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DEBATES SOBRE EL UTILITARISMO CELEBRADOS POR LA ASOCIACIÓN FORO IDENTIDAD (RESÚMENES)


Como bien sabréis, el blog El Mundo de Daorino es un espacio vinculado a la Asociación Foro Identidad. Es por ello que creo mi deber hacer hincapié en la asociación y en su blog-web, http://www.foro-identidad.blogspot.com/. En fin, espero que os gusten estos resúmenes. Se tratan de dos debates del mes de abril que dieron muchos frutos y muchas respuestas, aunque también, como es natural, dio lugar a nuevas preguntas y a nuevas dudas.

http://foro-identidad.blogspot.com/2007/04/el-utilitarismo-la-conducta-correcta-es.html
MIÉRCOLES 21 DE ABRIL DE 2007
El Utilitarismo. ¿La conducta correcta es aquella que produce nuestro propio bienestar y felicidad?

El utilitarismo no tiene su origen en la Edad Moderna, hemos de profundizar en sus raíces y llegar hasta lo más hondo, donde existe su sabia más antigua. Es así cómo nos encontramos con el hedonismo antiguo, aquel que se dividía entre Epicúreos y Cirenaicos. Los primeros eran llamados Hedonistas racionales pues contemplaban el placer en un equilibrio, aceptando, además, sólo los placeres naturales y necesarios y nunca aquellos que, aparte de no ser necesarios para la vida, exigen ser perseguidos activamente. Todo esto tiene mucho de sacrificio, pues la mesura sin caer en el vicio es una tarea muy complicada, y más para el hombre, un ser tan proclive a las adicciones. Sin embargo, los segundos, los cirenaicos, son llamados Hedonistas egoístas por el hecho de que “no importa el otro mientras se sacie el placer de uno mismo”. Por lo tanto, las escuelas creadas por Epicuro y Aristipo podrían ser los precursores del utilitarismo.

El utilitarismo es en sí mismo una filosofía pragmática donde lo útil es lo más importante y cuya moral puede sintetizarse en la siguiente frase: “la felicidad para el mayor número de personas”. De todo esto puede entreverse cómo ésta es una doctrina que ha hecho grandes aportes tanto al liberalismo económico, base filosófica del capitalismo, como a la propia democracia.

Según esta filosofía, la felicidad de las mayorías prevalece sobre las minorías. Es curioso cómo se hace hincapié en la felicidad y cómo diversos autores han defendido y establecido diferentes cánones o rangos de felicidad según la intensidad del placer, o por la utilidad, etc.

Después de esta introducción se habla de diversos temas relacionados con lo anterior; como de las contribuciones del utilitarismo en el plano de la justicia o en el plano científico, de cómo el suponer el medio como un fin puede ser desencadenante del absurdo o que todos los –ismos llevados a cabo siempre te llevan a posturas radicales. Pero lo realmente interesante se plantea con el siguiente tono: «Útil… ¿sinónimo de necesario? El hombre no puede renunciar a lo útil». No renunciar a lo útil es en este caso sinónimo de no renunciar a la materia y al tener, de ser prácticos y de conseguir que la vida sea más sencilla. El hombre, en definitiva, no puede renunciar al pragmatismo, porque, por ejemplo, siempre será mejor el camino recto que dar un rodeo: siempre se elegirá lo más fácil y cómodo. ¿Estamos entonces destinados a ser prácticos, es decir, podemos ser prácticos sin ser pragmáticos? Porque si basamos la vida en lo útil podemos desdeñar igualmente cosas no fructíferas, es decir, cosas que no producen beneficio, que no generan una plusvalía y que pueden ser muy importantes, más que ello, esenciales.

Kant llamaba a las doctrinas que buscaban la felicidad éticas materiales. Según este autor deberíamos centrarnos en el deber en lugar de en la felicidad como persecución de un objetivo, actuar por mor del deber sin dejarnos vencer por ninguna inclinación de las que afectan al cuerpo: comodidad, placeres, miedos, lujo, beneficios, etc. Lo cual expresaba Kant con la siguiente máxima (en una de sus tres formulaciones): “Actúa de tal manera que la norma de tu actuación pudiera convertirse en norma universal válida”. Por lo que el deber no es la felicidad sino que el deber es un deber en sí mismo. Esta idea de Kant choca drásticamente con las doctrinas hedonistas o el utilitarismo, tan tajantes en que la persecución de la felicidad y el rechazo a todo dolor y sacrificio son el fin.

