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FELIZ NAVIDAD PENUMBROSA A TODOS LOS AMIGOS Y AMIGAS DE EL MUNDO DE DAORINO


El 4 de septiembre de 2006 publiqué por primera vez en este blog. Por aquel entonces El Mundo de Daorino era un mero proyecto cargado de ilusión pero sin una meta previa ni ningún afán de constancia. Más de un año después creo que este blog ha cogido peso en la red, aunque no mucho, y ha tenido buena acogida, lo que me ha animado a seguir publicando y a mantener este espacio. Y lo digo con toda modestia, no es que me importe que lean el blog o no, seguramente seguiría publicando si nadie lo hiciera, pero el saber que hay gente que le echa alguna ojeada a lo que uno hace con gran ahínco es un fuerte aliciente para seguir en la brecha con la misma ilusión que hace ya más de un año. Y cómo no, me siento muy orgulloso de todo lo que he trabajado en este blog, ¿acaso nadie está orgulloso (y en el sentido noble y humilde de la palabra orgulloso) de lo que nace de la propia voluntad, de lo que es producto de las cosas que nos fascinan y que amamos con especial delicadeza?

Quisiera felicitaros a todos esta navidad penumbrosa, esta navidad cada vez más fea y sin espíritu. Nunca he sido un seguidor de las tradiciones pero reconozco que la navidad ensalzaba los mejores dones del ser humano; aunque surgieran de la piedad y de la pena hacia los semejantes también escondía cierto esfuerzo por querer hacer un bien. Lo lamentable es que fuera un esfuerzo de carácter anual. Pero ese esfuerzo ya se ha disipado. Supongo que el hombre ha perdido el rumbo, se ha debido romper el timón y la brújula está desvariando, ya no tenemos un punto en el que se divida lo bueno y lo malo. Nuestra sociedad no vive ya en un mundo moral ni inmoral, sino amoral; es decir, en un mundo por encima de la moral, y eso es tanto por encima de lo bueno como de lo malo (y ya sé que generalizo a la ligera, pero es que hablo en general y no en particular). En hombres sabios (y no me refiero al sabio que cree saberlo todo) ser amoral puede ser algo constructivo, una forma de crear nuevos valores, pero en el hombre nihilista vulgar de la calle, que ha invadido la vida contemporánea encarnándose en seres desidiosos e incultos, se convierte en un cable pelado cargado de electricidad que de vez en cuando echa chispas y puede arder. En definitiva, lo amoral es alejarse del compromiso que tiene cada cual hacia sus semejantes, y esta vez me voy al lado negativo, actuando por mero capricho y porque sí y no movido por una escala de valores consciente que equilibre los impulsos y las pasiones instintivas con la inteligencia, un arma de doble filo, tan peligrosa como una serpiente venenosa. Por todo esto, feliz navidad penumbrosa, pues la polución, el humo y el polvo ha alcanzado nuestro espíritu; digamos que el HOMBRE con mayúsculas, o la HUMANIDAD, que es lo mismo, está enfermo, esquilmado, necesitado de alguna medicina que cure su espíritu corrompido y a la deriva.

Sin más, me despido muy cordialmente, esperando que la felicidad os llegué de cualquiera de sus formas.■

Relaciones España - Latinoamérica (II) El ayer y el hoy de las relaciones de España con sus antiguas colonias americanas



Durante el franquismo los tecnócratas del régimen dieron en replantear las relaciones de España con los países latinoamericanos con la intención de primar a Europa; sin embargo diferentes grupos de poder del propio franquismo abogaban por Latinoamérica.

Es verdad que de la forzada autarquía en que se vio envuelto el régimen sólo nos libraron algunos países, sobre todo Argentina, que nos quitó o alivió en gran parte el hambre pues la situación era de verdadera hambre, por no nombrar otras necesidades, ya que ésta es prioritaria en orden al cuerpo y la supervivencia de las personas y los países. Incluso ganado argentino se repartió en España, afirma uno de los contertulios.

En los años ochenta la mayoría de estos países fueron adoptando la democracia como sistema de gobierno y se fueron, poco a poco, embarcando en el crecimiento económico y en relaciones económicas con otros países mediante la liberalización de sus economías.

Es evidente, que el ejemplo español y la experiencia española, tanto en el paso desde una dictadura a la democracia como en el crecimiento económico que habíamos experimentado y seguíamos experimentado, era de una gran ayuda para estos países y España aumentó su influencia en ellos gracias a estos factores. Como consecuencia, se favoreció grandemente la orientación de nuestra política exterior hacia Latinoamérica.

Pero hoy vivimos gracias a Europa fundamentalmente: nuestro turismo es europeo, nuestro comercio se realiza también mayoritariamente con los países de este continente. Sin embargo, las relaciones con Hispanoamérica deben seguir adelante.
Es importante, por otro lado, que los pueblos que poseen la misma lengua colaboren estrechamente. En este contexto se incluyen también estados pertenecientes a los EE. UU. de América que hablan también en español.

Pero, aparte de la economía, existen unas relaciones emocionales o sentimentales y culturales profundas que hay que mantener y fomentar con estos países de Latinoamérica. Gran parte de los intelectuales españoles fueron a la llamada América Hispana, sobre todo a Méjico. Las relaciones culturales y espirituales entre los pueblos tienen, aunque a veces se piense solamente en clave económica y/o política, una gran importancia. No todo es economía ni política: la literatura, la filosofía, el arte, son profundos vínculos que unen a los pueblos y que con el tiempo crean hermandad y progreso. Crean un espíritu de unión más fuerte que lo puramente económico y una identidad no fácilmente destructible por el tiempo.■

Relaciones España - Latinoamérica El ayer y el hoy de las relaciones de España con sus antiguas colonias americanas


En el contexto de la crisis diplomática entre España y Venezuela, en Foro Identidad debatimos sobre la relación entre nuestra nación y ese conjunto de estados americanos en el seno del cual se halla la misma Venezuela.

Lo primero que queda claro es que, si queremos que el análisis no lo sea de situación e inmediatista, hay que abordar en profundidad todo el entramado económico, político e institucional de la relación entre España y ese grupo de naciones americanas. Y en este sentido aparecen varios condicionantes que no se pueden olvidar. En primer lugar, está el hecho de que históricamente las relaciones entre una metrópoli y sus ex-colonias han sido problemáticas. Tampoco podemos dejar de lado el punto de vista de que Venezuela, al igual que la mayoría de las ex-colonias americanas, accedió a la independencia hace ya casi 200 años y que la presencia e influencia española desde entonces fue decreciendo. La responsabilidad de España por lo que ocurre ahora en América Central y del Sur es bastante remota, por tanto. Se propone, en este sentido, que la relación de España con las ex-colonias de América debe ser ya como las existentes entre España y cualquier otro país no europeo. Frente a esta idea aparece la reivindicación de la importancia que para nuestro país tiene el liderazgo en América con un cierto papel de intermediación y los lazos que aún continúan. Entre éstos se habla de cierta deuda histórica contraída con aquellas jóvenes naciones. También del ejemplo de transición a la democracia que España supuso para los estados dominados por dictaduras en aquella parte del mundo. Se tiene la percepción, desde este planteamiento, de que desde 1975 las relaciones con aquella América empezaron a incrementarse, tanto en un plano social como sobre todo económico (fuertes inversiones de empresas españolas en la zona, que son consideradas por parte de algunos como positivas por cuanto aportan capital, tecnología y empleo) proceso que continuó hasta 1995, cuando parece que algo empezó a cambiar en el plano social, no así en el económico. Y aquí, desde esta posición, se introduce otro elemento importante: el papel de Estados Unidos en las crisis que se han producido entre España y sus ex–colonias americanas, debido a los inmensos intereses comerciales que el coloso del norte de América parece tener en el resto del continente. En este sentido se hace preciso denunciar el beneficio manifiesto que Estados Unidos obtiene del deterioro de las relaciones de España con el centro y el sur de aquel continente.

Un punto de vista distinto viene tras la idea de que una mal potencia colonizadora, como España, difícilmente va a tener una influencia efectiva en sus ex-colonias. Por esto y por otro tipo de razones, España debe centrarse en Europa y en desarrollar sus propias potencialidades, olvidándose de aventuras transatlánticas. La nación española no debe defender intereses de empresas de capital volátil. El concepto de “empresa española” es un concepto vacío en el universo de la globalización. Una cosa es aquello que se denomina empresa española y otra muy distinta es el pueblo español, que en su inmensa mayoría no tiene relación con las aventuras que las “empresas españolas” desarrollen en aquellos territorios. Hay que evitar a toda costa esta identificación, muy interesada. Y, como se advierte desde otro discurso, distinto pero en este sentido concreto complementario, el concepto de liderazgo o de intermediación puede ser molesto para el indio.

Pero, se insiste, no podemos olvidar nuestra deuda con aquellas naciones. Tenemos cierta culpa, como responsabilidad consciente, como culpa consciente que hay que reparar, al menos como reconocimiento. Ante esto se contraargumenta: si entramos en una dinámica reparadora, ¿dónde fijamos el límite temporal? La invasión y el sometimiento de otros territorios ha sido patrimonio de muchos pueblos, europeos y no europeos, y España no ha estado libre de ello, unas veces como invasora y otras como invadida. También se invita desde esta réplica a no acabar embaucado por el mito del buen salvaje.

Un tema tangencial al núcleo del debate desarrollado, pero muy interesante y surgido a última hora, es el del origen de la leyenda negra contra España, sin duda de factura inglesa y francesa. Y relacionado con esto último, la relación entre la masonería y el proceso independentista en aquellas tierras, ante la evidencia de que el propio Simón Bolívar era masón.■

REFLEXIONANDO CON EL TAO



Las armas son las herramientas de la violencia;
todo hombre decente las detesta.

Las armas son las herramientas del miedo;
el hombre decente las evita.
Sólo con el mayor refreno
y en la más extrema necesidad
las usará si a ello es compelido.
La Paz es el valor más elevado.
Si la paz ha sido alterada,
¿cómo podría estar contento?
Sus enemigos no son demonios
sino seres humanos como él.
No les desea mal.
No se regocija en la victoria.
¿Cómo podría regocijarse en la victoria
y deleitarse en la matanza?

