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LA OTRA CANCIÓN DEL BAILE



El texto de Nietzsche que podréis leer a continuación es sin duda uno de los pasajes más bellos de Así Habló Zaratrusta, así que poco puedo decir que no diga por sí mismo. Y no vayan a pensar que voy a dejar de escribir por falta de energía; palabras y más palabras tendría para este bello canto a la filosofía y a la literatura. Simplemente no quiero estropear con mi tenue pluma, aún por madurar, un texto de tanta fuerza y voluptuosidad. Que hable Nietzsche por sí mismo, aunque sea en castellano:

«En tus ojos he mirado hace un momento, oh vida: oro he visto centellear en tus nocturnos ojos, –mi corazón se quedó paralizado ante esa voluptuosidad:

»–¡Una barca de oro he visto centellear sobre aguas nocturnas, una balanceante barca de oro que se hundía, bebía agua, tornaba a hacer señas!

»A mi pie, furioso de bailar, lanzaste una mirada, una balanceante mirada que reía, preguntaba, derretía:

»Sólo dos veces agitaste tus castañuelas con pequeñas manos –entonces ya se balanceó mi pie con furia de bailar.

»Mis talones se irguieron, los dedos de mis pies escuchaban para comprenderte: lleva, en efecto, quien baila sus oídos –¡en los dedos de los pies!

»Hacia ti di un salto: tú retrocediste huyendo de él; ¡y hacia mí lanzó llamas la lengua de tus flotantes cabellos fugitivos!

»Di un salto apartándome de ti y de tus serpientes: entonces tú te detuviste, medio vuelta, los ojos llenos de deseo.

»Con miradas sinuosas –me enseñas senderos sinuosos; en ellos mi pie aprende – ¡astucias!
Te temo cercana, te amo lejana; tu huida me atrae, tu buscar rehace detenerme: –yo sufro, ¡mas qué no he sufrido por gusto por ti!

»Cuya frialdad inflama, cuyo odio seduce, cuya huida ata. Cuya burla –conmueve:

»–¡quién no te odiaría a ti, gran atadora, envolvedora, tentadora, buscadora, encontradora! ¡Quien no te amara a ti, pecadora inocente, impaciente, rápida como el viento, de ojos infantiles!

»¿Hacia dónde me arrastras ahora, criatura prodigiosa y niña traviesa? ¡Y ahora vuelves a huir de mí, dulce presa y niña ingrata!

»Te sigo bailando, te sigo incluso sobre una pequeña huella. ¿Dónde estás? ¿Dame la mano! ¡O un dedo tan sólo!

»Aquí hay cavernas y espesas malezas: ¡nos extraviaremos! -¡Alto! ¡Párate! ¿No ves revolotear búhos y murciélagos?

»¡Tú búho! ¡Tú murciélago! ¿Quieres burlarte de mí? ¿Dónde estamos? De los perros has aprendido este aullar y ladrar.

»¡Tú me gruñes cariñosamente con blancos dientecillos, tus malvados ojos saltan hacia mí desde ensortijadas melenitas!

»Éste es un baile a campo traviesa: yo soy el cazador –¿tú quieres ser mi perro, o mi gamuza?

»¡Ahora, a mi lado! ¡Y rápido, maligna saltadora!

»¡Ahora, arriba! ¡Y al otro lado! –¡Ay! –¡Me he caído yo mismo al saltar!

»¡Oh, mírame yacer en el suelo, tú arrogancia, e implorar gracia! ¡Me gustaría recorrer contigo –senderos más agradables!

»–¡senderos del amor, a través de silenciosos bosquecillos multicolores! O allí a lo largo del lago: ¡allí nadan y bailan peces dorados!

»¿Ahora estás cansada? Allá arriba hay ovejas y atardeceres: ¿no es hermoso dormir cuando los pastores tocan la flauta?

»¿Tan cansada estás? ¡Yo te llevo, deja caer tan solo los brazos! Y si tienes sed –yo tendría sin duda algo, ¡mas tu boca no quiere beberlo!

»–¡Oh esta maldita, ágil, flexible serpiente y bruja escurridiza! ¿a dónde has ido? ¡mas en la cara siento, de tu mano, dos huellas y manchas rojas!

»¡Estoy en verdad cansado de ser siempre tu estúpido pastor! Tú bruja, hasta ahora he cantado yo para ti, ahora tú debes –¡grita para mí!

¡Al compás de mi látigo debes bailar y gritar para mí! «Acaso he olvidado el látigo? –¡no!»


(ASÍ HABLÓ ZARATRUSTA, de Friedrich Nietzsche. Alianza Editorial, veintidós edición en «El libro de Bolsillo», nº612. Fragmento completo -punto 1- del capítulo La otra canción del baile, págs. 314-316)■

USO DE LA LIBERTAD, CONTROL DEL MIEDO Y PESEBRISMO: ERICH FROMM Y EL MIEDO A LA LIBERTAD.





Esta semana hemos vuelto a tratar a Erich Fromm mediante una de sus obras, “El Miedo a la Libertad”. Esa obra ha sido más bien una excusa que nos ha llevado igualmente a hablar sobre Orwell (y su “1984”) y el pesebrismo, temas que han sido el centro de atención durante estas últimas semanas.