Durante el debate se habla de que el bien justifica los medios, de maniqueísmo (puesto que el pragmatismo como moral puede no distinguir el bien del mal: lo que importa es el resultado), de que si todos fuéramos eruditos existiría una hipertrofia de los eruditos (lo cual no sería práctico: ¿se justificaría así cierto analfabetismo o incultura?).

Continuando el debate en la línea de que la felicidad de muchos frente a los menos es lo más importante, se plantea una pregunta muy seria: ¿qué es la felicidad?, la cual no encuentra respuesta y sí muchos titubeos. Posteriormente, uno de los contertulios interviene de forma tajante: LA FELICIDAD DE MUCHOS PUEDE SER LA RUINA DE TODOS. Un ejemplo: una situación ecológica como la actual en el mundo desarrollado (configurada en un contexto de cambio climático, que a su vez es provocado por el consumo desproporcionado y por una sociedad que basa su felicidad en el tener) llevada a un alcance mundial podría suponer un desastre sin precedentes, nuestra autodestrucción. ¿Y dónde está la solución? ¿En basar la felicidad en la idea epicúrea de la mesura o en la idea cirenaica del egoísmo, con lo que se justificaría por sí mismo tanto hambre y tanta guerra consentida y mantenida a conciencia y por intereses de los pocos que gobiernan a muchos? ¿Qué es lo más práctico?

¿Es útil satisfacer la felicidad de los muchos? Esa felicidad puede ser inducida por ciertos pocos mediante numerosas estrategias de persuasión y seducción, como la publicidad, de modo que la felicidad de los muchos se construiría según el criterio de estos pocos. «Si se piensa que a través de la supuesta felicidad de los muchos se va a conseguir la felicidad estamos en una tremenda equivocación».

Para terminar y siguiendo un poco la línea de lo que fueron los debates anteriores dedicados a Eric Fromm, se reitera que lo útil puede ser bueno para el ser: tener más conocimientos, etc. «Ser feliz sería, en consecuencia –dice uno de los contertulios-, ser conscientes, tener pretensiones equilibradas. En el epicureísmo se habla de felicidades naturales (alimentación sana y moderada, la amistad, la charla, el conocimiento…), las cuales pueden constituir una felicidad plena y que hoy en día, tal y como se mueve el mundo, podría ser la moral y la forma de actuar más práctica».■


http://foro-identidad.blogspot.com/2007/04/prximo-foro-sbado-28-de-abril-de-2007.html
MIÉRCOLES 28 DE ABRIL DE 2007
El Utilitarismo. ¿La conducta correcta es aquella que produce nuestro propio bienestar y felicidad? (II)

En este nuevo debate sobre el utilitarismo hay que destacar que las miras se centran en la psicología del que podríamos denominar «Hombre Utilitario» o «El Hombre de la Utilidad». Creando un perfil y, en cierto modo, arquetipizando, estamos hablando de un ser-tipo que siente cierta superioridad y egocentrismo, ante un ser que cree fuertemente en su grado de desarrollo y que ve con claridad que el progreso reside en lo práctico, es decir, que se asienta en la base de lo útil y lo que no le da un beneficio es inútil. Es un ser que huye de la metafísica y que en cierto modo ve a nuestro ancestros y antepasados como seres ridículos; sin embargo, se siente orgulloso de su condición humana y se vanagloria de los grandes logros de su civilización. Denosta lo no-demostrable, es más empírico que racionalista y la razón es solamente una mecanismo cerrado de números y de reglas que se abarcan dentro de la economía y el derecho.

Englobando el mundo del pensamiento, nos acercamos a la filosofía de Hume. Siendo empirista, el filósofo, historiador y economista escocés rechaza toda metafísica por no ser demostrable sensitivamente. El empirismo, junto con el Hedonismo, puede que fueran dos fuentes de inspiración que darían lugar al pragmatismo utilitarista. Si bien ya abarcamos en el anterior resumen un amplio mosaico de ideas sobre el hedonismo, no llegamos a alcanzar cierta profundidad en la filosofía empírica, que resulta ser igual de importante o más. Mientras que en lo material o sensitivo (esta es la influencia del empirismo) existe la base de lo real para los utilitaristas, el hedonismo constituye la fracción moral del utilitarismo, cuya finalidad es la felicidad mediante el placer que proporcionan los objetos.

