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TORO SALVAJE


Jake La Motta, el "Toro del Bronx", campeón mundial de los pesos medios en 1949, castigo de los legendarios Sugar Ray Robinson y Marcel Cerdan, orgullo de la comunidad italo-americana, es un buen exponente, casi un arquetipo, de un modo de estar en el mundo y de sus contradicciones. Atrapado en un universo inmigratorio, necesariamente fragmentario, miembro de una singular e idiosincrásica comunidad étnica, atrapada esta, a su vez, en el magma de una sociedad norteamericana de dirección anglosajona. Su figura es símbolo de la reafirmación étnica de su comunidad frente a la realidad de la descomposición cultural y anomia social crecientes que esta misma comunidad sufre. Italo-americanos, que viven su realidad nacional a medias como simulacro, a medias como espectáculo; este es el caldo de cultivo en el que la insultante degradación de la mujer llega a ser elemento de reconocimiento y de autorreconocimiento, realidad muy bien plasmada en esta película, en la que la censura hipócrita de la mentalidad wasp contra los excesos latinos queda perfectamente perfilada. Caldo de cultivo que explica también el papel de la Mafia como elemento organizativo de esta comunidad, en la cual llega a desempeñar hasta funciones judiciales, rompiéndose aquí el monopolio estatal de su impartición. Y es que es el propio desarraigo y caída del protagonista, auténtica trama argumental de la película, el mejor exponente microsocial de la evolución de su comunidad. ■

PULP, una historia de Charles Bukowski


Hay historias con las que no puedes parar de reír y Pulp es una de ellas. Te desternillas por lo pintoresco de las situaciones, por lo macabro de ciertos personajes y mucho más, incluso a veces porque te sientes identificado con las inquietudes, ideas, vicios o acciones de algunos protagonistas. Así que si quieren meterse de lleno en una historia amena, léanse este libro porque al menos a mí no me ha defraudado. He de reconocer que es la única obra que he leído de Bukowski y que no puedo hacer un análisis exhaustivo de lo que él representa en su conjunto, pero si todo su bagaje es igual de imaginativo, de divertido y de trasgresor (al menos en el uso del lenguaje) deben tener razón cuando le ponen en el cajón de los escritores malditos; y lo de escritores malditos expresado como un halago, como un rango superior dentro de la literatura, incluso mayor a la categoría de NOBEL o a la de los escritores best-seller. Son escritores sin ningún tipo de remilgo o de restricciones del tipo moral o políticamente correcto, y cuando uno está por encima de todo eso puede hacer un verdadero arte, porque puede juzgar, ver los errores y los puntos débiles de la sociedad en la que se vive, de su familia, de su propia vida, etc., no tiene miedo de derrumbar los cimientos en los que se sostiene el mundo y los provoca, aunque eso implique su destrucción. Tal vez esté equivocado, pero así me imagino a un escritor maldito.

Bukowski ya me empieza a caer simpático hasta en la dedicatoria: dedicado a la mala escritura, escribe. Pero adentrémonos en Pulp, y más concretamente en Belane. Es el personaje central de la novela, un detective fracasado pasado de los cincuenta que se tira los días enteros bebiendo y venerando su miembro viril con prácticas solitarias. Se casó tres veces y se divorció tres veces, no tenía ningún duro y allí a donde iba siempre encontraba problemas, como si nadie le quisiera dejar tranquilo, él mismo sabía que su vida valía una mierda pero que ahí estaba, solamente esperando a que la muerte se le abriera ante los ojos para luego cerrárselos.

Un día le vinieron muchos casos y empezó un periplo que le relacionó con bellas mujeres, desde la Señora Muerte hasta con una extraterrestre, que con la apariencia de un pivón, en realidad era un gusano con un ojo realmente espantoso. La búsqueda de El Gorrión Rojo es la excusa para llevar a Belane por un camino que le conducirá al éxito, aunque a un éxito de dimensiones sombrías.

Pero esta novela no deja de tener su trasfondo filosófico y ético. Desde la soledad de Belane, hasta en el deseo de poseer a una mujer o una copa, o en la necesidad de tener éxito en la vida y en el trabajo, o en sus reflexiones sobre sus vidas matrimoniales anteriores y sobre su situación en el mundo, o en el perfil de su barriga y en su conciencia de vacío, de infelicidad y sobre todo de fracaso, etc., en toda esa desgracia en la que se ve envuelto aveces Belane llega a cotas insospechadas hasta para él mismo, hasta cotas de un verdadero filósofo, o aprendiz de filósofo, pero decidió ser detective. Era tan desgraciado en este mundo que solamente le podía querer o coger cariño un ser de otro mundo, y en cierto modo así fue.

No cuento nada más, creo que este libro merece leerse por el buen rato que te hace pasar. Así que si tienen la oportunidad, aprovéchenla, Belane solamente les cobrará seis dólares la hora. ■

