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1984 (PARTE II)



Esta semana continuamos analizando la obra 1984 de Orwell. Nos centraremos en algunos conceptos básicos de la novela y en ciertos puntos calientes de la vida social de 1984. Así, trataremos la sexualidad, la pareja, el control del pasado... para intentar adentrarnos en las entrañas de la genial novela de Orwell.


III
NEOLENGUA Y CRIMENTAL


¿Qué es la Neolengua?: «La finalidad de la Neolengua no era aumentar, sino disminuir el área del pensamiento, objetivo que podía conseguirse reduciendo el número de palabras al mínimo indispensable» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.294) La neolengua es, por lo tanto, una forma de mantener en la ignorancia y en el subdesarrollo intelectual a la población, empezando por los propios miembros del Partido. Así mismo, el Gran Hermano hacía posible la consecución de uno de sus tres principios más importantes: LA IGNORANCIA ES LA FUERZA.

La neolengua era el sistema de signos creado por el Gran Hermano que debía hacer de la lengua de Oceanía un poder inequívoco, donde cada palabra significara una cosa y nada más. Por lo tanto, palabra que se pronunciara palabra que debía ser entendida por todos por igual. Esto suponía toda una sangría en el mundo de la literatura y de la prensa. El Partido se encargaría de modificar todas las obras habidas y por haber, de crear novelas mediante parámetros y algoritmos, generando tramas, argumentos, todos ellos en neolengua.

Aunque el Partido también hacía novelas para los proles, para quienes la neolengua no era muy conocida o no demasiado extendida. Se les daba un formato clandestino, pero al final todo se traducía a que el Partido debía tener el control total sobre la cultura, sobre lo que se lee o se deja de leer.

El uso de la neolengua, creyéndose sus significados, podría ser un seguro de vida frente al Crimental. El Crimental es el delito de pensamiento. Cometer semejante sacrilegio contra el Partido constituía uno de las mayores heterodoxias, pues eso significaba que al Partido se le escapaban algunos individuos y además se manifestaba que el poder absoluto de Ingsoc no era hermético y podía tener escapes.

Pero al Crimental no escapaba nadie, pues más tarde o más temprano te cogerían y luego te matarían. Cuando alguien asume el delito la vida se convierte en un infierno doblemente, pues no solamente debe fingir ante las telepantallas, vigilar los gestos y los movimientos, sino luchar contra sí mismo, contra su propia luminosidad de conciencia, que debería camuflar mediante el doblepensar.■


IV
CONTROL DEL PASADO Y EL DOBLEPENSAR


El control del pensamiento requiere de cierta praxis, porque si no no habría coherencia en el mundo que el Partido quiere para todos sus ciudadanos. El control del pensamiento se centra en parte en la mananipulación de los medios de comunicación audiovisuales, radiofónicos y escritos; pues es en esos medios donde se dice lo que todos deben pensar. Si un día se dice una cosa y al siguiente una contradictoria el ciudadano debe estar entrenado en el doblepensar para deshacerse de esa incoherencia y creerse lo que en ese momento se comunica, pues esa es la única verdad: el pasado como tal no existe. La sociedad de 1984 vive en un presente perpetuo, ayer se decía que llevaban veinte años en guerra contra alguno de los bloques rivales y al siguiente se decía que era la aliada, pero la aliada desde hacía veinte años igualmente y todo el mundo debía creérselo sin rechistar. Esto suponía un control del pasado letal, y lo hacían de forma impecable, actualizando la hemerotecas, la prensa, las estadísticas, todo lo que hiciera falta para que lo que dijera El Partido en el nombre del GH fuera algo coherente y con sentido, así como irrefutable. Si alguien pensaba que existía una incoherencia en la historia de 1984 podría ir a la biblioteca, abrir uno de los libros de historia y ver que estaba equivocado, pues ese libro ya se había modificado. Por lo que toda incoherencia era indemostrable y solamente podía vivir dentro de los hombres y mujeres con conciencia. Esto no es solamente el control del pasado, sino su supresión. Y esto se me antoja más que una metáfora, es la realidad histórica de nuestro tiempo donde la Historia la escriben los vencedores o vencedor tras vencedor con sus interminables revisionismos.■



