Busca y encuentra

CICLO "LA FUERZA MAYOR" (PARTE I/IV): EL CARÁCTER TOTALITARIO Y AUTOSUFICIENTE DE LA ALEGRÍA

«Uno de los distintivos más seguros de la alegría es, por usar un calificativo con resonancias deplorables en muchos aspectos, su carácter totalitario. El régimen de la alegría es el del todo o nada. Sólo hay alegría total o no hay ninguna alegría (y añadiría (…) que sólo hay alegría total y, a la vez, en cierta forma, no hay ninguna alegría). Es evidente que la persona alegre se regocija de esto o de aquello en particular, pero si se le sigue preguntando se descubre en seguida que también se regocija de eso otro y de lo de más allá, y más tarde de esta y de aquella otra cosa, y así hasta el infinito. Su regocijo no es particular, sino general: está «alegre por todas las alegrías», ómnibus laetitiis laetum, como dice un amante satisfecho en una obra del dramaturgo latino Trabea, parcialmente citada por Cicerón. Frase penetrante, aunque uno ignore por completo el contexto al que pertenecía. Lo que sugiere semejante frase puede enunciarse más o menos así: hay en la alegría un mecanismo aprobador que tiende a desbordar el objeto particular que la ha suscitado par afectar indistintamente a todo objeto y conducir a una afirmación del carácter jubiloso de la existencia en general. La alegría se muestra así como una especie de total liberación de responsabilidades concedida a todas y a cada una de las cosas, como una aprobación incondicional de cualquier forma de existencia presente, pasada o futura (…)».

«(…) Lo que en el fondo diferencia al totalitarismo ordinario del “totalitarismo” de la alegría es que el primero sólo existe a condición de solicitar una incesante aprobación por parte del otro, al revés de la alegría que se contenta con su propia facultad aprobatoria (…)»

Clément Rosset. La Fuerza Mayor, Notas sobre Nietzsche y Cioran. Acuarela Editorial, año 2000, págs. 11 y 21. Traducción de Rafael del Hierro.

Con este texto del filósofo francés Clément Rosset comenzamos el ciclo LA FUERZA MAYOR –que consta de cuatro partes–, título que hace referencia de manera explícita al libro del que han sido extraídos todos los textos que conformarán este ciclo y a la “alegría”, tema central e hilo conductor por el que nos conduce Rosset.

Qué mejor momento para hablar de la alegría que en estas fechas, estas fechas de teatralidad llenas de buenas intenciones en apariencia. En esta vida cavernaria los seres inconscientes atados a la silla también sacan de sus bolsillos sus propios objetos para proyectar su sombra. Así, la realidad en navidad se muestra confusa, llena de engaños y sobreimpresionada: existe ya una realidad de falsedades, y encima de ésta, proyectamos otra realidad de falsedades. Pero hasta esa capacidad de autoengaño, que llamamos espíritu navideño, se está perdiendo, pues lo hemos sustituido por los malos vicios y las malas artes de la publicidad, nuestra debilidad y la desidia.

En el texto que os presento, Rosset nos exhibe la alegría como a una niñata déspota y autosuficiente, una especie de malcriada que se cree mejor que nadie. La realidad teórica de Rosset nos demuestra que la alegría es de tal calaña y que todo su narcisismo y despotismo son cualidades inherentes y necesarias en toda alegría (al menos intelectual, consciente). Supongo que muchos habremos sentido de tal forma la alegría alguna vez, cómo se apodera de todo nuestro ser e incluso nos hace (a veces necesariamente) ajenos a todo dolor y a todo sufrimiento. Pero Rosset se refiere a la alegría con miras en un pozo más profundo. No se trata de una alegría de patio de colegio, de escalera de vecinas o de borracho de bareto, donde se olvida todo lo demás (la realidad), es decir, una alegría inconsciente que sirve de paréntesis para despejarse de todo; por el contrario, se trata de una alegría consciente cuya primera cualidad es un sí a la realidad, y ello conforma tanto a lo trágico como al martirio que sufre nuestro planeta como colectividad humana: es una especie de conformismo (de lo real) que no por ello debe ir exento de crítica. Por lo tanto, la alegría de Rosset es un sí absoluto a la vida, una visión nietzscheana que ayudará “tanto para vivir la vida como para conocer la realidad”, punto de vista que trataremos más adelante en el transcurso del ciclo, más concretamente con la siguiente parte: La alegría ilusoria y la alegría paradójica. La Fuerza Mayor de Rosset, en consecuencia con lo dicho, tiene entonces cierto paralelismo con la Voluntad de Poder, incluso casi me atrevería a decir que son conceptos como poco mellizos. ¡La alegría es dionisiaca!, ¡La alegría es vida!

Tanto una alegría consciente como una no consciente comparten varios atributos: la irracionalidad y la insensibilidad frente al sufrimiento. La diferencia estriba precisamente en la inteligencia. Una felicidad consciente sería posible en una sociedad de “sí a la vida”, pero sumidos en la decadencia, nuestra sociedad se muestra a sí misma como una mula, parodiando a un exangüe Jesús arrastrando su cruz. La alegría tal y como se conoce hoy viene dada por la inversión de los valores forjada por la Iglesia y los estamentos religiosos durante siglos: nuestra alegría no es vitalista, es la alegría de la negación del ser humano, del no a los placeres, del “manoteo”… Aunque claro, visto lo visto parece que no llevo razón, pues más que nunca parece que vivimos en una época de hedonismo y de vicio (de aparente alegría dionisíaca, aunque ni el vicio ni el hedonismo lo son: la alegría de hoy es perecedera, volátil, exige consumo), pero yo me refiero al concepto de alegría sin analizar la existencia en sí misma (ya la analizaremos si es de interés para el análisis del texto). De todas formas creo que vivimos en una sociedad donde fracasa la alegría: nadie está orgulloso de sus actos, nadie está conforme con lo que tiene, etc. (y espero que me liciten estas generalizaciones); vivimos en la negación constante y en un simulacro de alegría o de alegría inconsciente para poder soportar la vida.

Supongo que he de matizar cierto aspecto. Yo me ciño al “hombre consciente” para escribir todo esto. Alguien irracional e irreflexivo lanza ponzoñosamente su voz a la realidad afirmándola, pero por la simple razón de que es incapaz de negarla: está tan orgulloso de lo que hace como una mosca de comer la mierda de los demás.

Volviendo al texto, he de analizar el carácter autoritario de la alegría. La alegría es ante todo una superación de la tristeza. Ambas se complementan, ambas son grandes amantes entre sí, pues una vida de alegría sin tristeza no es alegría como tal, de la misma forma que no hay gente alta sin gente baja; pero una vida de alegría es igualmente y necesariamente una vida sin tristeza, la cual está condenada a un segundo plano como elemento superado y no gobernante, es decir, la tristeza ocuparía un estado de “sometimiento y esclavitud”; sin embargo, la tristeza no puede vivir sin alegría o sin la promesa de ésta: la esperanza. Supongo que en el transcurso del ciclo veremos esa relación indivisible entre ambos conceptos. A pesar de todo, Rosset afirma lo siguiente: «Sólo hay alegría total o no hay ninguna alegría (y añadiría (…) que sólo hay alegría total y, a la vez, en cierta forma, no hay ninguna alegría)». Esto continua en cierto modo la línea que sugería empezando este párrafo, aunque él hable de alegría total negando (e invalidando en parte mis palabras) toda convivencia con la tristeza, postura que ya se encargará el propio francés de matizar. Y para no escribir perogrulladamente, concluiré este apartado con otras palabras del propio Rosset y que hacen referencia al sí a la vida y a su carácter autoritario: « La alegría se muestra así (…) como una aprobación incondicional de cualquier forma de existencia presente, pasada o futura (…)». Incondicional es la clave.

La siguiente parrafada de Rosset: «(…) Lo que en el fondo diferencia al totalitarismo ordinario del “totalitarismo” de la alegría es que el primero sólo existe a condición de solicitar una incesante aprobación por parte del otro, al revés de la alegría que se contenta con su propia facultad aprobatoria (…)»; me sugirió la idea de LA FUERZA MAYOR y de LA FUERZA MENOR, ambas como expresiones de la alegría, pero con diferente hábitat. Mientras que la primera se muestra feliz y orgullosa consigo misma, por lo que es autosuficiente, La Fuerza Menor es felicidad dubitativa que requiere de la aprobación y del sustento del otro. Como consecuencia, La Fuerza Mayor es irracional, no necesita buscar explicación, es así porque sí, mientras que La Fuerza Menor es una felicidad humana, alejada de la irracionalidad y de la alegría de la naturaleza, que requiere de los cimientos de la razón para tener un motivo de ser o un perfil de realidad dentro de lo real. Estamos pues ante una felicidad natural y otra de artificio, ante el espectáculo y la energía de la vida y ante los fuegos artificiales llenos de colores de una vida falsificada. En definitiva, si la Fuerza Mayor es autosuficiente se debe a su “carácter jubiloso, aprobatorio e incondicional de y respecto a la existencia en general”.■

Meditando sobre Nietzsche: de lo «VERDADERO», lo «APARENTE» y lo «REAL»


«(…) Dividir el mundo “verdadero” y el mundo “aparente”, ya sea a la manera del cristianismo, ya sea a la manera de Kant (que no es, a fin de cuentas, más que un cristianismo disimulado), sólo puede proceder de una sugestión de la decadence, sólo es el síntoma de una vida descendente… El hecho de que el artista sitúe la apariencia por encima de la realidad no prueba nada contra esta tesis. Aquí la “apariencia” significa la realidad repetida una vez más, pero escogida, reforzada, corregida… El artista trágico no es un pesimista, dice “sí” precisamente a todo lo problemático y terrible, es dionisíaco…»

Friedrich Nietzsche. Crepúsculo de los Ídolos (BA 0615). Alianza Editorial, año 2001, pág. 56. Traducción de Andrés Sánchez Pascual.