CAPITALISMO Y ESQUIZOFRENIA: El hombre desquiciado

Hoy he intentado comprar un regalo a mi novia, pero me sentía mal, el cuerpo no me respondía, supongo que sería por la resaca. Las tiendas eran demasiado pijas para mí, tan limpias, tan relucientes, con tantos productos para elegir. Pero me encontraba fatal, intentaba entrar en una de las tiendas y algo me echaba atrás, tal vez el tipo de gente que iba a comprar (la de lo políticamente correcto, los que dejan medio filete cuando van a un restaurante por educación), o esas niñas cursis que trabajan como dependientas y que lo empinan todo (muchos tienen que salir del establecimiento con las manos en los bolsillos), o esa música que ponen de fondo tan monótona (por lo repetidas que son, ¡que nó!, ¡que nó!, ¡que no me compro el disco!), o será para evitar esa necesidad de enseñarle al vecino el pantalón nuevo… El mundo se relaciona a través del dinero, qué habría sin él, ¿no habría mundo?.
Aún me encontraba mal, el pecho me hacía cosas raras, me empezó a doler el brazo izquierdo, a dormírseme la pierna, la temperatura me subió, me asusté, me puse blanco, luego rojo, se pasó rápido… ¡vaya mierda de resaca, me va a matar!
Iba andando por la calle y dentro de las tiendas solamente había tías buenorras con sus novios a cuestas, que parecían parte del mobiliario del establecimiento, sí, parte del mobiliario, por eso de que paseaban como perchas. Una mujer solo necesita a un hombre para que le baje las cosas de la estantería, para follar, para la VISA, para que las lleven en coche y… para ser un perchero. Aunque no lo crean no soy machista, pero si ellas dicen que todos los hombres somos unos cerdos (y cuando dicen todos se refieren hasta a Brad Pitt, uno que debe limpiarse y a quien se la deben de limpiar todos los días) yo puedo decir que todas ellas son lo que yo quiera.
Seguía pasando de tienda a tienda y no me atrevía a entrar en ninguna. Todo estaba lleno de mujeres y de sus perchas, y yo seguía sin entender cómo conseguían que siempre fuera la dependienta la que más buena estaba. Desquiciado, hice un alto en el camino y me metí en un bar. Pedí un ron con limón. Los bares son los únicos lugares de consumo donde me siento bien, allí hay hombres feos, el suelo está sucio, eso era más parecido a la humanidad, tener los pies en la tierra de verdad. Me terminé la copa, pagué, salí del local e intenté mirar en otros sitios a ver si encontraba un puñetero regalo. Al final entré en el lugar más cutre de la ciudad y compré unos tristísimos guantes de color rosa, seguramente cosidos con lana de a saber dónde por las manos de una pobre chinita de trece años. Qué calamidad este mundo, me entraban ganas de quemar todos lo centros comerciales. Pero por fin tenía el regalo, gracias a ese establecimiento tan mísero donde atendía una mujer muy grande, es decir, gorda, con la que sabía que podría controlar mis impulsos más triviales.
Fui a mi casa y me preparé la cena, luego me lo comí todo tranquilo. Mis padres gritaban, mi hermano tenía la música alta, yo me masturbaba para despejarme y olvidarme de todo. Pasaron las horas, me acosté, dormí, sonó el despertador a las siete, me desperté, me levanté, fui al baño y me afeite, me duché, después me puse la ropa del trabajo (traje barato con corbata azul, verde y amarilla), me masturbé de nuevo, me limpié las manos, oriné, cogí el móvil, di una pitada a mi novia, cogí las llaves de casa y del coche, bajé andando las escaleras, abrí el coche, metí primera, aceleré, luego puse segunda… a las ocho y cuarto ya estaba en la puerta de mi trabajo, Galerías La Galería, a las y media se abriría al público.
Mi puesto de trabajo se encontraba en la segunda planta, en la sección de ropa juvenil. Siempre me venían adolescentes revoltosos con aires de no sé qué, como si fueran personajes de cómic o algo por el estilo. Ocho y media y ya empezaban a entrar las primaras damas con sus percheros, hay quienes viven para comprar y solo se duermen para pasar mejor el calvario que supone el tener todas las tiendas cerradas. Mi lugar de trabajo era un imán para las tarjetas de crédito, esas luces, ese suelo, esos aseos tan limpios, esas estanterías, esa decoración fotográfica tan sugestiva, la música de fondo, los y las dependientes con sus trajes, yo asqueado y con una sonrisa de tonto para que el cliente no vea quién es el desgraciado que en realidad le está atendiendo y que le daría una patada en el culo y le gritaría «gilipollas enajenado de mierda vete al puto psiquiatra a que te pongan una nueva azotea». Mi primer cliente se gastó trescientos euros en un jersey que parecía una camiseta interior y que tenía un cangrejito a la altura de donde se posa el pectoral izquierdo, el segundo se gastó quinientos euros en una chaqueta de piel marrón y que pagó con una tarjeta muy desgastada que tuve que pasar unas diez veces para que el chisme la detectara. Luego vinieron más y el día pasó tan estúpidamente que me entraron ganas de estrellarme en cualquier farola con el coche.
En mi casa me esperaba mi novia, quería darle el regalo, hacía frío y necesitaba los guantes. Se los di y no le gustó nada, me insistió en que no se ponía baratijas, que ella era toda una mujer y no una niñata barriobajera. Luego hicimos el amor, qué menos podría ofrecerme, ya que no trabajaba al menos su culo debía servir para algo.
Al día siguiente, en el trabajo, me escaqueé con dos de los jerseys que tenían el cangrejito. Los descosí lo mejor que pude y me los guardé en el bolsillo. Fui a la tienda donde me atendió esa chica grande después del trabajo y me hice con unos guantes idénticos a los otros que ya había comprado, sólo que esta vez de un color distinto, amarillo pálido. En mi casa, con los chillidos de fondo de mis padres y la música estúpida de mi hermano, zurcí lo mejor que pude los cangrejitos en los guantes, uno en un guante y otro en el otro guante. Una vez cosidos fui a casa de mi novia y le hice el regalo después de disculparme por tener la osadía de comprarle una baratija. Se puso tan contenta cuando vio los cangrejitos que tuvo que venir la madre para que me soltara del cuello del abrazo tan efusivo que me estaba dando. Así que por fin ella tenía sus guantes.
Este mundo está un poco loco, nos encanta el dinero porque es algo que nos ayuda a aparentar una cosa que no somos. Pensamos que las cosas materiales nos dan caché, que el cangrejito es signo de elegancia y distinción. La gente se cree todo lo que sean promesas, de hecho los seres humanos somos como peces, la publicidad es el anzuelo y como siempre muchos pican de alguna forma u otra. Supongo que el mundo está loco y que mi novia es una auténtica enferma mental o como poco una víctima de su debilidad.
Yo no sé ustedes, pero cuando veo un centro comercial lejos de mi trabajo, huyo, y más si voy con mi novia, porque sé que tarde o temprano conseguirían sacarme la cartera del bolsillo como si fuera un atraco. Pero no termina todo ahí, también me dan miedo las gasolineras porque no quiero que maten a nadie de algún país del quinto culo para que me llenen el tanque, y las navidades porque…
Pasó el día, cené, luego dormí… me desperté a las diez de la mañana, era viernes, mi día libre de la semana, a las doce tenía que ir al psiquiatra, todos deberíamos ir...■

La vida es como una frase entre interrogantes


¿Quiénes somos? ¿Acaso podríamos responder a tal pregunta sin caer en la mentira? ¿Cuántos seres-tipo hay en el mundo? ¿Acaso significamos algo? ¿Somos una nota musical más que da armonía al Universo o un timbal estridente y desafinado del que se podría prescindir? ¿Por qué nos creemos necesarios e importantes? ¿No es un una necedad innata, egocentrismo pintoresco darnos esa importancia? ¿Acaso existe el mundo tal como lo vemos? ¿Es real lo que sentimos? ¿No son las paredes de nuestro cuerpo muros infranqueables que nos alejan de la verdad? ¿Pero es el mundo como es o como lo pensamos? ¿No transforma acaso el pensamiento la materia en idea? ¿No es un paso de lo tangible a lo idílico el noble ejercicio del pensar? ¿No es pensar cómo hacer barquitos de papel? ¿Por qué no una voluntad creadora para salvar el mundo de su necio espíritu arrogante? ¿Y por qué y para qué tanto dolor? ¿Para hacer la vida más heroica? ¿Acaso crece el hombre solamente cuando sufre lo imposible e innombrable o simplemente lo soportable? ¿Es entonces el sufrimiento necesario para crecer interiormente y convertirnos en seres más reflexivos y conscientes? ¿No es el sufrimiento una forma de despertar a la realidad a base de palos? ¿No es absurdo? ¿Pero no es más absurdo la fruición total y vivir en la bruma de polvo que se queda impregnada en los sentidos? ¿Quién ocupará mi cuerpo? ¿Podré ser otro en otro lugar? ¿por qué algunos crecen con madera de sabios y otros, sin embargo, se pierden en la tragedia vulgar de todos los días? ¿Es el sueño despertar de la realidad? ¿Para qué sirven las cosas inútiles? ¿Por qué nos hace ricos la propiedad? ¿Por qué todo es vendible y negociable? ¿Dónde están las cosas sagradas? ¿Merece la pena luchar por algo? ¿Nos seguiremos dejando llevar por el sensual ritual del consumo? ¿Es rentable vivir en un mundo lleno de inseguridades? ¿Somos humanos? ¿Sirve de algo todo lo que hemos creado? ¿Tiene algún sentido encontrarle la razón de ser a la vida? ¿La tendría una vez encontrada?...

El lobo estepario como arquetipo

Toda especie humana tiene sus caracteres, sus sellos; cada una tiene sus virtudes y sus vicios, cada una su pecado mortal. A los caracteres del lobo estepario pertenecía el que era un hombre nocturno. La mañana era para él una mala parte del día, que le asustaba y que nunca le trajo nada agradable. Nunca estuvo verdaderamente contento en una mañana cualquiera de su vida, nunca hizo nada bueno en las horas antes del mediodía, nunca tuvo buenas ocurrencias ni pudo proporcionarse a sí mismo ni a los demás alegrías en esas horas. Sólo en el transcurso de la tarde se iba entonando y animando, y únicamente hacia la noche se mostraba, en sus buenos días, fecundo, activo y a veces fogoso y alegre. Nunca ha tenido hombre alguno una necesidad más profunda y apasionada de independencia que él. En su juventud, siendo todavía pobre y costándole trabajo ganarse el pan, prefería pasar hambre y andar con los vestidos rotos, si así salvaba un poco de independencia. No se vendió nunca por dinero ni por comodidades, nunca a mujeres ni a poderosos; más de cien veces tiró y apartó de sí lo que a los ojos de todo el mundo constituía sus excelencias y ventajas, para conservar en cambio su libertad. Ninguna idea le era más odiosa y horrible que la de tener que ejercer un cargo, someterse a una distribución del tiempo, obedecer a otros. Una oficina, una cancillería, un negociado eran cosas para él tan execrables como la muerte, y lo más terrible que pudo vivir en sueños fue la reclusión en un cuartel. A todas estas situaciones supo sustraerse, a veces mediante grandes sacrificios. En esto estaba su fortaleza y su virtud, aquí era inflexible e incorruptible, aquí era su carácter firme y rectilíneo. Pero a esta virtud estaban íntimamente ligados su sufrimiento y su destino.

El lobo estepario. Hermann Hesse. Alianza, Madrid, 2004, págs. 54-55.