Él entra en batalla gravemente,
con gran pena y compasión,
como si a un funeral asistiera.

(TAO TE CHING (versión de Stephen Mitchell), de Lao Tse. Alianza Editorial, edición en «El libro de Bolsillo», con ref. H 4115. Fragmento completo Cap. 31, pág. 73)■




El TAO es una de las joyas de la Humanidad, de hecho supone una cumbre del trascendentalismo psíquico-espiritual y un sendero hacia la iluminación o consciencia objetiva. Creo lógico que todo el mundo se queda en halagos pues si leemos el TAO y observamos el mundo es de suponer que o no conocen el TAO y no han visto un sendero que recorrer, o simplemente no saben leer o viven en la indiferencia más pusilánime e indolente que puede arrastrar el ser humano sobre su cuerpo, un cuerpo sin alma, muerto, solamente carne y huesos.

Habría querido hacer un extenso análisis del libro TAO TE CHING como ya hiciera con la novela 1984, pero me advirtió un iniciado en estos temas que no cayera en el intelectualismo. Y es cierto, pues del TAO en realidad no se puede hablar, cuanto más hablamos de él (y lo dice el propio TAO) menos se conoce y entiende. El Tao simplemente hay que vivirlo; nos adentra en el mundo de los contrarios, en cómo todo se complementa, cómo la vida es una cuestión de tira y afloja. Llevar una vida contemplativa, la no-acción, vencer el deseo y desterrarlo, dejar que todo fluya... eso es lo que nos enseña el Tao; y todo tiene una finalidad: LA PAZ; que es el valor supremo, tanto en el TAO y en el hombre de bien como en cualquier religión del mundo, aunque algunos tachen a ciertas religiones como violentas.

De todos los poemas del TAO, he elegido el que podéis leer más arriba de nuevo. Creo que define perfectamente al hombre que no tienen más remedio que dejar aparte sus principios y adentrarse en un mundo de violencia para restablecer el orden del Tao, que no es otra cosa que la no-acción y que las cosas fluyan sin mediación externa: "debemos vivir con la naturaleza y no como si la naturaleza fuera un ser del que pudiéramos abusar; vivimos en ella y el daño que le hacemos es daño que nos infringimos".

También he de decir que el hombre de bien al que se hace referencia en el poema es un hombre que no existe, es el guerrero con honor, aquel que respeta a su enemigo, que lo venera y en cierta medida lo ama. Hablamos de los hombres de la buena guerra, de aquellos que ven a sus enemigos como a sus iguales y no como a demonios. Los hombres valían lo mismo. Hoy en día nos encontramos con que las vidas no valen nada, y si es cierto que antes tampoco, en ninguna época, al menos tenían honor y unos valores más verdaderos, de auténtico peso, hasta la palabra tenía un valor: creo que antes los hombres tenían más dignidad, ya fuera cual fuera su condición a pesar de las excepciones. Hoy en día el hombre vive lejos del TAO, vive lejos de cualquier fuente purificadora, envenenándose con la guerra, con las cruces, con los odios. De los 26 años que llevo viviendo creo que el mundo que he heredado en la actualidad es el más desalentador, desesperanzador y enfermo, pues todo está recubierto de una gran falsedad e impregnado de una fuerte psicosis y esquizofrenia que nos está empujando a una destrucción que se resume un suicidio colectivo de dimensiones globalizadoras.

Antes tenía unas fuertes convicciones políticas, ahora creo que he desterrado todo prejuicio ideológico y soy más libre, incluso más libre que cuando maté a Dios de mi cabeza. Mi nihilismo es sano, es vitalista y hasta puede complementarse con el TAO. No dejo que todo fluya porque sí, aunque ese flujo del que habla el TAO es incontrolable, al menos el de la energía espiritual. Supongo que no vale la pena luchar por nada, hemos tenido siglos y siglos para resarcirnos y solamente vamos a peor, ¿acaso no hemos aprendido algo? Y no es desesperanza, ¿acaso creéis que vale la pena mover un dedo por gente que consiente un mundo así? Yo he intentado cambiarlo, he luchado a mi manera y solamente me he llevado insultos. Nada más que me queda mi círculo de amistades y mi mujer, y así creo que seré feliz, más feliz que preocupándome por todas las injusticias. La mayor injusticia es tener que vivir en un mundo enfermo y sin alma, en un mundo desterrado de sí mismo, que odia y que se odia y que no cesa de autoflagelarse. ¿Qué queda entonces? Queda uno mismo, que es el camino más difícil, el reinventarse, el volver a crear un mundo propio mediante la voluntad de poder, el volver a la nada, al folio en blanco para luego resurgir de las cenizas hacia una nueva vida. Una vida en la que pueda purificarme, en la que pueda vencer al deseo, a la lujuria, a todo lo que me hace daño y que detesto y a lo que aún así reincido de nuevo. El deseo es una droga incontrolable, la lujuria un vicio maltratador del espíritu… Una vez curado puede que vuelva a dar algo a los demás, a entregarme fervorosamente a la digna e imposible tarea de cambiar el mundo.

LA UTOPÍA ESTÁ CERCA DE NOSOTROS, PERO TENEMOS DEMASIADO MIEDO PARA ALZAR LOS OJOS AL HORIZONTE.

Se despide cordialmente hasta el próximo POST,
DAORINO.■


Enlaces interesantes:
La Página del TAO
TAO TE CHING
Centro del TAO

EL AMOR EN SÍ

(Fragmento del prólogo de La Vida en el Parque, una novela de Daniel A. Ortiz)

Si el amor es darlo todo y no esperar nada, si el amor es la mayor solidaridad que existe en el reino de la humanidad, de mis palabras nace una sentencia que llena mi boca al pronunciarla: no creo en el amor porque no existe, porque se trata de una utopía de las emociones, de un sentimiento idealizado que aún no ha florecido en los hombres. Así como lo humano, que lejos de nosotros, hemos de conformarnos con soñarlo y contemplarlo en nuestra imaginación; no como imagen, sino como idea que perece en la realidad, como idea que nunca florece, como semilla en tierras de sal muera en un páramo olvidado.■

Fragmentos de EL PARASUEGRAS, una de las historias más atrevidas de Daniel Aragón Ortiz, incluídos en su libro de relatos Escorias y Cenizas


(…) Que se abra el telón, tenía diecisiete años y mi sexo rebosaba de alegría ante un paisaje fantástico: una joven rubia con una piel suave y tostada por el sol veraniego me acariciaba con su calido aliento y me introducía en el paraíso. Se llamaba Mónica y era perfecta, virtuosa, toda una hembra dispuesta con delicadeza, precisión y capricho, una creación divina que si puede parecer almibarada por su dulzura, escondía en sí misma un espíritu lúbrico digno de subyugar o de al menos de ser domado por él. Viéndola entre mis piernas, introduciéndose mi arma más preciada entre sus dientes, supe que me había enamorado. Con ella tuve mi primera experiencia, fue quien se apropió entre pechos grandes, útero infinito, rugidos de animal salvaje y labios carnosos con carmín de toda mi pureza e inocencia. Pero a pesar de haber sido despojado de cosa tan irreal ante los ojos, me sentí más pleno, más hombre si cabe, con una seguridad no experimentada anteriormente en mí.

Era el hombre más feliz del mundo, así de dichosos se sienten todos lo hombres cuando son embrujados por los encantos celestiales que aún hoy desprenden las mujeres, descendientes de ángeles. Pero no tardé en abrir los ojos, nada es tan bonito ni nada es tan real, el hombre nunca puede llegar a la totalidad de su consciencia porque siempre se pierde entre mentiras e invenciones, algunas placenteras, otras dolorosas. (…)


(…)Vitalia y yo nos veíamos en secreto, insistía en que sus padres me matarían si supieran que se veía conmigo, un hombre tan poco recomendable, bastante mayor que ella.... Mientras tanto, fornicábamos en mi casa, en mi cama, intercambiándonos el sudor, la saliva, el calor… Conmigo perdió la virginidad y conmigo se descubrió a sí misma. Me llegó a decir que nunca se había sentido una mujer porque ningún hombre la había tratado como tal, y yo no solamente la trataba como una mujer, sino como lo que era: un Ángel, un ser celestial, una domadora de hombres. Su belleza era grandilocuente, seres de otras culturas podrían haberle hecho culto, pero cuando hacíamos el amor su belleza alcanzaba otro nivel, un nivel imposible, indescriptible, sobrenatural.

Una tarde, Vitalia quiso dominarme. Había descubierto su naturaleza y una seguridad pasmosa que la convertían en un ser peligroso. Se posó en mi regazo, dejando sus pies caer detrás de mi espalda, unió sus senos contra mi pecho, sus uñas me arañaban la espalda, nuestros glúteos estaban apoyados en el suelo y yo estaba erecto como los pelos de un erizo. Abrazados e impetuosos, nos besábamos alocadamente y su sexo se precipitó sobre el mío y empezó a galopar y a dirigirme. Pero me sentí tan humillado, las mujeres nunca follan a los hombres, ellas siempre son folladas, ¡aquí solamente follo yo! Agarrada con fuerza y nervio contra mi pecho, no me dejó otra alternativa que despojarme de ella violentamente y agarrarla y penetrarla por detrás como a una perra para enseñarle quién era El Señor, su Amo, su Dueño, su Hombre, su Guerrero… Gritó más que nunca, sufrió como nunca, le dolía como nunca, pero acabó gustándole y pidiéndome más y más. Por delante, por detrás, ya poco le importaba, cualquiera de sus orificios le daba placer, había sucumbido al vicio, pero a su vez me era fiel y me hacía culto, ¡y aquella fue la mayor victoria que un ser como yo podía tener sobre un ángel!.