Después de leer esto voy a dejar de ver a todo pesimista, a todo nihilista y sobre todo a todo artista como a unos negadores de la vida, al menos a aquellos que me lo han parecido alguna vez. A Cioran, sin ir más lejos y a quien tanto he citado en El Mundo de Daorino, puedo verle ahora literalmente como a un negador de la existencia como tal pero no de la vida en sí. Creo que mi entendimiento acerca de las filosofías de Cioran y Nietzsche está madurando. Si Cioran sobrevivió a sus monstruos más lúgubres cuando era joven y eligió la vida en lugar de la muerte mediante el suicidio fue precisamente gracias a ese ejercicio de superación: la superación de la decadencia (¡y toda superación es un “sí” a la vida!). Por lo tanto, esa decisión de no quitarse la vida fue una afirmación a favor de la vida en sí. Incluso la furia incontrolada de Cioran frente a la existencia (que expone contundentemente en sus obras) y ese apego a la muerte como alivio existencial son en sí odas a la vida como tal, pues la muerte está contenida en la vida y por lo tanto es igualmente Voluntad de Poder dentro de lo “real”. Pero Nietzsche se diferencia de Cioran en algo muy esencial: el primero no niega la existencia pues es la vida en sí. Es decir, la existencia está contenida en la vida como que es vida en sí misma en lugar de suponer que la existencia transcurre en la vida o viceversa. Digamos que es la misma diferencia entre un vaso que contiene agua y un vaso vacío con un agujero en su base bajo un grifo del que cae agua. Así pues, la negación de la vida se nos presenta según Nietzsche como un atentado contra lo “real”, un apego hacia lo marchito.

Ciñéndonos al texto, esa negación de Nietzsche a la dualidad no es más que una muestra más de su clarísimo desprecio por toda la tradición filosófica venida desde Platón hasta Kant y que tanto ha servido como base ideológica para los estamentos eclesiásticos y otro tipo de pensadores o “sociedades”. Es como dividir la vida en dos, negar la parte de realidad de lo “aparente”. Nietzsche se expresa como un Platón a la inversa. Siempre me he imaginado a Nietzsche en uno de los diálogos de Platón, ¿cómo se defendería Platón de la furia del de Röcken? Sería una de las mayores batallas dialécticas de la Historia de la Filosofía.

Haciendo referencia al título de esta reflexión escrita, lo “verdadero” no tiene porque ser la verdad, pues lo “verdadero” puede ser del mismo modo la “apariencia” y ambas ser igual de válidas en cuanto que constituyen una única realidad, la realidad en sí. En palabras de Clément Rosset:

«(…) De manera que si el «mundo verdadero» es para Nietzsche una mentira, eso no significa que el mundo en su apariencia sea una fábula, sino más bien al contrario, que es verídico y que constituye la realidad. Por lo demás, resulta innecesario precisar que el pensamiento según el cual «el mundo como tal no es más que fábula» sería imputado por Nietzsche indefectiblemente a una calumnia hacia la vida y una venganza contra ella.»

Clément Rosset. La Fuerza Mayor, Notas sobre Nietzsche y Cioran. Acuarela Editorial, año 2000, pág. 79. Traducción de Rafael del Hierro.

Sin duda, esto puede recordar a la filosofía del francés Guy Debord, que en planos de realidad puede considerarse un Nietzscheano con terminología platónica, pues éste, como el alemán, asume tanto “lo sensible” (lo verdadero) como el mundo ilusorio de las sombras, es decir, el espectáculo y simulacro (lo aparente) como partes de la misma realidad, de lo real en sí. En definitiva, niega la dualidad existente entre un mundo sensible y un mundo de las ideas.

En definitiva, el mundo debe ser entendido en su conjunto como real. Tanto lo verdadero como lo aparente juegan en un mismo plano, forman parte de la vida y su no afirmación es una negación de la misma y de la realidad.■

HYDE: Apología del superhombre

Colaboración de El Mundo de Daorino para el Grupo de Estudios Nietzscheanos.
http://grupodeestudiosnietzscheanos.blogspot.com/2008/11/hyde-apologa-del-superhombre.html


No hace mucho hemos podido disfrutar en televisión de Jekyll, una serie de seis episodios (por ahora) que se adjudica en su transcurso mucha ideología -ideología en el sentido de las ideas filosóficas, no como tendencia política- nietzscheana.

Casi de inmediato, observamos como se hace mucha referencia al león para luego reflejar el niño que representa Hyde como alegoría del superhombre. El doctor Jackman, que asume la personalidad de Jekyll, es el camello pues soporta toda la carga de Hyde, sintiendo remordimientos, culpabilidad, responsabilidad, etc.; Jekyll casi parece la niñera de Hyde, un niño malo. En definitiva, tanto Hyde como el doctor Jackman viven en una misma esencia luchando el uno contra el otro para encontrar la plenitud de su ser individual: es la voluntad del superhombre que quiere sobreponerse e imponerse a la debilidad del camello, es decir, al espíritu de carga.

Adentrándonos en la idea de superhombre según la serie Jekyll, hemos de hacer especial hincapié en Hyde. Hyde a veces asume la personalidad de un león, siendo casi instintivo, aliviando la sed de sus pulsiones más básicas, incluso le imita en su forma de lucha y en su manera de rondar a las hembras, siempre inteligente y comedido, aunque certero y letal. En la serie se nos presenta como un escalón superior dentro de la evolución humana, una evolución que se traduce en fuerza e inteligencia y que sólo puede aplacarse gracias al amor: una especie de droga que hace débil al superhombre. ¡Por esta razón es posible que Nietzsche nos recomendara el látigo para…!

Como no, esta serie respalda su argumento con la historia que popularizó el escocés Robert Louis Stevenson, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, que aún siendo breve, no deja de ser, a mi gusto al menos, uno de los mejores relatos escritos por el escritor anglosajón, por no decir el mejor. Por ello, Jekyll parece una especie de continuación al libro que no dejará indiferente a nadie y que parece esclarecer multitud de secretos que podrían haber ido a la tumba con el escritor escocés.

En definitiva, debo recomendarles esta serie que retrata las dos caras de un ser humano imperfecto y otro menos imperfecto, la de un hómbre débil y la de un hombre fuerte, la de un hombre con moralina y remordimientos y la de otro que se yergue por encima del bien y del mal respirando libremente, la historia de un hombre y la de un niño.■

LA CRISIS Y EL ESPEJISMO MUNDIAL: ¿es nuestra felicidad un artificio?

Resumen de debate de la Asociación Foro identidad del 1 de noviembre de 2008:
El dinero es deuda



La Asociación Foro Identidad, preocupada por el desbarajuste económico mundial, el cual ha originado una palpable crisis en todos los ámbitos con flujo monetario (ya sea del real o del irreal), nos esforzamos una semana más en intentar esclarecer los factores, elementos o vectores que han podido ayudar, provocar, condicionar o favorecer el resultado de nuestra actual situación financiera que tanta alarma social a suscitado; una situación que según los medios y especialistas tardará en estabilizarse varios meses, incluso años. Pero no nos quedamos solamente en esto que he citado, sino que nos adentramos en la emotividad social analizando el pre-estado que disfrutaba la colectividad Occidental anterior a la crisis de “felicidad”, esa felicidad artificial que tanto alimentan los objetos.

Las únicas esencias que se valoran en nuestra sociedad y que igualmente hacen feliz de forma artificial son los perfúmenes y las colonias. Si algo tiene el capitalismo de erótico, es que es capaz de sacar nuestro lado femenino.

La crisis financiera internacional viene debida en parte gracias a la avaricia y al egoísmo, que nos succiona como un remolino. Por este motivo, la solución se postula de naturaleza moral, pero ¿cómo una solución así puede ser bien recibida si no existe moral, si la sociedad viene sumida en su felicidad artificial agraciada por los objetos de consumo, objetos sin esencia? Somos alimañas consumistas y salvajes, ¿cómo vamos de repente a ponernos freno, a volvernos reflexivos, a civilizarnos e ilustrarnos para alejarnos de las sombras?
Parece que la solución moral se postula muy difícil, por no decir imposible. ¡Estamos en el fondo de la caverna de Platón, hay humedad por todos lados, pero nadie se da cuenta! ¡Además de maniatados nos han tapado la nariz!


Durante varios años nos han engatusado con números bursátiles alegres y supuestas mejorías sociales, sin saber que los gobiernos cuando ponen en un sitio es porque han recortado de otro. Por lo tanto, hemos vivido en un espejismo, en una especie de alucinación donde el dinero fluía por doquier, sin freno, aunque con peaje: el interés (la plusvalía de la deuda, el dinero real que gana el banco). Préstamos, hipotecas… todo ha sido concedido impunemente: ha sido un dinero que no existe del cual solamente ha quedado la deuda.

Ahora nadie puede asumir sus deudas y los bancos se llevan las manos en la cabeza, viendo como las deudas que han concedido para generar su plusvalía y ganancia se les caen encima. El espejismo del auge económico ha sido toda una patraña de realidad virtual, una realidad de sombras seductora que se creyó todo el mundo pero que otros, que entreveían las consecuencias ya previeron: nadie quiso escuchar.

Existen dos tipos de economía:

1º. La Financiera: Genera plusvalía con el dinero prestado por el cliente y ofreciendo en forma de préstamo, hipoteca o mediante otro tipo de valores un dinero que no tiene realmente, del que extrae beneficio a raíz del interés. El negocio parece redondo. Además, la economía financiera recoge los valores bursátiles, de los cuales mediante compra y venta se saca igualmente una plusvalía. Y seguro que los flujos financieros se hacen ver en otros tipos de redes, pero mi ignorancia no alcanza a conocerlas.

2º. La Productiva: Es la fuerza de trabajo de una sociedad, aquella riqueza que proviene de los recursos naturales y de la economía real que se mueve dentro de la liquidez económica existente. Si las sociedades se centraran mayormente en este tipo de economía más real veríamos de forma casi certera la economía tal como es.

Así pues, el problema de la crisis ha sido consecuencia de una excesiva confianza en el sector financiero: un sector donde los magos introducían un euro en la chistera y luego sacaban dos, aunque ahora no sacan nada después de introducir un euro.

¿Pero es nuestra felicidad un artificio? Pues sí, y lo digo sin ninguna duda. El endeudamiento social, que tantos beneficios ha dado a la banca, nos ha llenado la vida de lujosos menesteres con “chollosas” financiaciones. Es como si la sociedad hubiera sido enviciada y patológicamente aburguesada. Así visto, ¿el ciudadano es víctima o responsable? Pues digamos que las dos cosas, pues aunque la responsabilidad es nuestra y de los bancos y demás agentes consentidores de todo este desbarajuste, también hemos sufrido una especie de enajenación, de coacción indirecta al consumo y al endeudamiento. Y es que los programas de márquetin tan bien estudiados y tan sutilmente dirigidos a la dócil presa social han sido capaces de alimentar nuestros puntos débiles como seres humanos y capaces de llenar de alegría nuestras ilusiones de una felicidad que se presentaba sin esencia pero que tenía un precio genial, incluso rebajado.

Concluyendo: así de idiota es el Hombre.