Jean-Baptiste Grenouille y su perfume


«En aquel momento habría podido elegir la segunda posibilidad que se le ofrecía, callar y recorrer el camino del nacimiento a la muerte sin el desvío de la vida, ahorrando con ello muchas calamidades a sí mismo y al mundo, pero tan prudente decisión habría requerido un mínimo de generosidad innata y Grenouille no la poseía. Fue un monstruo desde el principio. Eligió la vida por pura obstinación y por pura maldad»

EL PERFUME. Historia de un Asesino.
Patrick Süskind. Colección Booket, enero de 2002, pág. 25



Patrick Süskind puede presumir de haber escrito una de las más célebres y logradas joyas literarias, EL PERFUME, y de haber creado a uno de los personajes de libro más carismáticos y fascinantes, a Jean-Baptiste Grenouille.

El libro posee una prosa precisa, rítmica y extasiante, resulta atractiva desde el principio y engancha. Es, por lo tanto, una prosa bella, llena de matices y de colorido, donde las descripciones del Paris profundo, de los olores, del propio Grenouille… se sincronizan a la perfección, incluso hay momentos de gran brillantez y sublimidad.

La película basada en esta genial novela, dirigida por Tom Tykwer, tal vez no consiga transmitir lo mismo que la novela, pues la novela y el cine -a pesar de sus simbiosis, a veces memorables- trabajan diferentes dimensiones: de la imaginación que debemos desprender en la lectura, el cine supone un motor sensualista que somete al espectador a la belleza visual. Aún así, la película es respetuosa con el libro y con la trama y no introduce cambios significativos, aunque si deja algunos detalles del libro fuera (algunos importantes). El final de la película, el que se supone debiera ser el clímax, es espectacular y esclarecedor, aunque se le podría haber sacado un mayor partido. A mí parecer, la película es muy buena y ha conseguido un efecto agradable y un producto muy cuidado a nivel artístico. El gran logro de la película es que te introduce en el mundo de los olores con cierta maestría, algo que consideré muy difícil de llevar al cine cuando terminé la lectura de la novela.

Pero introduzcámonos en Jean-Baptiste Grenouille. Dotado un olfato perfecto y de un talento desmesurado para identificar los olores, fue desde que nació un esclavo, escoria, un hombre sin vida desterrado del mundo. Su cuerpo era resistente y sufrió hasta lo indecible, aunque sobrevivió a todo, pues Grenouille nos demuestra que a veces la voluntad y la ambición son más fuertes que cualquier otra cosa. Es un ser gafe, la desgracia forma parte de él y la desprende, todos los que no le trataron bien tuvieron finales grotescos y crueles, ¿tal vez era lo que se merecían? Unos le querían por sus manos, otros por su olfato y saciar su avaricia de dinero y falta de creatividad, otros...

En EL PERFUME no se habla solamente de la esclavitud, del odio o de la avaricia, la clave reside en el amor -es el tema central-, es eso lo que impulsa a Grenouille a matar para crear el mejor perfume del mundo, un perfume que sería capaz de arrodillar a cualquier rey y al mismísimo Papa. Sin embargo, Grenouille se muestra carente de afectos, incapaz de amar, como un ser de otro mundo que ansía reconocimiento pues los olores no dejan rastro, él mismo era un ser inodoro.

Tan importante es el amor en la novela, que es en sí un análisis de lo más irracional en el hombre, algo irreductible y un arma mediante el cual resultaría fácil esclavizarnos. El amor es ciego, sería capaz de obligarte a cualquier cosa, empuja al hombre y a la mujer a la lujuria y a las pasiones más desenfrenadas y atrevidas. Así que EL PERFUME no es solamente la historia de un asesino, sino la muestra de lo débil, frágil y vulnerable que es el ser humano y de lo fácilmente que caeríamos ante un ser como Grenouille que tuviera la fórmula para domarnos y nublarnos la mente con el deseo y la pasión, es decir, con la irracionalidad. ■

Fragmentos de Dementĭa, un relato corto de Daniel Aragón Ortiz sobre la vejez y la decadencia


(…) No era un ser apendolado, pero se elevaba sobre la tierra con sus carnes desmayadas y pálidas. Se podría decir que a su cuerpo no le llegaba la luz y que era un pájaro viejo y arrugado, de los de generaciones muertas, que vivía en un nido modesto hecho para seniles (…)

(…) Siempre caminaba por la calle arrastrando su cuerpo presuroso, pálido y arrugado mientras silbaba incesantemente como una cría que intenta invocar a sus padres muertos. Su silbido era como el viento, algo que le protegía por todas partes, casi había adoptado vida propia y perecía surgir de lo más profundo de su ser, de aquella maraña ligera donde él ya no era él y se hacía un gran lío. Caminaba por las calles estrechadas a lo largo de muros que parecían hablar el mismo lenguaje de la vejez, con la conciencia de que sabían más de la vida que de los tiempos, pues de la vida se llega a aprender algo, pero de los propios tiempos pretéritos y presentes nunca se es cultivado adecuadamente, pues siempre nos volcamos en repetir en su crudeza en lugar de en su virtud los errores de la historia, que parecen redundarse en un eterno retorno sombrío. Es lo que tienen las callejuelas de Tarifa, parecen hablarte de vidas, de sueños, de extrañas sensaciones y de coincidencias. En nuestro pobre ser alado aquellas calles eran su infancia, sus fiestas, sus amantes, sus amigos, sus charlas, sus reflexiones… Todo aquel entramado de callejuelas le hablaban en su recuerdo, pues él y esas calles eran lo mismo. Eso es lo que llamamos arraigo, echar raíces: el ser alado parecía un pájaro en descomposición, pronto sería estiércol y de él brotaría un árbol (…)

(…) Los domingos Jacinto no salía a volar, prefería sentarse en su butaca mientras el resto de los ancianos saludaban a sus nietos y nietas y a sus hijos e hijas. Eran los días más felices para esos abuelos, esos seres de la memoria que se marcharían del mundo con más pena que gloria. Esos días se mezclaban los llantos de los mayores por la emoción y la de los nietos por querer huir de un lugar tan decadente. Jacinto veía lo que era: escoria, basura, un sobrante; nadie se preocupa de la vejez, de los mayores, de los auténticos embajadores de la existencia y de la conservación: Jacinto sabía de mucho antes que la vida era sanguinaria e injusta, pero tuvo que adquirir experiencia para darse cuenta de que además se ensañaba (…)

"LA CONSCIENCIA: Una búsqueda de la verdad", de P. D. Ouspensky



Ouspensky fue un hombre ávido de sabiduría, alguien que buscaba algo al margen de los demás seres; o tal vez así le vea puesto que abandonó la enseñanza reglada muy joven. Como Platón, no cree en la palabra escrita, no es que no la utilice, pero no la ve como una herramienta válida como aproximación a la verdad. Él cree en la palabra hablada, en el diálogo, en la dialéctica.

La Conciencia: Una búsqueda de la Verdad (Editorial Humanitas, S. L. Primera edición en español, 1993), es lo primero que he leído de Ouspensky, y puestos a ser certeros, me ha sorprendido por su sencillez y lucidez, aunque para muchos sus postulados pueden sonar a metafísica esotérica.
El libro consta de cinco puntos y cada uno de ellos podría leerse por separado y entenderse igualmente. Es así porque se configura en forma de preguntas y respuestas recopiladas de las conferencias que ha dado el autor sobre diferentes temas. He aquí los cinco puntos:

1. La Memoria.
2. Personalidad superficial.
3. La obstinación
4. Las emociones negativas
5. Notas al trabajo
En este pequeño estudio nos centraremos en el punto 1, LA MEMORIA. Para los demás puntos podéis remitiros al libro en cuestión, una lectura que para mi gusto es muy recomendada por ser tan atractiva y rica en conceptos.

1
LA MEMORIA

Habla aquí Ouspensky de la memoria y el recuerdo, de la conciencia y de cómo ser más conscientes.
Sobre la conciencia se centra todo el ensayo 1 (La Memoria), dividiéndola en cuatro estados:
- Durmiente
- Vigilia o Conciencia relativa.
- Conciencia de sí mismo, Autoconciencia o Autorecuerdo.
- Conciencia objetiva.