Se empieza hablando sobre el pesebrismo, pronunciándose una breve sentencia: «…es el que alaba a quien le paga»; continuando con otra sentencia, ya teledirigida haciendo alusiones a Erich Fromm y a la realidad de muchos artistas o pseudoartistas: «El miedo a la libertad es el miedo a que el pesebre te deje de dar de comer». Esto encierra al individuo en un miedo en el que el peloteo se hace un mecanismo de supervivencia, un medio mediante el cual uno recibe para comer y el otro recibe para su ego. ¿Y cómo se llama esto? Pues para el que no cree en los principios de su pesebre, podemos hablar de una AUTOCENSURA que se está imponiendo, mediante la cual se consigue ceder sin mucha fricción.

El momento más caliente, dinámico y apasionado del debate se produjo cuando los contertulios afrontaban, intentando profundizar con minuciosidad quirúrgica, un término tan ético como controvertido, como lo es la LIBERTAD. La frase que produjo tal turbulencia, siempre en un sentido positivo, fue la discutida frase de Lenin: «LIBERTAD PARA QUÉ»; «¿Acaso la libertad se puede aparcar?, ¿el pueblo a trabajar y las minorías a gobernar?, ¿no condicionó esa frase el posterior desarrollo de la Unión Soviética», se preguntaba uno de los contertulios. Otro respondió diciendo que EL HOMBRE NUEVO se quedó en el primer estadio, no se pudo dar el paso a la libertad. Además, después de la Revolución Rusa se dio prioridad a las necesidades vitales en lugar de a la libertad. «¿Pero acaso se podían permitir la libertad después de una Revolución saliendo de donde salían?, ¿Acaso no era el peor momento para la libertad cuando la prioridad era la industrialización y erradicar el hambre, además de la reconstrucción y reorganización del país?», dijo otro de los contertulios en alusión de que después de una Revolución un país se encuentra debilitado y se deben coger las riendas. Nadie sabe hasta dónde habría llegado Lenin pero lo que sí es seguro, y como afirmó uno de los contertulios: «La libertad y un sistema democrático no tiene por qué ser tal y como se entiende hoy en día en el mundo occidental. Precisamente puede ser que en Occidente se viva menos la democracia y la libertad, puesto que no participamos de la vida democrática, relegando nuestro destino cada cuatro años a unos supuestos profesionales de la política: es una dictadura con “números aleatorios”. Y lo que es peor, en las sociedades democráticas se hace del miedo una filosofía para tenernos siempre tensos, alerta y con mucha incertidumbre, empezando con la televisión (que nos atonta y nos inunda de temores) y terminando con los abusivos precios de la vivienda y las más abusivas todavía clausuras de los bancos con la hipoteca, sin las continuas subidas de precios, etc.»

En la novela de Orwell, “1984” se habla muchísimo del miedo a la libertad, de hecho, el miedo es el denominador común de la novela de principio a fin: «Las antiguas civilizaciones sostenían basarse en el amor o en la justicia. La nuestra se funda en el odio. En nuestro mundo no habrá más emociones que el miedo, la rabia, el triunfo y el autorebajamiento» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.261) Y tras esa comprensión de vivir siempre con miedo, se plantea lo siguiente: ¿No está el miedo en TODO en el momento en el que existe una jerarquía, es decir, una escala de poder?, ¿y cómo va a frenarse el propio poder? El poder se podría frenar a sí mismo si respetara al poder judicial, pero es que nos encontramos en una lucha de poderes: el ejecutivo contra el judicial, el legislativo contra el ejecutivo…; al final todo se convierte en un todos contra todos. Aunque todo sea dicho, sentado en el ejecutivo se puede manejar al judicial, poniendo a sus amigos jueces a dedo en las salas constitucionales y en las cámaras tribunales más elevadas del Estado. Lo que significa que la practicidad de la división de poderes o legalidad de su actividad está en duda.

En cuanto a la hegemonía del concepto de libertad de Occidente, uno de los contertulios habló en los siguientes términos: «Mi libertad es buena, la tuya es mala: esa es la idea del capitalismo y la democracia Occidental» Una idea que se basa en la libertad de compra-venta y que se mide según el capital del que puedes disponer. Esa es sin duda la libertad de Occidente. Pero la libertad puede servir igualmente para hacer una sociedad más justa. De hecho, el poder tiene miedo a la libertad, y ¿qué ocurre entonces?: «el poder intenta adueñarse de la cultura y de todo acto verdaderamente libre, naciendo así el pesebrismo». Y esa adueñación puede ser violenta, amenazando a los artistas, o a través de otra forma más sibilina y no menos cruel: mediante la compra del artista o minándolo con el descrédito hasta que ceda y se deje comprar o luche hasta ser destruido. Se dice que en los autoritarismos la patada se vienen vivir, sin embargo en la sociedad democrática occidental no, lo que no quiere decir que no existan mecanismo de coartación y sojuzgación al individuo, que no es libre en sí mismo, sino que depende de otros: del que le dé trabajo, del que le dé casa, del que le dé la hipoteca… Y es que la democracia te deja hacer de todo: quejarte, patalear… pero al final al poder le da igual, hará lo que quiera: es el simulacro. Nuestro sistema de libertades es una pantomima en el que puedes quejarte, pero esa queja si la quieres llevar adelante te empujará a una odisea y a un montón de trabas. Por lo tanto, el Estado de derecho queda en entredicho, un estado de derecho en el que la ley es igual para todos pero todos no somos iguales ante la ley. Además, el capitalismo da rienda suelta a una actividad muy corrupta mediante el capital, y encima medio consentida, pues parece una práctica común y de lo más normal hasta que esta trasciende a los medios fácticos como la prensa, la televisión o la radio y de repente todo el mundo parece muy honrado.