- Vuelve a levantarte y anda, Hombre, no llores – le digo yo.■

LAS FEMINISTAS TRAGARON

Muchas mujeres autodenominadas liberadas fuman, algunas ostentosamente. Creen que eso les hace libres. El feminismo militante nunca ha contradicho esa creencia, sino que la ha alentado. De hecho, durante mucho tiempo, feministas conocidas han fumado y lo han hecho con orgullo, casi como un acto de emancipación. En fin…

Pero hasta 1920 las mujeres no fumaban. ¿Qué ocurrió para que empezasen a hacerlo? La aparición súbita de mujeres fumadoras tiene una explicación. Las mujeres en general y las feministas en particular, esos seres toscos que todo lo creen saber, fueron burdamente manipuladas por un genio de la propaganda como Edward L. Bernays, asesor del gobierno de Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial, pionero de la propaganda comercial y autor del libro que lleva por nombre Propaganda, publicado en 1928. Bernays, que trabajaba para Chesterfield, logró que las mujeres fumasen haciendo uso de dos elementos. En primer lugar, asoció el mito de la modernidad al hecho de fumar, y en público. Aprovechando un desfile del 4 de julio, celebración del Día de la Independencia de Estados Unidos, pagó a modelos que participaban en el mismo para que fumaran durante el recorrido. Se produjeron incidentes a lo largo del desfile por la presencia de increpadores (algunos probablemente pagados por Bernays). El asunto trascendió a la prensa, generándose un debate público a partir del que se alcanzó un consenso social según el cual criticar el consumo de tabaco por parte de las mujeres era poco moderno, incluso antiamericano y contradictorio con el recién logrado derecho al voto por parte de las mujeres. Obsérvese que esta conclusión es también fruto del estado de opinión generado por la propaganda feminista. En segundo lugar, utilizó mujeres conocidas, como actrices hollywoodienses, para introducir el hábito, asociándolo así a una imagen popular y de éxito.

Y las feministas, como es sabido, tragaron.■

EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS



El propio editor dice lo siguiente sobre la historia escrita por John Boyne:

(...) Por último, cabe aclarar que este libro no es sólo para adultos; también lo pueden leer, y sería recomendable que lo hicieran, niños a partir de los trece años de edad (...)

Cuando terminé de leer la historia me dije: ¿para adultos? Con esto quiero decir que pensé desde un principio que el El Niño con el Pijama de Rayas iba dirigido a un público juvenil, pero el editor me deja entrever que la historia estaba enfocada a priori para un público adulto. Esto me sorprende porque si es así me encuentro ante una historia que, si bien es conmovedora, se me antoja inacabada, pues creo que no se explota al máximo (ni siquiera llega a la mitad) todos los recursos; ni se le extrae todo el jugo a los personajes, a la escena, al entorno, etc. A una historia como ésta podría habérsele estrujado hasta conseguir un rendimiento mucho mayor, pues uno espera que ocurra algo pero todo transcurre tapando, sin decir nada, camuflando el lado cruel de la verdad histórica. Se cuenta todo de forma tan sencilla y literariamente es de un nivel tan ajustado que soy incapaz de entender cómo puede haber vendido tanto. El éxito reside sin duda a que está escrito con el corazón y de manera que pueda ser accesible a todo tipo de públicos; es decir, El Niño con el Pijama de Rayas es una obra de una gran voluptuosidad comercial, todo un producto preparado para el negocio puro y duro que será más recordado por la película (que dicen es mejor que el libro) que por el propio John Boyne.

Con lo citado anteriormente no quiero decir que la historia que nos cuenta John Boyne sea mala. Al contrario, me parece de un nivel aceptable si no tenemos en cuenta todo lo citado anteriormente y a que posiblemente el editor esté en un error y realmente la historia sea dirigida a los más jóvenes. Si es así El Niño con el Pijama de Rayas suma más puntos porque ya existe una intencionalidad por parte del autor, que en ese afán de no herir demasiado a los más jóvenes con un tema tan abrupto, obvia un montón de detalles que el lector debe leer entre líneas. El autor quiere darle a la historia un tono de fábula, pero me parece una excusa. Un tema como el de los campos de concentración y el Holocausto, con una construcción de personajes y de escena (como base del libro) tan currado debería haber sido tratado con valentía y visceralismo, con atrevimiento y descripciones desmedidas incluso, no siendo una pluma comedida y cobarde.

El tema principal de El Niño con el Pijama de Rayas es la inocencia y la infancia. Dos niños viven con total ingenuidad una situación cruel. Sus vidas, que dieron su comienzo un mismo día fingen una vida paralela con distinta suerte que acabarán con un desenlace desesperanzador y que les unirá aún más. Y es que todos los niños son iguales, ya sean arios o judíos, ¡a ellos les da igual la raza! La reflexión es en sí de un calado muy profundo, pues nos encontramos ante un tema muy recurrente: seguir ensañándose con el pueblo alemán y ofrecer una imagen de victimismo a un pueblo que no ha sido precisamente pacífico como el judío. Con esto no justifico el holocausto, pero que estas obras no sirvan para justificar las aberraciones que han cometido los judíos y el actual estado israelí como representante del sionismo y de la raza judía.

Los campos de concentración nazi fueron una aberración más dentro de una época de locura. ¿Por qué no se habla nunca de la humillación que sufrió el pueblo alemán después de la Primera Guerra Mundial? ¿Por qué no se hace referencia a los millones de rusos que murieron en la Segunda Guerra Mundial, siendo los peor parados en la Guerra? La Historia se escribe con la pluma del vencedor, ya sea con la sangre de los perdedores o con la suya propia. Es más, si un hombre o un grupo de hombres cometen una falta extremadamente grave con consecuencias incuantificables, todos los hombres como Humanidad habríamos de sentirnos responsables, pues al fin y al cabo la historia es Universal desde la perspectiva del Hombre, dejando a un lado tipos de sangre o las diferentes razas. Así pues, tendríamos que ser abiertamente crueles con nosotros mismos y sentir una gratificante vergüenza ajena por nuestra poca talla ante la Historia, pues ni siquiera somos buenos en la Guerra. Con esto quiero decir que si generalizamos, la Historia no acabará recordándonos por lo bueno, sino por lo malo. ¿Y cómo se escribiría la Historia sin tintes de tragedia? ¿Sabríamos hacerlo?

Concluyendo y retomando el libro de John Boyne, recalcar que El Niño con el Pijama de Rayas es una historia poco explotada que se ha visto absorbida por las exigencias de un mercado literario esclavo de la venta y alejado del arte literario. Seguramente, en manos de un escritor de la talla de Charles Dickens o de cualquiera de los grandes del siglo XIX y comienzos de XX, de los cuales deberíamos aprender (¡¡esos tíos si que sabían escribir!!) habría sido la mejor historia de su época, pues la idea de este libro no deja de ser afortunadamente genial.■

REQUIEM POR UN SUEÑO

(Requiem for a dream)


REQUIEM POR UN SUEÑO es una película (año 2000) basada en la novela homónima de Hubert Selby Jr. (1978). Fue dirigida por Darren Aronofsky y protagonizada por Ellen Burstyn, quien obtuvo una nominación a los premios Óscar en la categoría de Mejor Actriz, Jared Leto, Jennifer Connelly y Marlon Wayans. La Banda Sonora fue compuesta por Clint Mansell, jugando un impactante papel en la película, creando toda la tensión y convirtiéndose en un fuerte subsidio para generar dramatismo en la escena. Espero que el comentario sea bueno en su medida, ya que mi intención es no contar nada escénico sobre la película, sino conseguir que se animen a verla.

La película nos adentra en el dramático mundo de las drogas y de las adiciones mediante un ritmo absorbente. Se trata de un film atrevido donde Aronofsky se hace grande y brilla tanto como los intérpretes. Es uno de los mejores dramas que se han rodado en la última década, que si bien se sirve crudo, de forma sórdida y cruel, no deja de ser real, concisa y sublime.

Aún así, esta formidable película, obra de culto para muchos, tiene sus detractores. Sin duda, como ocurriría posteriormente con una genial The Fountain (dirigida igualmente por Aronofsky), Réquiem por un Sueño divide a la crítica y al público, lo cual es positivo, pues qué es el arte sino crear una reacción de estupor en el espectador: lo importante es no dejar indiferente a nadie. Ya nos adentraremos en otras entradas en la figura de Aronofsky, pero he de adelantar que me parece un autor que no teme hacer lo que quiere ante el público y que prefiere, aún poniendo en peligro la recaudación, ser sincero sin fisuras y mantener su propia visión como director en sus películas. Pero sin duda, lo más importante es que hace pensar a un público que se ha hecho inaccesible a la hora de recibir un producto de fuerte contenido moral, político, social o filosófico: entre asnos y burros parece difícil hacer del cine un verdadero arte.

En Réquiem por un Sueño Aronofsky ha sido capaz de crear en los actores y actrices una intensidad dramática de alto nivel. Eso, unido al trepidante ritmo de la película y a una innovadora forma de ver el cine, hace que se te pongan los pelos de punta. Como ocurre en Pi, el primer largometraje de Aronofsky, Réquiem por un Sueño se sumerge en un mundo claustrofóbico, en un laberinto sin salida que llega incluso a agobiar al espectador... Recuerdo cómo casi al final de la película, con las lágrimas rebosando pero sin derramarse de mis ojos, me levanté del sofá, agarré con las dos manos las dos esquinas superiores del televisor y observé impresionado, como sin creerme el macabro espectáculo cinematográfico que ahora recuerdo como una de las mayores expresiones del arte, aquel amasijo de escenas llenas de dolor y tragedia.

En definitiva, les recomiendo Réquiem por un Sueño, y no solamente por su calidad cinematográfica, sino porque su mensaje es de un calado fuertemente humano, donde la debilidad de nuestra naturaleza como seres se hace manifiesta, así como sus sueños, sus aspiraciones y sus miedos.■

COMETAS EN EL CIELO




No es habitual en este blog hacer referencia a otras críticas sobre películas, pero esta vez haré referencia a un fragmento escrito por Beatriz Maldivia sobre Cometas en el Cielo, el cual fue publicado un 4 de marzo de 2008 en Blog de Cine y que me servirá de introducción:

El film es de Marc Forster, un director que ha demostrado, como ningún otro, que depende tanto del guión que le ofrezcan en cada momento, que no podemos ni siquiera considerar que su nombre signifique algo que no sea saber adaptarse al material de partida. (Crítica Cometas en el Cielo)

Forster no sale bien parado: así se las gastan los críticos. En fin, mi tarea no es sodomizar a ningún realizador, ni, por supuesto, ensalzarlo. En la tarea de ser imparcial reside el arte de la crítica. Aunque eso sí, me encanta que se elogie, aunque sea por una vez, el gran papel de los guionistas, casi más importante que el del realizador (a mi modo de ver el cine). Los guionistas son creadores en la sombra, una especie de poder oculto, siempre detrás de la batuta del director. De todas formas, lo que se hace en Mundodaorino no es una crítica en sí misma, sino una especie de reflexión: parece que las críticas despellejan, las reflexiones solamente intentan dar significado.