Ouspensky parte de que la conciencia es un darse cuenta, y con esa pequeña definición se puede entender todo fácilmente. De los cuatro estados, nos pasamos la mayor parte de nuestras vidas en el primer y segundo estado; el primero es el sueño, un estado de inactividad en el que el cuerpo descansa; y el segundo es el estado de vigilia o conciencia relativa, que explica la mecanicidad de nuestros actos, un mundo donde no controlamos el flujo de nuestros pensamientos y nuestra imaginación: la imaginación, junto con la mentira, son malísimas para la memoria según Ouspensky. En este segundo estado todo se queda en la superficie, no ahondando en las esencias y en nuestra verdadera personalidad. Para salir de ese estado de vigilia y crecer hemos de recordarnos a nosotros mismos, y eso puede hacerse a voluntad, pero no duraderamente. Lo ideal sería recordarnos a nosotros mismos constantemente, sin intermitencias, porque la memoria sólo recoge momentos en los que hemos sido conscientes: sólo se recuerdan momentos de conciencia; por eso no recordamos el nacimiento, parte de nuestra infancia y tenemos lagunas de etapas de nuestra vida, recordando solamente los momentos más vívidos, ¿pero y si pudiéramos recordar todo, activar todas nuestras memorias? Para ello es necesario desarrollo, voluntad y recordarse a sí mismo: «(…) conciencia y voluntad son casi una misma cosa o, en cualquier caso, aspectos de la misma cosa (…)», dice Ouspensky.

El tercer estado es la conciencia de sí (el recordarse a sí mismo), a partir de ahí se encamina uno hacia la verdad, es también la conciencia de la individualidad, es donde el hombre busca su esencia y la de las cosas. Para ello es necesario un gran trabajo interior. Mientras, el cuarto estado de conciencia, la conciencia objetiva, es vivir en la verdad, es un estado de iluminación, lejos de la mentira y de la imaginación: la realidad se presenta tal como es, en su mayor LUCIDEZ, en la esencia más pura.

Ouspensky hace referencia a las vidas anteriores y a la reencarnación. El que uno se recordara a sí mismo en el pasado de antes del nacimiento podría influir en la nueva vida del individuo, por eso la idea de que lo que hagamos hasta nuestra muerte puede influir en nuestro próxima existencia. Esto me lleva a la idea del Eterno Retorno, tema que el autor desarrolla en este ensayo sobre la memoria. Pero para llegar a ese estado de memoria en el que uno puede recordarse antes del nacimiento hay que esforzarse en lo que Ouspensky repite hasta la saciedad: recordarse a sí mismo, saberse que uno está aquí y allá, solamente así se podrá tener una vida consciente.

«(…) Sobre la cuestión de vidas anteriores creo que hay gente que puede recordar algo, aunque sólo en casos muy raros, ya que recordar algo implica ya un cierto grado definido de desarrollo. El hombre ordinario no tiene aparato para una memoria tal. La esencia es mecánica. No vive por sí misma; no tiene un aparato especial para el pensamiento sino que tiene que pensar a través de la personalidad, y la personalidad no tiene experiencia (…)»

Ouspensky intenta disculpar al hombre por su incapacidad relativa de comprensión del mundo y de búsqueda de la verdad. Habla del tiempo y de la eternidad, donde todo tiene otras reglas, donde todo se repite constantemente y al mismo tiempo, cuesta imaginarlo. El hombre se va a lo más fácil, no tiene un espíritu claro de sacrificio, es como si prefiriera vivir en la mentira, en el estado de vigilia, o, peor aún, como si no pudiera salir de ese estado, como si estuviera estancado y atrapado. Sus palabras hablan por sí mismas:

«(…)¿La idea de tiempo paralelo significa que todos los momentos existen continuamente?
Sí, es muy difícil pensar sobre ello. Ciertamente significa eternidad del momento, pero nuestras mentes no pueden pensar de ese modo. Nuestra mente es una máquina muy limitada. Debemos pensar del modo más fácil y ser indulgentes con ello. Es más fácil pensar en repeticiones que en la existencia eterna del momento. Debe usted entender que nuestra mente no puede formular correctamente las cosas como son. Podemos hacer sólo formulaciones apropiadas que estén más cerca de la verdad que nuestro pensamiento ordinario. Esto es todo lo que se puede hacer. Nuestra mente y nuestro lenguaje son instrumentos muy burdos y tenemos que enfrentarnos a problemas muy finos y a cuestiones muy delicadas (…)»

Y para terminar, leamos las siguientes letras de Ouspensky, donde hace hincapié en los dos grandes problemas que tiene el hombre para llegar a la verdad, las dos destructoras de la memoria.
«(…)¿Qué se debe hacer para que la memoria no se eche a perder?
Trabajar en la imaginación primero. Luego en la mentira. Estas dos cosas destruyen nuestra memoria. Cuando empezamos a hablar de mentira, la gente lo tomó como algo divertido; no se hacían a la idea de que uno puede destruir su memoria completamente. Luche contra la imaginación también, no sólo como deporte o ejercicio (…)».

Lenin, Stalin y la crisis de la Izquierda


La figura de Lenin es más que admirable, el ejemplo de cómo un hombre, en el bien de un pueblo, expulsa a los zares y empieza la construcción de una SUPERPOTENCIA que se derrumbó por querer igualarse al capitalismo en todos sus aspectos: conquista, guerra, etc. El egoísmo imperial y la degeneración del Partido Comunista fueron los elementos determinantes del declive del COMUNISMO y por ende, de Lenin, la visión, junto con la de Trotsky, más humana del Marxismo.

Stalin fue determinante en la II Guerra Mundial, pero no olvidemos el Pacto de Acero entre Hitler y Stalin (luego Hitler le engañó, como Napoleón a los españoles -reinando Fernando VII-, aprovechando el Tratado de Fontainebleau, por el que se permitía el paso de tropas francesas por territorio español para invadir Portugal, debido a no obedecer el Bloqueo Continental a los ingleses impuesta por la Francia napoleónica). Stalin fue la imagen contraria de Lenin. Si éste reivindicaba llevar la revolución a otros países, Stalin pensaba en conquistarlos. Lenin creía más en la creación de una red de países comunistas independientes entre sí con cooperación económica -parecido al Pacto de Varsovia pero sin hegemonías- y Stalin propugnaba: EL COMUNISMO EN UN SOLO PAIS, lo que implica la multiplicación de medidas de poder y dominación.

Pero hoy día, si la izquierda está fracasando en España y en Europa es porque no sabe movilizar a la base obrera y trabajadora ni a las clases culturales e intelectuales para la causa de la izquierda. Es paradójico cómo muchos de los trabajadores prefieren votar a la derecha, a pesar de los pesares, o cómo en Córdoba, refugio de IU, los barrios más deprimidos son bastiones del PP.

En IU los comunistas (IU es una coalición -como bien sabréis- de varios partidos: PCE, Izquierda Republicana, etc.) juegan el papel principal, son el grueso, pero por otro lado el PCE tiene sus estatutos y sus propias cuotas y hay muchas discusiones en cuanto al proyecto de IU. El temor que se tiene es que el partido se descentralice, es decir, que se convierta en diversos partidos nacionalistas: el PSUC (el PCE de Cataluña) en Cataluña, Ezker Batua en el País Vasco, etc. Aunque a decir verdad, el PSUC es un partido independiente asociado al PCE. Ambos partidos llegaron a un acuerdo: si el PCE no se asienta en Cataluña el PSUC se compromete a ser un amigo fiel; para mí esto es un problema.

La socialdemocracia es la respuesta que ha asumido la izquierda más zurda (PCE, PCF, PCI, etc) con el eurocomunismo de Carrillo y otros dirigentes europeos, asumiendo la democracia de cámara actual y huyendo de la democracia participativa del pueblo con un partido único en el que todos comparten los mismos intereses. Es lo que se conoce como EUROCOMUNISMO, un aburguesamiento de la Izquierda.

Francia tiene un fuerte sentimiento nacional y LEPEN es la respuesta que muchos necesitaban, incluso los inmigrantes votan a LEPEN porque ellos mismos ven en los nuevos inmigrantes sus enemigos laborales, es la patada que la rata le da a la rata o el perro al perro, el obrero al obrero... Yo no defiendo el nacionalismo de ningún tipo, la tierra no es de nadie y a la vez es de todos y al revés. El que la Izquierda europea no sepa lo que quiere y que la ciudadanía no vea en la Izquierda a su protector es por culpa de la desculturalización del Partido, de no movilizar, politizar y mover la clase obrera mediante los sindicatos, defendiendo realmente sus derechos; en su lugar han buscado el apoyo de los bancos, de la burguesía progre y de los sectores rosas y verdes, que son fuerzas a tener en cuenta, pero la Izquierda debe ser ROJA por encima de todo y defender su base ideológica sin complejos.