Un día diferente, fui a casa de Vitalia a dejar unas cajas de fruta. Ella me esperaba y me invitó a su cuarto. Accedí nervioso y en su cama de niña adolescente le hice el amor, tirando al suelo peluches y fotografías de metrosexuales amariconados. Agarré su trasero y le di su merecido, y me gritaba ¡más fuerte!, ¡más fuerte!, y yo la azotaba y la revolvía con violencia a la vez que aullábamos estremecidos de placer.(…)■

Libertad, miedo y nacionalismos. Erich Fromm y el miedo a la libertad (II)

Resumen de uno de los debates de Foro Identidad.
http://foro-identidad.blogspot.com/2007/10/asociacin-foro-identidad-prximo-foro.html


En este debate, segunda parte de “EL MIEDO A LA LIBERTAD”, comenzamos con una reseña cinéfila bastante inesperada y de una fuerza expresiva que rápidamente nos puso sobre el terreno. La reseña hizo referencia a la película “Lo que el viento se llevó”. La criada de Escarlata, una mujer de piel negra y esclava, le dijo, ¿a dónde voy yo ahora?, después de que su ama quedara en la ruina después de la revolución de esclavos que fue la guerra de secesión norteamericana. La criada se sentía segura con su yugo, era como si siendo libre fuera a conseguir inseguridad, miedo y un futuro tormentoso.

El miedo te lo imbuye la sociedad que te rodea y quien quiere dominarte, es casi un método educativo, un medio donde el trauma puede ser determinante en el crecimiento del ser humano y un mecanismo de determinación de los impulsos, de los movimientos y de las decisiones de los individuos. ¿Acaso El Hombre del Saco, por ejemplo, además de tener una base real, no es una forma de inocular miedo en los niños, de convencerles de que no salgan a ciertas horas, que no vayan por ciertos sitios y se vayan a dormir? ¿Acaso no es el odio al gitano o al negro o al extranjero mismo de cualquier color o raza una conclusión formulada por el miedo que inculcan a muchos otros muchos que dicen que son escoria, ladrones o algo peor? ¿No es entonces el nacionalismo una reacción de miedo frente a otras civilizaciones, culturas o etnias, creando una barrera de confrontación violenta para ser claramente diferenciados, siendo los términos arraigamiento y pureza los más sublimes (para los nacionalistas) y no a lo mejor los términos de mejor uso para el caso? El miedo es producto de la educación, una educación que provoca a veces la propia ignorancia, una ignorancia dispersada por todo el mundo con brillantes resultados.

Por otra parte, es en la familia donde más se coarta la libertad, como ya ha podido entreverse en lo anterior. Dentro de la familia, el modelo más predominante es el simbiótico, donde unos seres absorben a otros, donde unos funcionan como modelos a seguir. La educación no se basa en que cada individuo tenga unas ideas propias sino en que el hijo responda a las mismas características que sus progenitores o ascendientes. De la misma forma, el nacionalismo intenta inculcar generación tras generación sus símbolos, sus tradiciones, creado sus propios héroes o ejemplos a seguir por toda una nación.

Reincidiendo en el nacionalismo, y rozando esta vez la figura de Fromm, éste asume lo primero como una huida de la libertad. Debemos tener en cuenta que vivió la primera guerra mundial (auge del nacionalismo europeo, así como en el s. XIX) con catorce años y que a los doce años muere su padre. ¿Pero por qué es una huida de la libertad? Porque uno deja de lado toda su independencia para condenarse a la servidumbre de una bandera y a la visión monotemática de la grandeza de su pueblo, de su territorio y de su lengua. Así mismo, el nacionalismo es un sentimiento de comunidad, que bien llevado no tiene por qué suponer el rechazo hacia el otro, sino una sensación de amor propio que defiende su propia identidad, y no tiene por qué ser violento, ni radical. Pero dicho lo dicho, surge la idea de la no identificación, del apatriotismo, del ser apátrida, del ser que no tiene sentimiento de comunidad en sus sienes, que no se siente de ninguna parte, quien es, sin duda, el más libre de todos, al menos libre de ser nacionalista, de ser patriota, libre de una bandera, de una nación, de una masa; aunque nadie, por muy apátrida que sea, escapa a las vicisitudes de la historia que le rodea.

Para concluir, recalcar que el hombre tiene miedo desde que nace porque desconoce que el único respeto a la libertad reside en no imponer y no padecer el miedo, aunque a veces resulta muy difícil, demasiado complicado, imposible.■

PROMESAS DEL ESTE


Promesas del Este es la última película del aclamado David Cronenberg, que ha contado con las interpretaciones de un fuerte elenco de actores, entre ellos: Viggo Mortensen (Nikolai Luzhin), Naomi Watts (Anna Khitrova), Vincent Cassel (Kirill), Armin Mueller-Stahl (Semyon), Sinéad Cusack (Helen), Jerzy Skolimowski (Stepan), entre otros.

Se trata de una cinta que trasciende lo mafioso, porque tiene su profundidad, su reflexión, su punto moral y por supuesto el bien y el mal son de dudosa procedencia y de difícil distinción. Abusos, tráfico, asesinatos, ajustes de cuentas, parece que nada falta en esta gran película. Entre los temas que trata podemos destacar el desarraigo, las miras de hacer un mal para conseguir un bien mayor...

La película tiene un mensaje reivindicativo y nace de una esencia violenta y cruel. Trata los submundos de lo miserable, donde los ricos también son miserables e intérpretes del propio submundo de pobreza. El abuso de una menor, traída del Este para hacer de ella toda una prostituta, que posteriormente tuvo un hijo producto de su violación, y la existencia de un diario que involucra a magnates mafiosos del submundo de la miseria desencadena toda la cadena de vicisitudes que unirán las vidas de varios personajes. En esos entrecruzamientos entre personas con vidas distintas se desprende un acercamiento humano, donde también se desprende la soledad. Producto de esa soledad surgen frases como, "El mejor regalo que me puedes hacer es un regalo en navidad, no tengo a nadie" (o algo así, no lo recuerdo con exactitud); y es que la soledad forma parte de la tragedia de todos los personajes, una soledad que deriva a miedo, a desarraigo y a dolor, a mucho dolor, que debe ocultarse junto con los sentimientos bajo llave, y no para ser más fuerte muchas veces, sino para ser aún más miserable.

En fin, no sé qué más deciros, no me gusta destrozar las películas y lo interesante y lo que más me inspiraría a escribir está en los fotogramas de la cinta. Tal vez no es la mejor película de Cronenberg, pero no por ello deja de ser mala, es un trabajo muy digno donde Viggo Mortensen sale como nunca dando vida a un personaje de forma magistral y con una fuerza apabullante. Sin más, os animo a que veáis esta película y que salgáis tan contentos como yo del cine.■

LA OTRA CANCIÓN DEL BAILE



El texto de Nietzsche que podréis leer a continuación es sin duda uno de los pasajes más bellos de Así Habló Zaratrusta, así que poco puedo decir que no diga por sí mismo. Y no vayan a pensar que voy a dejar de escribir por falta de energía; palabras y más palabras tendría para este bello canto a la filosofía y a la literatura. Simplemente no quiero estropear con mi tenue pluma, aún por madurar, un texto de tanta fuerza y voluptuosidad. Que hable Nietzsche por sí mismo, aunque sea en castellano:

«En tus ojos he mirado hace un momento, oh vida: oro he visto centellear en tus nocturnos ojos, –mi corazón se quedó paralizado ante esa voluptuosidad:

»–¡Una barca de oro he visto centellear sobre aguas nocturnas, una balanceante barca de oro que se hundía, bebía agua, tornaba a hacer señas!

»A mi pie, furioso de bailar, lanzaste una mirada, una balanceante mirada que reía, preguntaba, derretía:

»Sólo dos veces agitaste tus castañuelas con pequeñas manos –entonces ya se balanceó mi pie con furia de bailar.

»Mis talones se irguieron, los dedos de mis pies escuchaban para comprenderte: lleva, en efecto, quien baila sus oídos –¡en los dedos de los pies!

»Hacia ti di un salto: tú retrocediste huyendo de él; ¡y hacia mí lanzó llamas la lengua de tus flotantes cabellos fugitivos!

»Di un salto apartándome de ti y de tus serpientes: entonces tú te detuviste, medio vuelta, los ojos llenos de deseo.

»Con miradas sinuosas –me enseñas senderos sinuosos; en ellos mi pie aprende – ¡astucias!
Te temo cercana, te amo lejana; tu huida me atrae, tu buscar rehace detenerme: –yo sufro, ¡mas qué no he sufrido por gusto por ti!

»Cuya frialdad inflama, cuyo odio seduce, cuya huida ata. Cuya burla –conmueve:

»–¡quién no te odiaría a ti, gran atadora, envolvedora, tentadora, buscadora, encontradora! ¡Quien no te amara a ti, pecadora inocente, impaciente, rápida como el viento, de ojos infantiles!

»¿Hacia dónde me arrastras ahora, criatura prodigiosa y niña traviesa? ¡Y ahora vuelves a huir de mí, dulce presa y niña ingrata!

»Te sigo bailando, te sigo incluso sobre una pequeña huella. ¿Dónde estás? ¿Dame la mano! ¡O un dedo tan sólo!

»Aquí hay cavernas y espesas malezas: ¡nos extraviaremos! -¡Alto! ¡Párate! ¿No ves revolotear búhos y murciélagos?

»¡Tú búho! ¡Tú murciélago! ¿Quieres burlarte de mí? ¿Dónde estamos? De los perros has aprendido este aullar y ladrar.

»¡Tú me gruñes cariñosamente con blancos dientecillos, tus malvados ojos saltan hacia mí desde ensortijadas melenitas!

»Éste es un baile a campo traviesa: yo soy el cazador –¿tú quieres ser mi perro, o mi gamuza?

»¡Ahora, a mi lado! ¡Y rápido, maligna saltadora!

»¡Ahora, arriba! ¡Y al otro lado! –¡Ay! –¡Me he caído yo mismo al saltar!

»¡Oh, mírame yacer en el suelo, tú arrogancia, e implorar gracia! ¡Me gustaría recorrer contigo –senderos más agradables!

»–¡senderos del amor, a través de silenciosos bosquecillos multicolores! O allí a lo largo del lago: ¡allí nadan y bailan peces dorados!

»¿Ahora estás cansada? Allá arriba hay ovejas y atardeceres: ¿no es hermoso dormir cuando los pastores tocan la flauta?