Cometas en el Cielo es una película correcta que, basada en la novela homónima de Khaled Hosseini y sin pretenciosidad, nos sumerge a modo de cuento en la tragedia de dos amigos de infancia con diferente rango social que se criaron juntos en la capital afgana. La película nos enseña un Kabul atípico donde los cometas con sus colores brillaban en el cielo, las calles olían a kebab y se hacían populosas fiestas en cualquier barrio con fuegos artificiales para festejar el cumpleaños de un niño privilegiado. En definitiva, se nos ofrece un Afganistán en la que podía vivirse, un Kabul anterior a la invasión de la Unión Soviética: aquel Imperio mercader de utopías de acero.

Pero después de la invasión cambiaron muchas cosas, todas a peor. Aunque cuando parece que todo no puede empeorar llegan los talibanes para demostrarnos que pueden bombardearse las ruinas. Hoy en día, Afganistán es un territorio deprimente, de los más desolados del planeta, sin nada que envidiar en cuanto a miseria y hambre a cualquier país africano en manos de un Señor de la Guerra.

¿Y qué nos quiere enseñar Cometas en el Cielo? Supongo que el valor de la amistad, el significado del honor y lo que supone pagar una deuda. Eso sí, no deja de ser una perspectiva romántica a modo de fábula. Es un cuento, sólo eso, con un final feliz que brilla y destaca en la oscuridad de tanta barbarie. Y lo que denuncia la película debería hacernos recapacitar a todos: el derecho a la felicidad, a la infancia, el derecho, en definitiva, a la dignidad y a la Vida es la proclama de Cometas en el Cielo.■

LOS PAÍSES EMERGENTES



Hoy en día suenan más que nunca los denominados países emergentes. Con China a la cabeza, otros países como India, Irán, Brasil e incluso Venezuela parecen reclamar su protagonismo en el mundo y la porción del pastel económico que les corresponde. Hasta Rusia parece resurgir de sus cenizas: en cierto modo es una gran potencia dormida o, mejor dicho, adormecida por el anestésico capitalista. ¿Y a qué se debe este poder o supuesto poder emergente? La Globalización ha repercutido en la deslocalización masiva de los mercados, de la industria, del dinero, etc. Todos los agentes financiero-económicos han puesto su punto de mira en esos países e invierten en ellos alegremente: ya sea por una mano de obra más barata, por sus recursos naturales, por unos intereses más altos que pueden sacar un mayor rendimiento económico al dinero, por una bolsa de consumidores por explotar muy alta, etc. Es un mercado virgen, un paraíso para el capitalista sin escrúpulos que espera que su dinero crezca en nuevas tierras: en Economía equivale al descubrimiento de América por Cristóbal Colón y su séquito. La Globalización, pues, puede haber repercutido en estos “nuevos” países de forma positiva.

Cuando un empresario traslada sus fábricas de un país occidental a uno menos desarrollado no solamente repercute en las tasas de desempleo del país emisor de capital, sino en una plusvalía mayor para el propio empresario, que ve cómo una mano de obra más barata y explotable le hace el mismo trabajo. Si los bancos e inversores depositan el dinero en esos mercados con intereses más altos la hucha de los llamados emergentes se llena. Entonces, ¿no repercute la avaricia de occidente a que estos países crezcan? Pues parcialmente sí, pues los inversores de los países desarrollados ven en estas economías crecientes un terreno de capitalismo salvaje donde todo vale: la explotación de los trabajadores, por ejemplo, es mucho mayor y legal. Digamos que el terreno presenta menos obstáculos.

¿Pero constituyen las economías emergentes un nuevo poder? Es difícil precisarlo. Sin duda alguna, lo que parece claro es que el movimiento del dinero a escala mundial tiene cierta tendencia a ser absorbido por esos países emergentes y que su desarrollo puede estar relacionado con esta nueva tendencia, acelerada con los nuevos cambios que supusieron la asunción de la Globalización: un paso adelante del libre mercado.

Al final resulta que es como con las fábricas trasladadas a países más pobres por una mano de obra más barata. El dinero, tan inteligente, siente la necesidad de trasladarse a manos que crezcan a un ritmo mayor. Y si bien esto que digo es lo mismo que dije antes, no lo hago caprichosamente, sino para dar pie a que es posible que esta tendencia afecte a Occidente. Para empezar, Occidente no puede competir en mano de obra; una mano de obra que si bien es mucho más cualificada es menos barata. Y por otro lado, el dinero no tiene garantías de crecimiento tan atractivas. Esto repercute en desempleo, en que las garantías sociales se desestabilicen y a que vivamos con un mayor grado de incertidumbre. Occidente le ha dado al niño pequeño un millón de dólares, lo ha escondido en el jardín y se está partiendo de risa a nuestra costa.■

PEQUEÑA MISS SUNSHINE


Esta película dirigida por Jonathan Dayton y Valerie Faris ganó en el año 2007 diversos premios en varios festivales, entre ellos dos Oscar: el de mejor actor secundario (por la interpretación de Alan Arkin) y el de mejor guión original (de Michael Arndt). Pero la película no merece mancillarse por la entrega de premios, creo que es más digno que se mancille con mi comentario, que supongo supondrá toda una profanación.

Pequeña Miss Sunshine es una pequeña obra maestra que, aunque menuda en tiempo (se hace corta) y en medios, es grande en contenido. Cada uno de los personajes encierra en sí un drama, un sueño y un objetivo, aunque algunos aguarden únicamente el drama, habiendo perdido todo sueño y todo objetivo. Juntos forman una familia que en su conjunto se quiere pero que a veces no sabe expresarlo o no lo reconoce; ni siquiera se comprenden aunque exista cierto respeto y tolerancia, que a veces puede verse empañado por algunos comentarios malintencionados o ciertas discrepancias, las cuales parecen inherentes en cualquier tipo de relación.

Rodada al estilo road movie gran parte de las escenas, Pequeña Miss Sunshine brilla por su originalidad y por suponer un soplo de aire fresco dentro de tanta basura fílmica. Corrosiva, irónica, crítica… esta película lo tiene casi todo. El talento se impone una vez más dentro de Hollywood ante sus propias producciones de alto presupuesto, algunas pomposas, otras extremadamente pretenciosas, que solamente aspiran a hacer taquilla para ser posteriormente olvidadas. Supongo que esta película aspira en cierto modo a ser un paradigma, a ser la prueba patente de cómo un cine sencillo, donde cada personaje y el guión son el punto fuerte y dominante, puede triunfar y ser de una gran calidad.

Para muchos es vitalista, pues a uno le entra esa euforia de querer comerse el mundo, de no perder la esperanza, de no echarse nunca atrás. Pero ahondemos en su mensaje, que sin duda tiene que ver con lo anterior. El fracaso y el éxito se enfrascan en un solo elemento como el aroma o el elixir al que debe oler Pequeña Miss Sunshine. Con la enseñanza de que el fracasado es aquel que tiene miedo del éxito o aquel que se ha dado por vencido, vemos como la voluntad de cada personaje se crece a cada instante. De hecho, algo tendrá que ver Nietzsche en todo esto, pues uno de los personajes tiene cierta admiración por el filósofo europeo, teniéndolo como ejemplo. La Voluntad de Poder (La Vida), el ser fuerte y obstinado en un objetivo, el levantarse en la derrota y no sentirla como fracaso, esa parece ser la moraleja o máxima de la película. Pero yo no veo todo tan de color de rosa. En el éxito tan ansiado también puedo ver cierta ambición nada sana, es casi como un enaltecimiento al grande y estereotipado hombre norteamericano, emprendedor y amigo del dólar, carácter que puede verse en el padre de la familia protagonista de la película.

Aún así, no descarto el mensaje positivo que pueda tener el film. En definitiva, como dice el personaje especialista número uno en Proust, el fracaso puede ser la cuna del éxito, una fuente de creatividad dirigida hacia la victoria, porque cuántos se acuerdan de los triunfadores si antes no han sentido las mieles de la desesperación y del fracaso. El convencimiento de querer ser un triunfador es en sí mismo una manera de abocarse al fracaso (aunque con una sonrisa bobalicona); ¡¡así vive esa cutre e idiota muchedumbre de viejos optimistas que nos rodea!! A la vida hay que mirarle desde su perspectiva: desde arriba parece limpia, pero se sustenta en una base de estiércol y orines. El mayor fracaso es vivir en una mentira; el éxito, sin embargo, solo reside en que uno pueda conseguir su objetivo, y, si es posible, sin pisotear a nadie. Y creo que esto último también lo muestra la película, que en un final apoteósico, te conmoverá de la misma forma que te hará reír.■

CRISIS FINANCIERA INTERNACIONAL

¿El Capitalismo en declive?
(Debates del 20 de noviembre de 2008 y del 4 de octubre de 2008 celebrados por la
Asociación Foro Identidad)

Durante dos debates, los miembros de Foro Identidad discutimos sobre un tema de candente actualidad (cuyo título podéis leer en la cabecera) y que pone bajo la sospecha y en el punto de mira a los sectores económico-financieros de cualquier orden y condición.

En España hemos visto como efecto más palpable de la crisis el declive inmobiliario, lo que ha parado la máquina constructora y llevado la tasa de desempleo a las cotas más altas en muchos años a un ritmo de crecimiento de más del 2%.


Uno de los miembros del Foro, esgrime como causa de la crisis la especulación, lo que ha llevado a muchos bancos a tambalearse y a ciertos agentes individuales a tener grandes pérdidas. En cierto modo, señala, la crisis ha sido motivada por el egoísmo y por el consentimiento tácito de los bancos concediendo hipotecas abusivas y préstamos de alto riego.