V
EL PLACER COMO REBELDÍA


En un mundo donde las emociones son coartadas, el sexo debe ser restringido a un plano práctico de procreación y esa fuerza contenida por la falta de borrachera erótica o plenitud sexual es utilizada por el Partido para mantener a sus seguidores más activos, más radicales, más fanáticos y manejables. Solamente el miedo y el odio son consentidos por El Partido, porque así es como mejor responden las masas ante sus designios. El placer es, por lo tanto, todo un acto de rebeldía:

«Y Julia se extendió sobre este asunto. Ella lo refería todo a su propia sexualidad. A diferencia de Winston, entendía perfectamente lo que el Partido se proponía con su puritanismo sexual. Lo más importante era que la represión sexual conducía a la histeria, lo cual era deseable ya que se podría transformar en una fiebre guerrera y en adoración del líder. Ella lo explicaba así: «Cuando haces el amor gastas energías y después te sientes feliz y no te importa nada. No pueden soportarlo que te sienta así. Quieren que estés a punto de estallar de energía todo el tiempo. Todas estas marchas arriba y abajo vitoreando y agitando banderas no es más que sexo agriado. Si eres feliz dentro de ti mismo, ¿por qué te ibas a excitar por el Gran Hermano y el Plan Trienal los Dos Minutos de Odio y todo el resto de su porquería.

»Esto era cierto, pensó él. Había una conexión entre la castidad y la ortodoxia política. ¿Cómo iban a mantenerse vivos el miedo, el odio y la insensata incredulidad que el Partido necesitaba si no se embotellaba algún instinto poderoso para usarlo después como combustible? El instinto sexual era peligroso para el Partido y éste lo había utilizado en provecho propio. Habían hecho algo parecido con el instinto familiar. La familia no podía ser abolida; es más, se animaba a la gente a que amase a sus hijos casi al estilo antiguo. Pero, por otra parte, los hijos eran enfrentados sistemáticamente contra sus padres y se les enseñaba a espiarlos y a denunciar sus desviaciones. La familia se había convertido en una ampliación de la Policía del Pensamiento. Era un recurso por medio del cual todos se hallaban rodeados noche y día por delatores que les conocían íntimamente»
(1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág. 136-137)

El amor entre Winston y Julia, otro de los personajes importantes de la novela, requiere de una mención obligada, pues el amor envuelve la historia de Winston como el odio envuelve la moral del Partido. Ambos eran aliados contra la ideología de Ingsoc, cuando hacían el amor sentían una trepidante sensación de placer y heterodoxia, el sexo tenía un valor que trascendía más allá del cuerpo, era un golpe moral, político, un acto corrupto porque se hacía con devoción, con placer y con amor. Que Orwell se explique por sí mismo:

«Este cuerpo joven y vigoroso, desamparado ahora en el sueño, despertó en él un compasivo y protector sentimiento. Pero la ternura que había sentido mientras escuchaba el canto del pájaro había desaparecido ya. Apartó su mono a un lado y estudió su cadera. En los viejos tiempos, pensó, un hombre miraba el cuerpo de una muchacha y veía que era deseable y ahí acababa la historia. Pero ahora no se podía sentir amor puro o deseo puro. Ninguna emoción era pura porque todo estaba mezclado con el miedo y el odio. Su abrazo había sido una batalla, el clímax una victoria. Era un golpe contra el Partido. Era un acto político» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.130)

Los afanes del Partido iban también más allá del control del placer, pues como ya se ha podido aludir anteriormente, también querían controlar los sentimientos. Nadie puede meterse en la cabeza de uno, pero al final todo cede, al final el Partido sería capaz de convencerte de lo contrario y eliminar de ti todo amor, sustituyéndolo por el odio, la fuerza y el impulso de la sociedad de Oceanía.■

Enlaces de interés:
-Wikipedia: Neolengua
-Los principios de Neolengua
-La “neolengua orwelliana”: una contradicción vital
-Wikipedia: Doblepensar
-La opinión alternativa: doblepensar
-Blog doblepensaryneolengua
-Capítulo II de 1984
-1984 analizado por El Rincón del Vago
-Wikipedia: Ignorancia
-Frases célebres sobre la ignorancia en provervia.net

1984 (PARTE I)


Este artículo, debido a su extensión, se publicará en cuatro partes. Fue mucho el interés que suscitó en mí 1984 nada más empezar su lectura, pues no se trataba solamente de una novela, me encontraba con auténtica dinamita entre las manos, con todo un arma político, con toda una declaración de principios en modo de prosa.