La izquierda española y europea siempre han tenido la tradición de defender las minorías y por esos los grupos gays, los inmigrantes, y un diminuto etc. son la base electoral que los partidos de izquierda intentan absorber. Pero esto es en realidad nuevo, los comunistas veían antes en los homosexuales una alimaña, la diferencia, y en los inmigrantes lo que Sergio Salado citaría como enemigos de la revolución obrera y de la lucha de clases (he leído libros donde se cuenta que los comunistas sodomizaban a los homosexuales en las cárceles y he conocido a izquierdistas de hoy que no defienden a los inmigrantes). Pero ahora la izquierda ha evolucionado hacia el humanitarismo, hacia la aceptación de la diversidad, en la defensa de los derechos de las minorías, del medio ambiente, y creo que puede ser positivo que la izquierda haya evolucionado en esa dirección, lo que ocurre es que solo ha avanzado en esa dirección, y la IZQUIERDA no es solo violeta, rosa y verde, la IZQUIERDA debe ser ROJA, MUY ROJA, SOBRE TODO ROJA, como roja era la sangre de los 40 millones de rusos que murieron en la II guerra mundial (por la libertad y una auténtica sociedad del bienestar) o la de los republicanos españoles (más de 100.000, que murieron en la guerra, en la batalla, en el paredón y durante el franquismo en las cárceles o a manos de vecinos por simples rencillas, etc.).

El comunismo es en sí una ideología filosófica, es decir, no es solamente un sistema de ordenar o de configurar todas las estructuras culturales, institucionales, económicas, etc., sino también una forma de vida que requiere la transformación del individuo, su convencimiento de que la vida material es la realidad (hombre-naturaleza-hombre, hombre-tierra-trabajo) y la experiencia de una vida espiritual, si, casi espiritual, interior, donde la cultura sea lo más importante, donde la tierra debe regarse tanto como la voluntad de cada individuo.

El comunismo no debe ser lo que ha sido ni lo que es, el comunismo verdadero debe respetar al individuo, su individualidad, debe enriquecerse con las diferencias, pero además debe facilitar que cada persona asuma que una sociedad es un proyecto común, y por eso es importante la democracia participativa, un partido único, etc. Yo no creo en realidad en un Partido único, pero... no sé cómo expresarlo: si en España hay multitud de partidos, todos burgueses, ¿por qué no iba a ser igual de democrático un país donde todos los partidos fueran comunistas?

Yo estoy convencido de que capitalismo y comunismo son incompatibles. Una vez puse un ejemplo: imaginaos un tablero de ajedrez o de damas. A un lado están las piezas de ajedrez y al otro las damas, las primeras representan el capitalismo y las otras el comunismo..., ¿cómo se juega?, el juego es totalmente imposible... por eso, en la práctica, los países comunistas cerraron sus fronteras y se relacionaban preferentemente entre sí. La apertura, la que hizo que cayera el muro y el comunismo soviético, fue el desencadenante final de un destino decadente, que alcanza su punto tragicómico en el momento en que camiones de Coca Cola y cadenas de McDonnalds viajan apresudaramente hacia Moscú; seguro que para las multinacionales supuso la misma felicidad que sintieron los rusos entrando en Berlín para liberar al mundo del fantasma nazi. ■

Der Untergang (El Hundimiento)

Interesante película sobre los últimos días del III Reich. Muchos son los aspectos tratados aunque, también hay que decirlo, desde un ángulo que siempre se nos antoja previsible. Algo que llama la atención casi desde el principio, posiblemente por su originalidad (sobre todo en este tipo de producciones) y que el filme refleja muy bien, es la situación de encerramiento en sí mismo que el poder parece provocar sobre el que ostenta el mando. Un momento desesperado para Berlín, acosado desde el este y posteriormente también desde el oeste, una caída inminente y visible para casi todos, excepto... para el protagonista de nuestra historia, el propio Hitler. Más allá de razones de tipo psicológico, que seguro que no estuvieron ausentes (en este personaje como en cualquier otro que haya llevado la carga de poder con el que él se invistió), se hace patente la incapacidad del líder para percibir en modo correcto la situación extrema a la que se enfrenta el régimen y la imposibilidad real de inversión eficaz del horizonte.

Hitler decide no huir, y eso le honra, pero a la vez ordena resistir a toda costa a una fuerza netamente superior. Y la resistencia de Berlín es una epopeya que no ha sido lo suficientemente glosada, seguramente por haber sucedido en el lado "equivocado" para glosarla (desgraciadamente en esta película, esta resistencia heroica tampoco recibe un trato justo). El coste de vidas humanas es altísimo, sobre todo teniendo en cuenta que el objetivo de resistir no va a ser posible y en todo caso, no va a llevar a ninguna parte. Eso lo tienen presente casi todos los altos mandos alemanes del momento. No así el líder supremo. Y el tratamiento de este enclaustramiento cognoscitivo que el poder perpetra sobre el poderoso, es, sin duda, el punto fuerte de esta película y la razón principal, en mi opinión, para verla.

EL OSCURANTISMO ETERNO: De los luchadores de las luces a los orgullosos ignorantes.

Recuerda la historia esos siglos de oscuridad donde las luces solamente brillaban en esos escritorios consagrados y en las alturas nobles y aristocráticas, cuando aún no había ni ciudadanos, ni burgueses, ni proletarios, aunque sí señores y esclavos. Luego la historia dio un vuelco con días ilustrados repletos de resplandores y vítores franceses de una revolución gloriosa.

Demasiado estrecha, aunque suficiente para dejar su marchamo, es o era esa línea que separa el oscurantismo de las luces y al revés. Tan estrecha que el oscurantismo no desapareció, aún podía fluir por pequeñas fisuras e imperfecciones de esa línea; la Ilustración no consiguió derrumbar a la ignorancia (siempre tan sólida y fácil), pero sí quedó en relieve y al descubierto por los fanales intelectuales de pragmatismo, utopía y progreso.

En la actualidad la educación llega a todos los seres del primer mundo, pero es una educación insulsa y sin profundidad que no se rige por el enriquecimiento cultural y una enseñanza moral que eduque en valores cívicos. Se supone que el mundo debería ser mejor, y sé que sabemos más que nuestros abuelos y padres (que aprendieron de las escuela de la vida o de la guerra), que tuvieron muchas dificultades a la hora de estudiar, incluso no estudiaron, pero ahora sólo veo a los niños y adolescentes y universitarios aprendiendo forzados sin tener un deseo firme de conocer y de culturizarse: el sedentarismo está privando a nuestros cerebros de la capacidad de pensar, el mundo se está convirtiendo en cajas tontas y vacías que solamente piensan en ver el fútbol, recrearse en pornografía y conseguir la mayor puntuación en un videojuego. Así mismo, todo se está convirtiendo en un mundo sin respeto a lo ajeno, tan ahogado en el fanatismo, la incomprensión y la barbarie.
En este segundo oscurantismo no se leen los libros, pero se utilizan para adornar; los contenidos -la letra- carecen de interés, no son prácticas y si superfluas y baladíes; pero sus cubiertas y estampados son bellos, atractivos y refulgentes, se ven maravillosas en las estanterías de nuestras casas. Al final la cultura recibe y da muchos premios y supone cierto prestigio, pero ha fracasado porque no ha vencido a la vulgaridad y a la ignorancia, ni a ese falso sentimiento de felicidad en lo material; mientras, ahora mismo, muchos se ríen de la cultura: NO SIRVE PARA NADA; y ese es el gran fracaso de las luces y la frustración de muchos intelectuales.
Nuestra cultura vive sumergida en los esquemas establecidos gobernantes, sin revelarse, sin atrevimiento (al menos sin ese atrevimiento no barato, el inteligente), siempre dormida y congraciada con la comercialidad y los valores consumistas. Pero ahí sigue el mundo con su incultura barnizada de ilustración, semejante a las instrucciones de una caja de preservativos, imbuyendo televisión y videojuego, que es de donde salen las únicas luces que brillan, además de las hermosas piernas y torsos musculosos de los anuncios de perfumes y desodorantes.
Sin embargo, hay excepciones, luchadores de las luces, y tal vez se pongan en guerra contra el oscurantismo eterno. ■

Brokeback Mountain: el atrevimiento cinematográfico convertido en belleza visual




Apunte un 8 de junio de 2012:

Estamos ante una gran película, le pese a quien le pese. Es una temática incómoda, pero en estos tiempos la homosexualidad hay que tratarla como algo que está ahí, que es antinatural, y no vivir con un odio visceral hacia ellos; por lo que sea, como una gripe, surge. No es antinatural porque no surja de forma natural, hay quienes nacen así y ya está, sino porque supone el caos dentro del orden natural de las cosas. Lo mismo que una gripe supone un caos en el orden de un cuerpo bien constituido, así actúa la homosexualidad dentro de una sociedad.