Hoy en día existe una dictadura del miedo, aunque existe la libertad de sentir miedo. ¿Y qué miedos existen hoy en día frente al poder? Pues el miedo a enfrentarte a tu jefe, el miedo a defender tus derechos, el miedo a hacer uso de la libertad de expresión… Y eso es algo muy patente, es la AUNTOCENSURA (que casi equivaldría al doblepensar haciendo analogía con la novela 1984) de la que hablamos antes. Por ello, la libertad debe usarse valientemente, pues con miedo no se podrá hacer un buen uso de la libertad.

El discurrir del debate da marcha atrás y vuelve a la faltad de libertades en la URSS. Uno de los contertulios es tajante: «Durante la Guerra Fría no existían libertades ni en EE.UU. ni en la URSS. ¿Acaso nadie se acuerda del Comité de Actividades Antiamericanas? Y lo que es peor, ¿nadie recuerda -y esto antes de la Guerra Fría- los campos de concentración de japoneses en terreno norteamericano durante la segunda Guerra Mundial, muchos de ellos ciudadanos norteamericanos de pleno derecho? Y si me permiten, y posterior a la Guerra Fría, ¿qué es Guantánamo?» Es decir, Occidente no puede presumir precisamente de libertades y de democracia por muy abanderado que se haga de tal cruzada. Si acaso puede presumir de la idea romana se hombres libres y de esclavos, en el que existía hombres con derechos y hombres convertidos en escoria.

Pero en realidad, a nadie le conviene combatir al poder. Porque todo sea dicho, mientras todo el mundo pueda hacerse de multitud de cosas inútiles parece que no hay nada que temer. Vivimos en la sociedad del desahogo que no es sino parte del simulacro (del simulacro de la libertad), parafernalia del poder para tener a los hombres y mujeres bien sumidos bajo su cuna de control y obediencia inconsciente. Estamos manejados, el Pastor nos guía, pero pocos se dan cuenta y mucho de los que se dan cuenta se dejan llevar, ¿Y por qué?, pues por miedo y porque estamos demasiado bien alimentados; somos, en definitiva, como mascotas obedientes que temen a la vez que dan gracias a su dueño.■

EL ANTIPESEBRISTA IDEOLÓGICO Y EL SERCREATIVO CONVERSO


Como prometí en un anterior artículo, DE LA OBRA A LA COSA Y EL HOMBRE ANTIPESEBRISTA, abordaré dos nuevos tipos de intelectual: al antipesebrista ideológico y al sercreativo converso.

El primero de ellos es uno de los antipesebrista más puros, pues son activos, tienen fe y convicción en lo que hacen. Como dijo uno de mis compañeros de viaje dentro del seno de Foro Identidad, Juan Dianes, uno de los aspectos fundamentales del Antipesebrista debe ser que es ACTIVO y no reactivo. Es decir, un antipesebrista de cara al poder puede apoyarlo activamente sin reservas pero si el poder actúa de forma inconveniente el antipesebrista puede verlo como una traición y dejar de apoyarlo. Es decir, el antipesebrista ideológico no sirve al poder en sí mismo, sino a unos ideales, a su propio proyecto de vida, lo que les convierte en fuertes exponentes político-culturales que cuestionan contantemente al poder. Ejemplos hay muchos, como lo pueden ser George Orwell, Reinaldo Arenas, Miguel Hernández, etc. Hoy en día escasean hombres y mujeres de esta índole, pues quienes no sirven al pesebre político lo hacen al pesebre editorial, discográfico o a cualquier grupo de producción cultural-artístico. Es decir, lo que ahora reina es una actividad cultural REACTIVA o PASIVA sumida en la desidia y en la falta de crítica, lo que no quiere decir que no existan excepciones, que de hecho las hay. Es más, existen productoras de cualquier tipo de creación cultural que pueden tener una ética antipesebrista, cuya característica es la independencia que dan a sus creadores y la no adherencia a ningún tipo de poder en la medida de lo posible. La Independencia y el ser ACTIVOS es lo que, en definitiva, puede definir al antipesebrista, incluyendo, cómo no, al antipesebrista ideológico.