La novela de George Orwell (pseudónimo de Arthur Blair) titulada 1984, es una de esas obras que, como otros libros que han sido comentados en este blog, se quedan clavados en la memoria, y no solamente por su sencilla y entretenida lectura, sino por su mensaje político, militante, combativo, certero y visionario. Así mismo, es una novela donde el debate y la reflexión moral y política están presentes en cada línea, pues es la plasmación de la contemporaneidad de Orwell. ¿Cómo iba entonces a obviar el hacer un artículo sobre semejante novela después de su lectura, una lectura que inspira a escribir? Pese a su visión futurista, uno no puede evitar entrever la visión que Orwell tenía de la Unión Soviética en manos de Estalin y la sombra del nazismo. Estalinismo y nazismo: tendencias políticas que si bien enemigas ideológicamente, tenían un parentesco común en la forma de mantenerse en el poder. 1984 es, por lo tanto, una crítica feroz a cualquier sistema oligárquico o autoritario y a su vez una danza literaria en loor a la libertad de expresión y de pensamiento.■


I
AMARÁS AL GRAN HERMANO


Antes de la Revolución, los capitalistas eran dueños de Oceanía. Pero después Ingsoc y sus revolucionarios impusieron su régimen. Todo se reduciría a una cosa: Amarás al Gran Hermano. Él siempre te vigilará, siempre verá cada paso y cada pensamiento que ronde tus sienes; la libertad será solamente un camino prohibido, un acto criminal para la consecución de los proyectos del Gran Hermano, que es omnipresente. Nadie sabe si el Gran Hermano existe, aunque mediante el doblepensar todos pueden pensar que es inmortal, que siempre ha existido, y a la vez que no existe, que es una patraña del Partido. El GH se materializa en unos aparatos llamados Telepantalla, apostados por doquier, incansables máquinas que vigilan cada rincón del suelo del país.

Todos los nacidos a la sombre del GH deben guardarle obediencia, hacer culto a su efigie, honrarle en los Minutos del Odio como si fuera un Dios en una especie de rito de reminiscencias remotas. Esto es una realidad, las calles de Oceanía pueden recordar a fotos viejas de las avenidas de ciudades rusas con el perfil de Stalin o a barrios de ciudades alemanas invadidas por simbología nazi, donde sus ciudadanos también hacían culto del doblepensar, un mecanismo mediante el cual uno piensa dos cosas al mismo tiempo y que a su vez implica la habilidad de olvidar lo no conveniente y poder atraerlo si se necesita. Todo ello era lo que ocurría en cada acción social, una actuación mecánica, teatral y preconcebida, dentro de una realidad delirante formulada por líderes paranoicos.

Así mismo, El Partido, dos palabras que al ser pronunciadas debían procurar miedo y respeto-más lo primero, porque lo segundo se derivará solo-, es la sombra del GH. Sus miembros deben hacerlo todo por él, pues es su vida, es su cruzada, por él deben darlo todo y por él deben estar dispuestos a realizar cualquier cosa, aunque de ello dependan la vida de los demás o las suyas propias.■

II
WINSTON Y LA VIDA EN 1984


La vida se regía por los principios de Ingsoc: LA GUERRA ES LA PAZ, LA IGNORANCIA ES LA FUERZA, LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD; principios que a favor de la lógica significan literalmente lo que dicen, pues en neoluengua no se podían permitir fisuras que dieran lugar a equívocos. Pero Winston, protagonista de la novela, encarna al ser con conciencia, a un rebelde del sistema que al escribir su diario ya comete un sacrilegio que le llevaría a la muerte, a ser vaporizado.

En cada rincón, la Telepantalla te observaba, era la encarnación tecnológica del Gran Hermano, Oráculo Moral, político y biempensante de la sociedad de 1984, que vigilará tus sueños, tus gestos, te estudiará minuciosamente, hasta lo más insignificante, para ahondar en una posible traición veinticuatro horas al día.

