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Der Untergang (El Hundimiento)

Interesante película sobre los últimos días del III Reich. Muchos son los aspectos tratados aunque, también hay que decirlo, desde un ángulo que siempre se nos antoja previsible. Algo que llama la atención casi desde el principio, posiblemente por su originalidad (sobre todo en este tipo de producciones) y que el filme refleja muy bien, es la situación de encerramiento en sí mismo que el poder parece provocar sobre el que ostenta el mando. Un momento desesperado para Berlín, acosado desde el este y posteriormente también desde el oeste, una caída inminente y visible para casi todos, excepto... para el protagonista de nuestra historia, el propio Hitler. Más allá de razones de tipo psicológico, que seguro que no estuvieron ausentes (en este personaje como en cualquier otro que haya llevado la carga de poder con el que él se invistió), se hace patente la incapacidad del líder para percibir en modo correcto la situación extrema a la que se enfrenta el régimen y la imposibilidad real de inversión eficaz del horizonte.

Hitler decide no huir, y eso le honra, pero a la vez ordena resistir a toda costa a una fuerza netamente superior. Y la resistencia de Berlín es una epopeya que no ha sido lo suficientemente glosada, seguramente por haber sucedido en el lado "equivocado" para glosarla (desgraciadamente en esta película, esta resistencia heroica tampoco recibe un trato justo). El coste de vidas humanas es altísimo, sobre todo teniendo en cuenta que el objetivo de resistir no va a ser posible y en todo caso, no va a llevar a ninguna parte. Eso lo tienen presente casi todos los altos mandos alemanes del momento. No así el líder supremo. Y el tratamiento de este enclaustramiento cognoscitivo que el poder perpetra sobre el poderoso, es, sin duda, el punto fuerte de esta película y la razón principal, en mi opinión, para verla.

EL OSCURANTISMO ETERNO: De los luchadores de las luces a los orgullosos ignorantes.

Recuerda la historia esos siglos de oscuridad donde las luces solamente brillaban en esos escritorios consagrados y en las alturas nobles y aristocráticas, cuando aún no había ni ciudadanos, ni burgueses, ni proletarios, aunque sí señores y esclavos. Luego la historia dio un vuelco con días ilustrados repletos de resplandores y vítores franceses de una revolución gloriosa.

Demasiado estrecha, aunque suficiente para dejar su marchamo, es o era esa línea que separa el oscurantismo de las luces y al revés. Tan estrecha que el oscurantismo no desapareció, aún podía fluir por pequeñas fisuras e imperfecciones de esa línea; la Ilustración no consiguió derrumbar a la ignorancia (siempre tan sólida y fácil), pero sí quedó en relieve y al descubierto por los fanales intelectuales de pragmatismo, utopía y progreso.

En la actualidad la educación llega a todos los seres del primer mundo, pero es una educación insulsa y sin profundidad que no se rige por el enriquecimiento cultural y una enseñanza moral que eduque en valores cívicos. Se supone que el mundo debería ser mejor, y sé que sabemos más que nuestros abuelos y padres (que aprendieron de las escuela de la vida o de la guerra), que tuvieron muchas dificultades a la hora de estudiar, incluso no estudiaron, pero ahora sólo veo a los niños y adolescentes y universitarios aprendiendo forzados sin tener un deseo firme de conocer y de culturizarse: el sedentarismo está privando a nuestros cerebros de la capacidad de pensar, el mundo se está convirtiendo en cajas tontas y vacías que solamente piensan en ver el fútbol, recrearse en pornografía y conseguir la mayor puntuación en un videojuego. Así mismo, todo se está convirtiendo en un mundo sin respeto a lo ajeno, tan ahogado en el fanatismo, la incomprensión y la barbarie.
En este segundo oscurantismo no se leen los libros, pero se utilizan para adornar; los contenidos -la letra- carecen de interés, no son prácticas y si superfluas y baladíes; pero sus cubiertas y estampados son bellos, atractivos y refulgentes, se ven maravillosas en las estanterías de nuestras casas. Al final la cultura recibe y da muchos premios y supone cierto prestigio, pero ha fracasado porque no ha vencido a la vulgaridad y a la ignorancia, ni a ese falso sentimiento de felicidad en lo material; mientras, ahora mismo, muchos se ríen de la cultura: NO SIRVE PARA NADA; y ese es el gran fracaso de las luces y la frustración de muchos intelectuales.
Nuestra cultura vive sumergida en los esquemas establecidos gobernantes, sin revelarse, sin atrevimiento (al menos sin ese atrevimiento no barato, el inteligente), siempre dormida y congraciada con la comercialidad y los valores consumistas. Pero ahí sigue el mundo con su incultura barnizada de ilustración, semejante a las instrucciones de una caja de preservativos, imbuyendo televisión y videojuego, que es de donde salen las únicas luces que brillan, además de las hermosas piernas y torsos musculosos de los anuncios de perfumes y desodorantes.
Sin embargo, hay excepciones, luchadores de las luces, y tal vez se pongan en guerra contra el oscurantismo eterno. ■

Brokeback Mountain: el atrevimiento cinematográfico convertido en belleza visual




Apunte un 8 de junio de 2012:

Estamos ante una gran película, le pese a quien le pese. Es una temática incómoda, pero en estos tiempos la homosexualidad hay que tratarla como algo que está ahí, que es antinatural, y no vivir con un odio visceral hacia ellos; por lo que sea, como una gripe, surge. No es antinatural porque no surja de forma natural, hay quienes nacen así y ya está, sino porque supone el caos dentro del orden natural de las cosas. Lo mismo que una gripe supone un caos en el orden de un cuerpo bien constituido, así actúa la homosexualidad dentro de una sociedad.