Yo abogo porque los homosexuales lleven su sexualidad con discreción y en la intimidad, no merecen más derechos por ser tal cosa ni tienen que ir haciendo gala de ello, lo mismo que yo no hago gala de mi heterosexualidad. No hay que darle carta de naturaleza a la homosexualidad, no obstante, lo mismo que no hay que darle carta de naturaleza a cualquier cosa que no sea el orden natural de las cosas. De todas formas la naturaleza es sabia y los homosexuales, al serlo, tienden a desaparecer ya que no procrean. Es un milagro ese en estos tiempos modernos de marxismo cultural, donde los gays ya no tienen que esconderse ni casarse con una mujer para aparentar y dejar descendencia con su genética defectuosa. Sé que hay excepciones.

El artículo que sigue, como muchos que se publicaron en los inicios de este blog, tiene una temática muy blanda, perteneciendo a una época de mi vida en la que yo aún vivía inmerso en el marxismo, tanto económico como cultural, cuando no había "despertado" y guardaba el carnet del PCE e IU en el bolsillo. Esto no es un secreto, lo saben muchos de los que han sido mis compañeros nacional-revolucionarios, con quienes espero, algún día, reconciliarme, a pesar de las diferencias ideológicas en lo teórico y volitivo y todos los malentendidos que ha habido.

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Es difícil encontrar en la cartelera películas que te estimulen y te den fuerza, y más que lleven un mensaje bello y atrevido, pero atrevido en Hollywood o en lugares de mentalidades impresionables. Es una historia de amor grandiosa, grandilocuente, donde uno es duro en apariencia pero se derrumba y por eso la imagen es más bella (la imagen del derrumbe, esas escenas donde llora porque no puede más: se me ponen los pelos de punta) y otro sensible (que no quiere decir blando) que sueña con una vida feliz junto con su vaquero en un rancho cuidando ganado. Esa perspectiva ahonda más que en cualquier otra, la homosexualidad debe entenderse como excusa, lo importante de la película es el amor, que se aman, que se quieren, y que la sociedad con sus prejuicios les impide amarse libremente; se convierten en una especie de criminales, de herejes... La película es una protesta contra las libertades, y ese es el mensaje profundo de la película: que el hombre lucha por la libertad.

Hay varios temas, como el amor entre homosexuales, la represión, la familia, la tapadera… pero es el dolor, la culpa y el sufrimiento la constante vital de la película. Lo más duro es que este mundo no deje ser a los que son como son, ser lo que son; deben guardar las apariencias, reprimirse, irse a México a buscar glúteos prietos y hondos... El amor se pierde a veces en esa necesidad sexual, pero en la necesidad de tener a su amado, pues el no poseer lo que amas hace que debas buscarlo en otros cuerpos, aunque sea solamente para imaginarlo en un lugar que no le pertenece.

La película es muy dura, sí, DURA es la palabra. Es un film de represión, frustraciones, infelicidad y dicha, sueños... Al final todo se traduce en lo que podía haber sido y en esa metáfora de la felicidad que se aprecia casi al término de la película: la foto de Brokeback Mountain y la camisa con la sangre reseca que parece sobrevivir al futuro y al pasado porque siempre que se encuentra uno en esas manchas de sangre vive el mismo instante en el que encontraron y supieron entender (los protagonistas) qué es la felicidad y lo difícil y carambolesco que fue conseguirla. ■

Fragmentos de DOÑA MATILDA, un relato corto de Daniel Aragón Ortiz que retrata el perfil y la tragedia de la Superputa nietzscheana


(…) Doña Matilda había sido apodada La Superputa porque fornicaba con muchos más hombres que sus amigas; superputa concebida por gente asustadiza y por la envidia de aquellas que no podían igualarla. Era como si Doña Matilda tuviera la culpa de que sus "amigas" no disfrutaran tanto de los hombres, que caían a sus pies, subyugados, para enamorarlos sin piedad y luego abandonarlos en la habitación de algún hotel con un látex recubriendo una erección que se quedaría con las ganas; pues ella, La Superputa, se había cansado de él, de sus jadeos y de sus modales de machote anacrónico, de su virilidad refinada para impresionarla y de su disfraz de ser que entiende a las mujeres o proyectos de mujer cuando solamente buscan a una chacha que les limpie los calzoncillos y que de vez en cuando le relama el sexo cuando éste mira al cielo buscando angelitos. (…)

(…) Doña Matilda era como una cerda, de ella podía comerse y aprovecharse todo, pues toda ella era placer y lujuria, locura y morbo, pecado y alivio, todo al mismo tiempo, sin escatimar en intensidades. Ella era en sí un Superhombre nietzscheano a lo disoluto, toda la magia de la filosofía volcada en el placer, ella era la Superputa nietzscheana, un monstruo erógeno de la modernidad, que nos envuelve y embelesa con toda su pomposidad y poderosa lubricidad. (…)

(…) Doña Matilda nunca se dejaba desvirgar, se vagina era tan sagrada y parecía tan inexistente como la de cualquier virgen, solamente su ano era herido cada noche o cada día, siempre que ella quisiera si estaba sobria. A ella le encantaba, y siempre se la podía sentir aullar con los lobos bajo la anemia lumínica de la noche. Iba a bares de horario nocturno con su pelo rubio postizo, pues ella no solamente era puta, tenía que parecerlo, y se imaginaba a las más putas como rubias y estilizadas, con su diminuto bolso de mano repleto de condones y tampones y llenas de collares de bisutería; pero Doña Matilda era peor que esas rubias, esas rubias que eran putas gratis. Y no crean que lo de puta es por algo laboral, sino que es un término algo marginado que con ella alcanzaba otra representación, la de aquella que hiere en lo más profundo del ser: el ego más íntimo. (…)

(...) El sol se abalanzó de un lado al otro del horizonte de un salto alambicado y refulgente tan impasible como siempre, ya tan hecho a la rutina y al aburrimiento. Las estrellas, “fijas” y pestañeantes, como dulces damas excitadas o ruborizadas, parecían despertar a Doña Matilda. Se dio un baño largo y reposado para relajarse y despertarse del todo; fue uno de esos baños donde es placer ahogarse cada rincón del cuerpo, un placer similar a la de una purificación, pero carnal y diabólica. La manopla, enredada en espuma como un atún entre las redes, se deslizaba por el pecho liso y pelado de Doña Matilda, bajando hasta su sexo, algo parecido a un péndulo sin movimiento o a la manecilla rota de un reloj de pared. (...)

RESPONSABLE O CULPABLE: EL PODER DE LA CULPA


Hoy he conseguido hacer culpable a un compañero sin que ni siquiera se diera cuenta: no paraba de justificarse para quedar bien; por supuesto, luego le dije que estaba bromeando: lo hice aposta. Quería demostrarme a mí mismo que la culpa es algo casi innato, algo que se ha inoculado de forma magistral mediante la religión cristiana y que, con anterioridad, seguro, bajo otras formas. La culpa se ha instalado en nuestra sociedad de tal forma que fluye de manera inconsciente y sirve como regulador o vía para las relaciones humanas en las sociedades con religiones monoteístas o con gobiernos autoritarios.