Otro de los asistentes, señala que la solución de la crisis se conducirá por dos vías: una es la inyección de capital y la otra es la guerra. Y es que en la actualidad ha sonado más que nunca, de nuevo, el CRACK del 29, ese “CRASH” económico que se solucionó con las medidas del New DEAL en Estados Unidos, por ejemplo, pero que en Europa acabaron por desencadenar la Segunda Guerra Mundial y reactivar ferozmente la maquinaria de producción bélica. Una Guerra, dice el contertulio, reactiva la industria automovilística, la aeronáutica, la armamentística, la actividad de los bancos y la inmobiliaria con las constructoras, porque lo que se derrumba se reconstruye. ¿Qué mejor negocio entonces que la Guerra?

Por otra parte, la inyección de capital por parte del Estado supone un claro síntoma de la imperfección del Capitalismo y del libre mercado, que no puede actuar por sí mismo sin generar momentos críticos que al final tendrán que pagar los pobres y la clase media para que los especuladores puedan seguir jugando con el futuro y el porvenir de todos. En lugar de llevar a esos especuladores a la cárcel, parece que los estados, con sus planteamientos Keynesianistas, prefieren realimentarlos y regalarles liquidez. Así continuará una especie de ciclo en espiral que desembocará de nuevo a otra crisis, pues estas soluciones son parciales, efímeras y no duraderas. En definitiva, la dependencia estatal del Capitalismo es un síntoma de su declive.

Otro de lo contertulios habla de la subida de precios de los productos alimenticios originada por haber extraído de la cadena alimenticia ciertos productos para emplearlos en el uso de carburante. Al hilo con esta intervención, se hace eco de la huelga de ciertas patronales de transportistas que sufrimos en el mes de junio por la subida de los combustibles, lo que supone un preámbulo visible de la crisis en España.

Cómo no, en el debate se hace referencia a países como China, así como a otros países emergentes como Irán o Brasil. Se plantea si han podido incidir en la Crisis Internacional, y lo que está claro es que han podido incidir en la balanza económica. Los países de Oriente Medio como Arabia Saudí o China tienen grandes inversiones en Estados Unidos y si les diera por quitar toda esa manta financiera Wall Street se resentiría, provocando una reacción en cadena a nivel mundial. ¿Qué es entonces esta crisis, un reseteo de la balanza económica mundial, o un reajuste, en definitiva, del poder en el mundo?■


Dos semanas después, nos volvemos a reunir y reanudamos el debate con el mismo tema.

Uno de los contertulios hace referencia a que la crisis puede explicarse en conceptos de oferta y de demanda. Antes de la crisis existía una fuerte demanda, lo que encareció los productos, pero posteriormente, por otros factores como la subida de las hipotecas o de los combustibles, esa demanda disminuyó, siendo mayor la oferta. Esto genera un desajuste y un “STOCK Superávit” que ralentiza o para las cadenas de producción. Algo así ha sido muy perceptible en la industria automovilística, siempre tan sensible a las crisis, con despidos de miles de personas. El paro, en creciente subida, abre el debate sobre la necesidad de los inmigrantes que tan cortésmente ha dejado el libre mercado trasvasar por ser más baratos. No se trata de ninguna discusión racial, pero en términos económicos y de paro ellos forman un bloque muy fuerte de mano de obra más barata, especialmente en el sector de la construcción, que en España constituye el sector que más se ha resentido.

El Sistema Capitalista y de Libre Mercado ha visto ante sí cómo la especulación es una ancha fisura. Y es que el capital es inmoral, obra con el mismo desprecio que el hombre sobre el hombre. Señores, las empresas que especulan en bolsa se lo han jugado todo al bingo y lo han perdido y ahora pretenden que les devolvamos el dinero para que jueguen más. Esas empresas deberían ir a programas para rehabilitarse de la adición al juego.

El debate prosigue animado y con grandes intervenciones en tónica con lo que ya hemos dicho anteriormente en este texto. Se hace hincapié en los bancos, en que son unos estafadores, ofreciendo hipotecas de cuarenta años. Y es que son unos estafadores asumidos por la sociedad pues la gente piensa que o se dejan estafar o no tienen casa ni un futuro. La inmoralidad se ha adueñado definitivamente del sistema, ni siquiera lo disimula, ha perdido todo el decoro e incluso te lo oferta en los medios como una gran oportunidad. «Una vez más, la avaricia del capital ha hecho de las suyas», sentencia uno de los contertulios.

Volviendo al tema sobre la intervención estatal y finalizando con este resumen, sepa lo que voy a decir a continuación como conclusión: al final las pérdidas se socializaran, mientras que las ganancias no. ¿Es eso la solución a la crisis?■

Para tomarse con humor este asunto, pinchen en el siguiente enlace:
La Crisis Financiera con humor

SENTENCIAS


1
La salvación, promesas para la otra vida… pero ¿qué delirantez es esa? De esta forma los hombres hipotecan sus vidas al servicio de la fe, despojándoles de su poca libertad. Las religiones se convierten así en entidades más feroces y crueles que los bancos. Pero no solamente las religiones, también las ideologías o todo acto en sí. Igualmente, las ideologías requieren fe, cierta entrega inconsciente. Pocas diferencias hay entre un político y un sacerdote o un fanático político o un fanático religioso; es más, son más sus semejanzas. Tal vez el sacerdote ideológico, el político, sea el más peligroso de cuantos vendedores de paraísos existen en el mundo, y es que sus exigencias son mayores y los beneficios escasos. Embadurnan de razón sus postulados: la razón se ha equiparado a la fe, lo que ha provocado que muchos se revelen como iluminados de limusina y traje con corbata. El mal uso de los dones de la inteligencia solamente nos ha traído fe por un lado y la razón descafeinada por el otro en forma de pompa política. Ambos son charlatanes, vendedores de paraísos y mercaderes del porvenir.■

2
El Hombre reniega de la metafísica para bañarse en lo tangiblemente práctico; por lo tanto, tira el ser a la basura, apestando a casi todo el pensamiento humano. Amigos del “átomo”, amantes de la cosa, el hombre sueña con una vida material voluptuosa pensando que ello es la felicidad. Cegados por una demencial lujuria, el hombre se condena a ser un mero adorno frente a los mismos adornos que venera, convirtiéndose en bellas esculturas perecederas, en figurantes estéticos en este mundo sin ser. Así que el hombre ha perdido toda su esencia, es cosa, y sin embargo es feliz, cree que es feliz en una apariencia de inmortalidad. En el mundo de las quimeras la felicidad está inventada, pero una felicidad artificial, de la que se puede tocar, vender, comprar y alquilar, pues si no no valdría nada.■

3
La deshumanización: montones de cadáveres apilados ante eslóganes que deletrean c-i-v-i-l-i-z-a-c-i-ó-n. Los seres sin ser son los deshumanizados, son los sin voluntad, y andan gracias a su motor automatizado, que les da vida. Son como un muñeco de cuerda, un montón de cuero o trapo que anda de forma mecánica. Sin esencia, son menos que el Hombre de Hojalata. Su corazón late para el cuerpo pero no para un espíritu, para un alma o… (llamarlo como queráis) para una esencia. Sin duda, seguirán siendo punto de inspiración para los existencialistas, otros seres que se ven más humanos y que leído lo leído solamente cuentan historias de zombis o vampiros en lugar de hablar sobre el Hombre, ¿acaso es posible hablar de hombres sin esencia y estar refiriéndose al hombre en sí o como tal? Posible si es, pero estaríamos hablando solo de seres antropomorfos. Parece que la voluntad de poder se ha apagado del hombre, pues no aspira a más que a huir de sí mismo.■

4
La realidad visible y tangible son cortinas que esconden un vacío total, una Nada incomprensible. Pensar que esa realidad es el resultado de nuestro aburrimiento, de nuestra incapacidad para soportar el sufrimiento de no hacer nada, tiñe de cosas absurdas mis pensamientos. Se han erigido religiones, sistemas e ideologías con el único fin de poder soportar mejor el aburrimiento de una estancia en el vacío. ¿Acaso es tan difícil quedarse quieto? Lo que nos habríamos ahorrado en estupidez habría sido incuantificable, pero claro, cómo iba a saberse. El hacer algo supone una esperanza para ganarse la inmortalidad, un lugar en la eternidad donde brille nuestro obrar; somos como niños que quieren llamar la atención, la atención a la Historia, cuando ésta es sorda y le da igual cuánta tinta o cuánta sangre se derrame para hacerla brillar. Qué triste es el Hombre con sus esperanzas, siendo arrastrado por el devenir hacia un olvido… lo único eterno que conseguirá. Y visto así, sea un final trágico y glorioso para el Hombre, que lucha y se condena al sufrimiento a sí mismo y al prójimo por Nada.■

LOS ANIMALES


En definitiva, veo más humanidad en los animales. Los supuestos "hombres", crueles e inconscientes, sumen su razón a lo instintivo y se condenan a una vida insignificante. El hombre es una bestia, una bestia bípeda simplemente. Su apariencia humana no es más que el síntoma de una esperanza; es el envoltorio de unos seres de vida antropomorfa.

Los animales solamente hacen lo que tienen que hacer, sin embargo, el hombre (¡cómo no!) hace más de lo que debe. Es el animal listillo de la clase que no se da cuenta de la estupidez de su inteligencia y de la sinrazón de sus razonamientos. Tal es así, que el mundo no aparece en su complejidad colectiva y planetaria como un ser cuerdo, sino más bien como un ser depresivo y paranoico con cierta inclinación al suicidio. Un suicidio que como último acto sería sublime a escala universal y el mejor favor que podría hacérsele a la naturaleza; una naturaleza a la cual el hombre moderno no ha sabido ni comprender ni dominar.■



Nuestra vida es un molde, un molde existencial. Hemos llenado de cosas todo el vacío que existe en la propia vida y nos hemos creído nuestras propias mentiras. No creer es lo más parecido a ser libre; no vivir… es ser libre. La vida es un suplicio, el mundo se hincha los pulmones para expulsar quejidos pestilentes y el aliento putrefacto de sus sueños. La vida no vale nada, somos el cáncer de un vacío infectado, una extraña anomalía aislada de la naturaleza con pretensiones de deidad.


“Nihilista” es el epíteto atribuido a los cínicos modernos. Irreverentes y sarcásticos no tienen más remedio que vivir con desprecio, incluso con el de su propia vida. Rechazan al hombre, rechazan cualquier cosa, hasta a la nada, que es nada. Emisarios del sinsentido, existencialistas virtuosos y solipsistas por derecho propio, pasean su yo con un claro desencanto y una iluminada desesperanza con cierta consciencia del sinsentido y del vacío oculto en todo lo que nos rodea, siendo forzados a vivir en la infelicidad de cierta verdad.