Siguiendo con el sercreativo converso, deciros que es un antipesebrista espurio, bajo sospecha, y que no tiene ninguna credibilidad, aunque ésta puede llegar a base de trabajo. Han sido sirvientes del pesebre, por lo tanto nos encontramos ante hombres y mujeres que han sido reactivos y pasivos que no han protestado ante nada, aunque si gastaron en halagos, en agasajos y en zalamerías. Cómo no, fueron seres curtidos en el peluseo y en el trenecito y forman en su mayoría viejas glorias del cuarto oscuro de la cultura, que no es otra cosa que la cultura sin fin, es decir, la cultura sin mensaje y con sumisión al poder.

Estos sercreativos pueden llegar por dos vías. La primera de ellas es el desengaño, es decir, pueden hartarse en cierto momento del poder al darse cuenta de que sirviéndoles no son realmente artistas o intelectuales y que sus obras son resultado de una sumisión política e ideológica que no encaja con sus personalidades, ni siquiera con la vida cultural. Éstos, de alguna forma, se habían subido al carro del pesebre para poder sobrevivir, y sus grandes creaciones llegan de forma tardía, cuando ya pueden elaborar su arte de forma libre y sin órdenes.

La segunda vía es el despecho. Estos sercreativos son los más impuros, de repente se convierten en intelectuales con conspicuos argumentos en contra de su antiguo pesebre y de los pesebres en general. Han sido maltratados por el pesebre y actúan vengativos y con odio. No son intelectuales en sí mismos, solamente pseudointelectuales que quieren dar a su vida cultural cierto matiz rebelde y antipesebrista para maquillar sus biografías de cara a las enciclopedias.

Para concluir, he de categorizar que el antipesebrista ideológico es un auténtico antipesebrista, mientras que el antipesebrista converso nos ofrece una de cal y otra de arena: por un lado pueden ser verdaderos antipesebristas pero por otro lado son farsantes, pseudointelectuales de teatrillo disfrazados de antipesebrismo.■

1984 (PARTE IV)

Llegamos a la cuarta y definitiva parte de este análisis sobre la novela 1984. Mucho se puede hablar sobre las palabras de Orwell y poco se ha dicho en El Mundo de Daorino. Lo que he intentado construir es simplemente un análisis lo bastante decente para que el mensaje de Orwell llegue un poco más a la sociedad actual, y espero haberlo conseguido. Sin más, seguiremos ahondando en el miedo y en el odio, hasta encerrarnos en la habitación 101, donde diremos adiós a la claustrofóbica y asfixiante sociedad de 1984.■


VIII
1984, STALIN Y EL IMPERIALISMO

«La Historia empezó en el sesenta y tantos, en el período de las grandes purgas, en el cual los primitivos jefes de la Revolución fueron suprimidos de una sola vez. Hacia 1970 no quedaba ninguno de ellos, excepto el Gran Hermano. Todos los demás habían sido acusados de traidores y contrarrevolucionarios. Goldstein huyó y se escondió nadie sabe dónde» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.81)

Inevitablemente, este fragmento de la novela me sugiere la traición de Stalin a la simiente primogénita de la Revolución Rusa y del bolchevismo; primero a Marx como ideólogo del comunismo y a Lenin como camarada y como uno de los padres de la Revolución, aportando sus tesis a los postulados marxistas y ampliando su riqueza conceptual. Esta traición se expande a otros muchos, como a Trotsky.

Lenin desarrolló su idea de Imperialismo intentando explicar las causas de la Primera Guerra Mundial. Según éste, el Imperialismo es el paso siguiente del capitalismo, su evolución natural. Hoy en día se convierte más que en un presagio o interpretación a priori de la historia, es una realidad total que llamamos Globalización y que no es otra cosa que el Imperialismo económico, tutelado por los países occidentales y subvencionado con la guerra.

En 1984 uno de los objetivos de los tres bloques en contienda era la conquista del mundo, el control total y absoluto de cada gramo de tierra, agua y aire, así como la dominación de todo ser viviente. Por lo tanto, en 1984 el Imperialismo es un objetivo que se muestra sin tapujos y que a su vez va en contra de sus intereses, pues la total dominación conllevaría el final de toda beligerancia, lo que provocaría la sobreproducción y la puesta en peligro de la continuidad de la Jerarquía Social, la desigualdad, el miedo y el control absoluto. Hoy en día, la metáfora de Orwell también tiene sus ecos. El Imperio nos quiere infestar de odio y miedo, nos quiere dominar mediante suculentos productos, a la vez que nos agobia con supuestas crisis y con desinformaciones premeditadas. A su vez, vivimos en una sociedad cada vez más controlada, donde la violencia generada supone una excusa para el control social, lo que genera a su vez más inquietud, más miedo y más odio y menos libertades.■


IX
EL ODIO Y LA TORTURA Y
LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD


Como ya hemos citado con anterioridad hasta la saciedad, la base de la sociedad de 1984 es el odio, lo que se atestigua con la siguientes palabras de la novela de Orwell:

«Las antiguas civilizaciones sostenían basarse en el amor o en la justicia. La nuestra se funda en el odio. En nuestro mundo no habrá más emociones que el miedo, la rabia, el triunfo y el autorebajamiento» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.261)

Por lo tanto, 1984 es una sociedad cruel, donde la humillación a uno mismo y la obediencia sin fisuras funcionan como las dos grandes virtudes que debe cultivar cada ciudadano. El odio hacia lo ajeno y a la vez el autoflagelamiento recuerdan a las fauces más negras de la Historia, donde el Hombre se sumergía en la miseria y en la humillación, a veces casi voluntaria, pues era la única forma de seguir viviendo o de vivir bien consigo mismo. Es terrorífica la visión que nos abre la novela, pues no solamente se coarta la libertad humana, sino su propia capacidad de ser un ser humano, arrancando de raíz las emociones más dignas y puras, más gratificantes y bellas que esconde el hombre.