¿Pero debemos deshacernos de la culpa?, ¿qué tiene de positivo la culpa?, ¿es la responsabilidad diferente a la culpa? Ser responsables de nuestros actos nos puede llevar por dos caminos: el sentirnos culpables o no de nuestras acciones, salgan estas bien o no. ¿No crea la culpabilidad una moral?, ¿no hay entorno ella un tinglado bien montado y de difícil derruimiento?; si la culpabilidad tiene elementos positivos (perfeccionar la moral de un individuo, por ejemplo), ¿qué tipo de culpabilidad debe imperar?; si nos liberamos de cualquier culpa, de toda la culpa, ¿no estamos eliminando a las víctimas, no damos alas a la maldad, no estamos separando o, mejor dicho, difuminando la barrera que separa lo bueno de lo malo, al bueno y al malvado, lo justo y lo injusto, etc?. Sin el sentimiento de culpa se acabaron distinciones, todo puede ser licito y el castigo queda fuera, porque nadie es culpable de nada. Si nadie siente culpa no existen las responsabilidades, el hombre se habrá liberado entonces por completo; si el hombre puede o no sentirse culpable de algo es porque tiene responsabilidades, sin ellas toda culpa desaparece, ¿sería eso lo preferible? Si no hay culpa no hay justicia posible, imperaría otra ley sin ley, otra moralidad sin moral...

Es curioso, pero la culpabilidad funciona, es un arma de poder: los matones de institutos pegan a los empollones como si estos fueran culpables de ser más inteligentes o aplicados, las feas quieren hacer sentir culpables a las guapas de su belleza... Por supuesto, la Iglesia son los grandes creadores de culpas... y de perdones... a los homosexuales les dicen que practiquen abstinencia y que lleven su cruz como mejor puedan, ¿no es grotesco que los homosexuales deban sentirse culpables de serlo?. Pero esto no es sino una pequeña muestra de ejemplos. La culpa parece un pequeño muro que delimita dos terrenos distintos: LA LIBERTAD SIN MORAL POR UN LADO Y EL MUNDO DE LA MORALIDAD POR EL OTRO O LIBERTAD BAJO RESPONSABILIDADES.

Pero la pregunta es: ¿hasta qué punto debemos liberarnos de la culpa?

LAS TORTUGAS TAMBIÉN VUELAN Y SIRIANA


Bonita película LAS TORTUGAS TAMBIÉN VUELAN, me llama la atención que sea una co-producción irano-irakí. Tiene muchos temas que tratar, tal vez el más claro sea la infancia; cuando uno ve cosas como esa entiende por qué LA INFANCIA ES UN DERECHO A PROTEGER.

En la película, los niños no son niños, son HOMBRES, y más hombres que muchos... Me quedo con la disyuntiva de aquella niña (entre odio-apatía y compasión-amor), que mata al pequeño ciego... es la parte más dura de la película, es difícil de digerir y de entender. El líder de los chavales es muy bueno, un obstinado de primera pero con un corazón muy grande: Él es el padre de los niños.

En definitiva, la película me ha parecido muy buena y muy entrañable, el testimonio de cómo las cosas suceden sin que apenas se den cuenta muchos, cómo las grandes multinacionales, los poderes facticos, juegan con los seres humanos, generando más odio, rencor e ira, todo para darles más alas a bombardearles, pues ese odio, ira y rencor se volverá contra ellos y tendrán que seguir y seguir bombardeándoles, MINANDO la infancia y el futuro de desdichas para aquellos niños.

Con esta película se me viene a la cabeza SYRIANA, en ella se ve toda la mierda que se desprende del negocio del crudo, cómo intereses acaban con reformistas que podrían mejorar países para poder mantener a líderes que beneficien sus negocios; en él la democracia queda a la altura del betún, todo es una tapadera. Y pensar que por esos intereses hay niños huérfanos, hambrientos, llenos de odio... nosotros no somos menos responsables del terrorismo que los terroristas: EL TERRORISMO DE ESTADO ES PEOR PORQUE AVECES O CASI SIEMPRE SE CONSIENTE.

El liberalismo económico es la economía de Occidente, se llenan de palabras grandes y hermosas, presumen de CIVILIZACIÓN, pero a su vez son incapaces de renunciar a su nivel de vida sobredimensionado para que otros puedan tener un futuro mejor en unas condiciones más benignas. Por eso, si dicen que el LIBERALISMO es el sistema perfecto, es que han perdido la cordura o la sensibilidad mínima razonable, esa empatía que nos hace fraternar con los demás seres humanos.

EL SÉPTIMO SELLO




Ingmar Bergman es uno de esos directores que hacen del cine un arte, de eso no hay duda, es algo que uno deduce cuando ve películas como EL SÉPTIMO SELLO.

Es una película que transciende lo humano, pues va más allá, hacia algo que da escalofríos: LA MUERTE. La película consiste en la inseguridad del hombre sobre lo que hay después, el devenir del último suspiro; narra una lucha constante contra la muerte, que acecha en cada esquina, en cada lugar, y siempre vence. La película ensalza un tono apocalíptico que casi podría valorarse como una epopeya épica trascendental a lo puramente bíblico-filosófico.

El contexto no podría serlo más apocalíptico: pleno auge de la peste negra, hombres desencantados, el eco de las cruzadas por los Santos Lugares, el vacío, la desesperación, el absurdo, el desfile de las ánimas, la crueldad... todo se funde de forma magistral, cruel, a veces divertida, pero bajo presupuestos muy pobres, pues diversión nunca se encuentra en el sufrimiento o en la humillación, sino en escenas simpáticas como la de un bebe que parece al margen de todo y que sin duda querrá decir algo en la película: tal vez resalte como contraposición a la muerte.

Ingmar Bergman hace una radiografía del Hombre que sobrecoge, incidiendo en temas filosófico-teológicos muy candentes: ¿qué hay después de la muerte?, ¿se preocupa Dios de mí?, ¿cuál es la condición humana?, etc. Nada de esto tiene respuesta, pero si la pregunta es suficiente para perturbarnos, qué hallaríamos en la certeza: ¿más consternación?.

Es una película imprescindible, una de esas cintas que te hacen amar el cine, pues transmite con gran intensidad, es como si tuviera vida propia, una conciencia y unos pensamientos únicos. En su valor filosófico puede recordar a EL CIELO SOBRE BERLÍN, de Win Wenders, del cual también se ha hablado en esta página, por ahondar en los tormentos, en los sueños, etc.; en definitiva, por preocuparse de aquello que transciende del Hombre, de aquello que no deja de ser más parte del hombre pero que parece que se nos escapa y queda fuera de nuestro alcance.

DRÁCULA DE BRAM STOKER: UNA LECTURA


Lo primero que llama la atención en esta obra literaria es la polisemia que contiene, las múltiples lecturas que puede ofrecer. Aquí planteo brevemente una posible línea de interpretación.
El conde Drácula es ante todo un conde, un noble (desde el principio nos es presentado como poseedor de una dilatada genealogía y como distinguido y fuerte a la vez), que irrumpe en la próspera sociedad londinense (símbolo a su vez de la sociedad y cultura burguesa) para conmocionarla. Casi todos los valores morales de esa sociedad son cuestionados por la presencia de Drácula. Frente a la previsión y el metodismo propio de la vida burguesa, el personaje es todo voluntad, muchas veces parece actuar sin un fin definido y moverse solo por los caprichos de su voluntad. No es un esclavo del tiempo, a diferencia del hombre moderno, aunque sí de los ciclos temporales naturales (como el día y la noche). La moral sexual recibe igualmente su parte. Las mujeres, seducidas por el conde, despiertan al sexo y se vuelven voluptuosas, abandonando así la contención sexual propia de la moral arcaica, y que no hubiera de romperse hasta la irrupción de la sobreproducción, la escasez de mercados y la subsiguiente y ulterior propuesta ideológica burguesa del consumismo y el hedonismo como meta. Esto no deja de representar una paradoja, al ser el conde un ser aún más arcaico, tal vez más europeo, aunque aquí entra en juego también el factor del magnetismo animal. En la novela vemos otros nobles (Arthur Holmwood en particular, cuyo título es Lord Godalming) que no saben comportarse como tales y permanecen sumidos en la molicie. El fin del espíritu fáustico europeo lo representa mejor que nadie Quincey P. Morris, teóricamente un hombre alejado de las costumbres burguesas y refinadas de la metrópoli, pero que sucumbe al poder antiguo de Drácula. Jonathan Harker representa en sí mismo una burguesía declinante. Y es que Drácula, él mismo un europeo, puede verse también como una celebración de los valores más arcaicos y propios al espíritu europeo. ■

Imagen: La sombra del vampiro.