Abarcando otros pensadores, nos encontramos con Kant: «Actúa de tal manera que tu norma de actuación pueda convertirse en norma universal válida para todos» (no son palabras textuales de Kant aunque sí expresa la idea kantiana) ¿Convierte esa idea a Kant en un utilitarista? Ciertamente, parte de la base ideológica del utilitarismo se basa en “la felicidad para la mayoría”. Una idea individual convertida en Universal y ver los resultados para luego cotejarlos, viendo así a qué mayor número de personas satisface positivamente, podría sostener esa idea kantiana y derivarla hacia cierto utilitarismo. Aunque bien se sabe que un filósofo difícilmente puede ser sistemático cien por cien y catalogar a Kant como un pensador utilitarista no resultaría del todo acertado.

Se plantea el utilitarismo como un problema específicamente anglosajón por la importancia que estos países le han dado a lo útil, tal vez por la fuerte tradición industrializadora, siendo pioneros. «Hoy en día -se plantea en el debate- existe un imperialismo filosófico de la línea utilitarista que reduce al hombre a “cosa”». Esta tajante afirmación prosigue con un análisis psicológico consecuencial del propio espíritu utilitarista: «al conseguir que el hombre se sienta objeto estamos igualmente convirtiendo al ser humano en moda y en estética, lo que empuja a muchos a complejos y a depresiones, todo por culpa de no verse satisfechos con su propia imagen, no afín a los objetivos de esta sociedad utilitarista en la que vivimos. ¡Esta tendencia ha conseguido que el ser humano se odie a sí mismo!»

Como es habitual, siempre hay una parte del debate donde alguien rompe con una pregunta: ¿Qué es lo útil para cada persona? Con esta cuestión se piensa que el utilitarismo cae por su propia base pues nadie puede pensar por la mayoría, nadie puede saber qué es bueno para todos: es tremendamente difícil establecer cosas sin equivocarse.

Para finalizar, se hace cierta distinción entre pragmatismo y utilitarismo. Es difícil establecer qué es o no pragmático. Sin duda alguna, la filosofía utilitarista es pragmática, lo que no significa que todo pragmatismo sea utilitarismo. Cada cual establece lo que es útil para sí mismo. Es más, yéndonos a conjuntos de personas o a pueblos enteros, vemos cómo muchos de ellos, por no decir todos, eran pragmáticos: ¿no lo era Roma o Grecia... civilizaciones que daban tanta importancia a la metafísica como pensamiento como a sus conquistas, puesto que el pensamiento suponía igualmente grandeza para su Historia y sus vidas?.■

DEBATE TENER O SER DE LA ASOCIACIÓN FORO IDENTIDAD




En la Asociación Foro Identidad se viene haciendo un trabajo sin ánimo de lucro que, en mi opinión, supone una labor fundamental en la sociedad y que pocos sabrían valorar. Unos cuidan plantas, otros animales, otros... pues bien, Foro Identidad cultiva y cuida los frutos del saber y los ya cultivados y crecidos para que no se pierdan. El debate en sí mismo constituye una forma de sabiduría que requiere un saber estar, un saber oír, un saber hablar. Es un juego de retórica del que se debe aprender. Visto así, lo que hace Foro identidad es todo un arte, y es darle al lenguaje esa luz que nos lleve a la verdad, a la VERDAD posible. Lo que viene a continuación son dos de los resúmenes de las tertulias de Foro Identidad sobre un tema muy interesante, el tener y el ser.


4 de abril de 2007.
http://foro-identidad.blogspot.com/2007/04/eric-fromm-tener-o-ser-cul-es-el-valor.html
Eric Fromm: Tener o Ser. ¿Cuál es el valor esencial de nuestra sociedad en crisis?

En el debate analizamos la obra Tener y Ser de Erich Fromm, un pensador que habiendo sido educado religiosamente en el judaísmo llegó al ateísmo y que sin embargo alcanzó o intentó alcanzar las esencias de las distintas religiones. Habiendo estudiado en la Escuela de Frankfurt, el psicoanalista germano estadounidense es considerado un pensador freudomarxista.
Hoy en día la esencia consiste en tener y si no se tiene no se es.

Fromm confronta el materialismo con el núcleo esencial del ser humano, el ser. La meta debería estar en ser mucho, no en tener mucho. Estas palabras provocan inevitablemente que los contertulios analicen críticamente nuestro sistema capitalista, tocando otros aspectos más benévolos del mismo como sería el socialismo utópico de Robert Owen.