Pero la crueldad de 1984 va más allá. A los que sufren un chispazo, un despertar, les espera un futuro mucho más humillante que la propia sumisión al Partido. Da igual por donde te muevas, por dónde y cómo te escondas o lo bien que finjas, pues la Policía del Pensamiento acabaría cogiendo a cualquier rebelde. A los que son hechos presa, a esos seres que se han rebelado con cualquier gesto de libertad, les espera una tortura que va más allá de lo desmedido. Es más que psicológica, va más allá de toda palabra. Resúmase así el suplicio al que son sometidos los herejes:

«-Dime –murmuró Winston-, ¿cuándo me matarán?
-A lo mejor tardan aún mucho tiempo- respondió O´Brien-. Eres un caso difícil. Pero no pierdas la esperanza. Todos se curan antes o después. Al final te mataremos»
(1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.267)

Primero te curan, luego te matan; de esa forma se resume la mayor de las crueldades. Si el sistema descubre que no comulgas con sus principios, que eres una ovejita descarriada, el Partido te humillará hasta llevarte por el buen carril. Imagínense a un dictador fascista torturado por un policía marxista y que el segundo acabara convenciendo al primero de que es comunista. Pero no es solamente convencerle de que lo diga, sino de que lo diga con fe de que lo es realmente. Eso va más allá de un rebajamiento, es la mayor de las torturas psicológicas, con lo que se demuestra que el odio y el miedo funcionan y que gobiernan más que las personas; es más, gobiernan a las personas, hacen que hinques la rodilla. Por ello, la única libertad es la esclavitud, es decir, es como ser libre para ser pobre, pues es lo único permitido, lo único que vale: la sumisión total.■


X
CONCLUSIÓN: LA HABITACIÓN 101



Orwell apela constantemente a la igualdad como única forma para mantener unas relaciones sociales estables y fructíferas, sin peleas ni disputas tediosas e innecesarias: «Donde hay libertad puede haber sensatez» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.214), nos dice; apela, igualmente, al sentido común. El sentido común es seguir la lógica de no hacer daño a tu semejante, de saberte igual que los demás (pues todos tenemos las mismas necesidades) y de convivir con armonía para llegar a una felicidad duradera y estable. «La mayor de las herejías era el sentido común» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.86), diría Orwell. Resulta increíble que una sociedad como 1984 pueda vivir ajeno al sentido común. El sentido común es la base Natural y primordial de la Ley, de toda Ley establecida por el hombre para hacer la sociedad más estable y que todo acto delictivo sea punible. Extrapolado todo esto al plano de nuestra realidad, nos damos cuenta de que el sentido común está encadenado, existe pero no reina, no es el motor de la Historia. El sentido común es la sensatez, y nos encontramos ante un mundo desigual, donde la felicidad se contabiliza en la cantidad de cosas inútiles acumuladas por cada uno. Parece, pues, que en la sociedad de 1984 todo va dirigido en contra del sentido común, desde la neolengua al doblepensar pasando por la guerra y...

Nuestra sociedad actual es una Habitación 101 de dimensiones globales, ¡¡nuestro planeta es la habitación 101!!. Allí te infligen el mayor de tus temores para dominarte, para que te arrodilles y pidas auxilio. Sientes tanto miedo que te aferras a tu peor enemigo para que te salve. Ese es el poder del miedo y ese es el secreto de Ingsoc. Al partido le da igual que le odies, lo que le importa realmente es tenerte atado, saberte desprotegido para que bebas de su mano. En nuestra realidad es lo mismo. El miedo al que nos someten es bestial, uno a veces piensa si es buena idea salir a la calle, pues parece que está llena de asesinos, de ladrones y de proxenetas. Pero el mayor de los miedos en la sociedad actual es la incertidumbre a la que nos someten, pues la estabilidad social no existe realmente, vivimos en un bienestar débil que parece poder derrumbarse en cualquier momento. Nuestra vida es la misma que la de un trapecista sobre su fina cuerda.

Al final de la lectura de 1984, me dije, un tanto frustrado y desalentado, pensando en la época que me ha tocado vivir: «¿Para qué sirve el poder?, ¿para qué tanto poder? En definitiva, ¿por qué el poder mismo de las cosas y sobre las cosas?, ¿por qué el afán de unos hombre por dominar a otros? Respuesta: porque así lo deciden tanto los que dominan como los que se dejan dominar y porque el instinto humano es cruel, territorial, celoso y destructor»

Y para concluir, que sirvan estas palabras de la novela 1984 para mayor desasosiego e incertidumbre, pues parece que al final el porqué de la obra de Ingsoc queda entre interrogantes, adornando una incógnita entre paréntesis que no puede despejarse:

«Pero hay una cuestión que hasta ahora hemos dejado a un lado. A saber: ¿por qué ha de ser evitada la igualdad humana? Suponiendo que la mecánica de este proceso haya quedado aquí claramente descrita, debemos preguntarnos: ¿cuál es el motivo de este enorme y minucioso esfuerzo planeado para congelar la historia de un determinado momento?