LA CONJURA DE LOS NECIOS


He de reconocer que pocas veces un libro me ha entretenido abundantemente. Cuando me refiero a abundante, quiero incidir en la risa, en la carcajada... Y a una risa y a una carcajada de naturaleza tragicómica.
Ignatius Reilly es el desgraciado que protagoniza esta brillante historia escrita por John Kennedy Tool. Es un ser repugnante, pegajoso y nauseabundo, un ser sin decoro que expulsando gases y sufriendo la dolencia de su válvula, se siente, a pesar de todo, orgulloso de sí mismo y de su anacrónica y ferviente filosofía-teología e ideología, con la que hace una crítica feroz al mundo contemporáneo. Con su mentalidad de mártir echa la culpa a los demás de sus desgracias, sobre todo a su madre y a la rueda Fortuna, quien le arrastra sin piedad a la tortura: LA FORTUNA, como si fuera un viejo guerrero romano, es la que rige la suerte de muchos, las desgracias, las desdichas... El mundo estaba tan falto de teología y geometría como de llena estaba la suya de dicha geometría y teología, o así debía de estar cuando Ignatius demandaba tales menesteres para su entorno y su época. Un estado fuerte, una vida pudoroso y casta... esa era la visión de Ignatius Reilly, un personaje YA mítico de la literatura que promulgaba una vuelta a la sociedad medieval.
Pero ahí no queda todo, varias historias se entrecruzan, la de John -un chico de color que se siente acosado por la policía y que lucha por el salario mínimo-, la de una muchacha cuyo trabajo es hacer beber a los hombres y cuyo sueño es bailar, la del conminado policía Mancuso, la de la pobre madre de Ignatius y su novio- un anticomunista feroz- y varias historias más... y todas estas historias se enlazan con inteligencia y soltura, y al final...
John Kennedy Toole asienta su historia en Nueva Orleans, una región mediterránea, o al menos se describe como así lo fuera, donde todos los días parecen ser carnaval y donde el vicio y el desorden se apoderan de ella sin complejo alguno. Un lugar poco apto para mentes impresionables y castas como la de Reilly. Incidiendo en lo mediterráneo, es curioso cómo el sello latino queda impregnado en cierto modo en la obra, con olores, personajes, etc.
¿Pero qué querrá decir esta historia?, ¿habla del absurdo de la vida contemporánea?, ¿es una denuncia contra la Industria, el sistema capitalista y su explotación?, ¿es una delación de las diferencias sociales, de la caza de brujas, de la falsa mentalidad americana y su falso sueño?, ¿es un retrato social a nivel psicológico que centra su atención en las necesidades más primarias y necesarias del ser humano?, ¿o simplemente habla de la dignidad, de respeto y de la vida laboral?... este libro habla de eso y mucho más.
No hay mucho más que añadir, por mi parte, sobre La Conjura de los Necios, pues el resto ha de leerse y vivirse entre risas y reflexiones.
Si quieres conocer más sobre su autor, pincha en el siguiente enlace: http://es.wikipedia.org/wiki/Kennedy_Toole,_John

FAUSTO COMO PERSONAJE LITERARIO CON BASE EN LA REALIDAD NO PURAMENTE LITERARIA

Es curioso observar como personajes de algunas obras literarias clásicas tienen una existencia en el mundo, más allá de su entidad puramente literaria. Son conocidos los casos del fantasma de la ópera o de Drácula. También, y a éste me quiero referir, es el caso de Fausto, el personaje del genial Goethe (de hecho, la primera referencia literaria al personaje no procede del escritor alemán sino de un Volksbuch (libro popular), anónimo, publicado en 1587 por un editor de Francfort del Main llamado Spiess, bajo el título de "Historia von D. Johann Fausten"). Johann Fausten nace en Kneitlingen hacia 1480. Los datos ciertos del personaje no son numerosos. Se sabe que estudió Teología en la Universidad de Heidelberg, que fue considerado astrólogo y nigromante y que en 1520 el obispo de Bamberg le da diez florines por realizarle el horóscopo. Al parecer llevó una vida errante por las aldeas y villas alemanas, realizando prodigios a los ojos de sus contemporáneos y recibiendo dinero y bienes por ellos. Incluso en ocasiones tuvo que huir de la justicia, acusado de nigromante, como en Ingolstadt y Wittenberg. Muere en Staufen en 1540. A partir de ahí surge la leyenda popular que asegura haberlo visto salir de una taberna en Leipzig a lomos de una cuba (también es conocida su tendencia a la bebida), o volar hasta Praga a lomos de Pegaso, todo ello con la ayuda del diablo, servidor suyo a cambio de su alma. ■

CUMBRES BORRASCOSAS

Cumbres borrascosas está escrito por una mujer a una edad muy temprana, cosa a tener en cuenta por el poder que tienen los personajes femeninos sin tener que hacer uso de la fuerza bruta. Los papeles del Hombre y de la Mujer están muy estereotipados, la fuerza de Heatchclif o el sentimiento familiar -¡¡la mujer en casa!!- de la criada, que le cuenta la historia a Lockwood. Tal vez la excepción sea la del señor Linton, débil e inteligente, que es el antagónico de Heatchclif, y tal vez por eso Linton responda más a los cánones de una mujer, teniendo en cuenta los estereotipos.

El libro trata un poco de los sentimientos frente a la sangre fría, la rudeza contra la delicadeza, la ambición frente al conservadurismo, la fuerza contra la debilidad, es siempre un contraste el que se busca entre Cumbre Borrascosas y la Casa de los Linton. También hay que destacar el perfil de malo atribuido a Heatchclif, que se achaca al límite, cosa que me parece injusta porque es un personaje sin infancia, desterrado y confinado al diablo (por decirlo de alguna forma) y al que se le niega toda comprensión; todo debido a que "LA AMADA" prefirió al señor Linton por su delicadeza, riqueza y educación en lugar del apasionado Heatchclif, que se largó para aprender del mundo.
Es muy fuerte la valoración que se hace en el libro de la calidad de vida: se prefiere la vida fácil (como de corte) a la vida dura en el campo, se achaca la incultura a la vida en el campo y la educación y el refinamiento al estatus más elevado de los Linton. MÁS PODER = MAS DINERO = MAS ESTATUS = MEJOR EDUCACIÓN...

Lo que me sorprende de la novela es que no hay párrafos que disculpen a Heathcliff de sus acciones; tal vez un poco al final, pero de una forma poco visible, muy liviana. Me parece el personaje más carismático de la novela, lo inunda todo, al final casi se convierte en un ser mitológico. A mi Heathcliff me parece un personaje embrutecido por la crueldad de su época, nadie lo quería por ser adoptado, le negaron el amor, y su vida ha sido siempre una especie cruzada, una venganza contra los Linton y una conquista del amor de Catalina, que siempre lo tuvo, pero nunca lo pudo coger del todo porque las circunstancias eran superiores a ellos mismos.

Injustamente, Cumbres Borrascosas está considerada por muchos como una obra menor. Emily Brontë está a la altura de Dickens y otros escritores de su época y lengua, pero es una mujer, y, queramos o no, en la literatura (como en todo), ha existido cierta desvaloración por las capacidades femeninas en el arte. ■

SOBRE KAFKA Y LA METAMORFOSIS

A mí, siempre que leo a Kafka, se me queda en la cabeza cierta sensación de absurdo, como cuando me leí La Metamorfosis; pero ese absurdo no la encuentro en su literatura, ni en su autor, al contrario, sino en LA VIDA.

El que alguien se despierta convertido en un monstruoso insecto me provoca angustia, es en sí una advertencia, una puesta a punto que nos viene a decir que existe el rechazo a lo que es diferente, que ese rechazo puede venir de la propia familia, que hay cosas que tapar y de que somos insignificantes. Claro que LA METAMORFOSIS deja muchos puntos abiertos, es en sí una novela prolífica en interpretaciones y en interpretaciones de las interpretaciones, es una novela que siempre es diferente cada vez que se lee, como pasa con casi todo lo que se puede leer.

Kafka es también una especie de filósofo existencialista a mi modo de entender, en todo escritor siempre se encuentra un filósofo escondido, de hecho fueron sus grandes influencias.

Para finalizar, decir que LA METAMORFOSIS parece el reflejo de la angustia, del horror y de la indefensión de millones y millones de hombres y mujeres que han sufrido y llorado durante todo el siglo XX, que sufrirán en el siglo XXI y que homenajea, de alguna forma, al resto de los hombres que nos han dejado aquí donde estamos, a todos LOS HOMBRES QUE HAN MOVIDO Y CONFORMADO NUESTRA HISTORIA. Por eso creo que el mensaje de Kafka es Universal. ■