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EL AMOR EN SÍ

(Fragmento del prólogo de La Vida en el Parque, una novela de Daniel A. Ortiz)

Si el amor es darlo todo y no esperar nada, si el amor es la mayor solidaridad que existe en el reino de la humanidad, de mis palabras nace una sentencia que llena mi boca al pronunciarla: no creo en el amor porque no existe, porque se trata de una utopía de las emociones, de un sentimiento idealizado que aún no ha florecido en los hombres. Así como lo humano, que lejos de nosotros, hemos de conformarnos con soñarlo y contemplarlo en nuestra imaginación; no como imagen, sino como idea que perece en la realidad, como idea que nunca florece, como semilla en tierras de sal muera en un páramo olvidado.■

Fragmentos de EL PARASUEGRAS, una de las historias más atrevidas de Daniel Aragón Ortiz, incluídos en su libro de relatos Escorias y Cenizas


(…) Que se abra el telón, tenía diecisiete años y mi sexo rebosaba de alegría ante un paisaje fantástico: una joven rubia con una piel suave y tostada por el sol veraniego me acariciaba con su calido aliento y me introducía en el paraíso. Se llamaba Mónica y era perfecta, virtuosa, toda una hembra dispuesta con delicadeza, precisión y capricho, una creación divina que si puede parecer almibarada por su dulzura, escondía en sí misma un espíritu lúbrico digno de subyugar o de al menos de ser domado por él. Viéndola entre mis piernas, introduciéndose mi arma más preciada entre sus dientes, supe que me había enamorado. Con ella tuve mi primera experiencia, fue quien se apropió entre pechos grandes, útero infinito, rugidos de animal salvaje y labios carnosos con carmín de toda mi pureza e inocencia. Pero a pesar de haber sido despojado de cosa tan irreal ante los ojos, me sentí más pleno, más hombre si cabe, con una seguridad no experimentada anteriormente en mí.

Era el hombre más feliz del mundo, así de dichosos se sienten todos lo hombres cuando son embrujados por los encantos celestiales que aún hoy desprenden las mujeres, descendientes de ángeles. Pero no tardé en abrir los ojos, nada es tan bonito ni nada es tan real, el hombre nunca puede llegar a la totalidad de su consciencia porque siempre se pierde entre mentiras e invenciones, algunas placenteras, otras dolorosas. (…)


(…)Vitalia y yo nos veíamos en secreto, insistía en que sus padres me matarían si supieran que se veía conmigo, un hombre tan poco recomendable, bastante mayor que ella.... Mientras tanto, fornicábamos en mi casa, en mi cama, intercambiándonos el sudor, la saliva, el calor… Conmigo perdió la virginidad y conmigo se descubrió a sí misma. Me llegó a decir que nunca se había sentido una mujer porque ningún hombre la había tratado como tal, y yo no solamente la trataba como una mujer, sino como lo que era: un Ángel, un ser celestial, una domadora de hombres. Su belleza era grandilocuente, seres de otras culturas podrían haberle hecho culto, pero cuando hacíamos el amor su belleza alcanzaba otro nivel, un nivel imposible, indescriptible, sobrenatural.

Una tarde, Vitalia quiso dominarme. Había descubierto su naturaleza y una seguridad pasmosa que la convertían en un ser peligroso. Se posó en mi regazo, dejando sus pies caer detrás de mi espalda, unió sus senos contra mi pecho, sus uñas me arañaban la espalda, nuestros glúteos estaban apoyados en el suelo y yo estaba erecto como los pelos de un erizo. Abrazados e impetuosos, nos besábamos alocadamente y su sexo se precipitó sobre el mío y empezó a galopar y a dirigirme. Pero me sentí tan humillado, las mujeres nunca follan a los hombres, ellas siempre son folladas, ¡aquí solamente follo yo! Agarrada con fuerza y nervio contra mi pecho, no me dejó otra alternativa que despojarme de ella violentamente y agarrarla y penetrarla por detrás como a una perra para enseñarle quién era El Señor, su Amo, su Dueño, su Hombre, su Guerrero… Gritó más que nunca, sufrió como nunca, le dolía como nunca, pero acabó gustándole y pidiéndome más y más. Por delante, por detrás, ya poco le importaba, cualquiera de sus orificios le daba placer, había sucumbido al vicio, pero a su vez me era fiel y me hacía culto, ¡y aquella fue la mayor victoria que un ser como yo podía tener sobre un ángel!.

Un día diferente, fui a casa de Vitalia a dejar unas cajas de fruta. Ella me esperaba y me invitó a su cuarto. Accedí nervioso y en su cama de niña adolescente le hice el amor, tirando al suelo peluches y fotografías de metrosexuales amariconados. Agarré su trasero y le di su merecido, y me gritaba ¡más fuerte!, ¡más fuerte!, y yo la azotaba y la revolvía con violencia a la vez que aullábamos estremecidos de placer.(…)■

Libertad, miedo y nacionalismos. Erich Fromm y el miedo a la libertad (II)

Resumen de uno de los debates de Foro Identidad.
http://foro-identidad.blogspot.com/2007/10/asociacin-foro-identidad-prximo-foro.html


En este debate, segunda parte de “EL MIEDO A LA LIBERTAD”, comenzamos con una reseña cinéfila bastante inesperada y de una fuerza expresiva que rápidamente nos puso sobre el terreno. La reseña hizo referencia a la película “Lo que el viento se llevó”. La criada de Escarlata, una mujer de piel negra y esclava, le dijo, ¿a dónde voy yo ahora?, después de que su ama quedara en la ruina después de la revolución de esclavos que fue la guerra de secesión norteamericana. La criada se sentía segura con su yugo, era como si siendo libre fuera a conseguir inseguridad, miedo y un futuro tormentoso.