»Llegamos con esto al secreto central. Como hemos visto, la mística del Partido, y sobre todo del Partido Interior, depende del doblepensar. Pero a más profundidad aún, se halla el motivo original, el instinto nunca puesto en duda, el instinto que los llevó por primera vez a apoderarse de los mandos y que produjo el doblepensar, la Policía del Pensamiento, la guerra continua y todos los demás elementos que se han hecho necesarios para el sostenimiento del Poder. Este motivo consiste realmente en…»
(1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.210)■

Enlaces de interés:
-
1984 (PARTE I)
-
1984 (PARTE II)
-
1984 (PARTE III)

1984 (PARTE III)

Como pudimos leer en la primera y segunda parte de este análisis sobre la obra 1984 de Orwell, el odio sigue centrando cada punto a abordar. Es sin duda el denominador común de 1984, alrededor del cual gira todo lo demás. En esta tercera parte nos ceñiremos en la jerarquía social, en la configuración mundial y en los objetivos del Partido, entre otras cosas. Sin duda, todo análisis se quedará corto, pues sobre 1984 se podrían escribir libros enteros.■


VI
LA GUERRA ES LA PAZ:
EL OBJETIVO DEL PARTIDO Y LA GUERRA CONTÍNUA


En 1984 el desarrollo tecnológico se sostiene en la guerra: la destrucción es el fin supremo de toda técnica, es, de hecho, lo que justifica la existencia de la ciencia. Esto es solamente el reflejo de la ciencia del s. XX. Sin la guerra la aviación no se habría desarrollado tan rápido, así como la tecnología naval. En los laboratorios se han generado armas mortíferas, ya sean mediante átomos o virus, y no digamos la carrera espacial, si el hombre llegó a la luna o si un ruso fue el primero en orbitar la tierra como una mosca suele marear con sus vuelitos fue gracias a la guerra, al odio, al miedo… Porque al fin y al cabo la ciencia sirve a los principios del miedo y del odio, al menos a la así descrita en 1984. Bien sabemos que la ciencia médica y doméstica han avanzado con creces, lo cual ha supuesto un crecimiento en nuestro nivel de vida, pero también es cierto que también se ha visto empañada por logros un tanto indignos. Lo descrito en 1984 es la ciencia al servicio del mal, de la maldad, una sombra no demasiado exagerada de la realidad.

La finalidad del Partido se podría definir con la siguiente cita: «Las dos finalidades del Partido son conquistar toda la superficie de la Tierra y extinguir de una vez para siempre la posibilidad de toda libertad del pensamiento» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.192) La primera se sabe imposible porque no convendría al motor de la economía: una vez conquistado todo no se podría producir, no se podría destruir, la máquina económica se pararía y todo el subsistema social se derrumbaría. Todo esto lo sabían muchos miembros del Partido pero lo anulaban mediante el doblepensar. Además, ese objetivo utópico de conquista total hacía valer la guerra continua y la actitud exacerbaba a las masas, fanáticas y enérgicamente contundentes.

El Mundo de 1984 se divide en tres bloques, y en los diversos bloques el motor de la economía es la guerra. No sólo es el motor de la economía, sino la forma de mantener a la sociedad al límite, lo que hace que la jerarquía social se mantenga y todo sea mejor sometible mediante el miedo y el odio. Se da la paradoja, por lo tanto, de que los tres bloques funcionan como aliados aunque estén en constante guerra, como podremos leer en el siguiente fragmento, donde también se alude a la integridad cultural, bien a mantener y que hace referencia a la identidad y al nacionalismo:



«(…) Eurasia podría conquistar fácilmente las Islas Británicas, que forman parte, geográficamente, de Europa, y también sería posible para Oceanía avanzar sus fronteras hasta el Rin e incluso hasta el Vístula. Pero esto violaría el principio –seguido por todos los bandos, aunque nunca formulado–, de la integridad cultural. Así, si Oceanía conquistara áreas que antes se conocían con los nombres de Francia y Alemania, sería necesario exterminar a todos sus habitantes –tarea de gran dificultad física– o asimilarse una población de centenar de millones de personas que, en lo técnico, están a la misma altura que los oceánicos. El problema es el mismo para todos los superestados, siendo absolutamente imprescindible que su estructura no entre en contacto con extranjeros, excepto en reducidas proporciones con prisioneros de guerra y esclavos de color. Incluso el aliado oficial del momento es considerado con mucha suspicacia. El ciudadano medio de Oceanía nunca ve a un ciudadano de Eurasia ni de Asia Oriental –aparte de los prisioneros¬– y se le prohíbe que aprenda lenguas extranjeras. Si se le permitiera entrar en relación con extranjeros, descubriría que sin criaturas iguales a él en lo esencial y que casi todo lo que se le ha dicho sobre ellos es una sarta de mentiras. Se rompería así el mundo cerrado en que vive y quizá desaparecieran el miedo, el odio y la rigidez fanática en que se basa su moral. Se admite, por tanto, en los tres Estados que por mucho que cambien de manos Persia, Egipto, Java o Ceilán, las fronteras principales nunca podrán ser cruzadas más que por las bombas» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.193, 194)

A su vez, el mensaje de 1984 te convence del absurdo de la guerra y de la política, si es que no son lo mismo. El nacionalismo no son sino inventos de la mente humana donde puede proyectar toda su energía paranoica, todo su fanático ego, tada su porquería.

