces más víctimas, 100.000.000. Es decir, una mentalidad moral podría decir que el comunismo es 4 veces más malo que el nazismo, sin embargo, como se ha aceptado la idea de que el comunismo servía a la democracia verdadera o más perfecta, de que tenía buenas intenciones y era una propuesta para perfeccionar al Hombre, ser comunista no es motivo de escarnio, escarnio que si merece, al parecer, el ser nacionalsocialista. La conclusión es que no hay que buscar orígenes de maldad absoluta. Nos podríamos preguntar, ¿cuántas víctimas son achacables a las democracias o sistemas liberales? No serían pocas las víctimas. Otra conclusión sería que triunfa la moralidad de la víctima y del vencedor y que todo parece bueno y justificable, aunque se hable de un crimen (parece ser que hay crímenes buenos, son los llamados un «mal menor»), ante toda la maldad atribuida hasta la exacerbación al derrotado, en este caso al nacionalsocialismo, que siempre es ofrecido como una expresión infernal y un arquetipo de maldad, cuando es posible que no fuera tan dañino como otros piensan. Al menos así reflexionó y argumentó uno de los miembros asistentes al Foro. Concluyó diciendo que no podemos permitir las taras del sistema actual por muy lleno que nos tenga el estómago; el que haya sistemas peores, o que se llaman peores, no quiere decir que dejemos que las democracias hagan lo que quieran. La democracia tiende al totalitarismo.

Un análisis que trata de explicar este reparto de papeles y que fue expuesto en el debate es el que sigue. Se observa, en primer lugar, la funcionalidad política de dos muy concretas teorizaciones historiográficas sobre el fascismo (o el nacionalsocialismo). Los historiadores liberales agrupan comunismo y nazismo bajo el concepto genérico de totalitarismo. Mientras, los historiadores marxistas acostumbran a identificar el fascismo con una de las etapas del desarrollo del capitalismo, agrupando de esta forma capitalismo liberal y marxismo. El fascismo es etiquetado como lo peor posible y cada uno trata de vincular al régimen sociopolítico rival al fascismo.

Pero, ¿cuál es la explicación de este etiquetamiento del fascismo? Pues bien, ésta se encuentra en la secularización de los valores y filosofemas de procedencia judeocristiana que define a la Modernidad. Este proceso de secularización genera automáticamente un lugar simbólico negativo que debe ser ocupado por una realidad contemporánea. De esta manera, se establece una dicotomía entre los que favorecen la realización de la historia conforme a la secularización descrita (liberales y comunistas, que son rivales pero no enemigos) y los que se oponen (el fascismo).

Esto es lo que explica que las imputaciones de criminalidad al fascismo fueran realizadas a priori. Antes de tener algún poder, el fascismo fue imputado como criminal. Mientras, una ideología realizada tan sanguinaria como el comunismo, aún a posteriori de una criminalidad probada, goza de una legitimidad que no cede. Al fin y al cabo cabe entender esta legitimidad como emanada de un ideario milenarista derivado del judeocristianismo y presunto portador del bien absoluto. A pesar del terror rojo. Y esto explica que Hobsbawm califique al fascismo de subversión deliberada de la civilización, mientras el comunismo, que desde un momento inmediatamente posterior a la toma del poder comenzó a mostrar su carácter criminal, parece formar parte de esta civilización. Es evidente que este análisis rebate algunos de los esquemas de Alain de Benoist. También que los efectos históricos de un relato falso son verdaderos.

Democracia y liberalismo guardan un nexo común con el comunismo, ambas se piensan herederas de la Revolución francesa y de sus valores universales. Éste es uno de los motivos por el que el comunismo no tiene tan mala reputación, a pesar de que bajo este sistema político se asesinaron sistemáticamente, judíos, «kulaks», cosacos, etc.: el nacionalsocialismo no hizo nada nuevo, los métodos de aniquilación los herederó del comunismo. Democracia, liberalismo y comunismo comparten los mismos ideales emancipadores para con el hombre. Se presentan como sistemas salvadores del hombre, salvaguardadores de la humanidad. Uno de los miembros sentencia con «no es más que mera hipocresía, a la vista está lo que hay en realidad».

En definitiva, el fracaso del nazismo tras la Segunda Guerra Mundial legitimó e hizo más fuerte al comunismo, lo mismo que el fracaso del comunismo soviético ha legitimado a las socialdemocracias para mostrarse como abanderados totalitarios bajo el NOM (llámese este G20 o G7, como se desee) y hacer del mundo lo que quieran. Por lo tanto, en la actualidad vivimos bajo un totalitarismo de baja intensidad en el sentido de que no te maltrata físicamente, pero que se muestra más cruel porque te compra y te maltrata mediante el mimo para anular tu voluntad o hacerte obediente al sistema. Asimismo, el NOM crea enemigos, crea antagonistas, genera guerras, pues necesita de la inestabilidad para controlar aún más y hacer creer a los demás de que dicho control es para su seguridad. En los últimos 100 años ha sido mayor el número de acontecimientos bélicos declarados por los países desarrollados de sistemas liberales que los de cualquier otro sistema; solamente un gobierno democrático ha legitimado y justificado con toda su bondad el asesinato sistemático de millones de japoneses gracias a la bomba atómica, etc.