Se plantea una pregunta: ¿qué valora la sociedad, el tener o el ser? «Ya no eres porque parece que no tienes», dice uno de los contertulios. La crítica a la auténtica individualidad del ser es feroz; en un mundo donde el peso del dinero es sobrevalorado, el precio de cada uno depende de lo que tiene o puede tener. Esto conduce cada vez más a una conclusión muy clara, la meta debería consistir en ser, no en tener.

El debate también da lugar a una pequeña disertación sobre los hippies. Uno de los contertulios piensa que fue un movimiento superficial, un movimiento fetichista que se basó más en la estética que en una forma de vida llena de esencias. Otros, sin embargo, defendieron la postura de que por lo menos para la España franquista ese movimiento fue un soplo de aire fresco, que entró por Los Pirineos, y que fue un halo de esperanza para muchos jóvenes.

Se habla de las virtudes de lo material, que lo material puede ser una plasmación de la esencia humana, por lo que uno de los presentes planteó la idea de punto medio de Aristóteles o el entre de Ricoeur: «no hay que despreciar el cuerpo: Ni matarlo de hambre ni viciarlo de caprichos».

Esa felicidad construida mediante las compras y el trato con el mercader es meramente compulsiva. Por otro lado, ese espíritu de abandono de lo material tiene mucho de monje. En un término medio, Marx, por ejemplo defendió cierto acceso del hombre a lo material y en un mundo sin explotación. El acceso moderado a lo material y el propio espíritu del hombre pueden dar grandes obras materiales, ya sean arquitectónicas o artísticas en el más vivo sentido de arte.

Uno de los contertulios discrepa sobre la supuesta crisis de valores debatida en tertulias anteriores y en esta misma. El debate da un vuelco, existe una antítesis. Se plantea que el tener hace feliz a mucha gente y que tal vez eso no sea tan malo. «Todo el mundo va de compras, todo el mundo quiere tener… no debe ser malo», dice, mientras que otros le replican que el hecho de que todo el mundo lo haga no le atribuye a este hecho un carácter positivo ni negativo sino que significa que o todos tienen razón o todos están cometiendo un error inconmensurable. Esto provoca la réplica del primero, anteponiendo una terminología que resultaba bastante original: «hedonismo práctico» contra «hedonismo espiritual». Con el hedonismo espiritual se pretende desmitificar la vida de los monjes, de los que buscan las esencias, el retiro… Si el objetivo es la felicidad, lo que ya constituye un placer en sí mismo… ¿no es la consecución de la felicidad un acto cuya meta persigue el hedonismo intrínseco en todo placer?

Pero partiendo de todo esto, ¿no es mejor ser feliz en el ser (una felicidad no material) que en el tener, al margen de que la felicidad pueda ser en sí misma hedonista por el hecho de que constituya placer el ser feliz?

Siguiendo con la felicidad, uno de los presentes expone que para su consecución cada ser debe perfeccionar su función más noble, como decía Aristóteles: «el caballo será feliz si cumple su función más noble». Tal vez sea esto lo que empuje a los hombres a conocerse a sí mismos, a conocer sus esencias: buscar su nobleza, la función cuyo perfeccionamiento pueda hacerles feliz.
«El amor es una abstracción, existe el acto de amar, pero el amor no se puede contener, no se puede tener», diría Fromm. «Sin embargo, puede poseerse al ser amado», añade uno de los contertulios. Pero, no obstante, arguye otro, si la verdadera esencia del hombre fuera amar como sostiene Fromm, estaríamos equivocados tan volcados como estamos en querer esclavizar, aunque no nos demos cuenta.

Llegados a este punto, uno de los contertulios nos alerta de que ninguno de los autores que hasta entonces se habían citado conocía la verdad, una verdad que fuera esclarecedora y afín a todos los hombres, una verdad que, en definitiva, fuera absoluta, es decir, que no tuviera ninguna fisura, algo que nadie pudiera rebatir. Esta postura escéptica viene a cuenta de la exposición de varias fórmulas de la felicidad antes nombradas, por lo que el contertulio finaliza: «cada cual cuenta lo que entiende como lo entiende».