Yo abogo porque los homosexuales lleven su sexualidad con discreción y en la intimidad, no merecen más derechos por ser tal cosa ni tienen que ir haciendo gala de ello, lo mismo que yo no hago gala de mi heterosexualidad. No hay que darle carta de naturaleza a la homosexualidad, no obstante, lo mismo que no hay que darle carta de naturaleza a cualquier cosa que no sea el orden natural de las cosas. De todas formas la naturaleza es sabia y los homosexuales, al serlo, tienden a desaparecer ya que no procrean. Es un milagro ese en estos tiempos modernos de marxismo cultural, donde los gays ya no tienen que esconderse ni casarse con una mujer para aparentar y dejar descendencia con su genética defectuosa. Sé que hay excepciones.

El artículo que sigue, como muchos que se publicaron en los inicios de este blog, tiene una temática muy blanda, perteneciendo a una época de mi vida en la que yo aún vivía inmerso en el marxismo, tanto económico como cultural, cuando no había "despertado" y guardaba el carnet del PCE e IU en el bolsillo. Esto no es un secreto, lo saben muchos de los que han sido mis compañeros nacional-revolucionarios, con quienes espero, algún día, reconciliarme, a pesar de las diferencias ideológicas en lo teórico y volitivo y todos los malentendidos que ha habido.

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Es difícil encontrar en la cartelera películas que te estimulen y te den fuerza, y más que lleven un mensaje bello y atrevido, pero atrevido en Hollywood o en lugares de mentalidades impresionables. Es una historia de amor grandiosa, grandilocuente, donde uno es duro en apariencia pero se derrumba y por eso la imagen es más bella (la imagen del derrumbe, esas escenas donde llora porque no puede más: se me ponen los pelos de punta) y otro sensible (que no quiere decir blando) que sueña con una vida feliz junto con su vaquero en un rancho cuidando ganado. Esa perspectiva ahonda más que en cualquier otra, la homosexualidad debe entenderse como excusa, lo importante de la película es el amor, que se aman, que se quieren, y que la sociedad con sus prejuicios les impide amarse libremente; se convierten en una especie de criminales, de herejes... La película es una protesta contra las libertades, y ese es el mensaje profundo de la película: que el hombre lucha por la libertad.

Hay varios temas, como el amor entre homosexuales, la represión, la familia, la tapadera… pero es el dolor, la culpa y el sufrimiento la constante vital de la película. Lo más duro es que este mundo no deje ser a los que son como son, ser lo que son; deben guardar las apariencias, reprimirse, irse a México a buscar glúteos prietos y hondos... El amor se pierde a veces en esa necesidad sexual, pero en la necesidad de tener a su amado, pues el no poseer lo que amas hace que debas buscarlo en otros cuerpos, aunque sea solamente para imaginarlo en un lugar que no le pertenece.

La película es muy dura, sí, DURA es la palabra. Es un film de represión, frustraciones, infelicidad y dicha, sueños... Al final todo se traduce en lo que podía haber sido y en esa metáfora de la felicidad que se aprecia casi al término de la película: la foto de Brokeback Mountain y la camisa con la sangre reseca que parece sobrevivir al futuro y al pasado porque siempre que se encuentra uno en esas manchas de sangre vive el mismo instante en el que encontraron y supieron entender (los protagonistas) qué es la felicidad y lo difícil y carambolesco que fue conseguirla. ■

Fragmentos de DOÑA MATILDA, un relato corto de Daniel Aragón Ortiz que retrata el perfil y la tragedia de la Superputa nietzscheana


(…) Doña Matilda había sido apodada La Superputa porque fornicaba con muchos más hombres que sus amigas; superputa concebida por gente asustadiza y por la envidia de aquellas que no podían igualarla. Era como si Doña Matilda tuviera la culpa de que sus "amigas" no disfrutaran tanto de los hombres, que caían a sus pies, subyugados, para enamorarlos sin piedad y luego abandonarlos en la habitación de algún hotel con un látex recubriendo una erección que se quedaría con las ganas; pues ella, La Superputa, se había cansado de él, de sus jadeos y de sus modales de machote anacrónico, de su virilidad refinada para impresionarla y de su disfraz de ser que entiende a las mujeres o proyectos de mujer cuando solamente buscan a una chacha que les limpie los calzoncillos y que de vez en cuando le relama el sexo cuando éste mira al cielo buscando angelitos. (…)