Para concluir, el objetivo subyacente del Partido es el poder, el poder por el poder, el control total, y he ahí la desgracia de la sociedad de 1984, o de la nuestra propia, de que la persecución de ese poder no tenga un motivo o un fin, lo que hace todo más absurdo. Pero además, ese anhelo de poder por el poder no tiene vista, pues no le importa que para ello mueran miles de personas, ¿acaso no es el retrato de todas las tiranías, ya sean autoritarias o democráticas? El querer el poder porque sí, por amor al propio poder y ya está, como los padres quieren a sus hijos por el simple hecho de serlos y punto, sin que exista un motivo racional. En el siguiente fragmento se describe perfectamente la idea del poder por el poder:

«- Ahora te diré la respuesta a mi pregunta. Se trata de esto: el Partido quiere tener el poder por amor al poder mismo. No nos interesa el bienestar de los demás; sólo nos interesa el poder. No la riqueza ni el lujo, ni la longevidad ni la felicidad; sólo el poder, el puro poder. Ahora comprenderás lo que significa el poder puro. Somos diferentes de todas las oligarquías del pasado porque sabemos lo que estamos haciendo. Todos los demás, incluso los que se parecían a nosotros, eran cobardes e hipócritas. Los nazis alemanes y los comunistas rusos se acercaban mucho a nosotros por sus métodos, pero nunca tuvieron el valor de reconocer sus propios motivos. Pretendían, y quizá lo creían sinceramente, que se habían apoderado de los mandos contra su voluntad y para un tiempo limitado y que a la vuelta de la esquina, como quien dice, había un paraíso donde todos los seres humanos serían libres e iguales. Nosotros no somos así. Sabemos que nadie se apodera del mando con intención de dejarlo. El poder no es un medio, sino un fin en sí mismo. No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura. El objeto de la persecución no es más que la persecución misma. La tortura sólo tiene como finalidad la misma tortura. Y el objeto del poder no es más que el poder. ¿Empiezas a entenderme?» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.257)

Dicho todo esto, La Guerra es la Paz porque mantiene el sistema y la jerarquía social inalterables; es decir, mantienen el orden, y el orden es la paz.■


VII
LA IGNORANCIA ES LA FUERZA: JERARQUÍA SOCIAL Y DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA


Como ya hemos dejado entrever anteriormente, en el mundo de 1984 existían tres bloques, cada uno de los cuales seguía una ideología que, sin embargo, al final se traducían en lo mismo: control, dominación, esclavitud y guerra.


Pero el bloque predominante en la novela es Oceanía, cuya sociedad es la que vivió Winston y Julia, por lo que nos centraremos en ella. En la novela se hace especial hincapié en la importancia de la jerarquía social, jerarquía que se mantiene mediante la guerra y el odio, y cuyo sustento es la desigualdad, pues una sociedad no jerarquizada, según Ingsoc y el GH, no tiene futuro, no es rentable.

«Si la riqueza llegaba a generalizarse, no serviría para distinguir a nadie. Sin duda, era posible imaginarse una sociedad en la que la riqueza, en el sentido de posesiones y lujos personales, fuera equitativamente distribuida mientras que el poder siguiera en manos de una minoría, de una pequeña casta privilegiada. Pero, en la práctica, semejante sociedad no podría conservarse estable, porque si todos disfrutasen por igual del lujo y del ocio, la gran masa de seres humanos, a quienes la pobreza suele imbecilizar, aprenderían muchas cosas y empezarían a pensar por sí mismos; y si empezaran a reflexionar, se darían cuenta más pronto o más tarde que la minoría privilegiada no tenía derecho alguno a imponerse a los demás y acabarían barriéndoles. A la larga, una sociedad jerárquica sólo sería posible basándose en la pobreza y en la ignorancia» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.189)



En el esquema que os presento arriba es la famosa jerarquía social. Arriba aparece el GH, que es una especie de deidad que nadie ha visto jamás y que rige el destino de Oceanía. Es la cabeza del Partido, que aparece más abajo. Éste se divide en Partido Interior y Exterior. El primero es el cerebro, un servicio de inteligencia y control de todo que se dedica a controlar cada paso que se da en el territorio. El Partido Exterior, sin embargo, va destinada a la guerra, y por ello son las manos del Partido y de Oceanía. Es de destacar que solamente representan el 6%, o así puede uno dilucidar leyendo la novela.