Casi concluyendo el debate, se habla del cambio climático. Éste, provocado por el tener, por ese consumismo compulsivo, nos está llevando por un camino de autodestrucción. Por lo tanto, es el derroche parte de la causa, si es que no es la causa, de toda esta situación de cambio. Relacionado con este asunto, se habla de foros que achacan el cambio climático a un caso idéntico a la primavera medieval (es decir, defienden que es un cambio natural), lo que resulta lamentable, puesto que esos científicos están a sueldo de los intereses mercantilistas y monetarios de las multinacionales y de los gobiernos no interesados en que se hable de esta crisis climática.

Finalmente, y ya concluyendo, se pretende hacer una fisionomía del S. XX, puesto que somos herederos y sufridores de todas sus consecuencias. Esta fisionomía tiene su base en el tener y no en el ser: egoísmo, consumismo, placeres espúreos, vivir experiencias ajenas (prensa rosa, abuso de la televisión…), generación de deseo, guerra, etc. Y esta cara, ese gesto, es el que parece que perdurará en el s. XXI. ■


11 de abril de 2007
Eric Fromm: Tener o Ser. ¿Cuál es el valor esencial de nuestra sociedad en crisis? (II)

Comienza el debate con la intervención de uno de los contertulios que afirma la interrelación del tener y del ser: "El tener y el ser, de algún modo, se interrelacionan", afirma. Primero comenzamos siendo en la vida y luego vamos poseyendo bienes, ideas, conocimientos que nos posibilitan ser más. "Si yo no hubiese conseguido ciertos bienes no podría haber accedido luego a conocimientos que me hacen crecer en el ser", concluye este interlocutor.

Otro de los contertulios pone la nota dialéctica negativa al responderle que, aparentemente, es verdad que el tener y el ser se complementan, pero que ello es fruto de la vanidad, pues desde el momento en que me atiborro del reino del tener, sufre el ser. Que, en realidad, prosigue este interlocutor, “nos nos atrevemos a ser”. En este sentido cita la siguiente frase de Nietzsche del Ocaso de los Idolos: “Hasta el más valiente de nosotros pocas veces tiene el valor de enfrentarse con lo que realmente sabe”. Además, afirma, somos contradictorios, no podemos eliminar la contradicción de nuestro pensamiento, de nuestras vidas y de nuestras palabras.

Otro, le responde que él ve la contradicción, sobre todo, entre lo que pensamos y lo que somos capaces de hacer. El miedo a la realidad o a las consecuencias de nuestros actos, si expresamos la verdad, nos hace contradecirnos y adaptarnos al contexto social de ilusión, máscara y falsedad.

En este momento del debate interviene otro de los contertulios movido por un espíritu de síntesis hegeliana o de un “entre” ricoeuriano: “¿No estaremos confundiendo cultura erudita con verdadero acceso a la comprensión de la verdad, profundamente sabida, y al ser?”. En este sentido, prosigue este interlocutor, la erudición puede ser un punto de partida, es decir, el conjunto de conocimientos que poseo en mi mente y al que puedo tener acceso mediante mi memoria para, al hilo de un tema que es necesario dilucidar, acceder a un fragmento de ese conocimiento, a una frase, a un capítulo de un autor que ya conocía y saborearlo, meditarlo, “masticarlo” de verdad y digerirlo a fin de que llegue a ser verdaderamente conocimiento mío. Esto es lo que realiza, por ejemplo, Heidegger en su segunda época (kehre, o viaje de retorno al ser en cuanto oculto). Para este autor, el hombre es el “pastor del ser”.

Según Heidegger, el hombre pastorea el ser porque porta al ser en el interior de la palabra. Si no degustamos las palabras aún no somos pastores del ser sino los esclavos de palabras que no entendemos verdaderamente y que repetimos como loros presumiendo de erudición. Aún no somos auténticos pastores del ser.

¿Pero, qué es tener y qué es ser? ¿Por qué los pueblos que evolucionan superan la religión? Pregunta otro de los interlocutores.

A esto responde uno de los anteriores, que depende de lo que se considere superación. La religión como fenómeno histórico-social en el cual va profundamente imbricada su naturaleza, se va desarrollando al compás de los siglos y del aumento de conocimiento científico y filosófico de los pueblos. Lejos han quedado los tiempos, por ejemplo, de la condena de Galileo. Se observa una confluencia entre religión y conocimiento (este último en el más amplio de los sentidos) de tal forma que la tendencia de la religión es transformarse en conocimiento sagrado o místico, del universo y del hombre al mismo tiempo, como ocurría en antiquísimos tiempos en la India o en Egipto.