En la vida de 1984 no era posible el amor, ni la amistad, todo se reducía a una desconfianza y a un control exhaustivos de cada uno de los miembros de la sociedad, pues a priori, todos eran sospechosos de traición y debían investigarse mutuamente. Esta situación se hacía más fuerte y patente en los hombres y mujeres del partido (a quienes se les exigía más que a cualquier otro ciudadano), que debían expresar su obediencia en los minutos del odio, en las manifestaciones, en jornadas de trabajo de catorce horas diarias, en actividades extralaborales para fingir que son fieles al Partido o para mostrar su amor al Gran Hermano, etc.

La vida en 1984 era asfixiante, ningún minuto de sosiego, ningún momento de libertad, ningún sentimiento auténtico. Por eso, 1984 constituye una distopía muy amarga, dolorosa y fría, pero contada de una forma sencilla y bella. Sin embargo existe la esperanza, establecida en Goldstein y en su organización, llamada “LA HERMANDAD”. Goldstein fue uno de los fundadores del Partido, una de las semillas de la Revolución. Posteriormente lo trataremos, porque siendo 1984 una obra que hace hincapié en los autoritarismos, y especialmente en el Estalinismo, se hace irremisible señalar el paralelismo que existe entre la realidad y la ficción, es decir, entre Goldstein-Ingsoc y Lenin-Stalin respectivamente, siendo Stalin el traidor de la Revolución y del concepto ideológico que lo hizo posible: el marxismo-leninismo.■


Enlaces de Interés:
-Neolengua
-Doblepensar
-Ingsoc
-1984(novela)
-Artículo sobre 1984 en Bibliopolis
-Neolengua

NIHILISMO Y EL HOMBRE CREATIVO

El nihilismo es libertad, es la expresión de nada y de vacío, pero a su vez es como un folio en blanco donde uno puede crear su propio mundo. En el vacío y en la nada uno elige entre la vida y la muerte. La convicción del absurdo total de la vida, de su sinsentido, es como caminar por el filo del abismo, por ello uno debe elegir la vida y crear su mundo, sus valores, sus principios. El nihilismo es la cuna esencial del superhombre, la cuna donde nacen hombres libres, hombres de fuerza, hombres por encima y por debajo de cualquier sandez e irracionalidad; aunque también nacen negados existenciales, pues nihilistas son también aquellos que dicen no tener fe en nada, seres vaciados que sin principios ni voluntad de poder abogan sus vidas a la corriente de la masa humana, irracional y aveces superflua. Son arrastrados por el tiempo como una hoja por el viento, sin oponer fuerza ni resistencia, obedientes y livianos, sin curiosidad ni fuerza por ser cada vez mejores. Eligieron la muerte: son los infrahombres. Están vivos en apariencia, pero su intelectualidad es zombial: son embajadores de la nada infernal, de una nada sin moral ni principios, donde la ética radica en que todo vale. Es el nihilismo negativo y destructivo, cuando de la nada debe surgir todo, todo arte y todo saber: la vida misma. A su vez, un nihilista debe tener la capacidad de reinventarse, de no estancarse, pues los valores pueden cambiar y la transvaloración debe ser constante; a su vez, la no identificación debe ser un hecho consumado y controlado en la propia personalidad del superhombre, debe tener una aptitud que esté por encima del bien y del mal, de todo relativismo y absolutismo idealista, de toda religión, incluso de Dios, pues no hay más Dios que uno mismo, el que se ha enfrentado a la nada y ha sabido levantarse desde los infiernos del sinsentido hacia un mundo nuevo denotado de un sentido artificial (pues nace de nuestra creatividad) que dé cierta cordura a este mundo loco y a este universo inabarcable, incomprensible e ilógico (al carecer nosotros de las respuestas o de la inteligencia suficiente como para plantearnos las preguntas adecuadas).■