No hay mayor condición en un nihilista que el desprecio por la vida, que es lo mismo que decir su desprecio por el Hombre; por ello, no hay más condena para un ser de tal naturaleza que tener que vivir como hombre, como hombre en sociedad, siendo cómplice de todas las quimeras y de todas las estupideces vacuas por las que el ser hombre libra una batalla sin cuartel a cada segundo y aniquila sus vidas. El mundo se pudre, somos materia orgánica en descomposición y nadie lo sabe.■

CICLO "UNA TORMENTA DE LUCIDEZ" (PARTE VI/VI): EL «PERRO CELESTIAL»



Para leer el texto completo, pincha en el siguinte enlace: EL «PERRO CELESTIAL»

«No puede saberse lo que un hombre debe perder por tener el valor de pisotear todas las convenciones, no puede saberse lo que Diógenes ha perdido por llegar a ser el hombre que se lo permite todo, que ha traducido en actos sus pensamientos más íntimos con una insolencia sobrenatural como lo haría un dios del conocimiento, a la vez libidinoso y puro. Nadie fue más franco; caso límite de sinceridad y lucidez al mismo tiempo que ejemplo de lo que podríamos llegar a ser si la educación y la hipocresía no refrenasen nuestros deseos y nuestros gestos. (...)

(...) Somos todos ridículamente prudentes y tímidos: el cinismo no se aprende en la escuela. El orgullo, tampoco. (...)

(...) «Sócrates enloquecido», le llamaba Platón. «Sócrates sincero», así debía haberle llamado. Sócrates renunciando al Bien, a las fórmulas y a la Ciudad, convertido al fin en psicólogo únicamente. Pero Sócrates -incluso sublime- es aún convencional: permanece siendo maestro, modelo edificante. Sólo Diógenes no propone nada; el fondo de su actitud y la esencia del cinismo, está determinado por un horror testicular del ridículo de ser hombre. (...)

(...) Que el mayor conocedor de los humanos haya sido motejado de perro prueba que en ninguna época el hombre ha tenido el valor de aceptar su verdadera imagen y que siempre ha reprobado las verdades sin miramientos. Diógenes ha suprimido en él la fachenda. ¡Qué monstruo a los ojos de los otros! Para tener un lugar honorable en la filosofía, hay que ser comediante, respetar el juego de las ideas y excitarse con falsos problemas. En ningún caso el hombre tal cual es debe ser vuestra tarea. Siempre según Diógenes Laercio: «En los juegos olímpicos, habiendo proclamado el heraldo: "Dioxipo ha vencido a los hombres", Diógenes respondió: "Sólo ha vencido a esclavos, los hombres son asunto mío".» (...)

(...) Tenemos que agradecer el azar que le hizo nacer antes de la llegada de la Cruz. ¿Quién sabe si, enjertada en su desapego, una malsana tentación de aventura extrahumana le hubiera inducido a llegar a ser un asceta cualquiera, canonizado más tarde y perdido en la masa de los bienaventurados y del calendario? Entonces es cuando se hubiera vuelto loco, él, el ser más profundamente normal, porque estaba alejado de toda enseñanza y toda doctrina. Fue el único que nos reveló el rostro repugnante del hombre. Los méritos del cinismo fueron empañados y pisoteados por una religión enemiga de la evidencia. Pero ha llegado el momento de oponer a las verdades del Hijo de Dios las de este «perro celestial», como le llamó un poeta de su tiempo.»


Texto titulado El «perro celestial», extraído de Breviario de Podredumbre (Una Tormenta de Lucidez), de E. M. Cioran. Suma de letras, S.L., enero de 2001, págs. 140-144. Traducción de Fernando Savater.

Por fin terminamos este ciclo dedicado a Cioran, Una Tormenta de Lucidez, con esta sexta parte. Hablar sobre Cioran y su obra no ha sido nada fácil, al menos no para mí. Supongo que la profundidad de su pensamiento ha quedado muy poco remarcada en todos los comentarios y ni siquiera me he asomado (ni de refilón) a lo que realmente es Cioran, ni he sabido explicar ni comunicar lo que significa Cioran en sí mismo y para mí, ni lo que supone una filosofía como la de él para el mundo y para la propia filosofía.

Escribir sobre él y el haberme sumergido en sus lecturas desde hace años es una especie de batalla metafísica en la que uno lucha constantemente contra sí mismo, contra los monstruos propios que escondemos en nuestro interior. Después de leer a Cioran uno no puede sino salir a la calle, agacharse al suelo, ponerse delante de unas cucarachas y disculparse ante esos pequeños animalillos, pues nosotros somos igual de insignificantes que ellos, igual de aplastables e igual de escatológicos. Y es que nuestra realidad la hemos llenado de pijotadas, de remilgos burgueses exportados de la vida palaciega, creyéndonos reyes... ¿de qué? Mírense al espejo, vean lo ridículos que somos... Sean conscientes de sus actos, analícenlos y desen cuenta del ridículo tan inconmensurable que hacemos ante la propia existencia. ¡¡¡El Hombre es el único animal capaz de hacer el ridículo!!!; ¡¡¡si algo de nosotros pasa a la eternidad no será otra cosa que nuestra estupidez!!!.

Sin más, he ahí que seleccioné un texto dedicado al cínico Diógenes de Sínope, aquel gran griego, aquel gran perro bípedo, más humano que muchos. Y es que el texto de Cioran me cautiva porque me parecía casi inimaginable que alguien como él, tan proclive a desmontar toda convención y toda norma, fuera capaz de admirar a alguien. Claro, Diógenes enamora por su desprecio por la vida y por las convenciones, por su negativa al lujo y a la zalamería, por tratar a todos por igual y por todo lo escrito sobre él, ya sea leyenda o no. Casi podría decirse que Diógenes era un anticipo de lo que sería Cioran, un primer plato de pureza, es decir, de filosofía sin artificios y sin divagaciones engañosas. Tanto Diógenes como Cioran son cirujanos del alma (o del espíritu, llamémosle de mil formas), hombres que practicaron el nudismo filosófico, mostrándonos al hombre tal como es, desnudito, sin ropajes, tan ridículo como pestilente, tan efímero como glorioso, tan megalómano como… Y claro, para adentrarse en una filosofía que va a desnudarte, que te va a desmontar por completo, se necesita una gran fortaleza, pues parece que no todos están preparados para escuchar sin remilgos ni eufemismos la verdad que se esconde tras el Hombre y tras uno mismo.■

CICLO "UNA TORMENTA DE LUCIDEZ" (PARTE V/VI): COSMOGONÍA DEL DESEO



Habiendo vivido y verificado todos los argumentos contra la vida, la he despojado de sus sabores y, enfangado en sus heces, he sentido su desnudez. He conocido la metafísica postsexual, el vacío del universo inútilmente procreado y esa disipación de sudor que nos hunde en un frío inmemorial, anterior a los furores de la materia. Y he querido ser fiel a mi saber, constreñir los instintos a amodorrarse y he constatado que no sirve de nada manejar las armas de la Nada si uno no puede volverlas contra sí mismo. Pues la irrupción de los deseos, en medio de nuestros conocimientos que los invalida, crea un conflicto terrible entre nuestro espíritu enemigo de la creación y el trasfondo irracional que nos une a ella.

Cada deseo humilla la suma de nuevas verdades y nos obliga a reconsiderar nuestras negaciones. Sufrimos una derrota en la práctica; sin embargo, nuestros principios permanecen inalterables… Esperábamos no ser ya hijos de este mundo y henos aquí sometidos a los apetitos como ascetas equívocos, dueños del tiempo y enfeudados en las glándulas. Pero este juego no tiene límite: cada uno de nuestros deseos recrea el mundo y cada uno de nuestros pensamientos lo aniquila… En la vida de todos los días alternan la cosmogonía y el apocalipsis: creadores y demoledores cotidianos, practicamos a una escala infinitesimal los mitos eternos; y cada uno de nuestros instantes reproduce y prefigura el destino de semen y de ceniza adjudicado al infinito.

Texto titulado Cosmogonía del Deseo, extraído de Breviario de Podredumbre (Una Tormenta de Lucidez), de E. M. Cioran. Suma de letras, S.L., enero de 2001, págs. 152-153. Traducción de Fernando Savater.

Resulta difícil imaginar que el deseo fuera el origen de la vida y de todo el Universo, porque entonces toda nuestra existencia se reduce a un momento de debilidad de alguna deidad desconocida, de una deidad que en medio del vacío deseaba martirizar la Ausencia Eterna con la ponzoña vital. Y dicho esto no pienso que la vida sea necesariamente ponzoñosa, aunque si lo fuera para una remota e hipotética ausencia (haciendo metafísica cualquier licencia imaginativa es legal y hasta coherente); para ponzoña, el hombre para la propia vida, la cual no sabe vivir por ignorancia, por no entenderla, por desconocer lo esencial de su naturaleza.

En el texto de Cioran el deseo se revela como enemigo de la Nada y de las Ausencias. Cuando uno desea la No Vida se ve posteriormente sometido a la existencia vital por medio del deseo, siendo esclavizado por las condiciones de debilidad de la naturaleza inherente al ser humano y por los caprichos de los sentidos: la vista desea tocar, el tacto desea ver... Los sentidos, grandes murallas que emparedan la ausencia en un cerco de Vida, nos atan a la existencia irracionalmente. «(…) la irrupción de los deseos, en medio de nuestros conocimientos que los invalida, crea un conflicto terrible entre nuestro espíritu enemigo de la creación y el trasfondo irracional que nos une a ella.», nos dice Cioran. Visto así, todas las religiones son poco vitalistas, siempre condenando el deseo, incluso deseando (y he ahí la contradicción) el no desear mediante la meditación o la austeridad. Pero eso son pretensiones humanas, porque queramos o no, quien está atado a la vida es por puro deseo de algo, una atadura que puede adquirir mil nombres pero que se rigen por el mismo medio: vivir por ambición: deseo de poder; vivir por amor: deseo de poseer a alguien... Pero incluso el suicidio es un deseo, un deseo de no desear o el deseo de no vivir, y he ahí otro motivo de absurdo, otro motivo de calificar la Vida como locura, pues hasta en el más grande de los actos honorables y de aparente libertad, el deseo hace acto de presencia para invalidar precisamente toda honorabilidad y todo resquicio de libertad; llamemos al acto de no desear el Antideseo. Entonces, ¿cómo ser libres? Pues no deseando; y ¿cómo despojarnos del acto de desear? Pues haciendo todo nuestro obrar consciente, así vislumbraremos toda nuestra impulsividad e irracionalidad; así nos daremos cuenta de si obramos por propia voluntad o por deseo a.