Claro, añade este interlocutor, en este concepto de conocimiento no entra sólo lo que hoy se entiende académicamente por ciencia o por filosofía, sino algo más allá: el conocimiento místico directo de planos superiores que aún nuestra ciencia y filosofía oficial rechazan pero que han afirmado los místicos de todas las épocas y religiones. ■

CARTAS DESDE IWO JIMA


Ya era hora de que llegara a mis manos esta gran película de Clint Eastwood. Después de ver Banderas de nuestros padres, la cara de la batalla de Iwo Jima, sentía cierta impaciencia por ver la cruz de dicha batalla, retratada en una película titulada Cartas desde Iwo Jima.

La comparación entre ambas películas se hace inevitable. Si bien el trasfondo humano cala hondo en Banderas de Nuestros Padres, no lo hace menos en Cartas desde Iwo Jima. Personalmente, la segunda me gusto más, porque posee un espíritu más fuerte. La película trasmite más, es mucho más dura, la insignificancia de cada hombre-soldado se hace más patente y cualquier gesto, por lo tanto, se eleva con mayor intensidad.

Los soldados japoneses se retratan como lo que fueron, hombres de honor, hombres capaces de hazañas heroicas, seres convencidos de llegar hasta las últimas consecuencias y de defender con su propia vida cada metro del campo de batalla. En ellos aún pervivía un espíritu de guerrero, cierta ley arcana de honor que hoy no entendemos, pero que llegó hasta los samurái y hasta los soldados japoneses del s.XX. El suicidio no es solamente una acción admirable entre ellos, sino una forma de morir por honor y por su propia libertad.

Pero también hay espacio para la piedad, incluso en algunos soldados se entrevé cierto gesto de animadversión por lo que hacen, cierto desagrado por lo que debiera ser su destino en el campo de batalla: LA VICTORIA O LA MUERTE.

No sé si se hace necesario comentar más sobre la película, creo que es mejor que la vean. El trasfondo humano es bello y grandilocuente, cada fotograma de la película una obra maestra. ■

Artículo relacionado:
http://mundodaorino.blogspot.com/2007/01/banderas-de-nuestros-padres-me-dijeron.html

LA VIOLENCIA Y SOREL: LA CARA Y LA CRUZ DE LAS IDEOLOGÍAS

Georges Sorel (1847-1922), teórico político y filósofo social francés. Nació en Cherburgo y estudió en la Escuela Politécnica de París. Tras culminar su formación, ingresó como ingeniero en el Departamento de Puentes y Carreteras del gobierno francés, permaneció como funcionario del Estado hasta 1891, año en que presentó su dimisión. Sorel fue un destacado dirigente y teórico del movimiento sindicalista revolucionario. Creía que el poder debía pasar de la decadente clase media a la clase trabajadora, y que este objetivo sólo podía lograrse a través de una huelga general que, para ser efectiva, debía ser violenta. Después de 1909 rompió con el sindicalismo y abrazó durante un breve periodo el monarquismo protofascista de Action Française (Acción Francesa, grupo fundado por Charles Maurras), para pasar después a apoyar la causa de la Revolución Rusa. La filosofía de Sorel tuvo una repercusión considerable en muchos teóricos políticos, como fue el caso de Benito Mussolini y de Lenin. Su obra más importante es Reflexiones sobre la violencia (1908).
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Sorel es un personaje histórico controvertido que posee un magnetismo potente por sus cambios aparentes y repentinos de ideología: lo mismo está con los comunistas que como con los ultraderechistas pero siempre existe un denominador común: su adhesión a la clase trabajadora. Aunque tal vez jamás hayan existido tales cambios y sí una aptitud obstinada, decidida y revolucionaria.

Siempre se ha hablado del proletariado y de su dictadura como ideas marxistas que adoptaron los partidos comunistas y los grupúsculos anarquistas ya fueran dispersos u organizados. Pero nunca se habla del proletariado fascista y ultraderechista que defienden desde la otra cara de la moneda otra especie de seguidores de la dictadura del proletariado, grupos de derecha que al menos sostienen un discurso populista y demagogo hacia el pueblo, porque seamos sinceros, una vez en el poder, y ya sea la izquierda o la derecha, quien manda es el que tiene el dinero y no las ideas por las que se ha luchado. Al final, los intelectuales o los utópicos apropiados o no por un bando u otro (en otro artículo hablaremos de los utópicos de la izquierda y de los desconocidísimos utópicos de la derecha) se convierten en víctimas de revolucionarios maniatados por el poder económico.