Nietzsche: La identidad intelectual nihilista


«En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto. Tras breves respiraciones de la naturaleza, el astro se heló y los animales inteligentes hubieron de perecer. Alguien podría inventar una fábula semejante pero, con todo, no habría ilustrado suficientemente cuán lastimoso, cuán sombrío y caduco, cuán estéril y arbitrario es el estado en el que se presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza. Hubo eternidades en las que no existía; cuando de nuevo se acabe todo para él no habrá sucedido nada, puesto que para ese intelecto no hay ninguna misión ulterior que conduzca más allá de la vida humana. No es sino humano, y solamente su poseedor y creador lo toma tan patéticamente como si en él girasen los goznes del mundo. Pero, si pudiéramos comunicarnos con la mosca, llegaríamos a saber que también ella navega por el aire poseída de ese mismo pathos, y se siente el centro volante de este mundo. Nada hay en la naturaleza, por despreciable e insignificante que sea, que, al más pequeño soplo de aquel poder del conocimiento, no se infle inmediatamente como un odre; y del mismo modo que cualquier mozo de cuerda quiere tener su admirador, el más soberbio de los hombres, el filósofo, está completamente convencido de que, desde todas partes, los ojos del universo tienen telescópicamente puesta su mirada en sus obras y pensamientos.» (Friedrich Nietzsche Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, 1. Editorial Tecnos, Madrid, 1990, p. 17. Traducción de L. Valdés y T. Orduña).
El objetivo de esta interpretación de Nietzsche es bajar un poco la soberbia del hombre que cree que el funcionamiento de la razón discursiva lo es todo y a ella confía el conjunto de su vida ignorando, con funestas consecuencias, que el instinto y los sentimientos son también cierto tipo de inteligencia o “mente” que es necesario desarrollar en armonía con el pensamiento. En este fragmento, los animales inteligentes, a los cuales Nietzsche ya ha colocado delante el sustantivo “animales” –sospecho que no sin intención- y ha situado, además, en el marco majestuoso y deslumbrante de un “universo centelleante” que aún aminora más el estúpido orgullo de tantos “animales racionales” como pululan por doquier en el universo del llamado “pensamiento” o “cultura”, estos “animales inteligentes”, nos dice, “inventaron el conocimiento”. Es por esto, porque este conocimiento no es sino pretendido conocimiento, por lo que no es sino nihilismo pasivo, conceptualismo vacío, “último humo de la realidad”, halago del poder, buscando generalmente el pesebre, búsqueda ansiosa del poder, otras veces, que, sin embargo, no podrán encontrar sino en la superación del hombre respecto de sí mismo hacia el superhombre, tal como indica el concepto “voluntad de poder” en Nietzsche. Por todo ello, a continuación, el autor nos dice que fue: «el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”», entrecomillando también el concepto “Historia Universal” para darnos a entender que no es sino un remedo de la verdadera historia la cual está por escribir y no sabemos si jamás se escribirá. Pero, a pesar de que alguien consiguiera narrar este lastimoso estado de la inteligencia humana, nos viene a decir el autor, este estado de la inteligencia en la que viven los supuestos teóricos, catedráticos, pergeñadores de relatos, supuestos poetas y los hacedores-de-discursos-que-no-dicen-nada o que dicen y contradicen constantemente lo que dijeron antes, incluso en este supuesto, no podría este narrador expresar aún toda la verdad de esta situación lastimosa: «Alguien podría inventar una fábula semejante pero, con todo, no habría ilustrado suficientemente cuán lastimoso, cuán sombrío y caduco, cuán estéril y arbitrario es el estado en el que se presenta el intelecto humano dentro de la naturaleza». En efecto, la situación de corrupción del saber y de la erudición superficial y vana del que teoriza sobre toda realidad que cree conocer, sin saber auténticamente de nada, no sólo no ha disminuido sino que ha llegado a límites exacerbados hoy, seguramente, a causa de una situación de crisis que precede a la próxima aurora de un auténtico conocimiento, un conocimiento en el cual el equilibrio entre el saber y el sentir, junto al adecuado cultivo de los estético, de lo saludable y del instinto estén en íntima unión en cada ser humano.

El conocimiento aparece en este texto de Nietzsche como aquella capacidad humana que parece destilar soberbia y vanidad. Por ello afirma el autor: «Pero, si pudiéramos comunicarnos con la mosca, llegaríamos a saber que también ella navega por el aire poseída de ese mismo pathos, y se siente el centro volante de este mundo. Nada hay en la naturaleza, por despreciable e insignificante que sea, que, al más pequeño soplo de aquel poder del conocimiento, no se infle inmediatamente como un odre»; para terminar afirmando que el filósofo es «el más soberbio de los hombres», precisamente por pretender manejar el conocimiento en mayor medida. En este sentido el filósofo, el pensador, el erudito cree que es el centro del universo y que todas las miradas están puestas en él: «y del mismo modo que cualquier mozo de cuerda quiere tener su admirador, el más soberbio de los hombres, el filósofo, está completamente convencido de que, desde todas partes, los ojos del universo tienen telescópicamente puesta su mirada en sus obras y pensamientos.»