(…) Doña Matilda era como una cerda, de ella podía comerse y aprovecharse todo, pues toda ella era placer y lujuria, locura y morbo, pecado y alivio, todo al mismo tiempo, sin escatimar en intensidades. Ella era en sí un Superhombre nietzscheano a lo disoluto, toda la magia de la filosofía volcada en el placer, ella era la Superputa nietzscheana, un monstruo erógeno de la modernidad, que nos envuelve y embelesa con toda su pomposidad y poderosa lubricidad. (…)

(…) Doña Matilda nunca se dejaba desvirgar, se vagina era tan sagrada y parecía tan inexistente como la de cualquier virgen, solamente su ano era herido cada noche o cada día, siempre que ella quisiera si estaba sobria. A ella le encantaba, y siempre se la podía sentir aullar con los lobos bajo la anemia lumínica de la noche. Iba a bares de horario nocturno con su pelo rubio postizo, pues ella no solamente era puta, tenía que parecerlo, y se imaginaba a las más putas como rubias y estilizadas, con su diminuto bolso de mano repleto de condones y tampones y llenas de collares de bisutería; pero Doña Matilda era peor que esas rubias, esas rubias que eran putas gratis. Y no crean que lo de puta es por algo laboral, sino que es un término algo marginado que con ella alcanzaba otra representación, la de aquella que hiere en lo más profundo del ser: el ego más íntimo. (…)

(...) El sol se abalanzó de un lado al otro del horizonte de un salto alambicado y refulgente tan impasible como siempre, ya tan hecho a la rutina y al aburrimiento. Las estrellas, “fijas” y pestañeantes, como dulces damas excitadas o ruborizadas, parecían despertar a Doña Matilda. Se dio un baño largo y reposado para relajarse y despertarse del todo; fue uno de esos baños donde es placer ahogarse cada rincón del cuerpo, un placer similar a la de una purificación, pero carnal y diabólica. La manopla, enredada en espuma como un atún entre las redes, se deslizaba por el pecho liso y pelado de Doña Matilda, bajando hasta su sexo, algo parecido a un péndulo sin movimiento o a la manecilla rota de un reloj de pared. (...)

RESPONSABLE O CULPABLE: EL PODER DE LA CULPA


Hoy he conseguido hacer culpable a un compañero sin que ni siquiera se diera cuenta: no paraba de justificarse para quedar bien; por supuesto, luego le dije que estaba bromeando: lo hice aposta. Quería demostrarme a mí mismo que la culpa es algo casi innato, algo que se ha inoculado de forma magistral mediante la religión cristiana y que, con anterioridad, seguro, bajo otras formas. La culpa se ha instalado en nuestra sociedad de tal forma que fluye de manera inconsciente y sirve como regulador o vía para las relaciones humanas en las sociedades con religiones monoteístas o con gobiernos autoritarios.

¿Pero debemos deshacernos de la culpa?, ¿qué tiene de positivo la culpa?, ¿es la responsabilidad diferente a la culpa? Ser responsables de nuestros actos nos puede llevar por dos caminos: el sentirnos culpables o no de nuestras acciones, salgan estas bien o no. ¿No crea la culpabilidad una moral?, ¿no hay entorno ella un tinglado bien montado y de difícil derruimiento?; si la culpabilidad tiene elementos positivos (perfeccionar la moral de un individuo, por ejemplo), ¿qué tipo de culpabilidad debe imperar?; si nos liberamos de cualquier culpa, de toda la culpa, ¿no estamos eliminando a las víctimas, no damos alas a la maldad, no estamos separando o, mejor dicho, difuminando la barrera que separa lo bueno de lo malo, al bueno y al malvado, lo justo y lo injusto, etc?. Sin el sentimiento de culpa se acabaron distinciones, todo puede ser licito y el castigo queda fuera, porque nadie es culpable de nada. Si nadie siente culpa no existen las responsabilidades, el hombre se habrá liberado entonces por completo; si el hombre puede o no sentirse culpable de algo es porque tiene responsabilidades, sin ellas toda culpa desaparece, ¿sería eso lo preferible? Si no hay culpa no hay justicia posible, imperaría otra ley sin ley, otra moralidad sin moral...

Es curioso, pero la culpabilidad funciona, es un arma de poder: los matones de institutos pegan a los empollones como si estos fueran culpables de ser más inteligentes o aplicados, las feas quieren hacer sentir culpables a las guapas de su belleza... Por supuesto, la Iglesia son los grandes creadores de culpas... y de perdones... a los homosexuales les dicen que practiquen abstinencia y que lleven su cruz como mejor puedan, ¿no es grotesco que los homosexuales deban sentirse culpables de serlo?. Pero esto no es sino una pequeña muestra de ejemplos. La culpa parece un pequeño muro que delimita dos terrenos distintos: LA LIBERTAD SIN MORAL POR UN LADO Y EL MUNDO DE LA MORALIDAD POR EL OTRO O LIBERTAD BAJO RESPONSABILIDADES.

Pero la pregunta es: ¿hasta qué punto debemos liberarnos de la culpa?