El miedo te lo imbuye la sociedad que te rodea y quien quiere dominarte, es casi un método educativo, un medio donde el trauma puede ser determinante en el crecimiento del ser humano y un mecanismo de determinación de los impulsos, de los movimientos y de las decisiones de los individuos. ¿Acaso El Hombre del Saco, por ejemplo, además de tener una base real, no es una forma de inocular miedo en los niños, de convencerles de que no salgan a ciertas horas, que no vayan por ciertos sitios y se vayan a dormir? ¿Acaso no es el odio al gitano o al negro o al extranjero mismo de cualquier color o raza una conclusión formulada por el miedo que inculcan a muchos otros muchos que dicen que son escoria, ladrones o algo peor? ¿No es entonces el nacionalismo una reacción de miedo frente a otras civilizaciones, culturas o etnias, creando una barrera de confrontación violenta para ser claramente diferenciados, siendo los términos arraigamiento y pureza los más sublimes (para los nacionalistas) y no a lo mejor los términos de mejor uso para el caso? El miedo es producto de la educación, una educación que provoca a veces la propia ignorancia, una ignorancia dispersada por todo el mundo con brillantes resultados.

Por otra parte, es en la familia donde más se coarta la libertad, como ya ha podido entreverse en lo anterior. Dentro de la familia, el modelo más predominante es el simbiótico, donde unos seres absorben a otros, donde unos funcionan como modelos a seguir. La educación no se basa en que cada individuo tenga unas ideas propias sino en que el hijo responda a las mismas características que sus progenitores o ascendientes. De la misma forma, el nacionalismo intenta inculcar generación tras generación sus símbolos, sus tradiciones, creado sus propios héroes o ejemplos a seguir por toda una nación.

Reincidiendo en el nacionalismo, y rozando esta vez la figura de Fromm, éste asume lo primero como una huida de la libertad. Debemos tener en cuenta que vivió la primera guerra mundial (auge del nacionalismo europeo, así como en el s. XIX) con catorce años y que a los doce años muere su padre. ¿Pero por qué es una huida de la libertad? Porque uno deja de lado toda su independencia para condenarse a la servidumbre de una bandera y a la visión monotemática de la grandeza de su pueblo, de su territorio y de su lengua. Así mismo, el nacionalismo es un sentimiento de comunidad, que bien llevado no tiene por qué suponer el rechazo hacia el otro, sino una sensación de amor propio que defiende su propia identidad, y no tiene por qué ser violento, ni radical. Pero dicho lo dicho, surge la idea de la no identificación, del apatriotismo, del ser apátrida, del ser que no tiene sentimiento de comunidad en sus sienes, que no se siente de ninguna parte, quien es, sin duda, el más libre de todos, al menos libre de ser nacionalista, de ser patriota, libre de una bandera, de una nación, de una masa; aunque nadie, por muy apátrida que sea, escapa a las vicisitudes de la historia que le rodea.

Para concluir, recalcar que el hombre tiene miedo desde que nace porque desconoce que el único respeto a la libertad reside en no imponer y no padecer el miedo, aunque a veces resulta muy difícil, demasiado complicado, imposible.■

PROMESAS DEL ESTE


Promesas del Este es la última película del aclamado David Cronenberg, que ha contado con las interpretaciones de un fuerte elenco de actores, entre ellos: Viggo Mortensen (Nikolai Luzhin), Naomi Watts (Anna Khitrova), Vincent Cassel (Kirill), Armin Mueller-Stahl (Semyon), Sinéad Cusack (Helen), Jerzy Skolimowski (Stepan), entre otros.

Se trata de una cinta que trasciende lo mafioso, porque tiene su profundidad, su reflexión, su punto moral y por supuesto el bien y el mal son de dudosa procedencia y de difícil distinción. Abusos, tráfico, asesinatos, ajustes de cuentas, parece que nada falta en esta gran película. Entre los temas que trata podemos destacar el desarraigo, las miras de hacer un mal para conseguir un bien mayor...

La película tiene un mensaje reivindicativo y nace de una esencia violenta y cruel. Trata los submundos de lo miserable, donde los ricos también son miserables e intérpretes del propio submundo de pobreza. El abuso de una menor, traída del Este para hacer de ella toda una prostituta, que posteriormente tuvo un hijo producto de su violación, y la existencia de un diario que involucra a magnates mafiosos del submundo de la miseria desencadena toda la cadena de vicisitudes que unirán las vidas de varios personajes. En esos entrecruzamientos entre personas con vidas distintas se desprende un acercamiento humano, donde también se desprende la soledad. Producto de esa soledad surgen frases como, "El mejor regalo que me puedes hacer es un regalo en navidad, no tengo a nadie" (o algo así, no lo recuerdo con exactitud); y es que la soledad forma parte de la tragedia de todos los personajes, una soledad que deriva a miedo, a desarraigo y a dolor, a mucho dolor, que debe ocultarse junto con los sentimientos bajo llave, y no para ser más fuerte muchas veces, sino para ser aún más miserable.

En fin, no sé qué más deciros, no me gusta destrozar las películas y lo interesante y lo que más me inspiraría a escribir está en los fotogramas de la cinta. Tal vez no es la mejor película de Cronenberg, pero no por ello deja de ser mala, es un trabajo muy digno donde Viggo Mortensen sale como nunca dando vida a un personaje de forma magistral y con una fuerza apabullante. Sin más, os animo a que veáis esta película y que salgáis tan contentos como yo del cine.■