Pero, para comprender mejor el pensamiento de Nietzsche hay que hacer referencia a sus claves principales y tenerlas todas en cuenta y esto a pesar de no ser un pensamiento sistemático en el sentido de teoría perfectamente elaborada y trabada en sus partes. Estos elementos fundamentales de la filosofía de Nietzsche son la voluntad de poder, el nihilismo, la transvaloración moral y el concepto de superhombre. Todos ellos están relacionados con su crítica demoledora a la cultura tradicional europea, cuyo origen el autor atribuye al idealismo socrático-platónico reformado y “judaizado” por el cristianismo y transformado en idealismo absoluto en Hegel. El “animal intelectual”, si sacamos las consecuencias de lo expuesto por Nietzsche, es un pobre títere parlante con memoria y vitalidad que tiene la ilusión de que puede hacer, cuando en realidad de verdad nada puede hacer. El hacer correspondería al superhombre. Pero ya sabemos la relación entre los conceptos “hombre” y “superhombre” en Nietzsche: «Cuando Zaratustra llegó a la primera ciudad, situada al borde de los bosques, encontró reunida en el mercado una gran muchedumbre: pues estaba prometida la exhibición de un volatinero. Y Zaratustra habló así al pueblo: Yo os enseño el superhombre. El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo?Todos los seres han creado hasta ahora algo por encima de ellos mismos: ¿y queréis ser vosotros el reflujo de esa gran marea, y retroceder al animal más bien que superar al hombre?¿Qué es el mono para el hombre? Una irrisión o una vergüenza dolorosa. Y justo eso es lo que el hombre debe ser para el superhombre: una irrisión o una vergüenza dolorosa». (Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra. Introducción, traducción y notas de A. Sánchez Pascual, Alianza Editorial, Madrid, 1ª Edición, 1972. Duodécima reimpresión, 1985. Prólogo, 3, pág. 34)

De este modo, podemos ver mejor la diferencia entre este hombre mecánico y pesebrista que se mueve al son de las corrientes sociales de poder predominantes y el hombre que Nietzsche trata de definir como ideal, el superhombre.

En cuanto al concepto de nihilismo, Nietzsche lo divide en nihilismo pasivo y nihilismo activo. El nihilismo pasivo es el resultado de la “nada” o falsedad en que cayó, según él, la cultura occidental a partir de Sócrates y Platón a causa de la conceptualización y moralización de la filosofía que llevaron a cabo estos autores, seguida luego, según Nietzsche, por el judeo-cristianismo, la metafísica occidental, el conceptualismo del lenguaje, el positivismo científico, etc. que acentuaron este nihilismo. Por tanto, Nietzsche emplea el término nihilismo al menos con dos significaciones: nihilismo pasivo, como igual a decadencia y retroceso del poder del espíritu y nihilismo activo, como signo del creciente poder del espíritu. En consecuencia, también el nihilismo se define en función de la voluntad de poder ya que cuando esta voluntad disminuye como ocurrió, según nuestro autor, a partir de Sócrates, aparece el nihilismo, ya que esta voluntad de poder no es puesta sino como la esencia de la vida la cual es traicionada por esta decadencia. De este modo la segunda clase de nihilismo o nihilismo activo llega cuando los valores creados por la cultura occidental, que son falsos valores en su tesis, ya que son la negación de la vida misma, se derrumban. Así, el nihilismo activo es puesto por una parte como una potencia destructiva de falsos valores que se nutre del creciente poder del espíritu, y por otra parte, como condición necesaria para que la voluntad de poder cree los nuevos valores del superhombre. De este modo, ¿tiene el animal intelectual, candidato a erudito manejador superficial de palabras el poder de destruir falsos valores?