»¿Tan cansada estás? ¡Yo te llevo, deja caer tan solo los brazos! Y si tienes sed –yo tendría sin duda algo, ¡mas tu boca no quiere beberlo!

»–¡Oh esta maldita, ágil, flexible serpiente y bruja escurridiza! ¿a dónde has ido? ¡mas en la cara siento, de tu mano, dos huellas y manchas rojas!

»¡Estoy en verdad cansado de ser siempre tu estúpido pastor! Tú bruja, hasta ahora he cantado yo para ti, ahora tú debes –¡grita para mí!

¡Al compás de mi látigo debes bailar y gritar para mí! «Acaso he olvidado el látigo? –¡no!»


(ASÍ HABLÓ ZARATRUSTA, de Friedrich Nietzsche. Alianza Editorial, veintidós edición en «El libro de Bolsillo», nº612. Fragmento completo -punto 1- del capítulo La otra canción del baile, págs. 314-316)■

USO DE LA LIBERTAD, CONTROL DEL MIEDO Y PESEBRISMO: ERICH FROMM Y EL MIEDO A LA LIBERTAD.





Esta semana hemos vuelto a tratar a Erich Fromm mediante una de sus obras, “El Miedo a la Libertad”. Esa obra ha sido más bien una excusa que nos ha llevado igualmente a hablar sobre Orwell (y su “1984”) y el pesebrismo, temas que han sido el centro de atención durante estas últimas semanas.

Se empieza hablando sobre el pesebrismo, pronunciándose una breve sentencia: «…es el que alaba a quien le paga»; continuando con otra sentencia, ya teledirigida haciendo alusiones a Erich Fromm y a la realidad de muchos artistas o pseudoartistas: «El miedo a la libertad es el miedo a que el pesebre te deje de dar de comer». Esto encierra al individuo en un miedo en el que el peloteo se hace un mecanismo de supervivencia, un medio mediante el cual uno recibe para comer y el otro recibe para su ego. ¿Y cómo se llama esto? Pues para el que no cree en los principios de su pesebre, podemos hablar de una AUTOCENSURA que se está imponiendo, mediante la cual se consigue ceder sin mucha fricción.

El momento más caliente, dinámico y apasionado del debate se produjo cuando los contertulios afrontaban, intentando profundizar con minuciosidad quirúrgica, un término tan ético como controvertido, como lo es la LIBERTAD. La frase que produjo tal turbulencia, siempre en un sentido positivo, fue la discutida frase de Lenin: «LIBERTAD PARA QUÉ»; «¿Acaso la libertad se puede aparcar?, ¿el pueblo a trabajar y las minorías a gobernar?, ¿no condicionó esa frase el posterior desarrollo de la Unión Soviética», se preguntaba uno de los contertulios. Otro respondió diciendo que EL HOMBRE NUEVO se quedó en el primer estadio, no se pudo dar el paso a la libertad. Además, después de la Revolución Rusa se dio prioridad a las necesidades vitales en lugar de a la libertad. «¿Pero acaso se podían permitir la libertad después de una Revolución saliendo de donde salían?, ¿Acaso no era el peor momento para la libertad cuando la prioridad era la industrialización y erradicar el hambre, además de la reconstrucción y reorganización del país?», dijo otro de los contertulios en alusión de que después de una Revolución un país se encuentra debilitado y se deben coger las riendas. Nadie sabe hasta dónde habría llegado Lenin pero lo que sí es seguro, y como afirmó uno de los contertulios: «La libertad y un sistema democrático no tiene por qué ser tal y como se entiende hoy en día en el mundo occidental. Precisamente puede ser que en Occidente se viva menos la democracia y la libertad, puesto que no participamos de la vida democrática, relegando nuestro destino cada cuatro años a unos supuestos profesionales de la política: es una dictadura con “números aleatorios”. Y lo que es peor, en las sociedades democráticas se hace del miedo una filosofía para tenernos siempre tensos, alerta y con mucha incertidumbre, empezando con la televisión (que nos atonta y nos inunda de temores) y terminando con los abusivos precios de la vivienda y las más abusivas todavía clausuras de los bancos con la hipoteca, sin las continuas subidas de precios, etc.»

En la novela de Orwell, “1984” se habla muchísimo del miedo a la libertad, de hecho, el miedo es el denominador común de la novela de principio a fin: «Las antiguas civilizaciones sostenían basarse en el amor o en la justicia. La nuestra se funda en el odio. En nuestro mundo no habrá más emociones que el miedo, la rabia, el triunfo y el autorebajamiento» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.261) Y tras esa comprensión de vivir siempre con miedo, se plantea lo siguiente: ¿No está el miedo en TODO en el momento en el que existe una jerarquía, es decir, una escala de poder?, ¿y cómo va a frenarse el propio poder? El poder se podría frenar a sí mismo si respetara al poder judicial, pero es que nos encontramos en una lucha de poderes: el ejecutivo contra el judicial, el legislativo contra el ejecutivo…; al final todo se convierte en un todos contra todos. Aunque todo sea dicho, sentado en el ejecutivo se puede manejar al judicial, poniendo a sus amigos jueces a dedo en las salas constitucionales y en las cámaras tribunales más elevadas del Estado. Lo que significa que la practicidad de la división de poderes o legalidad de su actividad está en duda.

En cuanto a la hegemonía del concepto de libertad de Occidente, uno de los contertulios habló en los siguientes términos: «Mi libertad es buena, la tuya es mala: esa es la idea del capitalismo y la democracia Occidental» Una idea que se basa en la libertad de compra-venta y que se mide según el capital del que puedes disponer. Esa es sin duda la libertad de Occidente. Pero la libertad puede servir igualmente para hacer una sociedad más justa. De hecho, el poder tiene miedo a la libertad, y ¿qué ocurre entonces?: «el poder intenta adueñarse de la cultura y de todo acto verdaderamente libre, naciendo así el pesebrismo». Y esa adueñación puede ser violenta, amenazando a los artistas, o a través de otra forma más sibilina y no menos cruel: mediante la compra del artista o minándolo con el descrédito hasta que ceda y se deje comprar o luche hasta ser destruido. Se dice que en los autoritarismos la patada se vienen vivir, sin embargo en la sociedad democrática occidental no, lo que no quiere decir que no existan mecanismo de coartación y sojuzgación al individuo, que no es libre en sí mismo, sino que depende de otros: del que le dé trabajo, del que le dé casa, del que le dé la hipoteca… Y es que la democracia te deja hacer de todo: quejarte, patalear… pero al final al poder le da igual, hará lo que quiera: es el simulacro. Nuestro sistema de libertades es una pantomima en el que puedes quejarte, pero esa queja si la quieres llevar adelante te empujará a una odisea y a un montón de trabas. Por lo tanto, el Estado de derecho queda en entredicho, un estado de derecho en el que la ley es igual para todos pero todos no somos iguales ante la ley. Además, el capitalismo da rienda suelta a una actividad muy corrupta mediante el capital, y encima medio consentida, pues parece una práctica común y de lo más normal hasta que esta trasciende a los medios fácticos como la prensa, la televisión o la radio y de repente todo el mundo parece muy honrado.

Hoy en día existe una dictadura del miedo, aunque existe la libertad de sentir miedo. ¿Y qué miedos existen hoy en día frente al poder? Pues el miedo a enfrentarte a tu jefe, el miedo a defender tus derechos, el miedo a hacer uso de la libertad de expresión… Y eso es algo muy patente, es la AUNTOCENSURA (que casi equivaldría al doblepensar haciendo analogía con la novela 1984) de la que hablamos antes. Por ello, la libertad debe usarse valientemente, pues con miedo no se podrá hacer un buen uso de la libertad.

El discurrir del debate da marcha atrás y vuelve a la faltad de libertades en la URSS. Uno de los contertulios es tajante: «Durante la Guerra Fría no existían libertades ni en EE.UU. ni en la URSS. ¿Acaso nadie se acuerda del Comité de Actividades Antiamericanas? Y lo que es peor, ¿nadie recuerda -y esto antes de la Guerra Fría- los campos de concentración de japoneses en terreno norteamericano durante la segunda Guerra Mundial, muchos de ellos ciudadanos norteamericanos de pleno derecho? Y si me permiten, y posterior a la Guerra Fría, ¿qué es Guantánamo?» Es decir, Occidente no puede presumir precisamente de libertades y de democracia por muy abanderado que se haga de tal cruzada. Si acaso puede presumir de la idea romana se hombres libres y de esclavos, en el que existía hombres con derechos y hombres convertidos en escoria.

Pero en realidad, a nadie le conviene combatir al poder. Porque todo sea dicho, mientras todo el mundo pueda hacerse de multitud de cosas inútiles parece que no hay nada que temer. Vivimos en la sociedad del desahogo que no es sino parte del simulacro (del simulacro de la libertad), parafernalia del poder para tener a los hombres y mujeres bien sumidos bajo su cuna de control y obediencia inconsciente. Estamos manejados, el Pastor nos guía, pero pocos se dan cuenta y mucho de los que se dan cuenta se dejan llevar, ¿Y por qué?, pues por miedo y porque estamos demasiado bien alimentados; somos, en definitiva, como mascotas obedientes que temen a la vez que dan gracias a su dueño.■

EL ANTIPESEBRISTA IDEOLÓGICO Y EL SERCREATIVO CONVERSO


Como prometí en un anterior artículo, DE LA OBRA A LA COSA Y EL HOMBRE ANTIPESEBRISTA, abordaré dos nuevos tipos de intelectual: al antipesebrista ideológico y al sercreativo converso.