¡Cuidado con los buenos!■

CAÍN


Sé que existen muchos libros que hablan sobre la figura de Caín, pero yo quisiera referirme a dos en concreto, a uno que es un clásico, Demian de Hermann Hesse, y otro más actual, CAÍN de Saramago. En comparación, digamos que el primero es más trascendental y que el del portugués es más ameno e irónico. Cuando digo que es más ameno no me refiero a que sea mejor que Demian, sino que Saramago escribe su CAÍN en clave de humor, satíricamente, o así me parece a mí. Con este artículo no pretendo profundizar en las dos obras, sino hacer un pequeño esbozo que invite a la lectura.

Hesse plantea la figura de Caín como la de un elegido, como aquellos seres amorales que no temen la vida ni la muerte, lo que significa aceptar la vida, decir sí. Caín es también un designado por Dios, su marca no sería entonces un castigo, sino una especie de galardón con el que a Caín se le da un poder, pues a partir de entonces todos le temerán y quienes osen en enfrentarlo no disfrutarán de un destino muy benéfico. La marca de Caín es la marca del elegido, de alguien que se ha enfrentado a Dios. Caín representa la libertad del Hombre frente al Creador, es el espíritu de un hombre autodeterminado que entiende la justicia a su modo. Matar a su hermano Abel significa que no acepta la justicia del Señor. Él se hace así mismo justicia matando al preferido de Dios.

Saramago nos muestra a El Señor como un conspirador, como un ente arbitrario y caprichoso que no entiende de lo justo, o aunque en realidad digamos que es mostrado como un ente con una  idea de justicia  muy dudosa. La moralidad del Señor, de Dios, y por ende de todo el cristianismo, queda cuestionado párrafo por párrafo. Tanto es así que El Señor llega a tratos con Caín, pues El Señor entiende que él también ha sido partícipe del asesinato en cierto modo de Abel, consintiendo algo que podría haber evitado. La marca no es paradójicamente un castigo, sino una forma de proteger a Caín: nadie podrá matarlo, todos le respetarán y temerán, etc. La marca representa al elegido una vez más, represente al hombre que decide por sí mismo, es la señal portada por aquel que se enfrenta a la palabra del Señor, aquel que solamente se obedece a sí mismo.

Volviendo a Demian, el libro nos muestra la realidad de dos mundos, el del hogar, artificioso y aburrido, y el de la calle, un mundo real con lo que todo ello conlleva. Sinclair, el protagonista del libro, percibe tal incompatibilidad de mundos… más que incompatibilidad, distanciamiento, pues ambos mundos no son sino parte de un mismo espacio: esta dualidad puede asemejarse a la dualidad entre paraíso y mundo terrenal bíblico. Esta visión hace que Sinclair despierte; yo diría que el mensaje esencial del libro es la “pérdida de la inocencia”, es decir, una novela que habla sobre el proceso del hombre en sus diferentes etapas vitales, desde la infancia, pasando por la adolescencia, hasta… Hesse plasma perfectamente el terror juvenil a la vida, ese miedo a la muerte y en cómo los hombres intentan afrontarlo.

Es destacable que en la obra de Hesse se cite en repetidas veces a Abraxas, un dios o daimon que representaba el bien y el mal, relacionado en algunas culturas con el demonio. Supongo que Abraxas representa la amoralidad del mundo y que lo bueno y lo malo son una misma cosa. El mundo no es DOS, sino UNO. El planteamiento de Hesse es panteísta.

Sin embargo, Saramago, sin alejarse demasiado de Hesse, si hace un cuestionamiento del Señor más moral. Saramago hace de juez, condena al Señor, lo cuestiona, lo dilapida. El Señor es cruel, y es cruel sin límites: promovedor de envidias, asesino de niños, celoso, etc. Y claro, como se dijo al principio, El Señor hace tratos con los Hombres, se muestra así como un gran negociador y embaucador, cualidades muy hebraicas.

En definitiva, Caín, hijo de Adán y Eva, no es tan malo como lo fue su propio creador. Es lo más parecido a un héroe que se enfrenta a los dioses, representa a aquel que ha encontrado el amor a sí mismo. AMEN.■

Enlaces de interés:
- http://es.wikipedia.org/wiki/Ca%C3%ADn
- http://www.elpais.com/articulo/cultura/Saramago/carga/Dios/salva/Cain/elpepucul/20090827elpepucul_4/Tes
- http://www.europapress.es/cultura/libros-00132/noticia-cain-saramago-20091014160157.html
- http://www.monografias.com/trabajos28/demian/demian.shtml
- http://cevergaran.blogspot.com/2009/04/cain-y-abel.html