En el Partido también había desigualdades, pues existía una especie de élite con ciertos privilegios, como el de poder apagar la Telepantalla durante un tiempo limitado. Esta desigualdad se hacía igualmente patente en Winston y Julia, que eran verdaderos obreros del Partido, máquinas, personas sin vida propia con jornadas laborales desorbitadas. De hecho, casi todos los miembros del Partido tenían una vida laboriosa, sin tiempo para pensar. Por ello, el chispazo de luz de Winston se presenta en la novela como todo un acontecimiento en su vida: es un chispazo de decir basta, de rebeldía, de querer ser libre. Y era preferible la muerte a vivir muerto. En definitiva, el Partido era la casta dominante y gobernante, porque, aunque más pequeña, era como las bisagras de una puerta: la puerta es más grande pero sin bisagras no puede moverse.

«Si uno ha de gobernar, y de seguir gobernando siempre, es imprescindible que desquicie el sentido de la realidad. (…) Conocimiento con ignorancia, cinismo con fanatismo» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.209)

Luego se encuentran los proles, que representan el 83% aproximadamente (incluso puede que más) de la ciudadanía de Oceanía. Era como un mundo aparte, en la novela casi parece que se tratan de seres salvajes que no conocen la neolengua ni el doblepensar, de seres que viven en plena ignorancia, y eso es lo que le da fuerza al Partido, pues así más débiles, así más fáciles de dominar. De vez en cuando los proles sufrían ataques de misiles, sin embargo, parecía que nunca había pasado nada, pues el Partido lo dejaba bien claro: si no caían misiles no caían y lo que se viera era mentira, incluso los cadáveres. Los proles eran pasionales, acudían en masa a las manifestaciones y le daban un toque festivo, de fe y culto popular a la imagen del GH. No obstante, para muchos, incluido Winston, si había esperanza estaba en los proles, menos contaminados por el apestoso y asfixiante ambiente del Partido.

En el plano económico nos encontramos ante la guerra continua como motor incombustible de la producción, tal y como ya habíamos dilucidado anteriormente. Se trata de destruir para volver a construir, de destruir lo producido, de producir por producir para que la jerarquía social y el equilibrio mundial se mantengan estables, y que con ello se mantenga igualmente la desigualdad, el control, el miedo, el odio...

«El problema era mantener en marcha las ruedas de la industria sin aumentar la riqueza real del mundo. Los bienes habían de ser producidos, pero no distribuidos. Y, en la práctica, la única manera de lograr esto era la guerra continua.

»Un acto esencial de la guerra es la destrucción, no forzosamente de vidas humanas, sino de los productos del trabajo. La guerra es una manera de pulverizar o de hundir en el fondo del mar los materiales que en la paz constante podrían emplearse para que las masas gozaran de excesiva comodidad y, con ello, se hicieran a la larga demasiado inteligentes»
(1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.190)

«En cuanto al problema de la superproducción, que ha estado latente en nuestra sociedad desde el desarrollo del maquinismo, queda resuelto por el recurso de la guerra continua, que es necesaria también para mantener la moral pública a un elevado nivel» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.202, 203)

Claro está, todo lo dicho por Orwell, siendo irreal, resulta de una veracidad histórica contrastable. El siglo XX es un paradigma económico en este sentido. Después de quedar Europa arrasada durante la Primera Guerra Mundial y después de haber sido reconstruida, la bolsa de Nueva York calló, pasando a la historia como el famoso crack del 29. La economía estadounidense obtuvo grandes beneficios vendiendo sus productos a una Europa decaída. Pero cuando Europa se hacía cada vez más autosuficiente la producción estadounidense estaba por encima de su exportación y posterior venta, es lo que llamamos superproducción (aunque sería más descriptivo sobreproducción) y que en 1984 se solucionaba con la Guerra Continua. ¿Y cómo se solucionó toda la locura del CRACK del 29? Pues mediante la Segunda Guerra Mundial y la posterior configuración de un Nuevo orden Mundial con la Guerra Fría como telón de fondo a modo de Guerra Continua, ¿pues acaso no fue una lucha soviético-estadounidense encubierta Vietnam, Corea o Afganistán? Así se mantenía la producción y el orden económico mundial equilibrado, sufriendo unos para poder vivir otros. Y es que Occidente vive de la miseria de los demás, pese a quien pese, como Ingsoc y sus seguidores de los proles y de los esclavos.

Por último, nos encontramos con los esclavos. No son un porcentaje muy amplio (no se dice en la novela), pues resulta más ventajoso eliminarlos para poder mantener la integridad cultural. No tienen mucha importancia en la vida social de 1984, apenas se citan, aunque es relevante que se nutren de prisioneros de guerra de otros superestados y de hombres y mujeres de las nuevas tierras sometidas.

Para concluir, hemos de hacer mención de uno de los principios del Partido: LA IGNORANCIA ES LA FUERZA. No solamente es la fuerza, sino la única forma de mantener fanatizada a la ciudadanía mediante la desinformación y la tergiversación y control de la Historia. En 1984 nadie sabe realmente por qué combate, nadie sabe realmente nada, solamente lo que les dice el GH y El Partido.■

Enlaces de Interés:
1984 (PARTE I)
1984 (PARTE II)