El primero de ellos es uno de los antipesebrista más puros, pues son activos, tienen fe y convicción en lo que hacen. Como dijo uno de mis compañeros de viaje dentro del seno de Foro Identidad, Juan Dianes, uno de los aspectos fundamentales del Antipesebrista debe ser que es ACTIVO y no reactivo. Es decir, un antipesebrista de cara al poder puede apoyarlo activamente sin reservas pero si el poder actúa de forma inconveniente el antipesebrista puede verlo como una traición y dejar de apoyarlo. Es decir, el antipesebrista ideológico no sirve al poder en sí mismo, sino a unos ideales, a su propio proyecto de vida, lo que les convierte en fuertes exponentes político-culturales que cuestionan contantemente al poder. Ejemplos hay muchos, como lo pueden ser George Orwell, Reinaldo Arenas, Miguel Hernández, etc. Hoy en día escasean hombres y mujeres de esta índole, pues quienes no sirven al pesebre político lo hacen al pesebre editorial, discográfico o a cualquier grupo de producción cultural-artístico. Es decir, lo que ahora reina es una actividad cultural REACTIVA o PASIVA sumida en la desidia y en la falta de crítica, lo que no quiere decir que no existan excepciones, que de hecho las hay. Es más, existen productoras de cualquier tipo de creación cultural que pueden tener una ética antipesebrista, cuya característica es la independencia que dan a sus creadores y la no adherencia a ningún tipo de poder en la medida de lo posible. La Independencia y el ser ACTIVOS es lo que, en definitiva, puede definir al antipesebrista, incluyendo, cómo no, al antipesebrista ideológico.

Siguiendo con el sercreativo converso, deciros que es un antipesebrista espurio, bajo sospecha, y que no tiene ninguna credibilidad, aunque ésta puede llegar a base de trabajo. Han sido sirvientes del pesebre, por lo tanto nos encontramos ante hombres y mujeres que han sido reactivos y pasivos que no han protestado ante nada, aunque si gastaron en halagos, en agasajos y en zalamerías. Cómo no, fueron seres curtidos en el peluseo y en el trenecito y forman en su mayoría viejas glorias del cuarto oscuro de la cultura, que no es otra cosa que la cultura sin fin, es decir, la cultura sin mensaje y con sumisión al poder.

Estos sercreativos pueden llegar por dos vías. La primera de ellas es el desengaño, es decir, pueden hartarse en cierto momento del poder al darse cuenta de que sirviéndoles no son realmente artistas o intelectuales y que sus obras son resultado de una sumisión política e ideológica que no encaja con sus personalidades, ni siquiera con la vida cultural. Éstos, de alguna forma, se habían subido al carro del pesebre para poder sobrevivir, y sus grandes creaciones llegan de forma tardía, cuando ya pueden elaborar su arte de forma libre y sin órdenes.

La segunda vía es el despecho. Estos sercreativos son los más impuros, de repente se convierten en intelectuales con conspicuos argumentos en contra de su antiguo pesebre y de los pesebres en general. Han sido maltratados por el pesebre y actúan vengativos y con odio. No son intelectuales en sí mismos, solamente pseudointelectuales que quieren dar a su vida cultural cierto matiz rebelde y antipesebrista para maquillar sus biografías de cara a las enciclopedias.

Para concluir, he de categorizar que el antipesebrista ideológico es un auténtico antipesebrista, mientras que el antipesebrista converso nos ofrece una de cal y otra de arena: por un lado pueden ser verdaderos antipesebristas pero por otro lado son farsantes, pseudointelectuales de teatrillo disfrazados de antipesebrismo.■

1984 (PARTE IV)

Llegamos a la cuarta y definitiva parte de este análisis sobre la novela 1984. Mucho se puede hablar sobre las palabras de Orwell y poco se ha dicho en El Mundo de Daorino. Lo que he intentado construir es simplemente un análisis lo bastante decente para que el mensaje de Orwell llegue un poco más a la sociedad actual, y espero haberlo conseguido. Sin más, seguiremos ahondando en el miedo y en el odio, hasta encerrarnos en la habitación 101, donde diremos adiós a la claustrofóbica y asfixiante sociedad de 1984.■


VIII
1984, STALIN Y EL IMPERIALISMO

«La Historia empezó en el sesenta y tantos, en el período de las grandes purgas, en el cual los primitivos jefes de la Revolución fueron suprimidos de una sola vez. Hacia 1970 no quedaba ninguno de ellos, excepto el Gran Hermano. Todos los demás habían sido acusados de traidores y contrarrevolucionarios. Goldstein huyó y se escondió nadie sabe dónde» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.81)

Inevitablemente, este fragmento de la novela me sugiere la traición de Stalin a la simiente primogénita de la Revolución Rusa y del bolchevismo; primero a Marx como ideólogo del comunismo y a Lenin como camarada y como uno de los padres de la Revolución, aportando sus tesis a los postulados marxistas y ampliando su riqueza conceptual. Esta traición se expande a otros muchos, como a Trotsky.

Lenin desarrolló su idea de Imperialismo intentando explicar las causas de la Primera Guerra Mundial. Según éste, el Imperialismo es el paso siguiente del capitalismo, su evolución natural. Hoy en día se convierte más que en un presagio o interpretación a priori de la historia, es una realidad total que llamamos Globalización y que no es otra cosa que el Imperialismo económico, tutelado por los países occidentales y subvencionado con la guerra.

En 1984 uno de los objetivos de los tres bloques en contienda era la conquista del mundo, el control total y absoluto de cada gramo de tierra, agua y aire, así como la dominación de todo ser viviente. Por lo tanto, en 1984 el Imperialismo es un objetivo que se muestra sin tapujos y que a su vez va en contra de sus intereses, pues la total dominación conllevaría el final de toda beligerancia, lo que provocaría la sobreproducción y la puesta en peligro de la continuidad de la Jerarquía Social, la desigualdad, el miedo y el control absoluto. Hoy en día, la metáfora de Orwell también tiene sus ecos. El Imperio nos quiere infestar de odio y miedo, nos quiere dominar mediante suculentos productos, a la vez que nos agobia con supuestas crisis y con desinformaciones premeditadas. A su vez, vivimos en una sociedad cada vez más controlada, donde la violencia generada supone una excusa para el control social, lo que genera a su vez más inquietud, más miedo y más odio y menos libertades.■


IX
EL ODIO Y LA TORTURA Y
LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD


Como ya hemos citado con anterioridad hasta la saciedad, la base de la sociedad de 1984 es el odio, lo que se atestigua con la siguientes palabras de la novela de Orwell:

«Las antiguas civilizaciones sostenían basarse en el amor o en la justicia. La nuestra se funda en el odio. En nuestro mundo no habrá más emociones que el miedo, la rabia, el triunfo y el autorebajamiento» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.261)

Por lo tanto, 1984 es una sociedad cruel, donde la humillación a uno mismo y la obediencia sin fisuras funcionan como las dos grandes virtudes que debe cultivar cada ciudadano. El odio hacia lo ajeno y a la vez el autoflagelamiento recuerdan a las fauces más negras de la Historia, donde el Hombre se sumergía en la miseria y en la humillación, a veces casi voluntaria, pues era la única forma de seguir viviendo o de vivir bien consigo mismo. Es terrorífica la visión que nos abre la novela, pues no solamente se coarta la libertad humana, sino su propia capacidad de ser un ser humano, arrancando de raíz las emociones más dignas y puras, más gratificantes y bellas que esconde el hombre.

Pero la crueldad de 1984 va más allá. A los que sufren un chispazo, un despertar, les espera un futuro mucho más humillante que la propia sumisión al Partido. Da igual por donde te muevas, por dónde y cómo te escondas o lo bien que finjas, pues la Policía del Pensamiento acabaría cogiendo a cualquier rebelde. A los que son hechos presa, a esos seres que se han rebelado con cualquier gesto de libertad, les espera una tortura que va más allá de lo desmedido. Es más que psicológica, va más allá de toda palabra. Resúmase así el suplicio al que son sometidos los herejes:

«-Dime –murmuró Winston-, ¿cuándo me matarán?
-A lo mejor tardan aún mucho tiempo- respondió O´Brien-. Eres un caso difícil. Pero no pierdas la esperanza. Todos se curan antes o después. Al final te mataremos»
(1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.267)

Primero te curan, luego te matan; de esa forma se resume la mayor de las crueldades. Si el sistema descubre que no comulgas con sus principios, que eres una ovejita descarriada, el Partido te humillará hasta llevarte por el buen carril. Imagínense a un dictador fascista torturado por un policía marxista y que el segundo acabara convenciendo al primero de que es comunista. Pero no es solamente convencerle de que lo diga, sino de que lo diga con fe de que lo es realmente. Eso va más allá de un rebajamiento, es la mayor de las torturas psicológicas, con lo que se demuestra que el odio y el miedo funcionan y que gobiernan más que las personas; es más, gobiernan a las personas, hacen que hinques la rodilla. Por ello, la única libertad es la esclavitud, es decir, es como ser libre para ser pobre, pues es lo único permitido, lo único que vale: la sumisión total.■


X
CONCLUSIÓN: LA HABITACIÓN 101



Orwell apela constantemente a la igualdad como única forma para mantener unas relaciones sociales estables y fructíferas, sin peleas ni disputas tediosas e innecesarias: «Donde hay libertad puede haber sensatez» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.214), nos dice; apela, igualmente, al sentido común. El sentido común es seguir la lógica de no hacer daño a tu semejante, de saberte igual que los demás (pues todos tenemos las mismas necesidades) y de convivir con armonía para llegar a una felicidad duradera y estable. «La mayor de las herejías era el sentido común» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.86), diría Orwell. Resulta increíble que una sociedad como 1984 pueda vivir ajeno al sentido común. El sentido común es la base Natural y primordial de la Ley, de toda Ley establecida por el hombre para hacer la sociedad más estable y que todo acto delictivo sea punible. Extrapolado todo esto al plano de nuestra realidad, nos damos cuenta de que el sentido común está encadenado, existe pero no reina, no es el motor de la Historia. El sentido común es la sensatez, y nos encontramos ante un mundo desigual, donde la felicidad se contabiliza en la cantidad de cosas inútiles acumuladas por cada uno. Parece, pues, que en la sociedad de 1984 todo va dirigido en contra del sentido común, desde la neolengua al doblepensar pasando por la guerra y...

Nuestra sociedad actual es una Habitación 101 de dimensiones globales, ¡¡nuestro planeta es la habitación 101!!. Allí te infligen el mayor de tus temores para dominarte, para que te arrodilles y pidas auxilio. Sientes tanto miedo que te aferras a tu peor enemigo para que te salve. Ese es el poder del miedo y ese es el secreto de Ingsoc. Al partido le da igual que le odies, lo que le importa realmente es tenerte atado, saberte desprotegido para que bebas de su mano. En nuestra realidad es lo mismo. El miedo al que nos someten es bestial, uno a veces piensa si es buena idea salir a la calle, pues parece que está llena de asesinos, de ladrones y de proxenetas. Pero el mayor de los miedos en la sociedad actual es la incertidumbre a la que nos someten, pues la estabilidad social no existe realmente, vivimos en un bienestar débil que parece poder derrumbarse en cualquier momento. Nuestra vida es la misma que la de un trapecista sobre su fina cuerda.