El concepto de transavaloración moral se fundamenta, consecuentemente, en todo lo dicho anteriormente respecto del nihilismo y de la voluntad de poder. La subversión de los valores del noble presocrático la realiza la cultura occidental viciada desde su origen a causa del nihilismo pasivo y su mayor error es el de instaurar la racionalidad abstracta, dogmática, metafísica, sin tener en cuenta la vida: «He dado a entender con qué cosas fascinaba Sócrates: parecía ser un médico, un salvador. ¿Es necesario mostrar todavía el error que había en su fe en la “racionalidad” a cualquier precio?» (Friedrich Nietzsche, Crepúsculo de los ídolos, Alianza Editorial, Madrid, 7ª edición, 1984. El Problema de Sócrates, 11, página 43).
O también, otro, entre muchos párrafos que podríamos citar: «La luz diurna más deslumbrante, la racionalidad a cualquier precio, la vida lúcida, fría, previsora, consciente, sin instinto, en oposición a los instintos, todo esto era sólo una enfermedad distinta – y en modo alguno un camino de regreso a la “virtud”, a la “salud”, a la felicidad… Tener que combatir los instintos – ésa es la fórmula de la décadence». (Friedrich Nietzsche, Crepúsculo de los ídolos, Alianza Editorial, Madrid, 7ª edición, 1984. El Problema de Sócrates, 11, página 43).

Por último, el concepto de superhombre enlaza íntimamente con todo lo anterior y corona el edificio filosófico nietzscheano. Aunque Nietzsche emplea con frecuencia un lenguaje lleno de metáforas y otras figuras retóricas que puede dar lugar a equívocas interpretaciones como sus expresiones contra los judíos o calificativos con los que se refiere a cualidades del superhombre como la crueldad, la brutalidad o la falta de compasión, lo cual nos permite comprender, en parte, que su filosofía la aprovechase o utilizase el nazismo para la defensa de sus tesis racistas, también es posible interpretar a Nietzsche, por sus textos, en un sentido muy distinto: Nietzsche manifestó expresamente su hostilidad ante los alemanes y la cultura alemana hasta el punto de abandonar la ciudadanía alemana y hacerse suizo. Por otra parte, la figura del superhombre no se puede separar de su concepción sobre el platonismo y la muerte de Dios, es decir una filosofía y una teoría de la historia como nihilismo y transvaloración moral que no tienen nada que ver con las ideas nazis. El hombre al que hay que superar es el que se somete a la “moral del rebaño”, el que fomenta el desprecio por la vida, y la diferencia entre las personas. El nazismo, por otra parte, defiende el culto a la raza, al Estado, sin embargo, Nietzsche, que no cree en realidades universales, mal podría defender conceptos como la Raza o la Nación y de hecho no los defendió. Nietzsche consideró al Estado como una de las mayores perversiones creadas por el hombre.
En definitiva, Nietzsche rechazó la humildad, la mansedumbre y la prudencia porque pensaba que escondían la cobardía. Rechazó la moral del rebaño, la conducta de los que siguen a la mayoría y fue partidario de crear valores. No todos los hombres los crean sino que la mayoría se encuentran con los valores ya creados, siguen las modas, lo cómodo, su afán es la instalación imitativa en la sociedad, alabando, lisonjeando si hace falta a quien sea con tal de conseguirlo, como se desprende de nuestra interpretación del texto de cabecera en relación con los intelectuales pesebristas tan al uso en nuestra sociedad. La característica fundamental del superhombre, en cambio, es crear valores y someterse a ellos disciplinadamente. El superhombre ama la alegría, el entusiasmo, la salud, es el dueño de sí mismo y de su vida, no se somete por miedo o por afán de prebendas:
«¡Mirad, yo os enseño el superhombre!El superhombre es el sentido de la tierra. Diga vuestra voluntad:¡sea el superhombre el sentido de la tierra!¡Yo os conjuro, hermanos míos, permaneced fieles a la tierra y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales! Son envenenadores lo sepan o no.Son despreciadores de la vida, son moribundos y están ellos también, envenenados, la tierra está cansado de ellos». (Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra. Introducción, traducción y notas de A. Sánchez Pascual, Alianza Editorial, Madrid, 1ª Edición, 1972. Duodécima reimpresión, 1985. Prólogo, 3, pág. 34)