La Falange española, la de José Antonio, por ejemplo, tiene mucho en común con el comunismo, por su visión proletaria. Se entiende así cierta antipatía de Franco que maquillaría después con esa santificación de José Antonio Primo de Ribera. A grandes rasgos, la falange era un grupo proletario que defendía la religión, la tradición española, la desaparición de los partidos (que se traduciría en el partido único, supongo) y la unidad del país. Pero no nos extendamos en este punto, ya profundizaremos en las convergencias entre falangismo y comunismo, derecha e izquierda en otro artículo.

Pero algo en lo que sí confluyen grupos de ultraderecha y de izquierda de carácter clásico y que deben comentarse, es la defensa de la violencia para conseguir el poder y el partido único. Sin duda alguna, la violencia es el arma de las ideas cuando éstas pierden peso y calado en los oídos de la gente, el arma de los desheredados y dominados que despiertan y que se rebelan contra el poder, el arma del propio poder estatal, con el que intenta maquillar su debilidad e inconsistencia argumentativa. Por supuesto, así entendida la violencia como sinónima de revolución.

Sin duda alguna la violencia solamente trae más violencia, pero es la única respuesta contra la violencia porque poner la otra mejilla supondría la muerte u otro daño irreparable. Por lo que cuando las palabras no paran un golpe es necesario defenderse. A su vez la violencia genera miedo, y entre los miedosos la violencia surge como respuesta contra su propia debilidad, como una forma de crecerse. ¿Entonces, qué es mejor? ¿Es defendible la violencia? La violencia solamente es defendible cuando ésta constituye una defensa legítima, ¿y qué es una defensa legítima? Pues no miren en los libros de derecho y en ninguna legislación de algún país, porque lo que comento repercute a una dimensión filosófica y ética que requiere de muchas más vueltas que la sentenciosa e insensible normativa de las legislaciones, cuyas aplicaciones pueden ser poco justas.

El propio derecho puede justificar una acción violencia, es decir, sustentarla, proteger ese hecho delictivo, incluso la guerra se puede defender mediante el derecho internacional, aunque sea una guerra ilegal para los hombres de ética. ¿No existe pues una antítesis o contradicción entre la ética positiva (la que tiende al bien) y la ética deontológica (limitada, relativa e insensible, poco humana en definitiva)?

De una forma u otra, lo que si debemos tener claro es que la violencia procede de la debilidad del hombre, ya se sea la víctima o el verdugo. Las víctimas de la violencia pueden ser los verdugos del futuro, pues no existe mayor debilidad que dejarse embaucar por el odio y el resentimiento, emociones negativas de una furia descomunal y que dan lugar a venganzas salvajes. Al final, lo que se esconde debajo de todo acto violento no son sino nuestras peores compañías, nuestras peores emociones, nuestras descargas más destructivas, pues no es posible la violencia que construye, la violencia creativa; sin duda alguna la violencia puede metaforizarse poéticamente en torrenciales lamidos de amor y en puñetazos de besos, en cuadros, en cine, en literatura y en todo ate (alcanzando éxtasis de belleza), pero desde una dimensión más real llena de cicatrices, la violencia nace de lo peor del ser humano, de aquello que le convierte, sin duda, en más hombre, en más animal: el miedo, el odio, el resentimiento… Y nadie se libra de la furia de esas emociones, pues tan tremendas e incontrolables son. El mundo en el que vivimos, por lo tanto, es una ensalada de emociones negativas llena de víctimas y de verdugos donde brotarán los odios y las venganzas del futuro.
Pero aún con un espíritu fuerte que prodigue la no agresión puede germinar la violencia con fuerza, pues al fin y al cabo no hay nada más peligroso ni existe hombre más digno a temer por el débil (el violento) que la propia imagen de un hombre fuerte cuya arma es presentarle su propia flaqueza e inmoralidad. Hoy en día no hay ni heroísmo ni gloria en los hombres violentos, aunque si dignidad en aquellos que luchan por sus familias y el futuro de sus hijos y en aquellos que se han tenido que encauzar en una guerra irremediable y sin tregua provocada por los sordos-débiles, pues las guerras no son justas en esta época de presunción de civilización y supongo que la eternidad ya tiende a olvidarlos. ■