Al final de la lectura de 1984, me dije, un tanto frustrado y desalentado, pensando en la época que me ha tocado vivir: «¿Para qué sirve el poder?, ¿para qué tanto poder? En definitiva, ¿por qué el poder mismo de las cosas y sobre las cosas?, ¿por qué el afán de unos hombre por dominar a otros? Respuesta: porque así lo deciden tanto los que dominan como los que se dejan dominar y porque el instinto humano es cruel, territorial, celoso y destructor»

Y para concluir, que sirvan estas palabras de la novela 1984 para mayor desasosiego e incertidumbre, pues parece que al final el porqué de la obra de Ingsoc queda entre interrogantes, adornando una incógnita entre paréntesis que no puede despejarse:

«Pero hay una cuestión que hasta ahora hemos dejado a un lado. A saber: ¿por qué ha de ser evitada la igualdad humana? Suponiendo que la mecánica de este proceso haya quedado aquí claramente descrita, debemos preguntarnos: ¿cuál es el motivo de este enorme y minucioso esfuerzo planeado para congelar la historia de un determinado momento?

»Llegamos con esto al secreto central. Como hemos visto, la mística del Partido, y sobre todo del Partido Interior, depende del doblepensar. Pero a más profundidad aún, se halla el motivo original, el instinto nunca puesto en duda, el instinto que los llevó por primera vez a apoderarse de los mandos y que produjo el doblepensar, la Policía del Pensamiento, la guerra continua y todos los demás elementos que se han hecho necesarios para el sostenimiento del Poder. Este motivo consiste realmente en…»
(1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.210)■

Enlaces de interés:
-
1984 (PARTE I)
-
1984 (PARTE II)
-
1984 (PARTE III)

1984 (PARTE III)

Como pudimos leer en la primera y segunda parte de este análisis sobre la obra 1984 de Orwell, el odio sigue centrando cada punto a abordar. Es sin duda el denominador común de 1984, alrededor del cual gira todo lo demás. En esta tercera parte nos ceñiremos en la jerarquía social, en la configuración mundial y en los objetivos del Partido, entre otras cosas. Sin duda, todo análisis se quedará corto, pues sobre 1984 se podrían escribir libros enteros.■


VI
LA GUERRA ES LA PAZ:
EL OBJETIVO DEL PARTIDO Y LA GUERRA CONTÍNUA


En 1984 el desarrollo tecnológico se sostiene en la guerra: la destrucción es el fin supremo de toda técnica, es, de hecho, lo que justifica la existencia de la ciencia. Esto es solamente el reflejo de la ciencia del s. XX. Sin la guerra la aviación no se habría desarrollado tan rápido, así como la tecnología naval. En los laboratorios se han generado armas mortíferas, ya sean mediante átomos o virus, y no digamos la carrera espacial, si el hombre llegó a la luna o si un ruso fue el primero en orbitar la tierra como una mosca suele marear con sus vuelitos fue gracias a la guerra, al odio, al miedo… Porque al fin y al cabo la ciencia sirve a los principios del miedo y del odio, al menos a la así descrita en 1984. Bien sabemos que la ciencia médica y doméstica han avanzado con creces, lo cual ha supuesto un crecimiento en nuestro nivel de vida, pero también es cierto que también se ha visto empañada por logros un tanto indignos. Lo descrito en 1984 es la ciencia al servicio del mal, de la maldad, una sombra no demasiado exagerada de la realidad.

La finalidad del Partido se podría definir con la siguiente cita: «Las dos finalidades del Partido son conquistar toda la superficie de la Tierra y extinguir de una vez para siempre la posibilidad de toda libertad del pensamiento» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.192) La primera se sabe imposible porque no convendría al motor de la economía: una vez conquistado todo no se podría producir, no se podría destruir, la máquina económica se pararía y todo el subsistema social se derrumbaría. Todo esto lo sabían muchos miembros del Partido pero lo anulaban mediante el doblepensar. Además, ese objetivo utópico de conquista total hacía valer la guerra continua y la actitud exacerbaba a las masas, fanáticas y enérgicamente contundentes.

El Mundo de 1984 se divide en tres bloques, y en los diversos bloques el motor de la economía es la guerra. No sólo es el motor de la economía, sino la forma de mantener a la sociedad al límite, lo que hace que la jerarquía social se mantenga y todo sea mejor sometible mediante el miedo y el odio. Se da la paradoja, por lo tanto, de que los tres bloques funcionan como aliados aunque estén en constante guerra, como podremos leer en el siguiente fragmento, donde también se alude a la integridad cultural, bien a mantener y que hace referencia a la identidad y al nacionalismo:



«(…) Eurasia podría conquistar fácilmente las Islas Británicas, que forman parte, geográficamente, de Europa, y también sería posible para Oceanía avanzar sus fronteras hasta el Rin e incluso hasta el Vístula. Pero esto violaría el principio –seguido por todos los bandos, aunque nunca formulado–, de la integridad cultural. Así, si Oceanía conquistara áreas que antes se conocían con los nombres de Francia y Alemania, sería necesario exterminar a todos sus habitantes –tarea de gran dificultad física– o asimilarse una población de centenar de millones de personas que, en lo técnico, están a la misma altura que los oceánicos. El problema es el mismo para todos los superestados, siendo absolutamente imprescindible que su estructura no entre en contacto con extranjeros, excepto en reducidas proporciones con prisioneros de guerra y esclavos de color. Incluso el aliado oficial del momento es considerado con mucha suspicacia. El ciudadano medio de Oceanía nunca ve a un ciudadano de Eurasia ni de Asia Oriental –aparte de los prisioneros¬– y se le prohíbe que aprenda lenguas extranjeras. Si se le permitiera entrar en relación con extranjeros, descubriría que sin criaturas iguales a él en lo esencial y que casi todo lo que se le ha dicho sobre ellos es una sarta de mentiras. Se rompería así el mundo cerrado en que vive y quizá desaparecieran el miedo, el odio y la rigidez fanática en que se basa su moral. Se admite, por tanto, en los tres Estados que por mucho que cambien de manos Persia, Egipto, Java o Ceilán, las fronteras principales nunca podrán ser cruzadas más que por las bombas» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.193, 194)

A su vez, el mensaje de 1984 te convence del absurdo de la guerra y de la política, si es que no son lo mismo. El nacionalismo no son sino inventos de la mente humana donde puede proyectar toda su energía paranoica, todo su fanático ego, tada su porquería.

Para concluir, el objetivo subyacente del Partido es el poder, el poder por el poder, el control total, y he ahí la desgracia de la sociedad de 1984, o de la nuestra propia, de que la persecución de ese poder no tenga un motivo o un fin, lo que hace todo más absurdo. Pero además, ese anhelo de poder por el poder no tiene vista, pues no le importa que para ello mueran miles de personas, ¿acaso no es el retrato de todas las tiranías, ya sean autoritarias o democráticas? El querer el poder porque sí, por amor al propio poder y ya está, como los padres quieren a sus hijos por el simple hecho de serlos y punto, sin que exista un motivo racional. En el siguiente fragmento se describe perfectamente la idea del poder por el poder:

«- Ahora te diré la respuesta a mi pregunta. Se trata de esto: el Partido quiere tener el poder por amor al poder mismo. No nos interesa el bienestar de los demás; sólo nos interesa el poder. No la riqueza ni el lujo, ni la longevidad ni la felicidad; sólo el poder, el puro poder. Ahora comprenderás lo que significa el poder puro. Somos diferentes de todas las oligarquías del pasado porque sabemos lo que estamos haciendo. Todos los demás, incluso los que se parecían a nosotros, eran cobardes e hipócritas. Los nazis alemanes y los comunistas rusos se acercaban mucho a nosotros por sus métodos, pero nunca tuvieron el valor de reconocer sus propios motivos. Pretendían, y quizá lo creían sinceramente, que se habían apoderado de los mandos contra su voluntad y para un tiempo limitado y que a la vuelta de la esquina, como quien dice, había un paraíso donde todos los seres humanos serían libres e iguales. Nosotros no somos así. Sabemos que nadie se apodera del mando con intención de dejarlo. El poder no es un medio, sino un fin en sí mismo. No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura. El objeto de la persecución no es más que la persecución misma. La tortura sólo tiene como finalidad la misma tortura. Y el objeto del poder no es más que el poder. ¿Empiezas a entenderme?» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.257)

Dicho todo esto, La Guerra es la Paz porque mantiene el sistema y la jerarquía social inalterables; es decir, mantienen el orden, y el orden es la paz.■


VII
LA IGNORANCIA ES LA FUERZA: JERARQUÍA SOCIAL Y DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA


Como ya hemos dejado entrever anteriormente, en el mundo de 1984 existían tres bloques, cada uno de los cuales seguía una ideología que, sin embargo, al final se traducían en lo mismo: control, dominación, esclavitud y guerra.


Pero el bloque predominante en la novela es Oceanía, cuya sociedad es la que vivió Winston y Julia, por lo que nos centraremos en ella. En la novela se hace especial hincapié en la importancia de la jerarquía social, jerarquía que se mantiene mediante la guerra y el odio, y cuyo sustento es la desigualdad, pues una sociedad no jerarquizada, según Ingsoc y el GH, no tiene futuro, no es rentable.