El deseo, en definitiva, nos invalida como seres libres. Reduce la inteligencia al instinto y al Hombre al animal que es. Pero no piensen que el deseo es malo por necesidad, un deseo consciente nos puede atar a la vida como borregos a la hierba pero a la vez hacernos relativamente libres en este mundo demencial e ilógico. Así es como funciona la existencia, así es como la Vida se defiende para evitar un colapso generalizado: el deseo es, en definitiva, el instinto de supervivencia. Como dice Cioran: «Esperábamos no ser ya hijos de este mundo y henos aquí sometidos a los apetitos como ascetas equívocos, dueños del tiempo y enfeudados en las glándulas». Dicho esto, el suicidio, que ya planteamos con anterioridad, parece un problema, pero no es así: el antideseo es un deseo en sí mismo, la antimateria de la Vida, que también se recicla.

Concluyendo, tanto la Vida como la Muerte formar parte del puro hecho de vivir, y como tales, están constreñidos a las cadenas del deseo.■

CICLO "UNA TORMENTA DE LUCIDEZ" (PARTE IV/VI): LA CONSCIENCIA DE LA INFELICIDAD



Elementos y actos, todo concurre a herirte. ¿Acorazarte de desdenes, aislarte en una fortaleza de asco, soñar con indiferencias sobrehumanas? Los ecos del tiempo te perseguirán en tus últimas ausencias… Cuando nada puede impedirte sangrar, las ideas mismas se tiñen de rojo o se invaden como tumores las unas a las otras. No hay en las farmacias ningún específico contra la existencia; sólo pequeños remedios para los jactanciosos. Pero, ¿dónde está el antídoto de la desesperación clara, infinitamente articulada, orgullosa y segura? Todos los seres son desdichados; pero, ¿cuántos lo saben? La conciencia de la infelicidad es una enfermedad demasiado grave para figurar en una aritmética de las agonías o en los registros de lo incurable. Rebaja el prestigio del infierno y convierte los mataderos del tiempo en paraísos. ¿Qué pecado has cometido para nacer, qué crimen para existir? Tu dolor, como tu destino, carece de motivo. Sufrir verdaderamente es aceptar la invasión de los males sin la excusa de la causalidad, como un favor de la naturaleza demente, como un milagro negativo…

En la frase del Tiempo, los hombre se insertan a modo de comas, mientras que, para detenerla, tú te has inmovilizado como un punto.


Texto titulado La Consciencia de la Infelicidad, extraído de Breviario de Podredumbre (Una Tormenta de Lucidez), de E. M. Cioran. Suma de letras, S.L., enero de 2001, págs. 77-78. Traducción de Fernando Savater.


Las palabras de Cioran me parecen siempre una especie de maldición contra el Hombre y un manifiesto sobre su asco a sí mismo, una oda a su Náusea. También son un toque de atención a lo irracional de nuestra naturaleza y a la superfluidad de nuestras vidas.

En esta ocasión, qué podemos responder a la duda de Cioran: Todos los seres son desdichados; pero, ¿cuántos lo saben? Nadie lo sabe a ciencia cierta, algunos lo sospechan y los que se dan cuenta duran poco; solamente unas escasas almas son capaces de sobrevivirse y mortificarse en este cautiverio existencial (conscientemente); tal vez por miedo, tal vez por no querer hacer el ridículo. Cioran, en este caso, consciente de su desdicha, arrepintiéndose (es una suposición) de haber perdido las fuerzas para suicidarse cuando lo planeó con veintipocos años, vivió con mayor mortificación que nadie; fue un monje de la desdicha.

El tiempo, aparentemente eterno, rebosa con toda su densidad en nuestra existencia y nos convierte en seres efímeros e insignificantes. Cuántos nacimientos y muertes en vano guardados en el cajón del olvido... Tanto para nada... Cuántas comas y cuántos puntos, cuántas mayúsculas para empezar las frases... Al final, nos inmovilizaremos como un punto y algunos se preguntarán para qué ha servido su vida, incluso habrá quienes se den cuenta de la Inconsciencia de su Felicidad y de lo desdichados que han sido realmente.

La Consciencia de la Infelicidad es en sí el único estado consciente que podemos alcanzar plenamente si nos lo proponemos, por una razón muy simple y que a mí se me antoja cierta (a otros, tal vez, les resulte ridículo): todo atisbo de felicidad es irracional, por lo que no es consciente en su ejercicio hasta que no se ha vivido y pensamos detenidamente en la dicha; al contrario, la Infelicidad se vive a cada segundo, en su ejercicio, se pega como una lapa en la sien y nos martillea hasta que dormimos (quien pueda dormir). En definitiva, ser feliz en este mundo equivale a reírse en un Tanatorio. Yo uso el «¡ja!», suena a risa y a amargura, a ironía y a desdén, y no va tan desatinado con nuestra existencia, nuestra naturaleza demente.■

CICLO "UNA TORMENTA DE LUCIDEZ" (PARTE III/VI): DIMISIÓN



Fotografía de Sergio Macías Gil
Fue en la sala de espera de un hospital; una vieja me contaba sus males… Las controversias de los hombres, los huracanes de la historia, naderías a sus ojos: sólo su mal reinaba en el espacio y en la duración. «No puedo comer, no puedo dormir, tengo miedo, debe haber pus», peroraba, acariciándose la mandíbula con más interés que si la suerte del mundo dependiese de ello. Este exceso de atención a sí misma por parte de una comadre decrépita me dejó en primer término indeciso entre el espanto y el desánimo; después, abandoné el hospital antes de que llegase mi vez, decidido a renunciar para siempre a mis dolores…

«Cincuenta y nueve segundos de cada uno de mis minutos, rumiaba a través de las calles, fueron dedicados al sufrimiento o a… la idea de sufrimiento. ¡Que no haya tenido una vocación de piedra! El corazón: origen de todos los suplicios… Aspiro a ser objeto… a la bendición de la materia y la opacidad. El ir y venir de un moscardón me parece una empresa apocalíptica. Es un pecado salir de sí mismo… ¡El viento, locura del aire! ¡La música, locura del silencio! Capitulando ante la vida, este mundo ha delinquido contra la nada… Dimito del movimiento y de mis sueños; ¡Ausencias! Tú serás mi única gloria… ¡Que el “deseo” sea por siempre tachado de los diccionarios y de las almas! Retrocedo ante la farsa vertiginosa de los mañanas que se suceden. Y aun guardando todavía algunas esperanzas, he perdido para siempre la facultad de esperar.»


Texto titulado Dimisión, extraído de Breviario de Podredumbre (Una Tormenta de Lucidez), de E. M. Cioran. Suma de letras, S.L., enero de 2001, págs. 68-69. Traducción de Fernando Savater.

¡El viento, locura del aire! ¡La música, locura del silencio!, nos dice Cioran; entonces la vida es locura de la Nada y el Hombre locura de la Vida... ¿Quién no ha querido ser un ente totalmente ausente alguna vez, un ser que nunca haya existido, que vague como mucho como una sombría imaginación en cualquier cerebro embuchado de materia gris?. No hay mayor sosiego que la Ausencia, acto supremo de vacuidad, exhortación irrevocable a la nada para que nos acoja... Los Orientales nos llevan cientos de años de ventaja en la consecución de la Ausencia, mientras ellos pensaban y meditaban los Occidentales aún intentaban darle utilidad a la rueda… ¡ja!... y que la exageración sirva como insulto a nuestra civilización, experta en la creación de paraísos artificiales y de pretextos para la vida que no llevan a ninguna parte. Visto lo presente, analizando el sistema y siendo consciente de las miles de fuerzas que ejercen su poder sobre nuestras cabezas y que no podemos controlar… ¡lo mejor es quedarse quieto! ¡La Vida contemplativa es mucho más honorable que levantar moles de cemento!

Pues somos locura de la Vida. Visto así, creo que la locura va a dejar de ser para mí pequeños arrebatos de genialidad… O tal vez Cioran se refiera a lo Demencial (y se trate por lo tanto de un fallo de traducción, jeje), catalogando nuestra existencia de Locura por un mero arrebato de amabilidad… Pero no creo que sea así, Cioran no era de los que se censuraban. Pero que nuestra naturaleza fuera de origen demencial explicaría sobreexplícitamente nuestro Hacer y nuestra aptitud.

El Hombre, animal bípedo o mono evolucionado de las cavernas, muestra siempre su desprecio por el sufrimiento, pero vuelve a su seno de forma casi programática; es como si estuviéramos avocados a hacerle culto. ¡Que no haya tenido una vocación de piedra! , dice Cioran… y me imagino a todos con esa vocación, a todos inmóviles, inoperantes, mudos, sordos, insensibles… ¡qué gran favor a la Vida! ¡Qué cimientos más sólidos para la construcción de una Ausencia Eterna! ¡No más daño, no más sufrimiento, no más absurdo!. Y es que si no os convencéis de que somos partidarios del sufrimiento, podéis ver grandes ejemplos en el cristianismo, haciendo culto al mártir, bebiendo su sangre y su cuerpo, haciendo apología de su sufrimiento y de su Pasión. Vivimos, en definitiva, del sufrimiento ajeno, de la sangre que emana a borbotones de millones de conflictos diarios. Somos la Humanidad del Martirio, un ejército de almas que gritan no a las Ausencias, NO DIMISIÓN. ■

CICLO "UNA TORMENTA DE LUCIDEZ" (PARTE II/VI): EL DIABLO TRANQUILIZADO



¿Por qué Dios es tan incoloro, tan débil, tan mediocremente pintoresco? ¿Por qué carece de interés, de vigor y de actualidad y se nos parece tan poco? ¿Existe una imagen menos antropomórfica y más gratuitamente lejana? ¿Cómo hemos podido proyectar sobre él resplandores tan pálidos y fuerzas tan claudicantes? ¿A dónde han fluido nuestras energías, en dónde se han vertido nuestros deseos? ¿Quién ha absorbido entonces nuestro superávit de insolencia vital?