«Si la riqueza llegaba a generalizarse, no serviría para distinguir a nadie. Sin duda, era posible imaginarse una sociedad en la que la riqueza, en el sentido de posesiones y lujos personales, fuera equitativamente distribuida mientras que el poder siguiera en manos de una minoría, de una pequeña casta privilegiada. Pero, en la práctica, semejante sociedad no podría conservarse estable, porque si todos disfrutasen por igual del lujo y del ocio, la gran masa de seres humanos, a quienes la pobreza suele imbecilizar, aprenderían muchas cosas y empezarían a pensar por sí mismos; y si empezaran a reflexionar, se darían cuenta más pronto o más tarde que la minoría privilegiada no tenía derecho alguno a imponerse a los demás y acabarían barriéndoles. A la larga, una sociedad jerárquica sólo sería posible basándose en la pobreza y en la ignorancia» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.189)



En el esquema que os presento arriba es la famosa jerarquía social. Arriba aparece el GH, que es una especie de deidad que nadie ha visto jamás y que rige el destino de Oceanía. Es la cabeza del Partido, que aparece más abajo. Éste se divide en Partido Interior y Exterior. El primero es el cerebro, un servicio de inteligencia y control de todo que se dedica a controlar cada paso que se da en el territorio. El Partido Exterior, sin embargo, va destinada a la guerra, y por ello son las manos del Partido y de Oceanía. Es de destacar que solamente representan el 6%, o así puede uno dilucidar leyendo la novela.

En el Partido también había desigualdades, pues existía una especie de élite con ciertos privilegios, como el de poder apagar la Telepantalla durante un tiempo limitado. Esta desigualdad se hacía igualmente patente en Winston y Julia, que eran verdaderos obreros del Partido, máquinas, personas sin vida propia con jornadas laborales desorbitadas. De hecho, casi todos los miembros del Partido tenían una vida laboriosa, sin tiempo para pensar. Por ello, el chispazo de luz de Winston se presenta en la novela como todo un acontecimiento en su vida: es un chispazo de decir basta, de rebeldía, de querer ser libre. Y era preferible la muerte a vivir muerto. En definitiva, el Partido era la casta dominante y gobernante, porque, aunque más pequeña, era como las bisagras de una puerta: la puerta es más grande pero sin bisagras no puede moverse.

«Si uno ha de gobernar, y de seguir gobernando siempre, es imprescindible que desquicie el sentido de la realidad. (…) Conocimiento con ignorancia, cinismo con fanatismo» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.209)

Luego se encuentran los proles, que representan el 83% aproximadamente (incluso puede que más) de la ciudadanía de Oceanía. Era como un mundo aparte, en la novela casi parece que se tratan de seres salvajes que no conocen la neolengua ni el doblepensar, de seres que viven en plena ignorancia, y eso es lo que le da fuerza al Partido, pues así más débiles, así más fáciles de dominar. De vez en cuando los proles sufrían ataques de misiles, sin embargo, parecía que nunca había pasado nada, pues el Partido lo dejaba bien claro: si no caían misiles no caían y lo que se viera era mentira, incluso los cadáveres. Los proles eran pasionales, acudían en masa a las manifestaciones y le daban un toque festivo, de fe y culto popular a la imagen del GH. No obstante, para muchos, incluido Winston, si había esperanza estaba en los proles, menos contaminados por el apestoso y asfixiante ambiente del Partido.

En el plano económico nos encontramos ante la guerra continua como motor incombustible de la producción, tal y como ya habíamos dilucidado anteriormente. Se trata de destruir para volver a construir, de destruir lo producido, de producir por producir para que la jerarquía social y el equilibrio mundial se mantengan estables, y que con ello se mantenga igualmente la desigualdad, el control, el miedo, el odio...

«El problema era mantener en marcha las ruedas de la industria sin aumentar la riqueza real del mundo. Los bienes habían de ser producidos, pero no distribuidos. Y, en la práctica, la única manera de lograr esto era la guerra continua.

»Un acto esencial de la guerra es la destrucción, no forzosamente de vidas humanas, sino de los productos del trabajo. La guerra es una manera de pulverizar o de hundir en el fondo del mar los materiales que en la paz constante podrían emplearse para que las masas gozaran de excesiva comodidad y, con ello, se hicieran a la larga demasiado inteligentes»
(1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.190)

«En cuanto al problema de la superproducción, que ha estado latente en nuestra sociedad desde el desarrollo del maquinismo, queda resuelto por el recurso de la guerra continua, que es necesaria también para mantener la moral pública a un elevado nivel» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.202, 203)

Claro está, todo lo dicho por Orwell, siendo irreal, resulta de una veracidad histórica contrastable. El siglo XX es un paradigma económico en este sentido. Después de quedar Europa arrasada durante la Primera Guerra Mundial y después de haber sido reconstruida, la bolsa de Nueva York calló, pasando a la historia como el famoso crack del 29. La economía estadounidense obtuvo grandes beneficios vendiendo sus productos a una Europa decaída. Pero cuando Europa se hacía cada vez más autosuficiente la producción estadounidense estaba por encima de su exportación y posterior venta, es lo que llamamos superproducción (aunque sería más descriptivo sobreproducción) y que en 1984 se solucionaba con la Guerra Continua. ¿Y cómo se solucionó toda la locura del CRACK del 29? Pues mediante la Segunda Guerra Mundial y la posterior configuración de un Nuevo orden Mundial con la Guerra Fría como telón de fondo a modo de Guerra Continua, ¿pues acaso no fue una lucha soviético-estadounidense encubierta Vietnam, Corea o Afganistán? Así se mantenía la producción y el orden económico mundial equilibrado, sufriendo unos para poder vivir otros. Y es que Occidente vive de la miseria de los demás, pese a quien pese, como Ingsoc y sus seguidores de los proles y de los esclavos.

Por último, nos encontramos con los esclavos. No son un porcentaje muy amplio (no se dice en la novela), pues resulta más ventajoso eliminarlos para poder mantener la integridad cultural. No tienen mucha importancia en la vida social de 1984, apenas se citan, aunque es relevante que se nutren de prisioneros de guerra de otros superestados y de hombres y mujeres de las nuevas tierras sometidas.

Para concluir, hemos de hacer mención de uno de los principios del Partido: LA IGNORANCIA ES LA FUERZA. No solamente es la fuerza, sino la única forma de mantener fanatizada a la ciudadanía mediante la desinformación y la tergiversación y control de la Historia. En 1984 nadie sabe realmente por qué combate, nadie sabe realmente nada, solamente lo que les dice el GH y El Partido.■

Enlaces de Interés:
1984 (PARTE I)
1984 (PARTE II)

1984 (PARTE II)



Esta semana continuamos analizando la obra 1984 de Orwell. Nos centraremos en algunos conceptos básicos de la novela y en ciertos puntos calientes de la vida social de 1984. Así, trataremos la sexualidad, la pareja, el control del pasado... para intentar adentrarnos en las entrañas de la genial novela de Orwell.


III
NEOLENGUA Y CRIMENTAL


¿Qué es la Neolengua?: «La finalidad de la Neolengua no era aumentar, sino disminuir el área del pensamiento, objetivo que podía conseguirse reduciendo el número de palabras al mínimo indispensable» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.294) La neolengua es, por lo tanto, una forma de mantener en la ignorancia y en el subdesarrollo intelectual a la población, empezando por los propios miembros del Partido. Así mismo, el Gran Hermano hacía posible la consecución de uno de sus tres principios más importantes: LA IGNORANCIA ES LA FUERZA.

La neolengua era el sistema de signos creado por el Gran Hermano que debía hacer de la lengua de Oceanía un poder inequívoco, donde cada palabra significara una cosa y nada más. Por lo tanto, palabra que se pronunciara palabra que debía ser entendida por todos por igual. Esto suponía toda una sangría en el mundo de la literatura y de la prensa. El Partido se encargaría de modificar todas las obras habidas y por haber, de crear novelas mediante parámetros y algoritmos, generando tramas, argumentos, todos ellos en neolengua.

Aunque el Partido también hacía novelas para los proles, para quienes la neolengua no era muy conocida o no demasiado extendida. Se les daba un formato clandestino, pero al final todo se traducía a que el Partido debía tener el control total sobre la cultura, sobre lo que se lee o se deja de leer.

El uso de la neolengua, creyéndose sus significados, podría ser un seguro de vida frente al Crimental. El Crimental es el delito de pensamiento. Cometer semejante sacrilegio contra el Partido constituía uno de las mayores heterodoxias, pues eso significaba que al Partido se le escapaban algunos individuos y además se manifestaba que el poder absoluto de Ingsoc no era hermético y podía tener escapes.

Pero al Crimental no escapaba nadie, pues más tarde o más temprano te cogerían y luego te matarían. Cuando alguien asume el delito la vida se convierte en un infierno doblemente, pues no solamente debe fingir ante las telepantallas, vigilar los gestos y los movimientos, sino luchar contra sí mismo, contra su propia luminosidad de conciencia, que debería camuflar mediante el doblepensar.■


IV
CONTROL DEL PASADO Y EL DOBLEPENSAR


El control del pensamiento requiere de cierta praxis, porque si no no habría coherencia en el mundo que el Partido quiere para todos sus ciudadanos. El control del pensamiento se centra en parte en la mananipulación de los medios de comunicación audiovisuales, radiofónicos y escritos; pues es en esos medios donde se dice lo que todos deben pensar. Si un día se dice una cosa y al siguiente una contradictoria el ciudadano debe estar entrenado en el doblepensar para deshacerse de esa incoherencia y creerse lo que en ese momento se comunica, pues esa es la única verdad: el pasado como tal no existe. La sociedad de 1984 vive en un presente perpetuo, ayer se decía que llevaban veinte años en guerra contra alguno de los bloques rivales y al siguiente se decía que era la aliada, pero la aliada desde hacía veinte años igualmente y todo el mundo debía creérselo sin rechistar. Esto suponía un control del pasado letal, y lo hacían de forma impecable, actualizando la hemerotecas, la prensa, las estadísticas, todo lo que hiciera falta para que lo que dijera El Partido en el nombre del GH fuera algo coherente y con sentido, así como irrefutable. Si alguien pensaba que existía una incoherencia en la historia de 1984 podría ir a la biblioteca, abrir uno de los libros de historia y ver que estaba equivocado, pues ese libro ya se había modificado. Por lo que toda incoherencia era indemostrable y solamente podía vivir dentro de los hombres y mujeres con conciencia. Esto no es solamente el control del pasado, sino su supresión. Y esto se me antoja más que una metáfora, es la realidad histórica de nuestro tiempo donde la Historia la escriben los vencedores o vencedor tras vencedor con sus interminables revisionismos.■



V
EL PLACER COMO REBELDÍA


En un mundo donde las emociones son coartadas, el sexo debe ser restringido a un plano práctico de procreación y esa fuerza contenida por la falta de borrachera erótica o plenitud sexual es utilizada por el Partido para mantener a sus seguidores más activos, más radicales, más fanáticos y manejables. Solamente el miedo y el odio son consentidos por El Partido, porque así es como mejor responden las masas ante sus designios. El placer es, por lo tanto, todo un acto de rebeldía:

«Y Julia se extendió sobre este asunto. Ella lo refería todo a su propia sexualidad. A diferencia de Winston, entendía perfectamente lo que el Partido se proponía con su puritanismo sexual. Lo más importante era que la represión sexual conducía a la histeria, lo cual era deseable ya que se podría transformar en una fiebre guerrera y en adoración del líder. Ella lo explicaba así: «Cuando haces el amor gastas energías y después te sientes feliz y no te importa nada. No pueden soportarlo que te sienta así. Quieren que estés a punto de estallar de energía todo el tiempo. Todas estas marchas arriba y abajo vitoreando y agitando banderas no es más que sexo agriado. Si eres feliz dentro de ti mismo, ¿por qué te ibas a excitar por el Gran Hermano y el Plan Trienal los Dos Minutos de Odio y todo el resto de su porquería.

»Esto era cierto, pensó él. Había una conexión entre la castidad y la ortodoxia política. ¿Cómo iban a mantenerse vivos el miedo, el odio y la insensata incredulidad que el Partido necesitaba si no se embotellaba algún instinto poderoso para usarlo después como combustible? El instinto sexual era peligroso para el Partido y éste lo había utilizado en provecho propio. Habían hecho algo parecido con el instinto familiar. La familia no podía ser abolida; es más, se animaba a la gente a que amase a sus hijos casi al estilo antiguo. Pero, por otra parte, los hijos eran enfrentados sistemáticamente contra sus padres y se les enseñaba a espiarlos y a denunciar sus desviaciones. La familia se había convertido en una ampliación de la Policía del Pensamiento. Era un recurso por medio del cual todos se hallaban rodeados noche y día por delatores que les conocían íntimamente»
(1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág. 136-137)

El amor entre Winston y Julia, otro de los personajes importantes de la novela, requiere de una mención obligada, pues el amor envuelve la historia de Winston como el odio envuelve la moral del Partido. Ambos eran aliados contra la ideología de Ingsoc, cuando hacían el amor sentían una trepidante sensación de placer y heterodoxia, el sexo tenía un valor que trascendía más allá del cuerpo, era un golpe moral, político, un acto corrupto porque se hacía con devoción, con placer y con amor. Que Orwell se explique por sí mismo:

«Este cuerpo joven y vigoroso, desamparado ahora en el sueño, despertó en él un compasivo y protector sentimiento. Pero la ternura que había sentido mientras escuchaba el canto del pájaro había desaparecido ya. Apartó su mono a un lado y estudió su cadera. En los viejos tiempos, pensó, un hombre miraba el cuerpo de una muchacha y veía que era deseable y ahí acababa la historia. Pero ahora no se podía sentir amor puro o deseo puro. Ninguna emoción era pura porque todo estaba mezclado con el miedo y el odio. Su abrazo había sido una batalla, el clímax una victoria. Era un golpe contra el Partido. Era un acto político» (1984. George Orwell. Ediciones Destino, Segunda Edición de Julio de 2001, pág.130)

Los afanes del Partido iban también más allá del control del placer, pues como ya se ha podido aludir anteriormente, también querían controlar los sentimientos. Nadie puede meterse en la cabeza de uno, pero al final todo cede, al final el Partido sería capaz de convencerte de lo contrario y eliminar de ti todo amor, sustituyéndolo por el odio, la fuerza y el impulso de la sociedad de Oceanía.■

Enlaces de interés:
-Wikipedia: Neolengua
-Los principios de Neolengua
-La “neolengua orwelliana”: una contradicción vital
-Wikipedia: Doblepensar
-La opinión alternativa: doblepensar
-Blog doblepensaryneolengua
-Capítulo II de 1984
-1984 analizado por El Rincón del Vago
-Wikipedia: Ignorancia
-Frases célebres sobre la ignorancia en provervia.net

1984 (PARTE I)


Este artículo, debido a su extensión, se publicará en cuatro partes. Fue mucho el interés que suscitó en mí 1984 nada más empezar su lectura, pues no se trataba solamente de una novela, me encontraba con auténtica dinamita entre las manos, con todo un arma político, con toda una declaración de principios en modo de prosa.

La novela de George Orwell (pseudónimo de Arthur Blair) titulada 1984, es una de esas obras que, como otros libros que han sido comentados en este blog, se quedan clavados en la memoria, y no solamente por su sencilla y entretenida lectura, sino por su mensaje político, militante, combativo, certero y visionario. Así mismo, es una novela donde el debate y la reflexión moral y política están presentes en cada línea, pues es la plasmación de la contemporaneidad de Orwell. ¿Cómo iba entonces a obviar el hacer un artículo sobre semejante novela después de su lectura, una lectura que inspira a escribir? Pese a su visión futurista, uno no puede evitar entrever la visión que Orwell tenía de la Unión Soviética en manos de Estalin y la sombra del nazismo. Estalinismo y nazismo: tendencias políticas que si bien enemigas ideológicamente, tenían un parentesco común en la forma de mantenerse en el poder. 1984 es, por lo tanto, una crítica feroz a cualquier sistema oligárquico o autoritario y a su vez una danza literaria en loor a la libertad de expresión y de pensamiento.■


I
AMARÁS AL GRAN HERMANO


Antes de la Revolución, los capitalistas eran dueños de Oceanía. Pero después Ingsoc y sus revolucionarios impusieron su régimen. Todo se reduciría a una cosa: Amarás al Gran Hermano. Él siempre te vigilará, siempre verá cada paso y cada pensamiento que ronde tus sienes; la libertad será solamente un camino prohibido, un acto criminal para la consecución de los proyectos del Gran Hermano, que es omnipresente. Nadie sabe si el Gran Hermano existe, aunque mediante el doblepensar todos pueden pensar que es inmortal, que siempre ha existido, y a la vez que no existe, que es una patraña del Partido. El GH se materializa en unos aparatos llamados Telepantalla, apostados por doquier, incansables máquinas que vigilan cada rincón del suelo del país.

Todos los nacidos a la sombre del GH deben guardarle obediencia, hacer culto a su efigie, honrarle en los Minutos del Odio como si fuera un Dios en una especie de rito de reminiscencias remotas. Esto es una realidad, las calles de Oceanía pueden recordar a fotos viejas de las avenidas de ciudades rusas con el perfil de Stalin o a barrios de ciudades alemanas invadidas por simbología nazi, donde sus ciudadanos también hacían culto del doblepensar, un mecanismo mediante el cual uno piensa dos cosas al mismo tiempo y que a su vez implica la habilidad de olvidar lo no conveniente y poder atraerlo si se necesita. Todo ello era lo que ocurría en cada acción social, una actuación mecánica, teatral y preconcebida, dentro de una realidad delirante formulada por líderes paranoicos.

Así mismo, El Partido, dos palabras que al ser pronunciadas debían procurar miedo y respeto-más lo primero, porque lo segundo se derivará solo-, es la sombra del GH. Sus miembros deben hacerlo todo por él, pues es su vida, es su cruzada, por él deben darlo todo y por él deben estar dispuestos a realizar cualquier cosa, aunque de ello dependan la vida de los demás o las suyas propias.■

II
WINSTON Y LA VIDA EN 1984


La vida se regía por los principios de Ingsoc: LA GUERRA ES LA PAZ, LA IGNORANCIA ES LA FUERZA, LA LIBERTAD ES LA ESCLAVITUD; principios que a favor de la lógica significan literalmente lo que dicen, pues en neoluengua no se podían permitir fisuras que dieran lugar a equívocos. Pero Winston, protagonista de la novela, encarna al ser con conciencia, a un rebelde del sistema que al escribir su diario ya comete un sacrilegio que le llevaría a la muerte, a ser vaporizado.

En cada rincón, la Telepantalla te observaba, era la encarnación tecnológica del Gran Hermano, Oráculo Moral, político y biempensante de la sociedad de 1984, que vigilará tus sueños, tus gestos, te estudiará minuciosamente, hasta lo más insignificante, para ahondar en una posible traición veinticuatro horas al día.

En la vida de 1984 no era posible el amor, ni la amistad, todo se reducía a una desconfianza y a un control exhaustivos de cada uno de los miembros de la sociedad, pues a priori, todos eran sospechosos de traición y debían investigarse mutuamente. Esta situación se hacía más fuerte y patente en los hombres y mujeres del partido (a quienes se les exigía más que a cualquier otro ciudadano), que debían expresar su obediencia en los minutos del odio, en las manifestaciones, en jornadas de trabajo de catorce horas diarias, en actividades extralaborales para fingir que son fieles al Partido o para mostrar su amor al Gran Hermano, etc.

La vida en 1984 era asfixiante, ningún minuto de sosiego, ningún momento de libertad, ningún sentimiento auténtico. Por eso, 1984 constituye una distopía muy amarga, dolorosa y fría, pero contada de una forma sencilla y bella. Sin embargo existe la esperanza, establecida en Goldstein y en su organización, llamada “LA HERMANDAD”. Goldstein fue uno de los fundadores del Partido, una de las semillas de la Revolución. Posteriormente lo trataremos, porque siendo 1984 una obra que hace hincapié en los autoritarismos, y especialmente en el Estalinismo, se hace irremisible señalar el paralelismo que existe entre la realidad y la ficción, es decir, entre Goldstein-Ingsoc y Lenin-Stalin respectivamente, siendo Stalin el traidor de la Revolución y del concepto ideológico que lo hizo posible: el marxismo-leninismo.■


Enlaces de Interés:
-Neolengua
-Doblepensar
-Ingsoc
-1984(novela)
-Artículo sobre 1984 en Bibliopolis
-Neolengua