¿Nos volveremos hacia el diablo? Pero no sabríamos dirigirle oraciones: adorarle sería rezar introspectivamente, rezaremos a nosotros. No se ora a la evidencia: lo exacto no es objeto de culto. Hemos colocado en nuestro doble todos nuestros atributos y, para realzarle con semblante de solemnidad, lo hemos vestido de negro: nuestras vidas y nuestras virtudes, de luto. Dotándole de maldad y de perseverancia, nuestras cualidades dominantes, nos hemos agotado para volverle tan vivo como sea posible; nuestras fuerzas se han consumido en forjar su imagen, en hacerla de arcilla, saltarina, inteligente, irónica y, sobre todo, mezquina. Las reservas de energías con las que contábamos para forjar a Dios se reducían a nada. Entonces recurrimos a la imaginación y a la poca sangre que nos quedaba: Dios no podía ser sino el fruto de nuestra anemia: una imagen tambaleante y raquítica. Es bueno, suave, sublime, justo. Pero ¿Quién se reconoce en esa mezcla fragante de agua de rosas relegada en la trascendencia? Un ser sin doblez carece de profundidad y de misterio; no esconde nada. Sólo la impureza es signo de realidad. Y si los santos no carecen completamente de interés, es que su sublimidad se mezcla con la novela y su eternidad se presta a la biografía; sus vidas indican que han abandonado el mundo por un género susceptible de cautivarnos de vez en cuando...

Porque rebosa vida, el diablo no tiene ningún altar: el hombre se reconoce demasiado en él para adorarle; le detesta a sabiendas; se repudia y cultiva los atributos indigentes de Dios. Pero el diablo no se queja y no aspira a fundar una religión: ¿no estamos nosotros aquí para precaverle de la inanición y el olvido?

Texto titulado El Diablo Tranquilizado, extraído de Breviario de Podredumbre (Una Tormenta de Lucidez), de E. M. Cioran. Suma de letras, S.L., enero de 2001, págs. 62-64. Traducción de Fernando Savater.
Leyendo el texto de Cioran, el cristianismo se me antoja una religión hipócrita y contranatural donde se le presta demasiada devoción a un Dios que es nuestro contrario (o no tanto). En tal religión es donde el Hombre aprende a odiarse, donde los complejos y los temores más profundos nacen para convertirnos en seres débiles y peligrosos para nosotros mismos. Y todo porque -y eso se desprende del texto- hemos sido forjados a imagen y semejanza del propio Diablo... Somos la encarnación del mal, sus Hijos, nacidos de la ceniza y del azufre; lo que al parecer supone motivo para la mortificación. Y tanto nos detestamos, que tuvimos que forjar al mismísimo Dios... al monoteísta, porque los dioses paganos se parecían más a nosotros, tan proclives a las pasiones y a la tragedia... Pero creo que el Diablo tranquilizado es el propio Dios, el más mezquino de todos, sí, ese... el clarividente y conspicuamente bondadoso. Su Bien es su Virtud, pero una Virtud prepotente, pues actúa por su propia grandeza... es la imagen de un cura, de un salvador, de un mártir... en su hacer por construir el bien solamente se esconde un profundo egoísmo, una fórmula de placer hacia uno mismo dirigido a la gloria y a la inmortalidad. Así que si Dios es el mismo mal, el Diablo no es otra cosa que lo mismo, solo que con la cara descubierta, más vivo por ser más real, más real por ser más certero que la misma verdad sobre nosotros.

Como bien nos muestra Cioran, todas nuestras pocas virtudes se disfrazaron de luto... no somos más que un esqueleto, el cristianismo fue la muerte del Hombre, de un Hombre lleno de vida. La Muerte de Dios, forjada en el siglo diecinueve por energías revitalizantes fue el eco de las agonías de nuestros ancestros que vieron cómo el monoteísmo nos chupaba la poca sangre que nos quedaba

Pero: ¿nos volveremos hacia al Diablo?, ¿rezaremos introspectivamente?; creo que no, preferimos volvernos contra nosotros, pues parece más heroico, y todo por malentender lo que es hacer el bien, por pensar que nuestra naturaleza de ceniza y fuego es el mismo infierno o el mismo mal cuando de ahí tal vez surja la propia vida. ■

CICLO "UNA TORMENTA DE LUCIDEZ" (PARTE I/VI): EXÉGESIS DE LA DECADENCIA

Cada uno de nosotros ha nacido con una dosis de pureza, predestinada a ser corrompida por el comercio con los hombres, por ese pecado contra la soledad. Pues cada uno de nosotros hace lo imposible por no verse entregado a él mismo. Lo semejante no es fatalidad, sino tentación de decadencia. Incapaces de guardar nuestras manos limpias y nuestros corazones intactos, nos manchamos con el contacto de sudores extraños, nos revolvemos, sedientos de asco y fervientes de pestilencia, en el fango unánime. Y cuando soñamos mares convertidos en agua bendita es demasiado tarde para zambullimos en ellos, y nuestra corrupción demasiado profunda nos impide ahogarnos allí: el mundo ha infectado nuestra soledad; las huellas de los otros sobre nosotros se hacen imborrables.

En la escala de las criaturas sólo el hombre puede inspirar un asco perdurable. La repugnancia que provoca un animal es pasajera; no madura en el pensamiento, mientras que nuestros semejantes alarman nuestras reflexiones, se infiltran en el mecanismo de nuestro desapego del mundo para confirmarnos en nuestro sistema de rechazo y aislamiento. Después de cada conversación, cuyo refinamiento indica por sí solo el nivel de una civilización, ¿por qué es imposible no echar de menos el Sahara y no envidiar a las plantas o los monólogos infinitos de la zoología?

Si por cada palabra logramos una victoria sobre la nada, no es sino para mejor sufrir su imperio. Morimos en proporción a las plantas que arrojamos en torno a nosotros... Los que hablan no tienen secretos. Y todos hablamos. Nos traicionamos, exhibimos nuestro corazón; verdugo de lo indecible, cada uno se encarniza en destruir todos los misterios, comenzando por los suyos. Y si encontramos a los otros, es para envilecernos juntos en una carrera hacia el vacío, sea en el intercambio de ideas, en las confesiones o en las intrigas. La curiosidad ha provocado no sólo la primera caída, sino las innumerables caídas de todos los días. La vida no es sino esta impaciencia de decaer, de prostituir las soledades virginales del alma por el diálogo, negación inmemorial y cotidiana del paraíso. El hombre sólo debería escucharse a sí mismo en el éxtasis sin fin del verbo intrasmisible, forjarse palabras para sus propios silencios y acordes audibles a sus solos remordimientos. Pero es el charlatán del universo; habla en nombre de los otros; su yo ama el plural. Y el que habla en nombre de los otros es siempre un impostor. Políticos, reformadores y todos los que se reclaman de un pretexto colectivo son tramposos. Sólo la mentira del artista no es total, pues sólo se inventa a sí mismo... Fuera del abandono a lo incomunicable de la suspensión en medio de nuestros arrebatos inconsolados y mudos, la vida no es sino un estrépito sobre una extensión sin coordenadas, y el universo, una geometría aquejada de epilepsia.
(...)


Fragmento del texto Exégesis de la decadencia, extraído de: Breviario de Podredumbre (Una Tormenta de Lucidez), de E. M. Cioran. Suma de letras, S.L., enero de 2001, págs. 54-56. Traducción de Fernando Savater.



Hace dos semanas pudimos leer en este mismo blog un artículo cuyo título rezaba La decadencia moral del Hombre, la Civilización. Tal vez esa entrada pudiera complementar el texto de Cioran que me dispongo a comentar, dentro de este ciclo llamado Una tormenta de lucidez, así como a este mismo comentario.

Si algo hay que tener claro leyendo el texto de Cioran y observando la existencia misma, ya sea la propia o la colectiva, es que el ser Hombre ha demostrado su casi incapacidad total para la soledad y adentrarse de esta forma en sí mismo. En los momentos que el hombre se ha visto ahogado por los minutos vacios, ya sean de compañía o de actos, se ha visto igualmente desaprovechada la oportunidad de tener un acercamiento o una conversación consigo mismo, negándose no sólo el conocerse, sino negando igualmente un camino de desarrollo y de madurez, una vía hacia el conocimiento. Solamente ha habido amagos de “abismamiento”, porque al final esos minutos aparentemente vacíos se han aprovechado para conspiraciones y gratificaciones carnales adorando imaginaciones libidinosas y lúbricas.

Como bien dice Cioran, "sólo el hombre puede inspirar un asco perdurable". Somos los únicos capaces de contaminar toda pureza o de corromper cualquier verdad. Nos hemos convertido en carroñeros de nuestros ancestros; y nosotros mismos nos convertiremos en carroña para las generaciones futuríferas, pues al Hombre sólo se le digiere una vez muerto, por mucho asco que inspire. El hombre, a nivel Universal, es como el olor de una mofeta, y a nivel planetario, como un mono atrapado en un zoo masturbándose.

La Civilización ha contribuido, no obstante, a hacer nuestra soledad pasajera y nuestros actos estúpidos, llenándolos de juicios y de críticas; solamente así se podría crear un canon de facto, un protocolo de lo políticamente correcto. Una sociedad de lo políticamente correcto está entonces abocada al prejuicio y al estereotipo. En un mundo así, la hipocresía florece por culpa de empecinarse en mantener un estatus y los artistas se convierten en deslucidos histriones, vasallos de la falsedad. Así, la vida es la mayor mentira de todas, pues amigos del artificio, desconocemos la vida misma.

"El fango unánime" extrae al hombre para convertirlo en marioneta. Lo arrastra de la verdad a la mentira: es como desterrar a Dios de las aguas celestiales para someterlo a las pajas mentales del Infierno. El verbo nos ha ayudado a facilitar el camino hacia el malentendido, pues es el desvelador de secretos, el desentrañador de misterios, el arma de impostores que hablan de sí mismos y por todos. Pero desvela y desentraña todo de forma tan malinterpretable que nuestra lucidez y cordura solamente pueden medirse por lo que callamos, algo que nunca sucede.

La Historia solamente la contamos para ensalzarnos en el presente ridiculizando el pasado, y a veces al contrario; y tal vez sea la mayor mentira y ridiculez de todas... ¿acaso la Historia no nació de la escritura, hija de la lengua? Entonces... ¿qué mejor final para la Historia que eliminar las palabras y la lengua y adentrarse en un sistema de comunicación propio, ese pseudolenguaje intransferible y auténtico, alejado de contagios externos, de juicios y de la ponzoña colectiva? Tal vez así nos alejemos de la decadencia y veamos desde la orilla como las impurezas son arrastradas por la corriente. Alejados de los malentendidos y de las pasiones que despiertan la conjunción de dos egos o más tal vez encontremos una verdadera humanidad, el verdadero valor de permanecer solos e imperturbables. Si la civilización está en decadencia es porque cada uno de los egos que la conforman no ha madurado lo suficiente como para entenderse y entregarse a sí mismo. ■